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La maleta de la costa de Málaga

La maleta de la costa de Málaga

El viento golpeaba con fuerza las pequeñas embarcaciones del puerto de Pedregalejo. El mar estaba oscuro, inquieto, como si escondiera algo bajo las olas. Eran casi las cinco de la mañana cuando Mateo Ruiz terminó de preparar sus redes.

Tenía cincuenta y ocho años, manos endurecidas por la sal y una mirada cansada que parecía haber visto demasiado. Desde la muerte de su esposa, apenas hablaba con nadie. Vivía solo en una pequeña casa cerca del puerto y salía a pescar cada madrugada para sobrevivir.

Aquella mañana parecía igual a cualquier otra.

Pero no lo era.

Mateo encendió el motor de su vieja barca y avanzó lentamente hacia la costa.

—Hoy el mar está raro… —murmuró.

Su compañero de pesca, Julián, bostezó mientras acomodaba una cuerda.

—El mar siempre está raro contigo.

—No bromees. Mira las olas.

Julián observó el agua durante unos segundos.

—Solo hay viento.

Mateo no respondió.

A unos cientos de metros de la costa, algo chocó contra el lateral de la barca.

¡Toc!

Julián dio un salto.

—¿Qué demonios fue eso?

Mateo alumbró con una linterna.

Entre las olas apareció una maleta negra.

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