MANUEL NEGRETE: del GOL MÁS BELLO a la PUDRE POLÍTICA… la CORRUPCIÓN que ENSUCIÓ su TROFEO
De gloria eterna a Sombra Olvidada. Estadio Azteca, 15 de junio de 1986. Un hombre se suspende en el aire y ejecuta una media tijera perfecta que hace estallar a toda una nación. Décadas después, la propia FIFA decretaría esa obra de arte como el gol más bello en la historia de las copas del mundo. Su nombre quedó grabado con letras de oro en el Olimpo del fútbol mexicano, pero el destino tenía preparada una caída humillante en el fango de la realidad.
Manuel Negrete cambió los aplausos del estadio por los despachos oscuros de la política, arrastrando su leyenda directo a los escándalos de los moches, la extorsión a trabajadores y los audios filtrados [música] que lo pusieron en el centro del escándalo más vergonzoso de su vida. Hoy en Sombras del Olimpo abrimos el expediente del ídolo conquistado.
[música] Descubre como el dinero sucio y la ambición sepultaron el trofeo más sagrado del fútbol nacional. Y si te vas antes del final, te pierdes el audio. El audio que Reforma publicó en febrero de 2019 y que cambió todo. El audio donde el propio alcalde de Coyoacán, sin saber que lo estaban grabando, confirmó con sus propias palabras [música] que a los trabajadores de la alcaldía les cobraban un diezmo, que había más de 300 aviadores en la nómina y que el dinero iba a manos del diputado Mauricio Toledo. Sus propias palabras, en su
propia voz. [música] Eso viene, no te vayas. Suscríbete al canal ahora, no por mí, por México, para que la próxima vez que un partido político ponga a un deportista famoso en una boleta electoral, como si el apellido brillante fuera garantía de honestidad, alguien más pueda decir, “Ya conocemos esa historia, la conocimos con Negrete en Coyoacán.
En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que [música] la historia oficial de Manuel Negrete prefiere no juntar en el mismo relato. Primera, ¿quién era Manuel Negrete antes de la política? ¿De dónde vino? ¿Qué construyó en el fútbol? ¿Y por qué esa tijera del minuto 34 tiene un peso cultural en México que va mucho más allá del deporte? Segunda, ¿cómo funciona el mecanismo por el que los partidos políticos mexicanos usan el nombre de un deportista para capturar votos? ¿Y por qué Negrete fue el candidato perfecto
para ese experimento en las elecciones de 2018 en Coyoacán? Tercera, los escándalos verificados de su administración, el audio que lo delató, los moches, los 300 aviadores y la comparecencia en el Congreso capitalino que terminó a gritos y empujones. Cuarta, la anulación [música] de su elección, la licencia que pidió para irse a buscar otro cargo en Guerrero y lo que quedó después de que el alcalde del gol más bello del mundo abandonó Coyoacán.
Te voy a avisar cuando llegue cada una. Ciudad Altamirano, Guerrero. 11 de marzo de 1959. Nace Manuel Negrete Arias, un pueblo del interior de Guerrero, uno de los estados más pobres y más golpeados de México, donde los caminos que llevan a algún lado son pocos y donde el fútbol, como en tantos rincones del país, es el idioma con el que los chicos sueñan con algo más grande que el horizonte que ven desde la ventana de su casa.
Grábate esto. Manuel Negrete no empezó en la Ciudad de México. No empezó en las fuerzas básicas de un club grande con academia y cancha de pasto y entrenadores certificados. Empezó en Guerrero y llegó al fútbol profesional por la ruta que toman los que no tienen el apellido correcto ni las conexiones correctas, trabajando más que todos los demás hasta que alguien que puede abrir una puerta decide abrirla.
Su primer equipo profesional fue el Cruz Azul, donde fue cedido a préstamo al Pachuca en Segunda División en la temporada 1976 hasta 1977. Un chico de Guerrero en segunda división en Pachuca, aprendiendo lo que significa vivir del fútbol cuando el fútbol todavía no te da para vivir bien. Y luego el 23 de septiembre de 1979, el debut en primera división con el club Universidad Nacional Los Pumas de la UNAM tenía 20 años y lo que hizo en los años siguientes con la camiseta del equipo [música] universitario construyó una carrera que los números cuentan
mejor que cualquier descripción. 101 goles con Pumas, siendo mediocampista, no delantero. El segundo goleador mexicano de la historia del club, solo detrás de Ricardo Ferreti, un mediocampista con 101 goles. Piensa en eso un momento, un centrocampista que anota 101 goles con el mismo equipo en toda su carrera es una anomalía estadística en el fútbol en cualquier época.
Es el tipo de número que habla de alguien que tiene algo que los manuales del fútbol [música] no enseñan. El instinto de llegar al lugar correcto en el momento correcto, la capacidad de aparecer donde ningún mediocampista debería aparecer y de hacer algo con el balón cuando llega. Jugó 57 partidos con la selección mexicana. Marcó 12 goles con el Tri.
estuvo en dos mundiales, el de 1986 en México y el que no fue el de Italia 90 que México no disputó a causa del escándalo de los cachirules. Los jugadores menores de edad que fueron presentados con documentos apócrifos en un torneo juvenil. Esa historia la vivió Negrete como una de las injusticias más grandes de su carrera.
Lamentablemente ya habíamos calificado para el mundial del 90. Era una selección diferente. Perdií un mundial que ya había ganado. Dijo décadas después con una amargura que el tiempo no había diluido. La selección había clasificado. El escándalo sacó y Negrete, que no tuvo nada que ver con los cachirules, pagó el precio de pertenecer a un sistema que en ese momento actuó con una irresponsabilidad que le costó a México una Copa del Mundo.
Pero antes de la injusticia de Italia 90 vino la madrugada del 15 de junio de 1986 en el Estadio Azteca. [música] La noche que lo hizo inmortal. Lo peor aún no había llegado. Primero la gloria. Esta es la primera revelación que te prometí. La tijera inmortal [música] y lo que significó para México. El contexto del Mundial de México 1986 es fundamental para entender por qué ese gol tiene el peso que tiene.
No es solo un gol bonito en un torneo, es un gol que llegó en el momento más específico y más necesario que un gol puede llegar. En septiembre de 1985, 9 meses antes del inicio del [música] mundial, dos terremotos devastaron la Ciudad de México el 19 y el 20 de septiembre de 1985. Los seísmos de 8.1 y 7.
5 gr en la escala de Ricter destruyeron miles de edificios. mataron a más de 10,000 personas, según las cifras oficiales, y a más del doble según estimaciones independientes, y dejaron a cientos de miles sin hogar. Fue una de las catástrofes naturales más devastadoras en la historia moderna de México y el gobierno mexicano, en uno de los episodios más vergonzosos de la historia política del país, tardó en reaccionar y durante los primeros días prácticamente no estuvo.
Fue la ciudadanía la que organizó los rescates, [música] la que buscó en los escombros, la que construyó la respuesta a la tragedia con sus propias manos. Ese momento de crisis y de abandono institucional fue también, paradójicamente el momento en que la sociedad civil mexicana comenzó a descubrir su propia capacidad de organizarse y exigir.
Y 9 meses después, México organizaba un mundial de fútbol. El país que estaba reconstruyendo sus edificios, procesando su duelo, redescubriendo su capacidad colectiva, tenía que organizar al mismo [música] tiempo el torneo más grande del planeta y lo organizó. Y la selección nacional jugando en casa llegó a los octavos de final donde le tocó Bulgaria.
Escucha esto. El 15 de junio de 1986, el Estadio Azteca estaba lleno. Más de 100 00 personas, el marcador en [música] cero. El minuto 34. Rafael Amador recuperó el balón en el sector derecho del medio campo y lo cedió para Negrete en los linderos del área rival. Negrete lo controló, lo dejó para Javier el Vasco Aguirre, que llegaba por el [música] costado.
Aguirre se lo devolvió de pared sin que el balón tocara el suelo. Alto y Negrete, sin pensarlo, se suspendió en el aire y ejecutó una media tijera de zurda que venció al búlgaro Jean Marie Puff antes de que el portero pudiera reaccionar. El propio Negrete contó décadas después que esa jugada la había ensayado con el Vasco Aguirre en los entrenamientos, pero para el tenis balón, no para los partidos reales.
Me la devolvieron alta y ahí fue donde hice la media tijera”, explicó la balón. Llegó ligeramente imperfecta. Según su propio análisis posterior, tuvo que improvisar la ejecución porque el balón no venía exactamente donde él esperaba, lo que para otro jugador habría sido un rebote perdido. Para Negrete fue el instante donde la velocidad del instinto superó a la velocidad del pensamiento.
El 9 de abril de 2018, 32 años después de ese momento, la FIFA lanzó una votación entre los aficionados de todo el mundo en su página de Facebook para elegir el mejor gol de toda [música] la historia de los mundiales. Se preseleccionaron 32 anotaciones, entre ellas estaban el gol del siglo de Maradona contra Inglaterra en ese mismo torneo de 1986, el gol de pelea Suecia en el mundial de 1958.
El gol de Éder a la Unión Soviética en España, 82. Los mejores de la historia del torneo [música] más visto del planeta. El ganador de esa votación fue Manuel Negrete. La media tijera del minuto 34 contra Bulgaria en el estadio Azteca fue elegida por los aficionados del mundo entero como el gol más bello en la historia de las copas del mundo.
Le ganó a Maradona, a Pelé, a todos. Grábate ese número. El mejor gol de la historia de los mundiales fue marcado por un mexicano nacido en Ciudad Altamirano, Guerrero, que llegó al fútbol profesional por segunda división y que tardó más de una década en tener ese momento de pura genialidad en el escenario más grande del planeta.
[música] Eso es Manuel Negrete. Ese es el hombre cuya imagen política destruyó lo que su talento deportivo había construido durante décadas. Hay una placa conmemorativa en el Estadio Azteca en honor a ese [música] gol y hay audios grabados en los despachos de la alcaldía de Coyoacán donde el mismo hombre que marcó ese gol habla [música] de diezmos y aviadores.
Las dos cosas son ciertas, las dos cosas son Manuel Negrete. Y eso es exactamente lo que hace su historia tan dolorosa. Lo peor aún no había llegado. Esta es la segunda revelación que te prometí. El salto al fango y la mecánica del engaño electoral. Manuel Negrete se retiró del fútbol activo en la primera mitad de la década de los 90.
Tenía más de 30 años. Había dado todo lo que su cuerpo podía dar en el deporte y se enfrentaba a lo que todos los exdepportistas enfrentan. El momento en que el Jersey ya no está y hay que construir lo que viene después. En el caso de Negrete, eso incluyó etapas como entrenador de equipos de fútbol en diferentes niveles.
Dirigió equipos [música] del fútbol mexicano con resultados modestos. Fue técnico en distintas categorías. mantuvo su nombre presente en el mundo del deporte sin jamás desaparecer completamente del mapa público. Pero en los años que separaron su retiro deportivo de su aventura política, [música] Negrete construyó algo más importante que cualquier historial de entrenador.
Construyó una [música] narrativa, la narrativa del mexicano honesto y sencillo que había llegado desde Guerrero sin nada y que con trabajo y talento había conseguido el reconocimiento del mundo entero. La narrativa del héroe que no se había corrompido, que seguía siendo el mismo chico [música] de Ciudad Altamirano que se suspendía en el aire en el Azteca.
Esa narrativa es perfecta para la política. Es el tipo de imagen que los partidos políticos mexicanos buscan con desesperación cuando necesitan ganar una elección en una demarcación donde su reputación [música] está demasiado dañada para ganar con un político convencional. Piensa en eso un momento. Coyoacán en 2018, una de las delegaciones más emblemáticas de la Ciudad de México.
[música] El hogar de Frida Calo, de León Trotskiy, de los mercados artesanales, [música] de la Universidad Nacional, de los murales y las librerías. Un lugar que en el imaginario colectivo de la Ciudad de México tiene una identidad cultural específica [música] y que electoralmente había estado dominado por el PRD durante años. En 2018, con la llegada de Morena al poder capitalino, el panorama político estaba cambiando [música] y los partidos que habían gobernado la ciudad necesitaban reinventarse o morir.
La alianza por México al frente, que reunía al PAN, al PRD y al Movimiento Ciudadano, necesitaba un candidato para Coyoacán que pudiera ganarle a Morena. Un nombre que el público reconociera, que generara simpatía automática, que no llegara con el estigma de ser otro político. Y ahí estaba Manuel Negrete con su historia perfecta, con su gol en el Azteca, con la placa en el estadio y el reconocimiento de la FIFA, con la imagen del hombre que había representado a México ante el mundo y que ahora quería representar a los vecinos de
Coyoacán con la [música] misma honestidad y dedicación. Escucha esto porque esto es exactamente cómo funciona la maquinaria política mexicana con los deportistas. El partido no necesita que el deportista entienda política, necesita que el deportista entienda que tiene que aparecer en los eventos, dar la mano, decir las frases [música] correctas y dejar que el equipo político que lo rodea opere el aparato real de la campaña [música] y eventualmente del gobierno.
El deportista pone la cara y el nombre, los operadores políticos ponen el resto y cuando el gobierno empieza y los escándalos llegan, el deportista queda atrapado entre lo que su imagen prometía y lo que la maquinaria que lo rodea produce. Negrete ganó la elección de 2018 en Coyoacán, pero ganó de una manera que ya desde el inicio tenía una mancha que ningún comunicado podía limpiar completamente.
La Sala Regional Ciudad de México del Tribunal Electoral había [música] determinado, antes de que tomara posesión anular los comicios en la demarcación. La razón de la anulación, uso de programas sociales y recursos públicos en la campaña y hechos de violencia política contra María Rojo, la otra candidata.
Una elección anulada por uso ilegal de recursos públicos es el peor inicio posible para una administración que se vendió como alternativa honesta y transparente al sistema que llevaba años gobernando Coyoacán. Finalmente, después de los recursos legales correspondientes, Negrete terminó siendo reconocido como alcalde y tomó posesión el 1 de octubre de 2018, pero la mancha de la anulación temporal nunca desapareció y lo que vino en los meses siguientes la hizo irrelevante porque los escándalos nuevos eran mucho más graves. Lo peor aún no había llegado.
[música] Esta es la tercera revelación que te prometí. el ángulo de la pudre, los moches de Coyoacán y el audio que lo hundió. En apenas 4 meses de gestión, la administración de Manuel Negrete en Coyoacán había generado más escándalos de corrupción que varios años de sus predecesores. El diagnóstico que publicó la jornada en febrero de 2019 fue demoledor y verificable en cada uno de sus puntos.
la venta de espacios en calles y [música] banquetas al mejor postor, las violaciones al uso de suelo que iban al alza, las pugnas internas en el gabinete por el control de la extorsión en la vía pública [música] y la presencia de concejales y funcionarios vinculados al diputado federal Mauricio Toledo, operando el aparato de cobros ilegales con la complacencia del exfutbolista al frente de la alcaldía.
El primer escándalo documentado involucró a Eduardo Ramírez [música] Vallejo, el coordinador de asesores del propio Negrete. Ramírez fue señalado por comerciantes y vecinos de extorsionarlos para permitirles un espacio dentro de [música] las ferias que se organizaban en el centro histórico de Coyoacán. Cobros ilegales por el uso del [música] espacio público en uno de los mercados más visitados de la Ciudad de México [música] y el coordinador de asesores del alcalde en el centro de la operación. Grábate este nombre. Mauricio
Toledo, diputado federal del PRD en ese momento. El hombre que según múltiples fuentes y según el propio Negrete en el audio que te voy a contar en un momento, era el operador real del aparato político que controlaba los recursos y los cobros ilegales en Coyoacán. Toledo fue eventualmente acusado por la Fiscalía Capitalina de Enriquecimiento Ilícito.
Terminó como prófugo en Chile con intentos de extradición pendientes y fue descrito por el gobierno de la Ciudad de México como alguien que tenía una especie de maximato en la alcaldía. Ese era el ecosistema en el que Manuel Negrete fue instalado como alcalde, el del operador político que realmente mandaba y el del deportista famoso que ponía la cara.
Y entonces llegó el audio. El 12 de febrero de 2019, el periódico Reforma publicó la revelación que destruyó lo que quedaba de la credibilidad pública de Negrete como alternativa honesta al sistema. En una conversación con trabajadores de la alcaldía, sin saber que lo estaban grabando, el alcalde confirmó con sus propias palabras lo que los trabajadores denunciaban, que les cobraban un diezmo de su salario para entregárselo al PRD y al diputado Mauricio Toledo.
Escucha lo que dijo Negrete en ese audio, citado por Reforma y reproducido por Sin embargo. Yo te lo digo porque así es y hay más de 300 gente que están cobrando, son aviadores. [música] Pero yo le digo a Mau, Toledo, ¿sabes qué, gey? Vamos a ver cómo le hacemos hoy. Yo soy el responsable. También dijo a los trabajadores, les digo, [música] ¿sabes qué? Conmigo no hay diezmo, no me den nada. Eso es tuyo.
Piensa en ese audio con la atención que merece. El alcalde de Coyoacán, en una conversación privada que no sabía que estaba siendo grabada, confirmó tres [música] cosas que ningún comunicado oficial podía contradecir después de que se publicaran. Primero, que había más de 300 aviadores en la nómina de la alcaldía.
Aviadores son personas que cobran un sueldo del gobierno sin trabajar o trabajando muy poco y que generalmente están ahí para financiar estructuras partidistas. 300 aviadores en una sola alcaldía, 300 personas cobrando sueldos públicos en una demarcación relativamente pequeña de la Ciudad de México. Segundo, que a los trabajadores les cobraban un diezmo de su salario, un porcentaje de lo que el gobierno les pagaba tenía que ser devuelto como cuota al [música] partido.
tercero, que el dinero de esas cuotas iba a manos de Mauricio Toledo y el propio Negrete, en lugar de denunciar esa situación como corresponde a un gobernante honesto, lo que hizo fue hablar con Mau para ver cómo le hacen. No denuncia formal, [música] no señalamiento público, una conversación privada con el operador político para negociar la situación.
Eso es lo que el audio reveló. El 13 de febrero de 2019, al día siguiente de la publicación del audio, el PRD salió a desmarcarse de los hechos y anunció que investigaría los presuntos actos de corrupción. La declaración fue notable por su cinismo. El partido que operaba el aparato de moches anunció que iba a investigarse a sí mismo por esos moches, el mundo de la política mexicana en su versión más pura.
El 14 de febrero de 2019, Negrete fue convocado a comparecer ante el Congreso de la Ciudad de México, ante la Comisión de Transparencia del Congreso Capitalino, para dar explicaciones sobre el audio y sobre las acusaciones de extorsión a trabajadores. Y lo que pasó en esa comparecencia fue uno de los episodios más caóticos y más reveladores de toda su administración.
La reunión comenzó a las 10:45 horas en el salón Luis Donaldo Colosio. Cada legislador presente pidió al alcalde una explicación detallada sobre el audio de su asesor Eduardo Ramírez y sobre los moches. Los cuestionamientos subieron de tono cuando se confirmó la existencia de un segundo audio en el que el propio Negrete, sin saber que lo grababan, afirmaba que los trabajadores le pagaban el diezmo al diputado Toledo y a su partido.
Y entonces una mujer de nombre Lidia Serrano, vecina de la colonia Parque San Andrés, interrumpió con un grito que resumió lo que miles de ciudadanos de Coyoacán sentían en ese momento. Corrupto. Ya estamos hasta la madre de la corrupción. Ya estamos cansados de tanta tranza. El congreso capitalino, que raramente produce imágenes de ese nivel de drama, terminó esa mañana en una escena de gritos, insultos y empujones entre los propios legisladores.
Y Negrete, después de una hora de sesión, salió del salón de juntas del PAN, evitó cualquier pregunta de la prensa y abandonó el lugar sin dar ninguna explicación pública satisfactoria. El hombre que había metido el gol más bello de la historia de los mundiales salía corriendo de un salón del congreso capitalino mientras los vecinos de Coyoacán lo llamaban corrupto.
La revista MX documentó con datos de transparencia que Coyoacán, una delegación relativamente pequeña en términos de superficie y población comparada con otras de la Ciudad de México, acumuló 359 denuncias por sanciones a funcionarios públicos en el periodo analizado. un número que superaba o igualaba al de delegaciones mucho más grandes como Iztapalapa, Milpaal Alta, Itlalpan, [música] 359 funcionarios sancionados en una sola alcaldía.
Ese número es el rastro documental de lo que fue la administración de Manuel Negrete en Coyoacán. Lo peor aún no había llegado. Esta es la cuarta revelación que te prometí. la anulación, la licencia y el deambular que siguió. La elección de Negrete para la alcaldía de Coyoacán había sido anulada temporalmente por el Tribunal Electoral antes de que tomara posesión por uso de recursos públicos y violencia política en la campaña.
Esa anulación fue revertida después de los recursos legales correspondientes y Negrete terminó siendo reconocido como alcalde. Pero la mancha de esa anulación inicial que ya marcaba el inicio de su administración con el sello de los procesos manchados quedó como parte del expediente. Durante su gestión las denuncias se acumularon en varias direcciones simultáneas.
Trabajadores de la demarcación acusaron al alcalde de proteger a presuntos acosadores laborales, un problema que el congreso capitalino tuvo que atender a través de un exhorto formal. Comerciantes de la zona del centro histórico de Coyoacán denunciaron el cobro de piso para poder trabajar en los espacios públicos. Los vecinos de colonias como Parque San Andrés reportaron irregularidades en la gestión del espacio público y sobre todo, los trabajadores de la alcaldía denunciaron el sistema de diezmos que el audio de Negrete confirmó. Escucha esto.
En el año 2021, cuando su periodo como alcalde estaba llegando a su fin con un balance que ningún comunicado de relaciones públicas podía maquillar satisfactoriamente, Negrete tomó una decisión que habla de lo que el sistema político hace con sus piezas cuando ya no sirven para donde fueron instaladas. Pidió licencia.
El 2 de marzo de 2021 solicitó licencia a la alcaldía de Coyoacán para poder ser candidato a la gubernatura de Guerrero por el partido Fuerza por México. Piensa en esa secuencia. Llega a Coyoacán como el portador de la imagen del deportista honesto que va a hacer la diferencia en la política. Genera escándalos de moches, aviadores, extorsión a trabajadores y acoso laboral documentados en múltiples fuentes periodísticas.
Y antes de terminar su periodo, abandona Coyoacán para irse a buscar otro cargo en Guerrero, el estado donde nació, presentándose de nuevo como la alternativa diferente para los votantes. La candidatura por la gubernatura de Guerrero no prosperó. Fuerza por México. El partido por el que se registró era una fuerza política marginal, sin los recursos ni la estructura para competir en una elección de esa magnitud.
En una entidad donde Morena dominaba el panorama político con una fuerza que ningún partido pequeño podía contrarrestar, Negrete no fue un factor relevante en el proceso. El experimento político que había comenzado en Coyoacán, que había producido el escándalo de los audios y la comparecencia caótica en el Congreso capitalino, terminó con una candidatura fallida en su estado natal y con la imagen de un deportista que la maquinaria política había usado para sus propios fines y que luego había dejado atrás.
Y cuando Negrete se fue de Coyoacán con la licencia solicitada, lo que encontró esperándolo en el despacho que dejó vacío fue literalmente más corrupción. Juan Silva Yola, que fue nombrado alcalde sustituto, fue suspendido de sus funciones apenas 9 días después de ser nombrado, cuando la Contraloría de la Ciudad de México detectó que estaba siendo investigado por presuntos actos de corrupción.
El alcalde sustituto del alcalde del gol más bello del mundo fue suspendido por corrupción en menos de dos semanas. Eso es el nivel de institucionalidad que Coyoacán tenía después de 3 años de administración Negrete, del Olimpo al abismo. En el caso de Manuel Negrete del Estadio Azteca el 15 de junio de 1986, directo al salón Luis Donaldo Colosio del Congreso capitalino el 14 de febrero de 2019 corriendo para evitar a los periodistas mientras una vecina de Coyoacán lo llamaba corrupto.
La historia de Manuel Negrete en la política mexicana no es la historia de un hombre que llegó con buenas intenciones y fue corrompido por el sistema. Eso podría ser una narrativa que genera cierta comprensión, aunque no absolución. La historia de Negrete en Coyoacán es algo más complejo y más perturbador. Es la historia de un deportista que fue instalado por un partido político como pieza de un aparato que ya existía, que ya tenía sus mecanismos de extorsión funcionando y que no tuvo ni el conocimiento, ni la voluntad, ni los
instrumentos para desmantelar ese aparato cuando llegó al poder. El audio donde Negrete habla de los 300 aviadores y de los diezmos que van a Toledo no es el audio de un hombre que descubrió un problema nuevo y no supo cómo resolverlo. Es el audio de alguien que sabía exactamente cómo funcionaba el sistema en el que estaba operando y que en lugar de denunciarlo formalmente prefirió negociarlo informalmente con el operador político que lo controlaba.
Esa elección, la de la negociación privada en lugar de la denuncia pública, es la que define el tipo de gobernante que fue negrete en Coyoacán. ¿Fue un operador activo de la corrupción o fue una figura que permitió que la corrupción operara a su alrededor sin hacer lo suficiente para detenerla? Esa distinción tiene consecuencias legales específicas que los tribunales determinan este canal.
Lo que sí puede decirse con base en los hechos verificados es que durante su administración la demarcación de Coyoacán acumuló 359 sanciones a funcionarios públicos, que su propio audio confirmó la existencia de 300 aviadores y de un sistema de diezmos a trabajadores y que su respuesta ante el Congreso capitalino fue huir del salón después de una hora de cuestionamientos que no pudo responder satisfactoriamente.
Grábate esto. El gol de la tijera del minuto 34 sigue siendo el gol más bello de la historia de los mundiales según la votación de la FIFA. Eso no cambió. No puede cambiar. Ocurrió. Está en los registros de la FIFA. Está en la placa del Estadio Azteca. Está en la memoria de todos los mexicanos que tenían edad suficiente para verlo cuando pasó o que lo vieron en alguna de las miles de reproducciones que existen en internet.
Ese gol es real e intocable. Pero el hombre que lo marcó tomó decisiones en Coyoacán entre 2018 y 2021 que son tan reales e igualmente intocables. No se pueden borrar, no se pueden maquillar con la foto del gol, no se pueden cancelar con la declaración de que el sistema lo traicionó. Los audios existen. Los 300 aviadores existían.
Los diezmos a los trabajadores se cobraban. La comparecencia terminó en gritos y empujones y el alcalde huyendo. Eso también forma parte del expediente de Manuel Negrete. Y los dos expedientes, el del Gol y el de los moches, son el mismo hombre. La maquinaria política mexicana tiene una capacidad notable para tomar lo más sagrado que una comunidad tiene y usarlo como herramienta electoral.
En este caso tomó el gol más bello de la historia de los mundiales, el legado de 40 años de una nación que creció viendo esa tijera en el Azteca y lo convirtió en un spot de campaña. Y cuando el spot ya no servía, cuando los audios estaban en los periódicos y la comparecencia había terminado en caos, la maquinaria siguió rodando exactamente igual que antes.
Negrete pidió la licencia, se fue a Guerrero, perdió esa elección también y Coyoacán siguió acumulando funcionarios sancionados como si nada hubiera pasado. Eso es México y eso es lo que la maquinaria política hace con sus héroes cuando los necesita y lo que les hace cuando ya no los necesita. Hay una dimensión del caso Negrete en Coyoacán que los análisis periodísticos de la época no desarrollaron con la profundidad que merece y que es fundamental para entender por qué lo que pasó no fue una sorpresa para nadie que
conociera la mecánica interna del PRD en la Ciudad de México. la dimensión del ecosistema político específico en el que Negrete fue instalado y de por qué ese ecosistema era estructuralmente incompatible con la promesa de honestidad que su nombre representaba para el votante común. Grábate esto antes de continuar.
Coyoacán no era una delegación cualquiera en el mapa político de la Ciudad de México. Era y sigue siendo uno de los territorios con mayor densidad de actividad política organizada en la capital. Una delegación con fuerte presencia universitaria gracias a la UNAM, con una historia de movimientos sociales y culturales que le dan una identidad específica y con un aparato político del PRD que llevaba décadas construyendo sus redes de control en la demarcación.
Ese aparato no esperó a que llegara Negrete para construirse. Llevaba años operando con sus propias jerarquías, sus propios operadores, sus propios mecanismos de financiamiento informal. Y cuando Negrete ganó la alcaldía, ese aparato ya estaba ahí funcionando, esperando al nuevo alcalde con la misma naturalidad con que espera a cualquier nuevo titular que llega al poder sin entender completamente a qué está llegando.
Mauricio Toledo era el nombre central de ese aparato. Diputado federal del PRD, hombre de confianza de las redes políticas de la izquierda capitalina durante años, Toledo tenía en Coyoacán algo que los académicos de la ciencia política llaman una maquinaria clientelar, una estructura de personas que dependen de su favor político para tener trabajo en el gobierno, para recibir contratos, para operar sus negocios en la vía pública, para sobrevivir económicamente dentro del ecosistema de la alcaldía.
Esa maquinaria no se financia sola, se financia con los diezmos, con los aviadores, con los cobros de piso, con exactamente los mecanismos que el audio de Negrete confirmó que existían en Coyoacán. Y cuando la Alianza por México al frente decidió que Negrete era su candidato para Coyoacán, lo que hizo fue poner la cara de un exfutbolista famoso encima de una estructura política que ya tenía sus propias dinámicas y sus propios operadores.
la cara del héroe del mundial encima del aparato de Toledo y esa combinación, la imagen impecable encima de la maquinaria corrupta es exactamente lo que el sistema político mexicano busca cuando necesita ganar una elección en una demarcación donde el votante ya no confía en los políticos tradicionales. Para entender completamente lo que le pasó a Negrete en Coyoacán, hay que entender lo que significa ser un alcalde en la Ciudad de México en el contexto del sistema político que existía en 2018. Escucha esto con atención.
En México, a diferencia de lo que ocurre en muchos países con sistemas de gobierno descentralizados, los alcaldes de las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México no tienen un control pleno e independiente sobre el aparato administrativo que heredan cuando toman posesión. Heredan estructuras burocráticas que llevan años operando con empleados que deben su posición a redes políticas que existían antes del alcalde entrante y que seguirán existiendo después.
Los directores de área, los jefes de departamento, los coordinadores, muchos de ellos llegaron a sus puestos a través de conexiones con el partido o con el operador político que dominaba la demarcación antes de las elecciones. Cambiarlos a todos requeriría un conocimiento profundo de la estructura, tiempo para identificar quién es confiable y quién no, y la voluntad política de enfrentar las resistencias que esa sustitución genera.
Negrete no tenía ese conocimiento. Llegó a la alcaldía de Coyoacán siendo exactamente lo que la campaña dijo que era. Un exfutbolista con buena voluntad y un apellido famoso. No tenía años de experiencia en la administración pública. No tenía un equipo técnico propio capaz de analizar la estructura burocrática que heredaba y de identificar los puntos donde la corrupción operaba.
No tenía en suma las herramientas para desmantelar el aparato de Toledo que seguía operando dentro de las oficinas de la alcaldía mientras él era el alcalde titular. Piensa en eso con precisión. No es una exculpación, es un diagnóstico. Un alcalde que no tiene las herramientas para gestionar la burocracia que heredó puede hacer dos cosas.
Enfrentar el sistema existente con todas las consecuencias políticas que eso implica, denunciando públicamente, poniendo nombres, asumiendo el costo de la confrontación con operadores políticos que tienen más recursos y más experiencia que él, o puede negociar. Puede intentar convivir con el sistema existente mientras intenta construir algo diferente de manera gradual, sabiendo que la confrontación directa podría destruir su gobierno antes de que pudiera hacer cualquier cosa.
El audio del 12 de febrero de 2019 mostró que Negrete estaba intentando la segunda vía. Hablaba con los trabajadores de manera informal. Les decía que con él no había diezmo. Les prometía que hablaría con Toledo para resolver el problema, pero no lo denunciaba, no lo hacía público. Negociaba en privado lo que debería haber sido una denuncia formal ante las autoridades competentes.
Esa elección, la de la negociación privada, es la que lo hundió cuando el audio salió a la luz. Porque en el momento en que el diario Reforma publicó la transcripción de la conversación, Negrete quedó expuesto no como un gobernante honesto atrapado en un sistema corrupto, sino como alguien que sabía exactamente cómo funcionaba la corrupción en su alcaldía y que estaba intentando manejarla de manera informal en lugar de enfrentarla de manera institucional.
Y esa imagen, la del alcalde que sabe y no denuncia, es incompatible con la narrativa del deportista honesto que iba a hacer la diferencia. Hay un elemento adicional de los escándalos de la administración Negrete que merece análisis específico porque va más allá de la política y toca algo que el deporte raramente menciona cuando uno de sus iconos cae.
[música] La cuestión del entorno que rodea al deportista cuando sale del mundo para el que fue preparado y entra a uno completamente diferente. Manuel Negrete pasó más de 20 años en el fútbol profesional, 20 años en un mundo con reglas muy claras. O marcas el gol o no lo marcas. O atrapas el balón o no lo atrapas. El árbitro pita o no pita.
Los resultados son binarios y se miden en tiempo real. Es un mundo donde el desempeño individual es verificable de manera inmediata y donde la cadena de responsabilidad es directa. Si pierdes, perdiste tú. Si ganas ganaste tú. Si el gol fue de tijera o fue con la cabeza, todos lo vieron. La política no funciona así. La política es el mundo de las responsabilidades difusas, de los acuerdos que no se firman, de los compromisos que se hacen en corredores y que después nadie recuerda haber hecho, de las cadenas de mando donde siempre
hay alguien más responsable que tú de lo que salió mal. La política es el mundo donde 300 aviadores pueden estar en la nómina durante años y nadie sabe ego exactamente [música] quién los puso ahí ni quién es responsable de que sigan ahí, donde los diezmos se cobran a través de intermediarios que a su vez tienen sus propios intermediarios.
De modo que la responsabilidad directa es casi imposible de establecer con la precisión que un árbitro establecería una falta en el área. Grábate esto. Negrete llegó a Coyoacán con las herramientas mentales del fútbol, con la manera en que el fútbol enseña a leer una situación y a tomar decisiones. Y el fútbol no prepara para entender la estructura de un aparato clientelar con décadas de historia, con redes de lealtades cruzadas, con operadores que conocen cada resquicio legal que les permite mantener sus mecanismos de financiamiento funcionando. No porque
los futbolistas sean menos inteligentes que los políticos, sino porque son mundos que requieren conocimientos completamente diferentes y que raramente se solapan de manera natural. El PRD sabía eso cuando eligió a Negrete como candidato. Sabía que ponía a alguien sin experiencia política real encima de una estructura política compleja.
Y eso, en la lógica del sistema era exactamente lo que necesitaba. Alguien que pusiera la cara sin entender completamente qué había detrás. Alguien cuya ingenuidad relativa en los mecanismos del poder fuera un activo para los que operaban la maquinaria real. El deportista famoso como pantalla, el aparato político como la realidad que opera detrás de la pantalla.
Escucha esto porque este es el punto donde la historia de Negrete en Coyoacán conecta con algo más grande que un escándalo de corrupción local. [música] conecta con una pregunta que el sistema político mexicano ha respondido de manera consistente durante décadas y que la ciudadanía sigue sin procesar completamente.
¿Por qué los deportistas famosos producen tan malos gobernantes cuando entran a la política? La respuesta no es que los deportistas sean peores personas que los políticos profesionales. No hay evidencia de eso. La respuesta es estructural. El sistema político mexicano tiene mecanismos de formación de cuadros que llevan años entrenando a sus operadores en las artes específicas del gobierno.
Cómo construir coaliciones dentro del aparato burocrático manejar los grupos de presión que rodean a cualquier cargo público cómo navegar las disputas entre las diferentes facciones del partido que colocó al gobernante en el cargo. ¿Cómo mantener el equilibrio entre los compromisos formales y los compromisos informales que todo cargo político implica? Ese entrenamiento no se hace en 4 meses, se hace en años de militancia, de cargos de menor nivel, de aprendizaje en el campo de lo que funciona y lo que no funciona, en el ecosistema específico donde el
político va a operar. Un exdportista que llega directamente a una alcaldía no tiene ese entrenamiento. Tiene el nombre, tiene el carisma, tiene la capacidad de conectar emocionalmente con un público que lo recuerda de sus mejores momentos deportivos, pero no tiene los años de militancia que enseñan a leer los mapas de poder de una demarcación específica.
No tiene la red de contactos dentro del aparato que le permita saber en quién confiar y en quién no dentro de la burocracia que hereda. No tiene la experiencia de haber navegado antes los conflictos entre las facciones del propio partido que lo postuló. [música] Y en ese vacío de conocimiento y de experiencia específica, los operadores del sistema existente se insertan con una naturalidad que no requiere mala fe de ninguna de las partes.
El alcalde necesita que alguien le explique cómo funciona la alcaldía. Los que estaban antes del alcalde se ofrecen a explicárselo y en esa explicación la versión de la realidad que el alcalde recibe es la que conviene a los que se la están explicando. Piensa en eso un momento en el contexto de Coyoacán. Negrete llega el 1 de octubre de 2018.
El aparato de Toledo llevaba años operando en la demarcación. Los directores de área, los coordinadores de las distintas funciones de gobierno, muchos de ellos deben su posición a ese aparato. Son ellos los que le explican al nuevo alcalde cómo funciona cada dependencia, cuáles son los compromisos que hay que mantener, cuáles son las tradiciones que hay que respetar para que la maquinaria siga funcionando.
Y en esa transmisión de conocimiento, los saiadores y los diezmos son parte del paisaje que se describe como así es como funciona esto, no como la aberración que debería ser denunciada. Hay otro aspecto del caso Negrete que merece análisis porque habla directamente de la dimensión humana del escándalo, más allá de los mecanismos políticos y los audios filtrados.
Es la dimensión de lo que significa para alguien que construyó su identidad completa alrededor de un gol, de un momento de pureza deportiva, verse asociado públicamente con la corrupción que México más odia y más padece. La historia del fútbol mexicano tiene pocos momentos de alegría nacional tan puros como el de la Tijera de Negrete en el Azteca.
No es una exageración decirlo así. Ese gol llegó en un momento en que México necesitaba algo que celebrar sin culpa, algo que fuera simplemente hermoso, sin la complejidad que acompaña a casi todo lo demás en la política y la economía del país. El terremoto de 1985 había mostrado la fragilidad del gobierno y la fuerza de la sociedad.
El mundial de 1986 fue la ocasión en que esa sociedad se vio reflejada en un deporte que podía producir una obra de arte a plena luz del día ante más de 100,000 personas, transmitida en vivo para el mundo entero. Y Manuel Negrete, el chico de Ciudad Altamirano, que llegó al fútbol profesional sin más herramientas que su talento y su dedicación, fue el hombre que ejecutó esa obra de arte.
Eso construyó alrededor de su nombre una reverencia que va más allá del respeto deportivo normal. Es la reverencia que se le tiene a alguien que en un instante específico capturó algo que trasciende el deporte y que habla de lo que una persona puede hacer con la excelencia de su oficio cuando todo se alínea en el momento correcto. Grábate esto.
Cuando ese hombre aparece en los periódicos con el audio de los diezmos y los 300 aviadores, el daño no es solo para su reputación, es para algo que los aficionados de su generación guardaban como una parte personal de su historia. Para la persona que tenía 12 años en 1986 [música] y que vio esa tijera en la televisión de la sala de su casa, el nombre de Negrete está asociado a un momento específico de su biografía, a una tarde de verano en la Ciudad de México, a la voz del narrador que gritó el gol, al abrazo con quien fuera que estaba a su lado en ese
momento. La corrupción de Coyoacán no solo manchó al exfutbolista, manchó ese recuerdo y eso es un daño que ninguna sentencia judicial puede reparar porque no está en el ámbito legal, está en el ámbito emocional de millones de personas que confiaron en ese nombre. La comparecencia del 14 de febrero de 2019 en el Congreso de la Ciudad de México merece un análisis más detallado, porque fue el momento donde todas las contradicciones de la administración Negrete quedaron expuestas [música] simultáneamente ante las cámaras. El
alcalde llegó al salón Luis Donaldo Colosio sabiendo que los audios ya eran públicos, [música] sabiendo que los legisladores iban a preguntarle directamente sobre el diezmo, sobre los aviadores, sobre Toledo, tuvo toda la noche anterior para preparar una respuesta y la respuesta que ofreció fue tan vaga e insatisfactoria que los legisladores terminaron en una discusión entre ellos.
Los vecinos que se habían colado al recinto gritaban desde los pasillos [música] y el propio Negrete salió del lugar antes de que la sesión tuviera alguna conclusión formal. El diputado Jorge Gabiño, de la bancada del PRD le pidió a Negrete que deslindara al partido de cualquier acto de corrupción. Esa petición, viniendo del PRD era la clase de cinismo político que solo el sistema mexicano puede producir.
El partido cuya maquinaria operaba los diezmos le pedía al alcalde que pusiera distancia entre el partido y los diezmos, como si el problema fuera de imagen y no de práctica. La vecina Lidia Serrano de la colonia Parque San Andrés, que logró entrar al recinto antes de que pudieran sacarla, puso en palabras lo que miles de ciudadanos de Coyoacán sentían con una claridad que ningún legislador había podido articular en toda la sesión.
Corrupto, ya estamos hasta la madre de la corrupción. Ya estamos cansados de tanta tranza. Un grito de una vecina que no tenía micrófono ni cargo, ni partido que la respaldara. Solo la legitimidad de alguien que vive en la demarcación y que ha visto de cerca lo que produce la gestión de su alcalde. Negrete no respondió a ese grito.
No porque no lo escuchara, lo escuchó, pero no tenía respuesta que pudiera satisfacer a alguien con ese nivel de indignación directa y legítima. Y después de una hora de sesión que no produjo ninguna aclaración satisfactoria sobre ninguno de los puntos que se le plantearon, el alcalde del gol más bello del mundo abandonó el salón del Congreso evitando las preguntas de la prensa.
Escucha esto. Ese momento el de Negrete saliendo del Congreso capitalino sin responder preguntas es el contraste más brutal que su historia produce. El mismo hombre que en 1986 no huyó de la tijera, que se lanzó al vacío en el aire sabiendo que si fallaba el balón se perdía y la selección quedaba en desventaja, que confió en su instinto y ejecutó la jugada perfecta ante 100,000 personas.
En 2019 huía de los periodistas en los pasillos del Congreso capitalino. La diferencia entre los dos momentos no es de carácter, es de contexto. El fútbol lo preparó para la valentía que produce el instinto en un espacio físico concreto con reglas claras. La política lo puso en un espacio donde la valentía requiere otra clase de recursos que el fútbol no enseña.
Hay un patrón en la política mexicana que el caso Negrete ilustra con particular claridad y que vale la pena nombrar porque se repite con una consistencia que debería generar una discusión pública que raramente ocurre. Es el patrón de los candidatos de imagen, los deportistas, los actores, los periodistas famosos que los partidos colocan en sus boletas como alternativa a los políticos tradicionales, sabiendo que el nombre famoso captará votos que el político de carrera no podría capturar.
y sabiendo también que el candidato de imagen raramente tiene el conocimiento y la experiencia para desafiar al aparato político real del partido que lo postuló, María Rojo, la actriz y política que fue la otra candidata en Coyoacán en 2018 y que fue víctima de violencia política durante esa campaña. Es, en ese sentido, un caso que contrasta con Negrete de manera interesante.
Rojo tenía experiencia política previa, había sido diputada federal, conocía los mecanismos del gobierno desde adentro. Sin embargo, fue la que el Tribunal Electoral identificó como [música] víctima de la violencia política y el uso indebido de recursos que contaminaron la elección en favor de Negrete. Ese contraste entre la candidata con experiencia política real, que fue desplazada por los mecanismos ilegales y el candidato famoso, sin experiencia que resultó ganador gracias a esos mismos mecanismos, resume la lógica perversa del sistema. Negrete no
buscó que se usaran recursos públicos en su campaña. No hay evidencia de que él mismo hubiera ordenado esas irregularidades, pero se benefició de ellas. Su campaña operó en un contexto donde esas irregularidades ocurrieron, donde el aparato del PRD desplegó sus mecanismos habituales para ganar la demarcación y Negrete quedó como beneficiario de esa maquinaria.
Y cuando asumió la alcaldía, asumió también la carga de haber llegado al cargo de esa manera. Con la anulación inicial del tribunal como marca permanente en el expediente de su gobierno. Piensa en lo que significa para la generación que vio ese gol en 1986 procesar lo que pasó en Coyoacán entre 2018 y 2021.
Hay una generación de mexicanos para quienes el gol de Negrete no es solo un recuerdo deportivo, es una referencia biográfica. El punto en el tiempo alrededor del cual se organizan otros recuerdos de esa época. ¿Dónde estaba el día que México eliminó a Bulgaria? ¿Con quién vio el partido? ¿Qué gritó cuando la tijera entró? Para esa generación, el nombre de Negrete tenía el peso específico de algo que había sido testigo de un momento de gracia colectiva, el futbolista que ejecutó lo imposible en el lugar correcto, en el momento correcto. Y para
esa misma generación, los audios de los diezmos y los 300 aviadores y la comparecencia caótica en el congreso capitalino fueron una traición de la imagen que habían guardado durante más de 30 años. No una traición deliberada ni planificada por Negrete, pero una traición en el sentido más simple del término.
La expectativa que su imagen generaba no correspondió con la realidad de su gestión. Esa distancia entre la expectativa y la realidad es siempre dolorosa cuando involucra a alguien que fue un símbolo. Y en el caso de los símbolos del deporte, el dolor es específico porque la glorificación que construye el símbolo deportivo rara vez contempla la posibilidad de que el hombre detrás del jersey sea simplemente un ser humano con limitaciones, con errores de juicio, con la capacidad de tomar decisiones equivocadas cuando opera en un terreno para el que no fue
preparado. México tiende a glorificar a sus ídolos deportivos de una manera que no les deja espacio para ser ordinariamente humanos. El Gold de Negret en el Azteca construyó alrededor de su nombre una aureola de excepcionalidad que resultó incompatible con la realidad de un hombre de 59 años [música] que en 2018 aceptó encabezar una candidatura política sin tener las herramientas para gobernar lo que prometió. Gobernar.
Hay una última dimensión de esta historia que merece mencionarse porque habla de lo que quedó después de que Negrete pidió la licencia y se fue a [música] Guerrero y que dice algo sobre cómo el sistema político mexicano procesa a sus piezas cuando ya terminaron de ser útiles. Cuando Negrete anunció su candidatura por la gubernatura de Guerrero con fuerza por México en marzo de 2021, el partido era una fuerza marginal sin infraestructura real para competir en una elección de ese nivel.
En Guerrero, donde Morena dominaba el panorama político con la misma fuerza con que lo hacía en la mayor parte del país, la candidatura de Negrete por un partido pequeño sin presencia territorial significativa era desde el inicio un ejercicio político condenado a la irrelevancia electoral. No fue factor. No cambió el resultado, no generó el tipo de atención mediática que su candidatura por Coyoacán había generado en 2018.
Y esa es la diferencia entre los dos momentos de su carrera política. En 2018, Negrete tenía el nombre fresco, el recuerdo del gol todavía viívido después de que la FIFA lo declarara el mejor de la historia de los mundiales en abril de ese mismo año. La promesa intacta del deportista honesto que iba a hacer algo diferente.
2021, después de 3 años de escándalos en Coyoacán, después de los audios y la comparecencia caótica, y los 359 funcionarios sancionados y los 300 aviadores y los diezmos, el nombre de Negrete en una boleta electoral ya no convocaba la misma esperanza, convocaba la memoria de lo que había pasado en Coyoacán. Grábate esto como la ecuación que el sistema político mexicano produjo con Manuel Negrete lo tomó cuando su nombre valía más.
Lo colocó en una posición que no estaba preparado para gestionar. Lo rodeó de un aparato que operaba su propia lógica. Dejó que los escándalos se acumularan hasta que la gestión fue indefendible y luego lo soltó para que buscara otra demarcación donde intentarlo de nuevo. El sistema nunca perdió. El nombre de Negrete fue el que perdió.
La placa en el Estadio Azteca sigue ahí. El reconocimiento de la FIFA sigue siendo el mayor que un jugador mexicano ha recibido nunca de parte del organismo internacional. El gol del minuto 34 del 15 de junio de 1986 sigue siendo lo que fue. Una obra de arte ejecutada en el momento más importante por alguien que tenía el instinto y el valor de intentarlo cuando todo el Azteca lo estaba mirando.
Pero el expediente de Coyoacán también sigue ahí. Los audios siguen en los archivos de Reforma. Las 359 sanciones a funcionarios siguen en los registros de Mequis. La vecina Lidia Serrano de la colonia Parque San Andrés, que gritó corrupto en el salón del Congreso capitalino, sigue teniendo razón en lo que dijo ese 14 de febrero de 2019.
Y el sistema político mexicano que produjo esa combinación, el gol más bello del mundo y los moches de Coyoacán en la misma persona, sigue funcionando exactamente igual, con la misma lógica, buscando el próximo nombre famoso que pueda poner en una boleta electoral cuando necesite que el votante vote por la imagen en lugar de por el proyecto, buscando el próximo ídolo que no entienda completamente a qué aparato está siendo incorporado cuando acepta la candidatura buscando al próximo Negrete.
Y cuando lo encuentre, lo que le pasó a Manuel Negrete en Coyoacán entre 2018 y 2021, se repetirá con otro nombre, en otra demarcación, con otros audios y otras comparecencias y otros gritos de vecinos hartos en otros salones de otros congresos, porque el sistema que produce eso no cambió.
solo cambió la cara que pone encima [música] del gol más bello del mundo al audio de los diezmos. de la placa en el Estadio Azteca a la licencia solicitada antes de terminar el periodo, del minuto 34 del 15 de junio de 1986 al 2 de marzo de 2021, el Olimpo y el abismo en la misma persona, con el mismo nombre, con el mismo apellido que México tanto tardó en construir y tanto tardó en ver manchado, de gloria eterna a sombra olvidada.
Aunque en el caso de Negrete la tijera permanece, lo que quedó manchado no fue el gol, fue el hombre. Si la historia de Manuel Negrete te hizo entender algo que no sabías, si ahora ves con claridad cómo la maquinaria política mexicana usa la imagen de los deportistas como herramienta electoral, sin importarle lo que esa utilización le hace al legado de esos deportistas.
[música] Si ahora entiendes que el voto para un hombre famoso sin estructura política propia es votar para que alguien más opere el gobierno desde las sombras, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal. No por mí, por todos los mexicanos que creyeron que el hombre que marcó el gol más bello del mundo iba a ser el alcalde más honesto de la Ciudad de México.
Para que la próxima vez que un partido político ponga un ex deportista en una boleta, alguien más pueda decir, “Ya conocemos esa historia. La conocemos desde el audio de los 300 aviadores en Coyoacán. Y si quieres seguir conociendo las historias que el deporte y el sistema prefieren no contar completas, hay otro video esperándote en este canal.
Esto es Sombras del Olimpo. Hasta la próxima sombra. M.