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A punto de morir, PACO MALGESTO confesó el SECRETO que compartía con FLOR durante 52 años…

Descubrirá que se casó con una mujer que ni siquiera existe legalmente. Me dejará. Paco destruirá a mi familia. Paco cerró los ojos. Dos lágrimas rodaron por sus mejillas hundidas. Lo siento, Flor, pero no puedo morir con este peso. He mentido durante 30 años. Le mentí a Antonio, le mentí a la prensa, le mentí a México entero. Ya no puedo más.

Flor se dejó caer en la silla junto a la cama. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Me prometiste, dijo entre soyosos. Me juraste que nunca dirías nada. Me dijiste que este secreto se iría contigo a la tumba y me arrepiento de esa promesa”, respondió Paco, porque cargar con esto me ha destruido. ¿Sabes cuántas veces he querido decirle la verdad a Antonio? Cuántas veces lo he visto mirándote con ese amor y he pensado que mereces saber quién es realmente su esposa.

“Yo soy su esposa”, gritó Flor. “Flor silvestre es quien soy ahora. Guillermina murió en 1948.” Paco negó con la cabeza. Guillermina Jiménez Chabolya no murió. La escondiste y yo te ayudé a esconderla. Pero sigue ahí, Flor. Sigue existiendo en esos documentos que guardé en mi caja fuerte, en las fotografías, en las cartas que me diste. Todo está ahí.

El monitor cardíaco comenzó a pitar más rápido. Paco se llevó la mano al pecho, respirando con dificultad. Flor se paró de un salto. Llamó a la enfermera. No, jadeó él. Escúchame. Necesito que entiendas por qué hago esto. Tosió. Una tos seca y dolorosa. Durante 30 años he visto cómo construiste una vida entera sobre una mentira.

Te vi casarte con Antonio usando documentos falsos. Vi nacer a tus hijos sin saber que su madre tiene una identidad inventada. Vi crecer tu carrera sabiendo que todo, absolutamente todo, está construido sobre papeles que yo falsifiqué. Tú me salvaste la vida, lloró Flor. Si no hubiera sido por ti, mi familia me habría encontrado.

Me habrían obligado a volver con ese hombre, con ese monstruo que me golpeaba. Tenía 18 años, Paco. 18 años y estaba huyendo de un matrimonio que me estaba matando. Lo sé, susurró Paco. Por eso te ayudé, porque vi a una niña aterrorizada que necesitaba salvarse. Porque creí que estaba haciendo lo correcto. Hizo una pausa. Pero mentirle a Antonio durante tres décadas no está bien.

Flor, él merece saber la verdad. La verdad lo destruirá, suplicó ella, nos destruirá a todos. Paco la miró con una tristeza infinita. Entonces, que se destruya. Pero yo ya no puedo seguir cargando con esto. La carta está escrita, está en manos de mi abogado. Y las instrucciones son claras. Flor se puso de pie, caminó hacia la ventana.

Afuera, la Ciudad de México dormía bajo un cielo sin estrellas. “¿Y si te pido que la destruyas?”, preguntó sin voltear. “¿Y si te suplico que quemes esa carta y te lleves el secreto contigo?” Ya lo decidí, respondió Paco. Lo siento. Flor se dio la vuelta. Sus ojos estaban rojos. Su voz era apenas un susurro Paco. Ha sido como un padre para mí.

Me diste un nombre, me diste una identidad, me diste una vida. Y ahora vas a destruir todo eso. No estoy destruyendo nada, dijo él. Estoy limpiando mi conciencia. La carta se abrirá en el año 2008 o cuando Antonio muera. Para ese entonces tus hijos ya serán adultos, ya habrán construido sus propias vidas, podrán manejar la verdad.

Y Antonio, la voz de Flor se quebró. ¿Cómo crees que va a reaccionar cuando descubra que su esposa le mintió desde el día que la conoció? Paco cerró los ojos. Tal vez te perdone. Tal vez entienda por qué lo hiciste. O tal vez me odie por el resto de su vida. Flor se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

O tal vez pida el divorcio. O tal vez le diga a los niños que su madre es una mentirosa. El silencio llenó la habitación. Solo se escuchaba el pitido constante de los monitores y la respiración trabajosa de Paco. Afuera, en el pasillo, las enfermeras caminaban de un lado a otro. Alguien toscía en la habitación de al lado.

La vida seguía, pero en esa habitación 307 algo estaba muriendo junto con Paco Malgesto. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en Guillermina? Preguntó Paco de repente. Flor lo miró confundida. ¿Qué? Guillermina Jiménez Chabolla, la niña que huyó de su casa a los 18 años. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en ella? Flor tragó saliva. No lo sé.

hace años, “¿Y no te parece injusto”, insistió Paco, que borraras a esa niña como si nunca hubiera existido, que la enterraras bajo un nombre falso y una vida inventada. Esa niña estaba sufriendo, respondió Flor con voz temblorosa. Esa niña estaba siendo destruida por un hombre que la golpeaba cada noche. Esa niña no tenía futuro.

“Pero existió”, dijo Paco y merece ser recordada. merece que su historia se cuente. Flor negó con la cabeza. Su historia es vergüenza, es dolor. Es todo lo que he intentado olvidar durante 30 años. Paco extendió la mano hacia ella. Flor dudó un momento, pero finalmente se acercó y la tomó.

Escúchame bien, dijo él con la poca fuerza que le quedaba. La carta que escribí no es para destruirte, es para liberarte. Porque mientras ese secreto exista, nunca serás completamente libre. Siempre habrá una parte de ti que tenga miedo. Miedo de que alguien descubra. Miedo de que todo se derrumbe. He vivido con ese miedo durante 30 años, susurró Flor.

Y he sobrevivido. Sobrevivido. Paco sonrió con tristeza. O has estado escondiéndote antes de que Flor pudiera responder, la puerta se abrió. Entró el doctor joven con una enfermera. “Señor mal gesto, necesitamos revisar sus signos vitales”, dijo el médico. Miró a Flor. “Señora, le pido que espere afuera unos minutos.

” Flor asintió, salió al pasillo cerrando la puerta trás de sí, se apoyó contra la pared y cerró los ojos. El pasillo olía a desinfectante y a muerte. Las luces fluorescentes zumbaban sobre su cabeza. A lo lejos escuchó una ambulancia llegando con la sirena encendida. ¿Cómo había llegado esto? 30 años construyendo una vida, 30 años siendo flor silvestre, la reina de la canción ranchera, la esposa de Antonio Aguilar, la madre de Pepe, Antonio Junior, Marcela y Dalia.

Y ahora, en cuestión de minutos, todo podía desmoronarse por una carta escrita por un hombre moribundo. Pensó en Antonio durmiendo tranquilamente en el rancho. Antonio, que la había amado desde el primer día que la vio. Antonio, que le había propuesto matrimonio después de solo tres meses de noviazgo. Antonio, que nunca ni una sola vez había dudado de ella, qué haría cuando se enterara de la verdad, cuando descubriera que la mujer con la que se casó en 1950 no era quien decía ser.

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