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¡HUMILLACIÓN! Piqué PIERDE más patrocinadores tras las últimas REVELACIONES de Shakira

Lo de Piqué ya no es solo un drama sentimental, es un boquete en la imagen pública del tamaño del camnou.  Con las últimas revelaciones de Shakira, que no falla una cuando se trata de lanzar indirectas muy directas, el nombre de Piqué vuelve a sonar donde más duele, en las oficinas de los patrocinadores.

 Según se comenta, algunas marcas estarían tomando distancia, revisando contratos y preguntándose si seguir al lado de Piqué compensa el ruido constante, las críticas y el salseo interminable, porque una cosa es salir en titulares  y otra es salir ardiendo. Si te encanta tener el chisme calentito y antes que nadie, suscríbete ya y activa la campanita, que este culebrón acaba de  velocidad.

 Y espérate que aún no se ha contado lo más fuerte para entender el terremoto de ahora hay que rebobinar un poco, porque esto no empezó con una canción ni con un dardo suelto. Esto viene de lejos, de una relación de más de una década que se vendía como cuento de hadas, mundial, beso viral, dos hijos, mansión compartida y la fachada perfecta de familia feliz.

 Pero ya se sabe, cuanto más perfecta parece la foto, más cosas se esconden fuera de plano. Con la separación, el chisme pasó de pasillo a portada. Custodia, mudanza,  acuerdos, presuntos deslices y un silencio tenso que se rompió cuando Shakira decidió hacer lo que mejor sabe, convertir el dolor en himnos.

 Cada tema, cada letra y cada metáfora afilada eran más que música, eran munición emocional que todo el mundo interpretó como mensaje directo a Piqué. En ese momento, la imagen de Piqué, que siempre había mezclado fútbol con cierto punto de chulería  simpática, empezó a torcerse lo que antes se veía como seguridad.

 Muchos empezaron a leerlo como soberbia. Y claro, en medio de todo eso,  Piquya no era solo el ex de Shakira. era el protagonista del villano público en el drama del año. Mientras tanto, el piqué empresario iba a toda máquina, Kings League, proyectos, eventos, presencia constante en redes, colaboraciones, un perfil de showman que gustaba muchas marcas porque encajaba con el rollo moderno, desenfadado, polémico, pero rentable.

 La tormenta mediática se veía como ruido manejable, un poquito de polémica así,  pero también millones de ojos pendientes. El problema, según se comenta por los corrillos del marketing, es que la cosa se habría ido pasando de graciosa a peligrosa. Cada nueva revelación, cada frase de Shakira más directa,  cada gesto de Piqué grabado por un móvil convertía el caso en una telenovela interminable.

  Y las marcas que al principio miraban el drama con media sonrisa habrían empezado a preguntarse hasta dónde va a llegar esto. Porque una cosa es que tu cara aparezca ligada a una separación mediática y otra muy distinta es que empieza a asociarse a humillaciones públicas,  desprecio en redes y campañas enteras de memes.

 Eso ya no es salseo, eso es desgaste. Y el desgaste en términos de imagen sale muy caro. Cuentan algunos que en ciertos despachos se empezó a a hablar de riesgo reputacional, esa expresión fina que significa básicamente nos puede salir caro seguir al lado de este señor si esto va a peor. Y lo que se veía como un simple bache, poco a poco eh habría empezado a aparecer un socabón.

  Y lo más jugoso es que, por lo que se rumorea, las últimas revelaciones de Shakira habrían sido el empujoncito final para que más de uno decidiera tomar distancia. Pero ojo, que lo interesante no es solo quién se habría marchado, ¿no?, sino cómo y por qué. Y ahí precisamente es donde el chisme se pone bueno, porque lo que viene ahora no es solo drama sentimental, es movimiento de dinero, contratos y egos heridos, ¿no? Y espérate  que aún no hemos entrado en las primeras reacciones fuertes. El primer golpe serio no habría

llegado con un comunicado frío, sino con algo mucho más sutil, silencios. silencios de esos que en el mundo de las marcas dicen más que 1000 notas de prensa. De repente, una campaña en la que Piqué iba a ser protagonista se habría reajustado. Su imagen desaparece del borrador final, se reduce presencia, se cambian fechas y oficialmente no pasa nada, pero extraoficialmente huele a chamusquina.

 Según se comenta, algunas empresas que ya tenían apalabradas colaboraciones con Piqué habrían empezado a enfriar conversaciones justo después de las últimas revelaciones de Shakira. Esas pullullas recientes, esas frases que daban a entender que todavía quedaba mucha historia sin contarse, habrían hecho que más de un responsable de marca levantara la ceja.

 Si ahora estamos así, ¿qué va a soltar dentro de dos meses? El problema para Piqué es que su imagen ya no se  analiza solo como la del exfutbolista exitoso, sino como la del personaje envuelto en un culebrón que no baja el volumen. Y las marcas no quieren sonar de fondo en una guerra emocional que se comenta en mesas familiares, chats de grupo y tertulias.

Quieren sonrisas, aspiracional, buen rollo, no ser la valla publicitaria detrás de una humillación  pública. Se rumorea que uno de los primeros patrocinadores en dar un paso atrás no lo hizo con un portazo, sino con un vamos a pausar esto de momento frase que traducida al idioma del dinero significa no nos conviene ahora mismo estar tan cerca de ti.

 Nada de ruedas de prensa, nada de drama oficial, simplemente dejar que el tiempo pase y que la colaboración se diluya. A eso se habrían sumado otros movimientos más discretos. Reducir apariciones,  no renovar acuerdos que estaban a punto de caducar, dejar de proponer su nombre en nuevas campañas.  No hace falta que te echen si simplemente dejan de llamarte.

 Y  eso para alguien que ha pasado de ser reclamo a convertirse en riesgo es  un golpe al ego importante. Mientras tanto, Piqué seguía con su vida pública como si nada. Proyectos, streamings, Kings League, apariciones donde se le veía tranquilo, incluso desafiante, como si el ruido no le afectara.

 Pero detrás del telón, el panorama se habría ido volviendo menos amable, porque una cosa es aguantar críticas en redes y otra comprobar que los números ya no cuadran igual porque los patrocinadores están cada vez más fríos. El contraste es brutal. Por un lado, Shakira creciendo más y  más en apoyo, convertida en símbolo para mucha gente.

 Por otro, Piqué intentando mantener el tipo mientras su nombre está pegado a palabras como infidelidad, humillación y karma, términos que ninguna marca quiere al lado de su logo.  Y el chiste cruel de todo esto es que, según se comenta, lo que se ha visto hasta ahora podría ser solo la primera oleada, porque lo realmente delicado vendría después cuando empiezan  a hablar no solo las marcas, ¿no? Sino los que se mueven en los pasillos de los negocios de de Piqué.

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