Esa mezcla de ritmos podía parecer rara para quienes querían la cumbia más tradicional, la que era más derechita, más de traje planchado, pero ellos no venían a pedir permiso, venían a hacer ruido. Y como decía mi tía, al que trae sazón propio, primero lo critican, luego lo copian y y después todos dicen que siempre creyeron en él.
[música] Con temas como triste, Lagunera y Rica y apretadita, el grupo empezó a meterse en el gusto de la gente. Ahí fue cuando el público comenzó a decir, “Estos no suenan como los demás.” ¿Quieres para? [música] La voz de Susana Ortiz agarró fuerza y Dimas empezó a tomar presencia y la agrupación empezó a formar ese estilo fiestero movido, medio desordenado pero sabroso que los convirtió en una de esas bandas que la gente pedía en bailes, fiestas y escenarios populares.
Luego vinieron más canciones que terminaron marcando su camino. Yo te invito a bailar en tu corazón la loba, vato loco, la cita, mucha lucha y el baile del gavilán. Y ahí sí, mi raza, el asunto ya no era cualquier cosa. Chicos de barrio empezó a subir como la espuma de cerveza en vaso chico.
Cada tema les abría otra puerta, cada baile les dejaba más público y cada presentación les mostraba que la gente ya no solo iba a escucharlos, iba a gritarlos. Sigue, chicos de barrio, estamos chidos, estamos bien colocados. Pienso yo que no hemos subido, o sea, hablando netamente, ni tampoco hemos caído. Nos hemos mantenido, que eso es lo más lo más difícil, zorro, lo más difícil el el el mantenerse.
El momento más fuerte llegó cuando el baile del gabilán se convirtió en uno de esos temas que se quedan pegados, aunque uno no quiera, esa canción los puso en otra liga porque ya no era solamente los muchachos de la comarca que venían empujando fuerte, ahora eran un fenómeno que sonaba en fiestas, programas, bailes y reuniones donde la cumbia se ponía brava.
Ese gavilán les dio alas, pero también les puso más ojos encima y cuando hay más ojos también hay más lenguas. La barriga [música] para abajo, bájate para abajo, porque con la popularidad también vinieron las comparaciones, las críticas, los comentarios de siempre, que si su música era muy rara, que si su música era muy de barrio, que si era muy simple, que si era muy fiestera, que si no era fina, que si nada más era para bailar, pero ahí estuvo el detalle.
Mientras algunos los miraban por encima del hombro, la gente estaba haciéndolos grandes. Porque una cosa es que un crítico arrugue la nariz y otra muy distinta es que el público llene la pista y pida otra rola. Además, chicos del barrio logró algo que no cualquier agrupación consigue, llevar su sonido más allá de la región.
Tocaron en México, Estados Unidos, Centroamérdica y Sudamérica y terminaron metiéndose en espacios donde muchos grupos de barrios solo sueñan llegar. Su música apareció ligada a proyectos grandes, incluyendo [música] mucha lucha relacionada con Cartoon Networks, y eso les dio una proyección que los sacó del baile local para ponerlos en una vitrina muchísimo, pero que muchísimo más grande.
Es el chiste de esta carrera, ¿no? Saber cabecear todas las buenas y las malas, saber saborear el éxito, porque para saborear el éxito te tiene que haber tronado dos, tres veces Napoleón, quien no sabe del dolor no conoce la alegría. Pero mientras más crecía el grupo, más se empezaba a notar que el éxito también les estaba cobrando renta.
Las canciones pegaban, el público respondía, los escenarios crecían, pero por dentro ya se estaban cocinando diferentes egos, decisiones pesadas y broncas que después iban a explotar, porque así pasa con muchos grupos. Primero todos quieren llegar, pero cuando llegan empieza el pleito por quién brilla más, quién decide más y quién se lleva el pedazo más grande del pastel.
Chicos de barrio demostró que una propuesta nacida de barrio podía llegar lejos, aunque al principio algunos no apostaron por ellos. Su música no era elegante de salón, era cumbia con sudor, con calle, con esquina, con fiesta y con ese sabor popular que no necesita permiso para pegar. Y tal vez por eso conectaron tanto, porque la gente no los sentía lejanos, los [música] sentía como propios, como esos músicos que podían venir de la misma colonia, del mismo baile, del mismo relajo de fin de semana.
La fama hizo más grandes a chicos de barrio y fue la misma fama la que empezó a quebrarlos por dentro. Ahora vamos a hablar de los primeros que dijeron, “Paren el bus porque aquí me bajo.” Y los primeros que se bajaron del camión, cuando chicos de barrio empezó a agarrar vuelo, la gente veía la fiesta, la cumbia, el relajo arriba del escenario y ese sabor lagunero que prendía hasta el más tieso.
Pero mientras el público bailaba por dentro del grupo, ya empezaba a vivir sus primeras salidas, sus primeros jaloneos y sus primeras señales de que no todo era risa, aplausos y una canción pegajosa. Según lo contó el Capi, Rafael Saucedo, uno de los músicos ligados a esa primera etapa. Antes de que el mismo se fuera, ya habían salido otros integrantes.
Primero se fue Orlando, el bajista que venía de Los Ángeles, California. Después salió Logan, luego Pavas y más adelante él también terminó pidiendo su renuncia. Cuando tú piens, tú empiezas una agrupación, eh, estás con un sueño, ¿no?, de que vamos a echarle ganas para para sobresalir y y y que este grupo sea un grupo, o sea, el grupo todavía iba creciendo, pero ya venía soltando piezas como camión viejo en terracería.
El Capi terminó hartándose porque sentía que chicos de barrio no estaba creciendo como debía. Según su versión, todos se decían dueños. Pero a la hora de tomar decisiones importantes, el grupo se quedaba atorado. Él quería comprar camión, comprar equipo propio, invertirle al proyecto y levantar la agrupación como una empresa seria.
Pero no todos jalaban parejo. Y ahí empezó el veneno. Porque mientras el grupo sonaba en los bailes y la gente los veía como un fenómeno en ascenso, por dentro había desacuerdos, conformismo y una falta de visión que podía tumbar cualquier sueño. Como decía mi abuela, no hay peor piedra en el zapato que un socio que no quiere caminar.
¿Sabes qué fue lo que me aguitó ahí de que todos éramos dueños, pero pues dueños de nada, ¿sí me entiendes? Yo decía, “Bueno, sí somos dueños, estamos ganando bien ahorita, tenemos bastante trabajo, esto se va a acabar si sigue así.” El verdadero problema, según su versión estaba en la forma de administrar el grupo, que decía que todos eran dueños, pero en la práctica no se podía hacer mucho si la mayoría no estaba de acuerdo.
Y ahí es donde el sueño musical se empieza a poner pesado, porque una cosa es tocar bonito, llenar bailes y hacer que la gente levante las manos y otra muy distinta es ponerse de acuerdo para meterle dinero al proyecto. Seamos dueños, no se va a poder hacer nada por las decisiones. Sí, pues es que todos la tenían que tomar y tenían que estar todos de acuerdo.
para para poder hacer algo, pues tenías que contar con lo de la mayoría. Y sinceramente eso fue lo que me aguitó y yo pidí mi porque en los grupos musicales pasa algo bien curioso. [música] Cuando no hay dinero todos sueñan parejo, pero cuando empieza a llegar el trabajo, las fechas y la fama, entonces se descubre quién quiere invertir, [música] quién quiere ahorrar, quién quiere mandar y quién no más quiere cobrar su parte e irse tranquilo.
Y según lo que cuenta el Capi, esa diferencia de visión fue lo que fue apagando por dentro hasta hacerlo decir. Las salidas de Orlando, Logan, Pavas y luego el Capi fueron como las primeras campanadas de alerta. No fueron el escándalo más grande de chicos de barrio, pero sí dejaron claro que la maquinaria ya venía haciendo ruidos raros.
El público veía el baile, pero abajo del escenario había decisiones atoradas, inconformidades y un proyecto que necesitaba más orden para sostener lo que estaba logrando. Porque yo lo que sí quería era comprar un camión, era comprar equipo, era pues hacer cosas para de nosotros mismos, ¿no? Entonces, así que esta parte de la historia no habla de una explosión, habla de un desgaste de esos que van calladitos como goteras de techo viejo.
Pero cuando acuerdas ya te mojaron toda la sala. Chicos de barrio seguía sonando, seguía trabajando y seguía levantando gente en los bailes, pero por dentro algunos ya sentían que el barco no llevaba el timón tan firme como parecía. Estas primeras salidas fueron simples cambios de músicos, pero a la vez la señal de que chicos de Barrio ya traía el motor fallando desde adentro.
Hablaremos sobre Susana Ortiz, la voz que se fue con la herida abierta. Cuando chicos de barrio empezó a sonar fuerte, había una voz que el público reconocía al primer grito, Susana Ortiz. Ella no era una integrante más, era de esas voces que la gente amarra al recuerdo, al baile, al cassette, al disco, a la fiesta donde todos terminaron sudando cumbia como si no hubiera mañana.
Susan entró desde la primera etapa fuerte del grupo, alrededor de 1995 y estuvo en esos años donde chicos de barrio pasó de ser una apuesta lagunera a convertirse en una agrupación que ya sonaba con peso propio. Pero como pasa en tantas agrupaciones, mientras arriba del escenario todo se veía sabroso, abajo ya se estaba cocinando el caldo espeso.
En los rumores de pasillo se decía que el ambiente no era tan familiar como lo pintaban, que había arroces, egos y una atención que se podía cortar con cuchillos de taquero. muy mal de chicos de barrio o fui maltratada. Me trataron muy mal. Al principio yo no tengo que decir nada porque ellos todos eran mis hermanos.
Porque una cosa era verlos cantando juntos con la gente bailando y aplaudiendo cuando se apagaban las luces y cada quien guardaba su micrófono. La propia Susana contó que salió muy mal de chicos de barrio, que se sintió maltratada y profundamente decepcionada. Y ahí la historia se pone filosa, porque no estamos hablando de una salida cualquiera, sino de una de las voces más identificadas con el grupo diciendo que necesito tiempo para recuperarse.
Esto suena herida grande, de esas que no se curan con arreglo musical ni con una disculpa dicha medias. Como decía mi comadre, cuando alguien se va cantando triste es porque por dentro ya le apagaron la música. Según lo que ella misma dejó entrever, arriba del escenario podían verse como artistas profesionales, pero fuera de ahí la relación ya estaba quebrada.
Había distancia, había silencio, habían problemas legales y la sensación de traición que se le notaba en cada palabra. En pocas palabras, el grupo seguía vendiendo fiesta, pero por dentro ya traían su novela y no precisamente de las que terminan con boda y mariachi. Chicos de barrio, todos esos años ni nos hablábamos.
Arriba éramos los artistas, pero no nos hablamos. No nos hablamos porque pues hay problema legal. Lo más fuerte es que el público no soltó su nombre. Después de su salida, muchos seguían diciendo, “Qué, chicos de barrio, ya no era lo mismo si Susana y ahí está el golpe duro para la agrupación, porque una cosa es reemplazar una voz en el escenario y otra cosa muy distinta es reemplazar lo que esa voz significaba para la gente.
Susana se había vuelto parte del sello del sabor de la memoria del grupo. Quitala no era como cambiar una camisa, era como querer servir menudo sin chile, [música] llena, pero no sabe igual. Y mientras el grupo intentaba seguir adelante, el fantasma de Susana se quedó rondando en los comentarios, en los bailes, en las comparaciones, en la gente que preguntaba por ella, en los que decían que antes sonaban más auténticos.
Ahí nació una de las frases más incómodas para cualquier agrupación. Antes estaba mejor. Y esa frase, mi raza, pesa más que bocina vieja cargada por tres desvelados. Público me reconoce. Es por lo que yo trabajaba. Me estaba muy decepcionada. Yo tenía que tener mi tiempo para recuperarme, pues me Por otro lado, la salida de Susana también dejó el grupo en una posición complicada.
Por un lado, chicos de barrio tenía que demostrar que podía seguir trabajando, llenando eventos y defendiendo su nombre, [música] pero por el otro cargaba con la sombra de una vocalista que muchos consideraban irreemplazable. Y cuando el público se encariña con una voz, no perdona fácil, compara, [música] critica, recuerda y hasta inventa de más, porque el chisme también baila cumbia cuando se pone en bocinas.
Según las versiones que se han contado, Susana estuvo en esa etapa clave desde el arranque fuerte del grupo en los 90 hasta su salida alrededor del 2002. Aunque después hubo regresos e intentos de volver a conectar con la agrupación, pero la primera herida ya estaba hecha y cuando una relación laboral se rompe con decepción, problemas legales y señalamientos de maltrato ya no vuelve igual, aunque vuelvan a cantar la misma canción.
No nos hablamos porque pues hay problema legal. Yo pienso que me Y así quedó chicos de barrio después de su salida con trabajo, con público, con nombre, pero también con una pregunta pegada a la espalda. hasta dónde podía seguir brillando un grupo cuando una de sus voces más queridas decía que se fue dolida porque el ritmo podía continuar, los bailes podían seguir, el camión podía arrancar otra vez, pero en la memoria de muchos fans, Susana seguía sentada en el asiento principal, pero también la salida de Susana dejó de ser
un simple cambio de vocalista y se convirtió en un verdadero culebrón de barrio, porque según Dimas ella lo había demandado por 2 millones de pesos y según la propia Susana sí existía un problema legal por su salida. Además de una herida que todavía le ardía como chile encortada, ella decía que se sintió maltratada, decepcionada, como si le hubieran metido zancadilla y la hubieran echado a la basura.
Mientras del otro lado Dima soltaba su versión con la frente en alto diciendo que quería que la gente supiera lo que estaba pasando. O sea, la cumbia seguía sonando, el público seguía bailando, pero detrás del escenario aquello ya olía a pleito de abogados, orgullo lastimado y cuentas pendientes. Como decía mi comadre, cuando el amor al grupo termina en demanda, ya no hay acordeón que tape el ruido.
Mucha gente dice, “¿Qué onda con lo de Susana? No tengo pelos en la lengua. Ahorita yo ando demandado por 2 millones de pesos que me demandó ella. Sí, quiero quiero que la gente lo sepa. No se vale, chicos de barrio, yo no es ya no es lo mismo. Pero vean, amigos, la cosa terminó triste porque lamentablemente Susana Ortiz falleció durante la madrugada del 25 de febrero de 2004 tras complicaciones de salud y con su partida también se fue la posibilidad de cerrar muchas heridas frente al público, porque aunque el tiempo pasó, todo indica que
entre ella y chicos de barrio quedaron asperezas que probablemente nunca se limaron por completo de esas que duelen más. Porque ya no hay vuelta atrás. Como decía mi comadre, hay pleitos que cuando la vida apaga la luz se quedan bailando solos en la memoria. El fallecimiento de Susana Ortiz continuaban en los tribunales.
Hablamos porque pues hay problema legal por mi salida. Yo pienso que me metió zancadilla. Es que es difícil. O sea, tú al menos yo sentí. Y aquí pregunto yo, ¿ustedes creen que se fue Susana o fue simplemente que chicos de barrio perdió una parte de su alma cuando ella se bajó del escenario? La nueva voz y el fantasma que no dejaba cantar.
Cuando Samantha de Baral entró a chicos de barrio, no llegó a cualquier lugar, llegó a una silla caliente de esas que queman [música] aunque uno venga con una buena voz, buenas ganas, porque el público ya tenía grabada una voz en la memoria y cuando la gente se casa con un sonido, mi raza [música] no suelta fácil.
Ahí empezó el verdadero problema, porque Samantha no solo tenía que cantar, tenía que cargar con la comparación, con los [música] comentarios, con las miradas filosas y con esa frase que perseguía al grupo como sombra en callejónorbeiste. [música] La bronca no era cualquier cosa, porque el público no solamente escucha con los oídos, también escucha con el recuerdo y para muchos seguidores las canciones del grupo ya tenían una dueña sentimental.
Entonces llegó Samantha, tomó el micrófono, hizo su trabajo, se paró en el escenario, pero cada interpretación venía con lupa incluida, que si cantaba parecido, que si no cantaba igual, que si le falta esto, que si le sobraba aquello. Como decía mi comadre, cuando llegas después de alguien muy querido, [música] hasta el aplauso viene con examen.
Por otro lado, Susana Ortiz llegó a decir que no sentía nada personal contra Samantha, pero soltó una frase que traía filo. Según ella, el público ya la tenía bien identificada y por eso sentía que no era auténtico trabajar con algo que no era propio. Y ahí se prendió el carbón del chisme, porque no era un ataque directo de gritos y sombrerazos, pero sí era una pedrada elegante de esas que caen despacito, pero dejan chipote.
En pocas palabras, Susana parecía decir, “Esa voz podrá estar ahí, pero ese sello ya tenía historia.” Y mientras el público comparaba, Dima salió a defender a Samantha. reconoció que Susana tenía su crédito, que cantaba bien, que nadie podía quitarle lo suyo, pero también dejó claro que Samantha tenía su propio valor.
Dijo que tal vez no cantaba igual, pero que era muy buena en lo suyo y hasta remarcó que le había prometido que no la volvería a sacar de la agrupación. Ahí se notaba que Dimas no solo estaba defendiendo a una vocalista, estaba defendiendo la continuidad del grupo, el derecho de seguir caminando, aunque muchos siguieran mirando hacia atrás.
No es por la gente, no es por su trabajo ni nada, simplemente que pues hace su trabajo. Lo que sí yo estoy en contra un poco de eso es que la gente misma dice, ¿verdad? Que o sea, ya me tiene identificada bien. Pero esa defensa tenía algunos nombres pesados [música] porque cada vez que Dima se hablaba bien de Samantha, inevitablemente volvía a aparecer el fantasma de Susana.
Era como querer apagar una veladora con abanico. Mientras más aire le daban al tema, más se movía la llama. Él intentaba equilibrar la balanza. Susana tiene su lugar, Samata tiene el suyo, pero el público, que para eso se pinta solo, seguía haciendo comparaciones como juez de concurso de barrio. ¿Qué pones tuvo Sami para poder ir y estar con su mami y darle eh su sepultura y al siguiente día trabajar? No, fue ese día.
Ese día trabajar. Y yo no alcancé a enterrar a mi mamá. Aquí quedó el grupo en una posición incómoda. Necesitaba seguir trabajando, seguir llenando bailes, seguir vendiendo esa cumbia lagunera que los hizo famosos. Pero cada nueva voz cargaba con el peso de una historia anterior. Y eso es duro porque una agrupación puede cambiar integrantes, vestuario, camión y hasta repertorio, pero cambiar la memoria del público ahí sí está más difícil que cobrarle a un compadre amoroso.
Samantha terminó siendo parte de una etapa donde chicos de barrio quería demostrar que seguía vivo, que el grupo no dependía de una sola voz y que la fiesta podía continuar, pero la comparación se volvió una piedra en el zapato, porque aunque Dimas la defendiera, aunque ella cantara, aunque el grupo siguiera trabajando, siempre había alguien listo para soltar la misma frase venenosa. Antes sonaba diferente.
Y esa fue la verdadera polémica, no solamente la llegada de una nueva vocalista, sino la pelea invisible entre el presente y el recuerdo. Samantha cantaba en el escenario, pero el público también escuchaba su ausencia. Dimas defendía el nuevo camino, pero el pasado seguía parado en la puerta cobrando entrada.
Como decía mi abuela, hay sombras que no espantan, pero como pesan. [música] Y aquí les pregunto yo, ¿Saman tuvo una oportunidad justa o el recuerdo de Susana nunca la dejó cantar en el escenario? La factura que Dimas terminó pagando. Dimas Maciel no fue un músico cualquiera dentro de Chicos de Barrio. Fue una de las caras principales del grupo, uno de los que venía desde la raíz del proyecto y según el mismo durante años cargó con la administración las fechas, los empresarios, los camiones, los depósitos y hasta los problemas que se venían
arriba del escenario. que se sube y hace algaravía y anima y la hace gacha ahí arriba y cómo no, mi gente, í arriba y brincando y chincho. La la gente conoce a ese Dimas. De hecho, de hecho algunos familiares conocen a ese Dimas y me y me agüita. En pocas palabras, mientras el público veía cumbia baile de relajo, él decía estar atrás del changarro moviendo los hilos para que el barco no se hundiera.
Pero esa posición también le cobró factura. Timas habló de un pasado marcado por excesos, alcohol, vicios y mujeres y reconoció que una de sus broncas más fuertes fue el adulterio. La neta, yo anduve en los excesos y me dicen arrepentido. Sí, sí, estuve bien arrepentido. La neta perdí mucho tiempo. Ese tiempo lo hubiera aprovechado para Ahí el personaje alegre del escenario se empezó a ver más humano, más raspado, porque no todo era música y aplausos.
Hubo una etapa donde la fama, el dinero y la vida del grupo le pegaron duro a su casa, a su a su matrimonio y a su tranquilidad. Locado ahí a al al al y llegaba llegaba locado y llegaba est por si eso fuera poco, también tuvo que salir a defenderse de algo más pesado, el manejo del dinero. Dimas juró que jamás le robó un cinco al grupo y dijo que mientras otros agarraban su parte, él muchas veces reinvertía lo suyo en llantas, camiones, equipos, pintura y lo que hiciera falta para que chicos de barrio siguiera caminando. Pero como
decía mi abuela, cuando alguien tiene que jurar que no robó es porque el chisme ya andaba rondando con sombreros y botas nuevas. La resistencia, chutas, yo he resistido y nunca me bajé del barco. Siempre he invertido mi dinero. En aquellos tiempos que éramos socios, yo usaba mi dinero, el que me tocaba a mí, para volver a invertir otra vez.
Así que la factura de Dimas no fue solo de carretera y desvelos, también fue de señalamientos, tentaciones, desgaste y una vida personal que se puso más enredada que novela de la nueve. Él quiso pintarse como el hombre que sostuvo el barco, el que aguantó, el que administró y el que se bajó, aunque todo se pusiera pesado.
Pero en una historia como esta, donde hubo fama, dinero, salidas y heridas, cada quien termina pagando su parte de la cuenta. Dimas también vivió una etapa que le dio otro giro a la historia porque según él mismo contó, después de una vida marcada por excesos, alcohol, mujeres y problemas personales, terminó acercándose al Dios y se hizo cristiano gracias a un amigo que lo evangelizó.
Y él me empezó a hablar de Dios, a evangelizarme. Con esto te digo todo, Chutas. No hicimos ni siquiera la oración para recibir al al Señor. Ya el Señor estaba ahí. Yo no más le dije, “No, pues que ya no sé.” Pero ahí empezó otra factura pesada porque aunque hablaba de fe, oración y cambio de vida, siguió ligado a chicos de barrio, a los escenarios y a la cumbia.
Y eso hizo que muchos lo criticaran. Él decía que el grupo era su trabajo, su manera de llevar sustento, pero para varios no cuadraba ver al mismo hombre que hablaba de Cristo seguir arriba del escenario con una agrupación nacida del ambiente festero. Como decía mi comadre, cuando alguien cambia, el barrio no siempre aplaude. A veces se sienta con lupa a ver si de veras cambió o no más se puso otro sombrero.
Y aquí pregunto yo, ¿crees tú que Dimas fue el que realmente sostuvo a chicos de barrio o también terminó siendo parte del desorden que tanto decía cargar? Y muchos pensaban esto, el nombre quedó, pero el barrio ya no era el mismo. Y así, mi raza, la historia de chicos de barrio cuenta con canciones que se volvieron himnos, pero también con salidas que dolieron, voces que hicieron falta, egos que pesaron, chismes que se regaron como pólvora y el grupo que siguió caminando, aunque ya no con la misma alma de aquellos primeros años.
Tarde para cargos de conciencia. [música][canto] Hoy, chicos de varios ya no vive aquel golpe de novedad de sus años dorados, pero tampoco se puede decir que desapareció del mapa. El grupo se sigue presentando en conciertos, bailes, ferias y eventos tanto en México como Estados Unidos. Y todavía hay público que va por nostalgia, por cariño y porque esas canciones se quedaron pegadas en la memoria popular.
Claro, muchos dicen que la época más fuerte fue cuando Susana estaba como vocalista, porque para una parte del público esa etapa tenía un sello imposible de borrar. Pero lo cierto es que con todo y heridas, cambios y comparaciones, chicos de barrio sigue brillando en los escenarios, quizá ya no como fenómeno nuevo, [música] pero porque al final, chicos de barrio, no es solamente una agrupación de cumbia, es un fenómeno lagunero que puso a bailar a muchos, pero también dejó una historia llena de ausencias, heridas y versiones cruzadas. Como decía mi
comadre, cuando un grupo hace bailar al pueblo, el pueblo lo ama. Pero cuando ese grupo se rompe por dentro, el pueblo también se queda chismeando hasta el último acorde. Vamos a ir a tocar los chicos de barrio. Ya no los habían ofrecido hace mucho tiempo, pero eh no quise porque tenía mucho trabajo, pero ahorita sí estoy haciendo un espacio para ir a hacer la gacha pan de jorada.
Y hasta aquí llegó esta intriga, mi raza. Si te gustan esas historias donde la música trae sabor, pero también trae veneno del bueno, suscríbete a las Intrigas de Herverín, activa la campanita y no te pierdas porque aquí todavía quedan muchos secretos por destapar. Nos vemos en una próxima ocasión. [música] Sanchiz