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¿Maldición familiar o pacto con el peligro? La escalofriante y oscura verdad oculta tras las trágicas muertes de los hijos de Joan Sebastian

¿Maldición familiar o pacto con el peligro? La escalofriante y oscura verdad oculta tras las trágicas muertes de los hijos de Joan Sebastian: el misterioso patrón del número 27, los violentos asesinatos que lo desangraron en vida y la encarnizada guerra por una millonaria herencia maldita que destruyó a su dinastía.

La TRÁGICA HISTORIA de los HIJOS de JOAN SEBASTIAN y la OSCURA VERDAD que marcó su VIDA 

Había una noche en Texas que Joan Sebastian nunca pudo olvidar. Una noche en la que sostuvo entre sus brazos a su propio hijo, viéndolo desangrarse lentamente, gritando por ayuda, mientras la oscuridad se tragaba sus gritos. Y nadie llegó. Nadie. Esa imagen lo persiguió el resto de su vida.

 Y lo peor es que eso no fue la única vez. Porque Joan Sebastián, el hombre que le cantó al amor, que puso música a las alegrías y a las penas de millones de personas, fue también el padre que tuvo que enterrar a dos de sus hijos, dos asesinados. Y hay quienes dicen que el tercero tampoco fue casualidad. Hoy vamos a hablar de los hijos de Joan Sebastián.

de los que vivieron, de los que murieron y de todo lo que quedó entre esas dos palabras. Porque detrás de la música, detrás de los sombreros y los caballos y los aplausos, había una familia rota, una familia que cargó con secretos que pocas veces se contaron en voz alta. Quédate porque esto que vas a escuchar hoy no es fácil de oír.

Dicen en Juliantla, ese pueblito escondido en las montañas de Guerrero, que Joan Sebastian era de esos hombres que nacen con demasiado dentro, demasiado talento, demasiado amor, demasiada pasión y también demasiado dolor. Nació el 8 de abril de 1951 como José Manuel Figueroa Figueroa, hijo de Marcos y Celia, gente de campo, gente humilde, gente que madrugaba y trabajaba sin quejarse.

 Creció entre brechas de tierra, lomas con olor a pino húmedo y el sonido de los grillos en las noches de sierra. Desde chico, el niño José Manuel ya cargaba canciones en la cabeza. A los 7 años ya estaba componiendo. A los 14 ya sabía que su camino era el altar, era el escenario. Pero antes de hablar de él, necesitamos hablar de lo que construyó o más bien de lo que intentó construir.

Porque Joan Sebastian tuvo ocho hijos con cinco mujeres diferentes y cada uno de esos hijos llegó al mundo cargando el apellido de un hombre enorme. Un apellido que para algunos fue una puerta abierta al cielo y para otros fue una condena. Y es que ser hijo de Joan Sebastian no era cosa fácil. La primera en darle un hijo fue Teresa González, la única mujer con la que Joan Sebastian se casó de manera legal, según declaró años después el propio abogado familiar.

Teresa era joven cuando lo conoció. Joan le dedicó una de sus canciones más tiernas. Era una tarde de primavera, yo 17 y tú quinceañera, tú colegiala y yo un soñador. Así empezó todo con esa inocencia de primer amor que tiene olor a flores del campo, con esa dulzura que solo existe cuando uno no sabe todavía lo que el mundo tiene preparado.

Con Teresa tuvo tres hijos. José Manuel, el primogénito, nacido en mayo de 1975. Luego Juan Sebastián en 1977 y después trigo de Jesús, alrededor de 1979. Tres hijos varones, tres vidas que comenzaron bajo el mismo techo, tres destinos que no pudieron ser más diferentes, pero el matrimonio con Teresa fue tormentoso desde adentro.

Joan Sebastián era un hombre que amaba con intensidad, sí, pero también era un hombre que no podía contenerse. Las mujeres lo buscaban. El propio hermano de Joan, Federico Figueroa, lo contó sin rodeos años después. Mujeres de todas las edades llegaban al final de los conciertos. Algunas hasta le ofrecían dinero.

 Y Joan, según Federico, necesitaba estar enamorado para relacionarse. Pero el problema era que Joan Sebastian se enamoraba con una facilidad que espantaba. Y así fue como llegó Alicia Juárez. Ella era conocida como la diva de la ranchera, una mujer con una voz que sacudía los huesos y una presencia que no pasaba desapercibida.

Para ese entonces, Alicia ya había sido la última esposa de José Alfredo Jiménez. Sí, del mismísimo rey de la canción ranchera. Y Joan Sebastián, que admiraba profundamente a José Alfredo, quedó prendado de ella. Pero había un problema enorme. Joan seguía casado con Teresa. Le mintió. Le dijo a Alicia que ya estaban separados, que su matrimonio era historia. Y Alicia le creyó.

Porque una mujer enamorada, aunque sea una diva, a veces prefiere creer lo que quiere creer. Pero Teresa se enteró y el romance con Alicia terminó de la peor manera. No con golpes, no con escándalo público. Terminó con esa frialdad que es más cortante que cualquier pelea. Con el silencio de una mujer que descubre la traición y decide irse sin dar explicaciones.

Joan Sebastian le compuso canciones a Alicia. Secreto de amor. Alicia, el primer tonto, como si en las canciones pudiera guardar lo que en la vida real no pudo conservar. Y así fue Joan Sebastián toda su vida, amando a muchas, lastimando a varias y convirtiendo cada herida en una canción que millones cantaban sin saber el precio que costó.

Pero regresemos a los hijos porque ahí está el corazón de esta historia. José Manuel Figueroa, el mayor fue el que más se pareció al Padre, no solo en el nombre, también en el talento, también en la terquedad, también en esa forma de pararse en el escenario como si el mundo les perteneciera. Debutó en 1995 con un álbum que vendió 300 copias.

 No era poca cosa para un muchacho que apenas comenzaba, pero cargar el apellido Figueroa también era cargar con una sombra gigantesca, una sombra que a veces protege y a veces aplasta. José Manuel lo sabía y aún así siguió adelante, fusionando la ranchera con el pop, buscando su propia voz dentro del eco enorme que había dejado su padre.

Años después, sería él quien interpretara a Joan Sebastian adulto en la bioserie Por siempre Joan Sebastian, estrenada en 2016. Y al hacerlo, tuvo que ponerse en la piel del hombre que más amaba y del que a veces más dolor recibió. Porque los hijos de figuras enormes también sufren de maneras que nadie ve. Pero eso que vivió José Manuel no fue nada comparado con lo que vendría después.

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