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El viejo líder creyó humillar al presidente joven frente a 43 mandatarios, pero una sola pregunta lo dejó temblando: “¿Usted respetaría la voluntad del pueblo?”

II.

Los demás se sintieron convencidos. Era un buen plan porque Bukele era joven, impulsivo y famoso por sus respuestas explosivas en Twitter, así que si lograban provocarlo en una cumbre transmitida en vivo, quedaría expuesto como el amateur que ellos creían que era. Y cuando alguien preguntó:

—¿Y si no responde?

Ortega se rio con confianza.

—Entonces se verá débil y cobarde. De cualquier forma, ganamos. Una trampa perfecta.

O eso pensaba, porque lo que ninguno de esos viejos dictadores sabía era que Bukele llevaba 3 días preparándose para ese momento exacto, desde que la principal asesora de Bukele, Carolina Resinos, había recibido un mensaje dos días antes de la delegación nicaragüense, advirtiendo que Ortega planeaba atacarlo públicamente en la sesión plenaria, y Carolina fue directamente con Bukele.

—Señor presidente, Ortega planea provocarlo mañana frente a las cámaras.

Bukele dejó su teléfono, algo inusual, y la miró fijamente.

—¿Qué tipo de provocación?

—Personal y política. Lo llamará títere de Estados Unidos y cuestionará su legitimidad democrática.

Bukele se recargó en su silla y preguntó con calma:

—¿Cuántas cámaras habrá?

—Todas. CNN, BBC, Al Jazeera y todas las cadenas latinoamericanas.

Y entonces ella sonrió.

—Perfecto. Démosle a Ortega exactamente lo que quiere.

Eso desconcertó a Carolina.

—Señor…

—Déjalo que me ataque, déjalo que diga lo que quiera. No voy a interrumpirlo ni a defenderme. Voy a dejar que hable todo el tiempo que necesite.

—No entiendo —dijo ella, y Bukele se inclinó hacia adelante para enfatizar el punto.

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