Las décadas finales del siglo pasado presenciaron una de las revoluciones más impactantes y energéticas de la música tropical. En un ecosistema artístico fuertemente dominado por agrupaciones masculinas, irrumpió un fenómeno que cambiaría las reglas del juego para siempre. Las Chicas del Can no solo trajeron frescura, coreografías electrizantes y una calidad interpretativa inigualable, sino que se convirtieron en el estandarte del empoderamiento femenino en la música latina. Conducidas por una visión innovadora y un talento desbordante, estas mujeres conquistaron corazones en todo el continente y dejaron una huella indeleble en el imaginario colectivo de los amantes del merengue. Sin embargo, detrás del brillo de las lentejuelas, los aplausos ensordecedores y los estadios llenos, el tiempo ha escrito páginas cargadas de melancolía y tragedia para varias de sus integrantes más emblemáticas.
La génesis de este fenómeno musical se debe a la determinación de Belquis Concepción, una pianista y compositora visionaria que asumió el reto de fundar una orquesta compuesta exclusivamente por mujeres. Su objetivo era claro: demostrar que las artistas tenían la capacidad técnica, la fuerza y el carisma necesarios para liderar el género del me
rengue y la salsa. Gracias a su persistencia, el grupo se consolidó rápidamente, definiendo una identidad visual y sonora que rompió barreras estructurales en la industria. Al poco tiempo, la agrupación encontró a su máxima figura y voz principal en Miriam Cruz, cuyo despliegue vocal, magnetismo y energía desbordante en el escenario elevaron a la banda a niveles de popularidad sin precedentes. Éxitos inmortales como Juana la cubana, Te daría y La loba se convirtieron en verdaderos himnos de la música tropical, asegurando un lugar de honor para la orquesta en la historia de la música.
A pesar de la gloria y el estatus de leyenda que alcanzó la agrupación, los años recientes han traído noticias devastadoras que han sumido en el dolor a la comunidad artística y a los seguidores de la banda. El paso del tiempo ha desvelado desenlaces fatídicos para mujeres que en su juventud hicieron vibrar a multitudes. Entre las pérdidas más sentidas y recientes se encuentra la de Heidy Bello, una de las vocalistas y coristas más queridas del grupo. Su potente y vibrante voz fue un elemento crucial para consolidar el sonido fresco de la banda durante sus etapas más competitivas. Su carisma en el escenario y su participación en temas icónicos como Te daría dejaron una marca imborrable. Lamentablemente, su viaje terrenal concluyó a la edad de cincuenta y dos años, provocando una inmensa tristeza entre quienes recordaban su calidez humana y su inquebrantable dedicación al arte musical.

Casi de manera simultánea, el luto volvió a tocar las puertas de la historia de la orquesta con el fallecimiento de Janny Viloria. Ella no era una integrante más; Viloria se desempeñó como la bajista emblemática del conjunto, aportando el soporte rítmico esencial que hacía imposible quedarse sentado durante sus presentaciones. En un período donde ver a una mujer dominar el bajo eléctrico con tal maestría era una absoluta rareza, ella se plantó con firmeza y elegancia, ganándose el respeto y la admiración de sus colegas masculinos y del público en general. A la edad de cincuenta y tres años, su vida se extinguió, dejando un vacío profundo en el núcleo de la agrupación original y privando al mundo de una de las instrumentistas más influyentes del merengue de los años dorados.
La cadena de pérdidas memorables también incluye a Eunice Betances, recordada por muchos como el brazo derecho y la confidente de la vocalista principal en los momentos de mayor éxito. Desde los inicios de la orquesta, la constancia y la fidelidad de Betances hacia el proyecto musical fueron ejemplares. Su rol como corista iba mucho más allá de dar apoyo vocal; su habilidad para realizar armonías complejas complementaba perfectamente la fuerza interpretativa de la agrupación. Su eterna actitud positiva y su energía inagotable la convirtieron en un pilar de confianza tanto arriba como abajo de las tarimas. Su deceso dejó una herida abierta en el corazón de sus compañeras y significó la partida de una de las piezas fundamentales que ayudaron a sostener la estructura del grupo durante años de giras intensas y transformaciones internas.
Quizás uno de los relatos más conmovedores y trágicos dentro de esta cronología es el de Verónica Medina. Poseedora de un talento natural indiscutible, Medina comenzó su formación musical desde la infancia, deslumbrando en apariciones televisivas por su sensibilidad y potencia vocal. Fue recomendada directamente por sus compañeras para integrarse a la agrupación, donde su voz quedó inmortalizada en canciones inolvidables como Sin él. No obstante, las dinámicas de la fama y las inevitables reestructuraciones de la banda provocaron su salida. Con el paso del tiempo, su carrera tomó rumbos de menor visibilidad, alejándola de las grandes luces del estrellato. Sus últimos años transcurrieron en una realidad drásticamente opuesta a la opulencia de sus días de gloria. Habitaba en un sector residencial de Santo Domingo, enfrentando una progresiva soledad y un aislamiento que culminaron el día en que fue hallada sin vida en su hogar a causa de una afección cardíaca súbita a los cincuenta y cinco años. Su historia evoca una profunda reflexión sobre la fragilidad del éxito y el destino solitario que a veces aguarda a quienes alguna vez tocaron el cielo con las manos.
A pesar de los golpes emocionales que significan estas pérdidas, el legado de la orquesta se mantiene vivo y vibrante gracias a aquellas integrantes que continúan activas en la escena y defienden la herencia musical en la actualidad. Figuras como Iliana Reynoso, quien se sumó en los períodos de renovación aportando una frescura vocal y un gran respeto por las fundadoras, demuestran que el espíritu de la banda sigue vigente. Del mismo modo, la figura imponente de Teresa Domínguez, recordada por todos como el ícono visual indiscutible gracias a su destreza en el baile en temas míticos, permanece en el recuerdo colectivo como sinónimo de alegría y dinamismo escénico.
Hoy en día, la música de esta icónica agrupación femenina sigue resonando en las estaciones de radio, en las celebraciones familiares y en las plataformas digitales de todo el mundo. Cada acorde de sus canciones es un testimonio del talento, la disciplina y el coraje de un grupo de mujeres que se atrevieron a soñar en grande y abrieron caminos definitivos para las generaciones posteriores de artistas femeninas en la música latina. Aunque algunas de sus estrellas más brillantes hayan apagado su voz en la tierra para pasar a la eternidad, su herencia es inmortal y el público las seguirá recordando con el mismo respeto, amor y nostalgia de siempre.