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HARFUCH CEPILLA el AVIÓN PRIVADO de ROCHA MOYA y REVELA sus SECRETOS NARCO POLÍTICOS

Son las 13 horas4 minutos del viernes primero de mayo de 2026. Estoy parado en el acceso al área de hangares privados del aeropuerto internacional de Culiacán, Sinaloa. No es un lugar ordinario para un operativo de esta naturaleza, porque Culiacán no es una ciudad ordinaria en la historia del crimen organizado en México.

Y lo que acaba de ocurrir aquí en las últimas horas no es un episodio más en una agenda larga de detenciones. Esta mañana capturamos a Rubén Rocha Moya, exgobnador del estado de Sinaloa y hace menos de 2 horas terminamos de revisar hasta el último centímetro de su avión privado, guardado en este hangar con la misma tranquilidad con la que un hombre que se cree intocable guarda sus cosas más valiosas.

Lo que encontramos adentro de esa aeronave no solo confirma lo que la inteligencia venía construyendo con paciencia durante meses. Lo que encontramos adentro de ese avión cambia de manera definitiva e irreversible la comprensión que teníamos del nivel de penetración del narcotráfico en las más altas esferas, del poder político en este país y en particular en este estado que lleva décadas siendo el corazón geográfico y operativo de las organizaciones criminales más poderosas del continente americano. Antes de contarte exactamente

qué encontramos en ese avión y qué significa cada uno de esos hallazgos, necesito que entiendas el contexto completo de lo que estás escuchando. para alargar este relato de manera artificial, sino porque si te doy solo el dato sin la estructura que lo sostiene, no vas a poder dimensionar por qué lo que ocurrió aquí hoy representa un antes y un después, en la manera en que este país se enfrenta la colusión entre el poder político formal y el crimen organizado.

Sinaloa no es solo un estado en el noroeste de México, es el territorio donde nació y creció el cártel de Sinaloa, la organización que durante décadas fue considerada la más poderosa del mundo en términos de tráfico de sustancias ilícitas, capacidad logística, alcance internacional y penetración institucional.

Es el estado donde los nombres que han definido el crimen organizado en América Latina durante una generación entera encontraron sus raíces. sus redes de protección primarias y su capacidad de reproducirse incluso frente a los golpes más duros que las fuerzas del Estado han podido acestestar para entender la magnitud de lo que el crimen organizado ha construido en Sinaloa a lo largo de décadas.

Hay que entender que ninguna organización de ese nivel opera en el vacío. Opera en territorio y para operar en territorio necesita del territorio mismo. Es decir, necesita del aparato del Estado que controla ese territorio. No necesita controlar a todos dentro de ese aparato. Necesita controlar a los que importan en los momentos que importan.

Y para eso, la figura más útil posible es exactamente la que Rubén Rochamoya representaba. Alguien con el nivel de autoridad suficiente para mover piezas decisivas, con la credibilidad pública suficiente para sostener la cobertura sin que se erosionara y con la convicción de que el sistema de protección que lo rodeaba era lo suficientemente sólido para que ninguna investigación llegara hasta él.

Y durante años ese cálculo resultó correcto y durante años ese tipo de acceso y ese tipo de protección tuvieron un precio que los registros incautados hoy describen con una precisión que resulta a estas horas definitiva. Y durante todos esos años alguien tenía que estar del otro lado del escritorio. alguien con investidura formal, con acceso legal a los instrumentos del Estado, con capacidad de mover piezas institucionales, de manera que el negocio funcionara sin interrupciones graves.

Ese alguien, según la evidencia que encontramos esta mañana, era Rubén Rocha Moya. Rubén Rochamoya no era un político improvisado ni un funcionario menor que llegó al poder por accidente. Era un hombre con décadas de trayectoria dentro del sistema político mexicano, con formación académica, con discurso público elaborado y con una imagen construida cuidadosamente sobre las ideas de la austeridad, la academia y el servicio público.

Fue rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, senador de la República y gobernador del Estado entre 2021 y 2024, en uno de los periodos más violentos y complejos que Sinaloa ha vivido en su historia reciente, que ya de por sí es una historia que no necesita adjetivos adicionales para dimensionar su gravedad.

Ese perfil público construido con paciencia durante décadas cumplía una función muy precisa dentro de la arquitectura que los documentos incautados describen. Un hombre con trayectoria universitaria, con discurso progresista, con imagen de austeridad republicana, genera un nivel de credibilidad institucional, que es exactamente lo que una estructura de colución de este tipo necesita para sostenerse sin que las preguntas correctas lleguen demasiado pronto.

la academia como cobertura, el cargo senatorial como plataforma de conexiones formales y la gubernatura como posición de control máximo sobre los instrumentos del Estado en el territorio, donde las organizaciones criminales necesitaban operar con la menor fricción posible. Esa trayectoria, esa acumulación de cargos formales, esa presencia institucional sostenida durante años, no era solo el resultado de una carrera política exitosa.

Era también, como lo demuestra lo que encontramos hoy, la cobertura más eficaz disponible para sostener una doble vida que duró décadas y que dejó rastros precisos, documentados y ahora incautados dentro de un avión privado en el aeropuerto de la ciudad, donde todo ocurrió. El operativo de esta tarde no fue una decisión tomada de manera improvisada ni una apuesta basada en información parcial.

Fue el resultado de semanas de trabajo de inteligencia financiera, análisis patrimonial cruzado con registros de movimientos de aeronaves, testimonios de personas que estuvieron cerca de esa estructura de poder durante años y que en este momento, por razones distintas en cada caso, tomaron la decisión de hablar. Cuando esas líneas de información empezaron a converger, el patrón fue muy claro.

Había una aeronave registrada bajo una figura jurídica que no resistía el más mínimo escrutinio formal guardada en un hangar privado con acceso restringido en el aeropuerto de Culiacán, que recibía mantenimiento periódico y atención técnica regular de manera completamente desconectada de cualquier actividad comercial o privada declarada. Eso no ocurre por descuido.

Eso requiere dinero, requiere acceso y requiere que las personas correctas miren hacia otro lado en el momento correcto. Cuando cruzamos esa información, con lo que la inteligencia financiera estaba construyendo sobre los movimientos patrimoniales del exgobnador, la decisión fue clara y no admitía demora. Esta mañana, en paralelo con la detención de Rochamoa en un domicilio en la Ciudad de México, los elementos especializados aseguraron el perímetro de este hangar en Culiacán sin dar margen a ningún tipo de reacción

organizada. No hubo resistencia de consideración. Las dos personas que se encontraban en el lugar encargadas del mantenimiento y la custodia de la aeronave fueron retenidas de inmediato para interrogatorio. Cuando comprendieron la magnitud del operativo y la cantidad de personal especializado desplegado, dejaron de oponer cualquier tipo de resistencia sin necesidad de mayor gestión.

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