La política en Colombia ha alcanzado, una vez más, un punto de ebullición insostenible. En la antesala de unas elecciones cruciales, el ambiente se encuentra enrarecido por un torbellino de acusaciones que trascienden las fronteras nacionales. El presidente de la República, Gustavo Petro, ha elevado el tono de manera drástica, estallando ante lo que él describe como un plan orquestado por la extrema derecha para secuestrar la voluntad popular mediante montajes, manipulación internacional y traiciones desde el interior de las fuerzas del orden.
En el centro de este gigantesco escándalo se perfilan figuras prominentes: el polémico abogado Abelardo de la Espriella, el senador estadounidense de origen colombiano Bernie Moreno, y altos mandos de la oposición como Álvaro Uribe e Iván Duque. La trama incluye el asesinato de un jefe de campaña, la filtración de audios manipulados desde centros penitenciarios, y la escalofriante sombra de la represión social.
A medida que el gobierno progresista se atrinchera para defender la legitimidad electoral, las revelaciones amenazan con destapar uno de los episodios de guerra sucia política más graves en la historia reciente del país.
El Grito de Alerta Presidencial: Desmantelando el “Honduras Gate”
“La justicia debe investigar por qué se construyó este crimen contra las elecciones”. Con estas contundentes palabras, Gustavo Petro ordenó hacer frente a los supuestos planes del uribismo para perpetrar un fraude electoral y destruir la credibilidad del progresismo. El mandatario fue claro y directo: la campaña sistemática para vincular a candidatos afines a su proyecto político con estructuras ilegales es una “mentira masiva construida desde la cárcel”.

Para dimensionar la gravedad del asunto, Petro trazó un paralelismo alarmante: “Es una operación del Honduras Gate que financió Netanyahu y el narco para destruir a los progresistas de México y Colombia”. Esta declaración sugiere la existencia de un ecosistema internacional de difamación que busca desestabilizar gobiernos de corte progresista en América Latina, empleando tácticas de desinformación masiva y el uso ilegítimo de aparatos de inteligencia.
El presidente apuntó directamente a los responsables históricos de este tipo de montajes, recordando episodios pasados donde, según él, sectores oscuros impulsaron denuncias falsas contra generales honestos que investigaban la corrupción militar (los “zapateiros”). La acusación de Petro no es solo un reproche político; es una advertencia de que las instituciones democráticas están siendo minadas desde adentro.
El Audio Falso y la Traición Militar: El Caso Iván Cepeda
El detonante principal de esta furia presidencial fue la divulgación de un audio explosivo que intentaba destruir la candidatura de Iván Cepeda. En la grabación, filtrada de manera sincronizada a diversos medios de comunicación, una voz que supuestamente pertenecía a alias “Rogelio Benavides” (miembro de las disidencias bajo el mando de alias “Calarcá”) invitaba descaradamente a la ciudadanía a votar por Cepeda. El objetivo era evidente: manchar al candidato progresista con el estigma del apoyo subversivo.
Sin embargo, el montaje se derrumbó gracias a la propia inteligencia policial. Investigaciones preliminares del Gaula de la Policía Nacional determinaron que la voz no correspondía al temido cabecilla disidente, sino a alias “Sergio”, un extorsionista común preso en el patio 10 de la cárcel de Picaleña, en Ibagué. El criminal estaba, literalmente, fingiendo y vendiendo sus “dinámicas de extorsión carcelaria” al mejor postor.
Pero el verdadero escándalo no radica en la falsedad del audio, sino en cómo llegó a los noticieros. Noticias Uno reveló que la filtración se originó en el interior de las propias Fuerzas Militares. Esto confirmaría los peores temores de Petro: la existencia de facciones militares politizadas que actúan a espaldas de la Constitución, traicionando a la patria para favorecer intereses electorales de la extrema derecha.
Ante este ataque alevoso, Iván Cepeda no guardó silencio. Calificó el hecho como “un montaje orquestado por sus contradictores políticos” y exigió rectificaciones públicas inmediatas a los que se hicieron eco de la calumnia, señalando con nombre y apellido a sus acusadores: “Álvaro Uribe Vélez, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López, Sergio Fajardo y Juan Daniel Oviedo”. Hasta la fecha, el silencio o la evasión han sido las únicas respuestas de los señalados, mientras las Fuerzas Militares intentan investigar la filtración en sus propias filas.
El Eje Washington-Bogotá: Bernie Moreno y Abelardo de la Espriella
La crisis nacional ha adquirido tintes de injerencia extranjera tras la intervención del senador estadounidense Bernie Moreno. De origen colombiano, Moreno ha sido un severo crítico del gobierno de Petro y ha estado envuelto en polémicas previas, como las denuncias por el cuestionado “volteo de tierras” en la Sabana de Bogotá.
El 16 de mayo, en Estados Unidos, Moreno orquestó una maniobra diplomática que encendió las alarmas en el Palacio de Nariño. Aprovechando el trágico asesinato de Rogers Mauricio Devia —quien se desempeñaba como gerente de campaña del sector afín a Abelardo de la Espriella en un municipio del departamento del Meta—, el senador emitió un comunicado expresando una “profunda preocupación” por la seguridad democrática en Colombia.
Lo cuestionable de esta intervención, según denuncias del oficialismo, es que las autoridades colombianas (incluida la Fiscalía) aún no han esclarecido los móviles del crimen. El asesinato de Devia, un exalcalde local, ocurrió cuando se dirigía a su residencia portando material publicitario. A pesar de la falta de pruebas que vinculen el hecho directamente con una persecución política, la campaña de la extrema derecha y sus aliados estadounidenses tomaron el trágico suceso para construir una narrativa de victimización.
La respuesta de Abelardo de la Espriella a las palabras del senador estadounidense elevó aún más la tensión. “Gracias senador Bernie Moreno por su postura firme y por dejarlo cristalino (…). No toleraremos esta ola de violencia política y asesinatos con nuestra campaña”, afirmó De la Espriella, para luego lanzar una petición que fue interpretada por muchos como un llamado a la violación de la soberanía nacional:
“Exigimos que la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos, permanezca alerta, vigilante e intransigente… Necesitamos ojos en el terreno para garantizar elecciones seguras”.
