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EL SAQUEO A SONIA INFANTE: La Echaron de su Propio IMPERIO

En todas estas producciones, su impecable imagen física era la pieza central del lucrativo producto. Mantener ese costoso estilo de vida lleno de joyas de diseñador era literalmente su exigente trabajo de tiempo completo. Conocer a Andrés García en el año 1984 le costó una verdadera fortuna a nivel emocional y literal.

Se casaron por todo lo alto en Los Ángeles, California. Esta fastuosa boda en el extranjero implicó costosos traslados internacionales, múltiples ceremonias privadas y el gigantesco peso económico de mantener una relación binacional con el galán del momento. Los vuelos constantes y las facturas de hoteles exclusivos drenaban las cuentas a una velocidad alarmante y constante.

Gustavo Ala triste llegó al extremo de usar su chequera personal para que la actriz Felicia Mercado fuera de compras a una exclusiva tienda de alto nivel. El dinero de Sonia, que al final del día era el patrimonio del matrimonio, se gastaba descaradamente en financiar las infidelidades de su propio esposo. El derroche más cruel y desastroso de esta historia no fue cometido por ella.

Fue un saqueo financiero perpetrado directamente contra sus propias cuentas bancarias. Con Gustavo Ala Triste operando como productor y pareja sentimental, Sonia se convirtió en la cofinanciadora directa de múltiples proyectos cinematográficos. Contrario a los rumores, ella nunca llegó a ser la mujer mantenida de la relación.

Al contrario, inyectaba su propio capital para materializar cada película. Era la gran estrella que también ponía los billetes sobre la mesa de negociaciones. Disfrutaba de un glamur factura propia, pero ese mismo poder atraería una traición letal muy pronto. Matrimonios, traiciones y golpes. En 1967 contrae su primer matrimonio con el magnate Gustavo Ala Triste.

Durante años el escrutinio público la acusó de causar la separación entre él y Silvia Pinal. Sin embargo, revelaciones periodísticas confirmaron que cuando iniciaron su romance, el productor ya estaba completamente separado de la diva. Pinal tardó un año entero en firmar el costoso divorcio. Fue un año de severa humillación pública, un año soportando el estigma de ser señalada como la otra ante todo México.

Gustavo Ala triste era un productor inmensamente poderoso y un infiel sistemático. La actriz Blanca Guerra le confesó personalmente a Sonia que mantenía una relación clandestina con su esposo. Juntas fueron a encararlo de inmediato en plena locación de rodaje. Cuando A Tristó la infidelidad con total cinismo frente a todos, Sonia se le fue a los puños directamente a su rival.

No hubo despachos de abogados, primero hubo golpes directos y brutalidad pura primero. Lo mismo ocurrió con la actriz Felicia Mercado. A la triste la llevó a comprar artículos de diseñador a una exclusiva tienda, cargando los altísimos costos a su propia cuenta bancaria. Al enterarse, Sonia llegó furiosa al establecimiento y le arrebató todo de las manos, quitándole incluso su costosa bolsa personal.

Era la infidelidad cobrada con una tarjeta de crédito ajena. El nivel de descaro de su esposo era simplemente estratosférico e insostenible. De su segundo matrimonio, Sonia relató horrores públicamente a la prensa. Confesó que Andrés García un día la arrastró por el suelo y cuando la quiso jalar violentamente, él se quedó con su peluca en la mano.

Ese fue el momento donde decidió que la próxima vez ocurriría algo mucho peor. Describió a su pareja como un hombre que sacaba la pistola para todo. El gran galán de México era un peligroso polvorín privado a punto de estallar. La separación de Andrés García sumió a Sonia en una profunda y oscura tristeza. Desesperada, le escribía dolorosas cartas expresando su tormento afectivo y financiero.

Para lograr sostenerse y continuar facturando en la industria, desarrolló una fuerte adicción a los calmantes. La estrella más intensa del cine mexicano de los 80 terminó esa década con una severa dependencia química. Las pastillas fueron el único analgésico disponible ante su inminente y total derrumbe personal.

En 2011, Sonia detonó una verdadera bomba periodística al declarar su mayor traición financiera. Reveló que a través de una fría carta, su propio hijo informó a la empresa que no le permitieran el acceso a ninguna área del edificio. Aún siendo la dueña legítima del lugar, él la corrió sin piedad de su propia empresa, su hijo, su propia sangre.

La echó a la calle de su lucrativo negocio usando simplemente papel y tinta. Sonia emprendió una brutal demanda por la vía civil y penal. Acusó a Pedro a la triste infante, a Gabriel Carbonel a la triste, a Félix Araya Borboa, José Antonio Hermosillo Vázquez, Juan Manuel Valdés y a su exabogado Víctor Gamboa Ruyal. A este último lo señaló de orquestar la oscura conspiración millonaria junto a su propio hijo.

Eran seis personas aliadas para destruir sus finanzas por completo. Una madre totalmente engañada. Cero lealtad a la sangre. Sonia era la única dueña viva de la empresa, conservando el 10% de las acciones totales. Su hijo y sus socios le ocultaron toda la información financiera, instalaron rejas de acero en las oficinas y la desalojaron de los consultorios que rentaba para cubrir sus gastos diarios.

La echaron a la fuerza, a ella de su propio patrimonio en la colonia Condesa, empujándola hacia un adiós definitivo lleno de preguntas que el dinero ya no pudo responder. Sonia Infante decidió que su nombre debía ir siempre primero en pantalla y eso requería una inversión millonaria. abrió su propia casa productora para no depender jamás de ninguna chequera ejecutiva.

Con este agresivo movimiento financió cintas como La Casa que arde de noche y Toña Machetes. Ella ponía el talento y todo el capital directamente de su bolsillo. El control financiero sobre el proyecto era total. El riesgo inminente de perder millones en un fracaso también era absoluto. La brutal separación de Andrés García funcionó como el gran detonador de su colapso financiero y personal.

Sonia cayó en una profunda tristeza que la paralizó por completo y se volvió totalmente dependiente de los calmantes. Este colapso no fue una simple debilidad, fue el altísimo y doloroso precio de amar a un verdadero polvorín humano durante 5 años sin tener ninguna red de protección. La fuga de capital más silenciosa de su imperio provino de su propia sangre.

Mientras intentaba sostener sus finanzas a flote, descubrió que sus hijos Pedro y Ángela A la triste estaban hundidos en severos problemas de adicciones. La actriz confesó públicamente que su hijo consumía ciertas sustancias nocivas y su hija presentaba problemas múltiples. Sonia gastó inmensas cantidades de energía, tiempo valioso y muchísimo dinero en efectivo, intentando rescatarlos del fondo.

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