Marzo de 2012. Un rancho abandonado en las montañas de Nayarit. Dos helicópteros aterrizan con 15 minutos de diferencia. Del primero baja Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, el hombre que controla el 70% del narcotráfico en México. Del segundo desciende Nemesio o Ceguera Cervantes, el Mencho, el líder del cartel Jalisco Nueva Generación, el único hombre lo suficientemente poderoso como para desafiar al imperio de Sinaloa. Son enemigos mortales.
Han librado una guerra sangrienta durante 3 años. Más de 2,000 muertos entre ambos bandos, ciudades enteras convertidas en campos de batalla. Y ahora están aquí a 50 m de distancia, sin ejércitos, sin armas visibles, solo ellos y el silencio de la montaña. Lo que va a pasar en las próximas 6 horas nadie lo sabe.
Ni la DEA, ni el gobierno mexicano, ni siquiera sus propios lugarenientes, porque lo que se habló en ese rancho nunca salió de ahí. Hasta ahora, suscríbete porque esta historia está construida con testimonios filtrados, documentos clasificados y el relato de un hombre que estuvo presente y pagó con su vida por contarlo.
Déjame saber en los comentarios si alguna vez has estado en una situación donde tuviste que negociar con tu peor enemigo. El rancho se llama la esperanza, aunque no hay nada esperanzador en él. Tres construcciones de adobe de ruidas, un establo sin techo, corrales vacíos invadidos por maleza.
Lleva 8 años abandonado desde que su dueño, un ganadero llamado Esteban Mora, fue ejecutado por no pagar derecho de piso. Está ubicado en una zona montañosa de Nayarit, a 40 km del pueblo más cercano, rodeado de bosque de pino y caminos de terracería intransitables en temporada de lluvias. El lugar perfecto para una reunión que no debe existir. El Chapo llega primero.
Son las 2:47 de la tarde. Su helicóptero, Bell 407 negro aterriza levantando una nube de polvo rojo. Bajan cuatro hombres antes que él. Todos traen rifles AR15, chalecos tácticos, lentes oscuros. Revisan el perímetro en silencio con movimientos militares precisos. Uno de ellos habla por radio despejado. El Chapo desciende.
Tiene 55 años, pero se mueve como alguien de 40. Complexión baja, 1.68 m, pero su presencia llena el espacio. Trae jeans levis, camisa blanca de algodón, botas de avestruz café, un sombrero Stedson que cuesta más que un auto nuevo. Su rostro es el de las fotografías que circulan en los periódicos. Bigote grueso, ojos pequeños y calculadores.
Expresión neutra que no revela nada. Camina hacia la construcción principal. Una casa de adobe con techo de lámina oxidada. Adentro hay una mesa de madera vieja, cuatro sillas desparejas, un ventilador que no funciona nada más. Se sienta dándole la espalda a la pared. Posición táctica básica. Enciende un cigarro márboro.
Fuma despacio mirando hacia la puerta. Sus hombres se posicionan afuera, dos en la entrada, dos vigilando los flancos. A las 3 o 2 de la tarde llega el segundo helicóptero. Es un Eurocopter AS sedonto 50 gris militar. Aterriza a 100 m del primero, estratégicamente lejos, sin dar la espalda. Bajan cinco hombres. Armamento similar, rifles de asalto, equipamiento táctico de alto nivel.
Pero hay una diferencia, estos se mueven con agresividad contenida, como perros de pelea listos para atacar. El Mencho baja al último. Tiene 46 años, nueve menos que el Chapo. Mide 1.78 m. Complexión robusta, manos grandes como palas. Trae pantalones de mezclilla negros, camisa de vestir gris sin corbata, botas militares. No usa sombrero.
Su cabello es corto, canoso en las cienes. Tiene cicatrices visibles en el rostro, una en la mejilla izquierda, otra en el cuello. Marcas de una vida violenta. Sus ojos son diferentes a los del Chapo. No son calculadores. Son feroces, directos, sin filtro. camina hacia la casa sin prisa, pero sin duda.
Sus hombres lo siguen manteniendo distancia de los hombres del Chapo. Se miran entre ellos como lobos de manadas rivales, tensión eléctrica en el aire, un movimiento en falso y esto se convierte en masacre. El mencho entra a la casa, ve al Chapo sentado fumando, se detiene en el marco de la puerta durante 3 segundos, evaluando, midiendo, preparándose. Finalmente habla.
Su voz es grave, áspera, sin educación formal, pero con autoridad absoluta. Joaquín. El Chapo exhala humo. Aiente con la cabeza señalando la silla frente a él. Nemesio, siéntate. Tenemos que hablar. El mencho camina despacio. Se sienta sin quitarle la vista de encima al Chapo. Coloca las manos sobre la mesa abiertas.
Gesto que dice: “No traigo armas escondidas, pero también puedo matarte con estas manos.” Si es necesario. Afuera los nueve hombres armados mantienen posiciones. Los del Chapo contra la pared este, los del Mencho contra la pared o 30 m de distancia, dedos cerca de los gatillos, un solo disparo y todos mueren.
Todos lo saben. El silencio dentro de la casa dura 20 segundos. Solo se escucha el viento moviendo las láminas sueltas del techo, el canto lejano de un pájaro, la respiración controlada de dos hombres que han matado asientos. El Chapo apaga el cigarro en el piso de tierra. Gracias por venir. Sé que no fue fácil. El mencho sonríe, pero no es una sonrisa amistosa, es la sonrisa de un tiburón que huele sangre. No fue fácil, Joaquín.
Tengo 50 hombres rodeando este rancho en un perímetro de 2 km. Tengo francotiradores en tres posiciones elevadas. Tengo una camioneta con lanzacohetes a 500 m de aquí. Si esto es una trampa, tu helicóptero no despega. El Chapo no se inmuta. Toma otro cigarro de la cajetilla, lo enciende con un encendedor Cipo plateado.
Yo tengo 80 hombres en posiciones que tus francotiradores no han visto. Tengo tres equipos de respuesta rápida en camino por si necesito refuerzos. Y tengo al gobernador de Nayarit en mi nómina. Así que si empezamos a disparar, la policía estatal llega en 15 minutos, pero solo a ayudarme a mí. hace una pausa, pero ninguno de los dos quiere eso, ¿verdad? Por eso estamos aquí solos hablando.
El mencho se recarga en la silla. Cruza los brazos. Entonces habla. ¿Para qué me citaste? ¿Para ofrecerme que me rinda? ¿Para amenazarme? ¿Para negociar territorio? El Chapo niega con la cabeza. Para proponerte algo que nunca pensaste que te propondría. Una alianza. El Mencho suelta una carcajada seca sin humor.
Alianza Joaquín, llevamos tres años matándonos. Tus sicarios ejecutaron a mi sobrino en Guadalajara. Mis hombres colgaron a tu compadre en un puente en Veracruz. Quemamos 15 de tus laboratorios. Emboscaste tres de mis convoyes. Y ahora quieres alianza. El Chapo fuma despacio. Su expresión no cambia. Por eso mismo, porque esta guerra nos está costando más de lo que nos da.
Saca un folder de cuero de una mochila que tiene a su lado, lo abre sobre la mesa. Son documentos, fotografías, mapas. El mencho los mira sin tocarlos. Mira estos números. En los últimos 3 años, tu cartel y el mío, hemos perdido 340 millones de dólares combinados. No en decomisos, no en gastos operativos, en guerra pura, municiones, sobornos para cubrir ejecuciones, pagos a familias de sicarios muertos, reemplazo de infraestructura destruida, 340 millones que pudimos haber usado para expandirnos, para comprar más policías, más políticos, más rutas. El Chapo
señala una fotografía. Es un mapa de México dividido en zonas de colores. Rojo para Sinaloa, azul para Jalisco, verde para territorios en disputa. Las zonas verdes cubren casi el 40% del mapa. Estamos peleando por estas plazas, Tijuana, Nuevo Laredo, Veracruz, Guerrero, Michoacán. Gastamos millones tratando de quitárnoslas mutuamente.
¿Y sabes quién está ganando? El Mencho no responde. El Chapo continúa. Los gringos, mientras tú y yo nos matamos, la DEA ha decomizado 89 toneladas de nuestra mercancía en los últimos 2 años. La Marina Mexicana ha capturado a 47 de nuestros operadores de alto nivel. El gobierno de Estados Unidos congeló 600 millones de dólares en cuentas ligadas a nosotros.
Todo porque estamos distraídos peleando entre nosotros. En lugar de enfocarnos en el verdadero enemigo, el mencho toma uno de los documentos, lo lee rápidamente. Son reportes de inteligencia filtrados, estadísticas de decomisos, nombres de operadores capturados, información que solo alguien con contactos muy altos en el gobierno podría obtener.
“Lo que propones es que paremos la guerra y trabajemos juntos”, dice el Mencho sin levantar la vista del documento. El Chapo asiente. No solo parar la guerra, dividir México de manera definitiva. Tú te quedas con el occidente completo. Jalisco, Colima, Nayarit, Michoacán. Parte de Guerrero. Yo me quedo con el norte y el Pacífico, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Baja California, Durango.
Las plazas en disputa las dividimos 50 50. Nuevo Laredo se reparte, Veracruz también. Tijuana se administra en conjunto. El mencho deja el documento sobre la mesa, se recarga hacia atrás. Sus ojos estudian al Chapo con intensidad. ¿Y por qué confiarías en mí? Yo podría aceptar esto, esperar 6 meses y luego traicionarte cuando bajes la guardia.
El Chapo sonríe por primera vez. Es una sonrisa pequeña, apenas perceptible. Porque los dos somos hombres de negocios, Nemesio, y los buenos negocios se basan en beneficio mutuo, no en traición. Si me traicionas, volvemos a la guerra y perdemos otros 340 millones. Si yo te traiciono, pasa lo mismo. Pero si cooperamos en 2 años, cada uno duplica su territorio y sus ganancias sin gastar un peso en municiones.
Hace una pausa. Además, tengo un seguro. El mencho frunce el ceño. ¿Qué seguro? El Chapo saca un sobre manila. Lo coloca sobre la mesa. Ábrelo. El mencho lo toma. Rompe el sello. Adentro hay fotografías. Su rostro se endurece. Son fotos de su esposa Rosalinda González comprando en un supermercado en Guadalajara.
De su hija Jessica jugando en un parque, de su hijo Rubén saliendo de una universidad privada. Todas tomadas en los últimos 7 días. El mencho se pone de pie tan rápido que la silla cae hacia atrás. Sus manos se cierran en puños. Los músculos de su mandíbula se tensan. Afuera, sus hombres dan un paso al frente al ver el movimiento brusco, los del Chapo levantan sus rifles.
La tensión explota como dinamita. Hijo de [ __ ] Gruñe el mencho. Su voz es puro veneno. Me estás amenazando a mi familia. El Chapo permanece sentado, tranquilo, calmado, en control absoluto. No es una amenaza, Nemesio. Es información. Quiero que sepas que sé dónde están. Así como tú sabes dónde está mi familia, es equilibrio, destrucción mutua asegurada, como le dicen los gringos, si yo caigo, tú caes. Si tú caes, yo caigo.
Eso nos mantiene honestos. El mencho respira profundo. Una vez, dos veces, tres. Controla la furia que le hierven las venas. Lentamente recoge la silla, la acomoda, se sienta de nuevo, pero sus ojos no dejan de mirar al Chapo con odio puro. Tienes 30 segundos para convencerme de no matarte ahora mismo. El Chapo aplasta el cigarro contra la mesa.
Porque si me matas aquí, en 20 minutos tu familia desaparece. Tengo órdenes muy claras con mi gente. Si no salgo vivo de este rancho, tres equipos se activan automáticamente. Uno va por tu esposa, otro por tu hija, otro por tu hijo. Y créeme, Nemecio, no van a matarlos rápido. Van a sufrir. Van a rogarme que los mate. Y todo México va a saber que fue porque su padre traicionó un acuerdo. Hace una pausa.
Pero si sales de aquí vivo y cumples tu parte, tu familia nunca sabrá que estuvieron en peligro. Viven su vida normal, tranquila, segura, igual que la mía. El silencio que sigue es más pesado que plomo. El Mencho mira las fotografías de su familia. Ve a Rosalinda sonriendo ajena al peligro. Ve a Jessica en los columpios, inocente.
Ve a Rubén cargando libros, soñando con un futuro. Y siente algo que pocas veces ha sentido en su vida. Miedo verdadero. No miedo por él, sino por ellos. Lentamente guarda las fotografías en el sobre, lo cierra. Eres más cabrón de lo que pensaba, Joaquín. El Chapo se encoge de hombros. Llevo 30 años en esto.
He visto traiciones que ni imaginas. Compañeros que fueron como hermanos apuñalándome por la espalda, socios que juraron lealtad vendiéndome a la dea. Aprendí que en este negocio la confianza no existe, pero el interés mutuo sí. Por eso funciona esto, no porque confiemos el uno en el otro, sino porque traicionarse sería malo para ambos.
El mencho cruza los brazos de nuevo. Digamos que acepto. ¿Cómo funcionaría exactamente? Firmamos un contrato, nos damos la mano y ya. El Chapo niega con la cabeza. Necesitamos reglas claras, protocolos, mecanismos de comunicación. Saca más documentos del folder. Son mapas detallados, listas, organigramas. Regla uno, respeto territorial absoluto.
Tú no operas en mis plazas, yo no opero en las tuyas. Las plazas compartidas se administran con un representante de cada cartel. 50% de ganancias para cada uno. Cualquier disputa se resuelve hablando, no matando. El mencho escucha en silencio. El Chapo continúa. Regla dos, coordinación contra enemigos comunes.
Si la DEA o la Marina golpean a uno de nosotros, el otro proporciona apoyo, información, rutas alternas, refugio, si es necesario. Si un cartel menor intenta crecer en territorio de alguno, ambos lo eliminamos juntos. El Mencho asiente levemente. Regla tres, comunicación directa. Tendremos un canal abierto, encriptado, solo tú y yo. Sin intermediarios.
Si hay problemas, hablamos inmediatamente antes de que escalen. Reuniones presenciales cada 3 meses para revisar que todo esté funcionando. El Chapo se recarga hacia delante y regla cuatro, la más importante. Lo que pasa entre nosotros nunca sale de nosotros, ni nuestros lugartenientes más cercanos conocen los detalles completos de este acuerdo.
que si alguien más lo sabe, alguien más puede traicionarlo, venderlo, usarlo contra nosotros. Esto es secreto absoluto. El mencho tamborilea los dedos sobre la mesa. Está pensando, calculando, evaluando cada ángulo. ¿Y qué pasa si uno de los dos es capturado? Si el gobierno te agarra a ti o a mí. El Chapo no duda. El acuerdo se mantiene.
El que quede libre respeta el territorio del que cayó. protege a su familia, no aprovecha su ausencia para expandirse, porque eventualmente todos caemos o morimos, pero nuestras organizaciones siguen y si nuestros sucesores heredan paz en lugar de guerra, todos ganamos. El mencho se pone de pie, camina hacia la ventana rota de la casa, mira hacia afuera.
Sus hombres siguen en posición, tensos, listos. El sol empieza a bajar. Dentro de 2 horas será de noche. Hace una pregunta sin voltear. ¿Por qué yo, Joaquín, tienes alianzas con otros carteles, el Golfo, los Beltrán Leiva en su momento, los setas antes de que se voltearan? ¿Por qué necesitas aliarte conmigo específicamente? El Chapo se pone de pie, también camina hasta quedar junto al Mencho.
Ambos miran hacia el horizonte montañoso. Porque eres el único que me puede destruir. Los demás son amenazas menores, moscas molestas, pero tú construiste un cartel desde cero en 6 años. Tomaste Jalisco, Colima, Veracruz, partes de Michoacán. Reclutaste a los mejores sicarios, exmilitares, expicías de élite.
Tienes disciplina que otros carteles no tienen. No torturas por placer, matas por estrategia, no gastas en lujos estúpidos, inviertes en armamento y tecnología. Eres eficiente, brutal y ambicioso. Por eso eres peligroso y por eso necesito que seas mi aliado en lugar de mi enemigo. El mencho voltea a verlo por primera vez. Su expresión no es de desconfianza ni de odio, es de evaluación pura profesional.
¿Sabes qué pienso, Joaquín? Pienso que estás envejeciendo. Tienes 55 años. Has escapado de prisión dos veces. La DEA tiene un precio de 5 millones de dólares por tu cabeza. Pienso que sabes que tus días están contados y quieres asegurar tu legado antes de caer. El Chapo sonríe. No niega nada. Tienes razón. Tengo 55 años.
He estado en esto desde que tenía 15, 40 años esquivando balas, traiciones, capturas. Sé que eventualmente me van a atrapar o me van a matar, pero antes de que eso pase, quiero dejar algo más grande que yo. Un sistema que funcione sin mí. Y ese sistema necesita estabilidad, no guerra eterna. Hace una pausa. Tú tienes 46 años. Eres 9 años más joven que yo.
Si aceptas este acuerdo, cuando yo caiga, tú te conviertes en el capo más poderoso de México. Sin tener que pelear por eso. Heredas la paz que construimos juntos. ¿No te parece mejor que seguir gastando millones en una guerra que eventualmente vas a ganar? Pero, ¿qué te va a costar la mitad de tu organización? El mencho camina de regreso a la mesa, se sienta, toma uno de los mapas, lo estudia durante 2 minutos en silencio.
El Chapo lo deja pensar, se sienta también, enciende otro cigarro. Afuera, el sol se pone detrás de las montañas. Las sombras se alargan. Los hombres armados encienden linternas, pero mantienen posiciones. Nadie baja la guardia. Finalmente, el mencho habla. Necesito garantías adicionales. No puedo aceptar solo con tu palabra y fotos de mi familia. El Chapo exhala humo.
¿Qué necesitas? Primero, quiero acceso a tus rutas del Pacífico. No para operarlas, solo para usarlas en emergencias si mis rutas del Golfo se caen. Segundo, quiero que tu gente en Sinaloa y Sonora no reclute en Jalisco, Colima ni Michoacán. Esos territorios son míos para reclutar. Tercero, si capturas a alguien de mi organización, me lo entregas vivo.
No lo ejecutas. Yo hago lo mismo. El Chapo considera cada punto. Asiente lentamente. Primera garantía aceptada. Tengo tres rutas marítimas del Pacífico. Puedes usar una en caso de emergencia, pero con aviso previo de 48 horas y pagando 15% de la carga como tarifa. Segunda garantía aceptada. No reclutamos en tu territorio, tú no reclutas en el mío.
Tercera garantía aceptada con condición. Si capturo a tu gente, te la entrego viva. Pero si esa persona tiene información sensible sobre mis operaciones, primero la interrogo, después te la devuelvo. El mencho frunce el ceño. Y cómo sé que me la devuelves viva y no torturada hasta la muerte. El Chapo aplasta el cigarro. Porque si no cumplo, tú haces lo mismo con mi gente que captures y entonces volvemos a la guerra.
Este acuerdo solo funciona si ambos lo respetamos al pie de la letra. Una traición, una sola. Y todo se va a la [ __ ] El mencho se queda en silencio durante 30 segundos. Su mente trabaja rápido. Calcula riesgos, beneficios, consecuencias. Piensa en los 2000 muertos de los últimos 3 años. Piensa en los 340 millones perdidos, piensa en su familia, en el futuro, en el poder y piensa en algo más.
En que Joaquín Guzmán lo era, no es un hombre que hace propuestas por debilidad. Si está aquí ofreciendo esto es porque realmente cree que es la mejor jugada. Y si el Chapo lo cree, tal vez vale la pena considerarlo. Está bien, dice finalmente el mencho. Acepto la alianza, pero con una condición final.
El Chapo levanta una ceja. ¿Cuál? Necesito una prueba de que esto es real. No puedo regresar con mi gente y decirles que hice las paces con nuestro enemigo sin mostrarles algo concreto, algo que demuestre que esto no es una trampa. El Chapo se pone de pie, camina hacia la puerta, le hace una seña a uno de sus hombres.
El sicario se acerca. El Chapo le susurra algo. El hombre asiente y camina hacia el helicóptero. Regresa 3 minutos después, cargando una maleta de aluminio. La coloca sobre la mesa. El Chapo la abre. Adentro hay dinero. Fajos de billetes de $100 ordenados perfectamente. El mencho mira el dinero sin expresión. ¿Cuánto es?000, millones de dólares, responde el Chapo. Considéralo un gesto de buena fe.
Tú me das algo de igual valor y quedamos parejos. El Mencho suelta una risa corta. 5 millones, Joaquín. Ambos movemos 5 millones en una semana. Eso no prueba nada. El Chapo cierra la maleta. No es el dinero, Nemesio. Es el gesto. Vine aquí con 5 millones en efectivo, sabiendo que podrías matarme y quedártelos.
Eso demuestra que confío en que eres hombre de palabra. Ahora tú dame algo de igual valor que demuestre lo mismo. El mencho piensa, se pone de pie, camina hacia la puerta, llama a uno de sus hombres, hablan en voz baja durante un minuto. El sicario corre hacia el helicóptero gris, regresa cargando una mochila táctica negra. El mencho la abre sobre la mesa.
Adentro hay un disco duro externo, una laptop y varios USB. Esto, dice el mencho, es información de inteligencia que mis hackers robaron del servidor de la DEA hace dos meses. Tiene nombres de agentes encubiertos, direcciones de casas de seguridad, informantes pagados en México y Colombia. También tiene documentos clasificados sobre operativos planeados para los próximos 6 meses.
Bases militares que van a usar, fechas de 100 redadas, rutas que están vigilando. Esta información vale más de 50 millones de dólares. Te la doy completa. El Chapo toma el disco duro, lo examina. Sus ojos brillan con interés genuino. Esto es oro puro. Con esto puedo evitar capturas, mover mercancía sin ser detectado, proteger mis rutas. El mencho asiente.
Exacto. Y te lo doy porque necesito que entiendas algo. No estoy aceptando esta alianza por miedo. La acepto porque es inteligente, porque soy lo suficientemente listo para reconocer cuando pelear es estúpido. Cierra la mochila. Pero escúchame bien, Joaquín. Si me traicionas, si tocas a mi familia, si rompes una sola de estas reglas, voy a destruir todo lo que amas.
No solo te mato a ti, mato a tus hijos, a tus hermanos, a tus compadres. Quemo cada negocio que tengas. Destruyo tu legado hasta que tu nombre sea sinónimo de traición y fracaso. ¿Entendido? El Chapo no se inmuta, sostiene la mirada del mencho sin parpadear. Entendido. Y si tú me traicionas, hago exactamente lo mismo. Destrucción mutua garantizada.
Ambos hombres se quedan mirándose durante 10 segundos. Es un duelo de voluntades. Dos titanes que han matado asientos, que han construido imperios sobre sangre y fuego, evaluándose mutuamente, buscando debilidad, buscando duda. No encuentran ninguna. El Chapo extiende su mano. Entonces, ¿estamos de acuerdo? El mencho mira la mano extendida. 5 segundos pasan. 10, 15.
Finalmente la estrecha. Su apretón es firme, fuerte. prolongado. Estamos de acuerdo. El Chapo sonríe. Saca una botella de whisky buans, 18 años de su mochila. También saca dos vasos de plástico. Sirve dos dedos en cada uno. Levanta su vaso por la alianza más improbable de la historia del narcotráfico mexicano.
El mencho levanta el suyo por no tener que matarte hoy. Ambos beben. El whisky baja quemando afuera. Los hombres armados siguen en tensión. Ajenos a lo que acaba de pasar. No saben que la guerra de 3 años acaba de terminar en ese momento. No saben que sus jefes acaban de reescribir el mapa del narcotráfico en México.
No saben nada y nunca lo sabrán. El Chapo guarda la laptop y los USB en su mochila. El Mencho toma la maleta con los ,000. Ahora viene la parte difícil, dice el Chapo. Tenemos que vender esto a nuestra gente sin que parezca debilidad. El Mencho asiente. Yo les digo que negociamos un alto al fuego temporal, que acordamos dividir territorios para enfocarnos en expandir rutas hacia Estados Unidos.
No menciono alianza, no menciono reuniones, solo digo que dejamos de pelear porque no es rentable. El Chapo considera esto. Yo hago lo mismo. Les digo que el Mencho reconoció que no puede ganar, que acordamos respeto territorial, que ahora podemos enfocarnos en lo importante que es mover producto y hacer dinero. Mis lugartenientes van a pensar que ganamos.
Los tuyos van a pensar lo mismo. Todos felices. Hacen una pausa. El mencho mira su reloj. Son las 6:15 de la tarde, llevan 3 horas y media en ese rancho. ¿Cuándo nos volvemos a ver? Tres meses. Septiembre, lugar diferente. Te contacto una semana antes con las coordenadas. El mencho camina hacia la puerta, se detiene, se voltea.
Una última cosa, Joaquín. Si esto funciona, si logramos mantener la paz, reducir las pérdidas, expandir territorios, te voy a respetar como nunca he respetado a nadie en este negocio. Pero si fallas, si traicionas, voy a ser tu peor pesadilla. El Chapo asiente. No esperaría menos. El mencho sale de la casa, camina hacia su helicóptero.
Sus hombres lo rodean inmediatamente. Todo bien, jefe? Uno de ellos pregunta mirando nervioso hacia los sicarios del Chapo. Todo bien, subimos. En 5 minutos, el helicóptero gris despega, se eleva sobre las montañas y desaparece hacia el oeste. El Chapo se queda de pie viendo cómo se aleja. Uno de sus hombres se acerca.
Patrón, ¿qué pasó ahí adentro? El Chapo enciende otro cigarro. Negocios, solo negocios. No preguntes más. Sube al helicóptero negro. despega 10 minutos después vuela hacia el norte. Mientras el helicóptero corta el aire, el Chapo mira por la ventana, ve las montañas de Nayarit, los pueblos pequeños, las carreteras serpenteantes. Piensa en lo que acaba de pasar, piensa en si tomó la decisión correcta, piensa en si Nemecio o Ceguera Cervantes realmente va a respetar el acuerdo o si solo está comprando tiempo para preparar una traición más elaborada. Piensa en su
familia, en las fotografías que le mostró al Mencho. Piensa en que ahora el mencho tiene las mismas fotos de su propia familia. Destrucción mutua asegurada. Saca su teléfono satelital encriptado. Marca un número. Contestan al segundo timbre. Una voz masculina, joven, eficiente. Señor, el Chapo habla en voz baja.
La operación Hermandad está activa. Confirma que los equipos de vigilancia sobre la familia o ceguera se mantengan en posición permanente. Monitoreo 247. Si algo pasa conmigo, ya sabes qué hacer. La voz responde, ¿nido, señor? ¿Algo más? Sí. activa vigilancia sobre mis propios lugartenientes. Necesito saber si alguno está haciendo movimientos extraños, reuniones no autorizadas, comunicaciones sospechosas.
Este acuerdo es secreto absoluto. Si alguien de mi organización lo descubre y decide sabotearlo, necesito saberlo antes. ¿Entendido? Nivel de amenaza, máximo cualquier indicio de traición. Me reportas directo, no importa quién sea. El Chapo cuelga, guarda el teléfono, cierra los ojos. El ruido del helicóptero es constante, rítmico, casi hipnótico.
Por primera vez en 3 años siente algo parecido a alivio. La guerra con el mencho le costaba millones de dólares mensuales. Sicarios muertos que tenía que reemplazar. Familias a las que había que pagarles pensiones. Sobornos para policías que cubrieran masacres. armamento destruido, laboratorios quemados, era insostenible y lo peor no era el dinero, era la atención.
Cada ejecución, cada enfrentamiento, cada narcomanta colgada atraía más presión del gobierno, más operativos militares, más vigilancia de la DEA, más riesgo de captura. La paz con el mencho significa menos violencia visible, menos presión gubernamental, más libertad para operar. Es la jugada correcta. Tiene que serlo.
Pero en el fondo de su mente, una voz pequeña susurra, “¿Y si el mencho está pensando exactamente lo mismo? ¿Y si está planeando traicionarte en 6 meses cuando bajes la guardia?” El Chapo abre los ojos, mira la mochila con la información de la DEA. Eso es lo que hace este acuerdo diferente. No se basa en confianza, se basa en miedo mutuo, en garantías reales, en consecuencias devastadoras para quien traicione primero.
Es un equilibrio perfecto. Destrucción asegurada si alguien rompe las reglas. El helicóptero aterriza en un rancho privado en las afueras de Culiacán a las 8:30 de la noche. El Chapo baja. Lo espera su compadre Ismael Zambada. El Mayo, su socio más cercano, el hombre en quien más confía. El mayo tiene 64 años. Es 9 años mayor que el Chapo, cabello completamente blanco, lentes gruesos, rostro arrugado por el sol y los años.
Parece un abuelo inofensivo. Es responsable de 300 asesinatos documentados y controla la mitad de las operaciones del cartel de Sinaloa. ¿Cómo te fue?, pregunta el mayo mientras caminan hacia una casa de adobe con luces cálidas. El Chapo espera hasta que están dentro. Solos, sin guardia cerca. Bien, muy bien. Llegamos a un acuerdo.
El mayo se sienta en un sillón de piel. Sirve dos tequilas. Don Julio, 1942. En caballitos de cristal. ¿Qué tipo de acuerdo? El Chapo toma su caballito. Bebe de un trago. Alto al fuego permanente. División territorial definida. Cooperación contra enemigos comunes. El mayo lo mira con expresión inescrutable.
¿Le crees? El Chapo se sirve otro tequila. No, pero no necesito creerle. Solo necesito que sea más rentable cumplir que traicionar. Y lo es. El mayo asiente lentamente. ¿Cuántos saben de esto? Solo tú. Y solo porque eres mi socio. Nadie más puede saber. Si nuestros lugartenientes descubren que hice una alianza formal con el mencho, van a pensar que me estoy volviendo débil.
Van a empezar a cuestionar decisiones. Algunos van a intentar sabotear el acuerdo para forzar otra guerra y ganar poder. El mayo toma su tequila. Lo saborea despacio. Tienes razón. Esto tiene que mantenerse secreto. Pero Joaquín, ¿qué pasa si el mencho no mantiene el secreto? ¿Qué pasa si se lo cuenta a su gente y esa información se filtra? El Chapo saca el disco duro que el mencho le dio, lo coloca sobre la mesa de centro. Él me dio esto.
Información clasificada de la DEA. Si la filtra, si traiciona, esta información se vuelve inútil porque los gringos cambian todo. Pierde 50 millones de dólares de valor. Además sabe que tengo vigilada a su familia. Un movimiento en falso y ellos pagan. El mayo examina el disco duro. Sonríe.
Siempre fuiste bueno para los seguros, compadre. El Chapo se sienta. De repente se ve cansado. Los años pesan sobre él como montañas. Ismael, tengo 55 años, llevo 40 en esto. He escapado de prisión dos veces. Sé que la tercera captura va a ser la definitiva. Los gringos no van a dejarme salir otra vez. Me van a extraditar y me van a pudrir en una cárcel de máxima seguridad hasta que me muera.
El mayo escucha en silencio. El Chapo continúa. Antes de que eso pase, quiero dejar las cosas en orden. Quiero que cuando yo caiga, tú tomes control completo del cartel. Quiero que mis hijos tengan futuro sin guerra constante. Quiero que este imperio que construimos dure más que nosotros. Y eso solo pasa si hay estabilidad, si hay paz. Aunque sea una paz armada.
El mayo se recarga en el sillón. Y si el mencho piensa igual, y si él también está envejeciendo, cansándose, buscando estabilidad. Entonces, ambos ganamos y México pierde un poco menos de sangre. Ambos hombres se quedan en silencio. El reloj de pared marca las 9 de la noche. Afuera se escuchan grillos.
El ladrido lejano de un perro, el viento moviendo las palmeras. El mayo finalmente habla. Está bien. Apruebo tu decisión. Voy a respaldarla, pero con una condición. El Chapo levanta la vista. ¿Cuál? Necesito reunirme con el segundo del Mencho, el que realmente maneja las operaciones día a día. Necesito establecer un canal de comunicación directo por si algo te pasa a ti o le pasa a él.
Alguien tiene que mantener el acuerdo vivo, aunque los líderes caigan. El Chapo considera esto, es lógico, es estratégico, asciente. Voy a proponerlo en nuestra próxima reunión. Tres meses, septiembre. Mientras tanto, seguimos operando normal, sin provocaciones, sin expansiones agresivas. Dejamos que el acuerdo se asiente.
El mayo levanta su caballito por la paz. El Chapo levanta el suyo por el negocio. Beben. Esa noche, a 400 km de distancia, en una casa de seguridad en las afueras de Guadalajara, el Mencho tiene una conversación casi idéntica. Está sentado frente a su lugar teniente más confiable, Eric Valencia Salazar, el 85, un expicía federal que dejó el gobierno para unirse al cartel hace 5 años. El 85 tiene 38 años.
Entrenamiento militar. Mente táctica, lealtad probada en batalla. Es el cerebro operativo del cartel Jalisco Nueva Generación. ¿Hiciste un trato con el Chapo? Pregunta el 85 con incredulidad. Su voz es controlada, pero se nota la tensión. El Mencho bebe whisky directo de la botella. No es un trato, es un cese al fuego estratégico.
Dejamos de gastarnos millones matándonos y nos enfocamos en crecer hacia otros lados. El 85 se pone de pie. camina de un lado a otro de la sala. Jefe, con todo respeto, llevamos 3 años desangrando al cartel de Sinaloa. Hemos tomado territorio que era suyo desde hace décadas. Estamos ganando. ¿Por qué parar ahora? El Mencho lo mira fijamente, porque ganar esta guerra nos va a costar otros 3 años y otros 200 millones de dólares.
Y al final, aunque ganemos, vamos a quedar tan débiles que los setas o el cartel del Golfo van a aprovecharse. Vamos a ganar la batalla, pero perder la guerra. El 85 se detiene. Cruza los brazos. Entonces, ¿confías en él? ¿Confías en Joaquín Guzmán? El Mencho suelta una risa seca. No, no confío, pero tengo seguros.
Vigilancia sobre su familia, información que él me dio, que lo hundiría si me traiciona. Tiene lo mismo sobre mí. Es destrucción mutua garantizada. Ninguno puede traicionar sin perderlo todo. El 85 se sienta de nuevo. Procesa la información. Su mente táctica evalúa ángulos, riesgos, oportunidades. Está bien, entiendo la lógica.
Pero, ¿qué les decimos a los sicarios? Tenemos 500 hombres que llevan 3 años matando gente de Sinaloa. No podemos simplemente decirles que ahora somos amigos. El Mencho asiente. No les decimos nada, solo les ordenamos que cesen operaciones contra el cartel de Sinaloa. Les decimos que estamos redirigiendo recursos hacia Michoacán y Veracruz, hacia territorio de los setas, hacia plazas que realmente importan.
Ellos obedecen, no preguntan, el 85 no se ve convencido. Y si alguien de nuestra organización decide actuar por su cuenta, si algún comandante regional tiene rencor personal contra gente del Chapo y hace una ejecución no autorizada, eso rompe el acuerdo. El Mencho se pone de pie, camina hacia la ventana, mira hacia la oscuridad de Guadalajara.
Las luces de la ciudad brillan como estrellas caídas. Entonces ese comandante desaparece sin preguntas, sin juicio, sin advertencias. Cualquiera que ponga en riesgo este acuerdo se convierte en enemigo de la organización y los enemigos mueren. Hace una pausa. Esto no es negociable, Eric. Necesito que lo entiendas.
Necesito que lo hagas cumplir. Este acuerdo es la jugada más importante que he hecho en mi vida. Si funciona, en 5 años controlamos la mitad de México sin disparar un tiro. Si falla, perdemos todo. El 85 asiente lentamente. Entendido, jefe. Voy a asegurarme de que todos los comandantes regionales reciban la orden. Cese de hostilidades contra Sinaloa.
Redireccionamiento hacia otros objetivos. Ejecución inmediata para quien desobedezca. El mencho voltea. Bien. Y otra cosa, necesito que establezcas un protocolo de comunicación con el segundo del Chapo, alguien llamado Ismael Zambada, el mayo. Si algo me pasa, tú mantienes el acuerdo vivo. Tú te comunicas con él.
Tú aseguras que la paz continúe. El 85 frunce el ceño. Esperas que algo te pase. El mencho regresa al sillón. Se sirve más whisky. Tengo 46 años. Soy el segundo hombre más buscado de México después del Chapo. La Marina me persigue. La DEA me persigue. Tengo un precio de 10 millones de dólares sobre mi cabeza. Claro que espero que algo me pase.
Eventualmente todos caemos. Hace una pausa. Pero si cuando yo caiga ya establecimos paz con Sinaloa, tú heredas un cartel fuerte, estable, rentable, sin guerra que te sangre recursos, sin enemigos que te ataquen por todos lados. Eso es lo que te estoy dejando. El 85. Bebe de su cerveza. Procesa todo. Finalmente habla. Está bien, confío en tu juicio.
Siempre lo he hecho. Si dices que esta es la jugada correcta, te sigo. El Mencho extiende su mano. El 85, la estrecha. Ese mismo momento, en una oficina de la DEA en la Ciudad de México, un agente llamado Richard Thompson está revisando reportes de inteligencia. Tiene 42 años, 18 en la agencia, especializado en carteles mexicanos.
Ha seguido al Chapo durante una década. Conoce sus patrones, sus movimientos, su forma de pensar y algo no cuadra. Los reportes de los últimos tres días muestran actividad extraña. El Chapo se movió a Nayarit sin razón aparente. Estuvo en un rancho abandonado durante 6 horas. El Mencho también se movió el mismo día. También a Nayarit, también a un rancho aislado.
No hay registro de enfrentamiento, no hay reportes de violencia, solo dos capos enemigos en la misma zona al mismo tiempo y después ambos desaparecieron del radar. Thompson marca el número de su supervisor en Washington. Contestan al tercer timbre. Thomson, ¿qué tienes? Algo raro, Guzmán y Oseguera estuvieron en Nayarit simultáneamente hace tres días, misma región montañosa, sin enfrentamiento, sin operativo.
Creo que se reunieron. El supervisor se queda en silencio durante 5 segundos. Se reunieron. ¿Estás seguro? No estoy seguro, pero las probabilidades son altas. Necesito autorización para aumentar vigilancia sobre ambos. Rastreo satelital. Intervención de comunicaciones. Infiltrado. Si es posible. Necesito saber qué está pasando.
El supervisor suspira. Está bien, tienes autorización, pero Thomson, si estás equivocado, si esto es solo coincidencia, vas a desperdiciar recursos valiosos. No, estoy equivocado. Algo cambió. Puedo sentirlo. Thompson cuelga, abre un archivo en su computadora. Es un perfil psicológico del Chapo elaborado por analistas de comportamiento de la CIA.
Lee una sección específica. Joaquín Guzmán lo era. Es un estratega de largo plazo. No actúa por impulso. Cada movimiento tiene propósito. Prefiere la negociación silenciosa sobre la confrontación abierta cuando los costos de la guerra superan los beneficios. Es capaz de alianzas inesperadas si sirven a sus intereses.
No tiene lealtades emocionales, solo transaccionales. Thompson lee la última línea tres veces. Solo lealtades transaccionales. Cierra el archivo. Abre otro. Perfil de Nemesioera Cervantes. El Mencho. Lee. Oseguera es agresivo, pero calculador. Construyó su cartel basándose en eficiencia operativa y violencia estratégica. No caótica. Es pragmático.
Si una alianza le sirve más que una guerra, la aceptará sin dudarlo. Tiene ego, pero no deja que el ego arruine el negocio. Thompson se recarga en su silla, mira el techo de la oficina. Piensa en voz alta. Si yo fuera el Chapo con 55 años, escapado de prisión dos veces, sabiendo que la tercera captura es definitiva, sabiendo que tengo al gobierno mexicano y al estadounidense trás de mí, ¿qué haría? Pausa.
¿Buscaría estabilidad? ¿Reduciría conflictos? ¿Me enfocaría en asegurar mi legado? Otra pausa. Y si yo fuera el mencho, más joven, ambicioso, pero enfrentando una guerra costosa contra el cartel más poderoso de México, ¿qué haría? Piensa durante 10 segundos. Aceptaría un trato. Tomaría lo que puedo tomar ahora en lugar de arriesgarlo todo por tomar más después.
Thompson abre un nuevo documento. Escribe un reporte. Título posible alianza estratégica entre Cartel de Sinaloa y Cartel Jalisco, Nueva Generación. Escribe durante 2 horas. Detalla las evidencias circunstanciales, los movimientos simultáneos, la reducción de violencia entre ambos carteles en las últimas 72 horas. La falta de ejecuciones recíprocas.
Todo apunta a lo mismo. Algo cambió. Termina el reporte con una recomendación: Aumentar vigilancia inmediata. Infiltrar ambas organizaciones, identificar canales de comunicación. Si esta alianza es real, representa la mayor amenaza para las operaciones antinarcóticos en la historia de México. Dos carteles cooperando en lugar de pelearse significa menos violencia visible, menos presión política, más libertad operativa. Significa que vamos a perder.
Envía el reporte a Washington, apaga su computadora, sale de la oficina a las 2 de la madrugada. Mientras tanto, en Culiacán, el Chapo no puede dormir. Está en su casa de seguridad. Una construcción modesta por fuera, lujosa por dentro. Tiene un cuarto con televisión de pantalla grande, cama king size, baño con jacuzzi.
Está acostado mirando el techo. Su esposa Ema duerme a su lado. Ella tiene 23 años. Él tiene 55. Se casaron cuando ella tenía 18. Tienen dos hijas gemelas de 5 años. El Chapo mira a Ema dormir. Su rostro pacífico, ajeno a todo. Ella no sabe lo que él hace realmente. Bueno, sabe, pero no sabe los detalles. No sabe de las ejecuciones, de las traiciones, de las toneladas de cocaína que cruzan la frontera cada semana.
Vive en una burbuja dorada pagada con dinero de sangre. El Chapo se levanta sin hacer ruido, camina hacia su estudio, enciende la luz, se sienta frente a un escritorio de Caoba, abre un cajón, saca una fotografía vieja. Es de hace 30 años. Él tiene 25. Está en la sierra de Sinaloa, rodeado de plantíos de marihuana.
Junto a él están sus primeros socios, Miguel Ángel Félix Gallardo, el Padrino, Héctor Luis Palma Salazar, el Gerüero, Ismael Zambada, el Mayo. Todos jóvenes, todos ambiciosos, todos soñando con construir un imperio. El Chapo mira las caras de esa fotografía. Félix Gallardo está en prisión desde 1989, cadena perpetua. Murió ahí hace 5 años.
El herero Palma también está preso. 16 años encerrado. Solo el mayo sigue libre. Solo el mayo sobrevivió sin caer. ¿Por qué? El Chapo sabe la respuesta. Porque el mayo nunca buscó fama, nunca se expuso, nunca corrió riesgos innecesarios, operaba desde las sombras. Dejaba que otros fueran la cara visible mientras él movía las piezas desde atrás.
El Chapo cometió el error opuesto, se volvió famoso. Su nombre salió en periódicos, revistas, documentales. Se convirtió en leyenda y las leyendas atraen atención. Atención significa presión. Presión significa capturas. Guarda la fotografía, saca otra. es reciente, él con sus hijas gemelas en un parque privado.
Están sonriendo, están felices, no saben que su padre es el hombre más buscado de México. Para ellas es solo papá. El hombre que las abraza, que les compra muñecas, que las hace reír. El Chapo siente algo extraño en el pecho, algo que pocas veces siente. Culpa. No culpa por los asesinatos, no culpa por las drogas, culpa por lo que les va a pasar a esas niñas cuando él caiga, porque va a caer.
Lo sabe, es solo cuestión de tiempo y cuando caiga, ellas van a crecer con el apellido Guzmán, marcado como maldición. Van a ser hijas del Chapo siempre, para siempre. Por eso el acuerdo con el mencho es tan importante. Si logra estabilizar el negocio, si logra reducir la violencia, si logra construir un sistema que funcione sin él.
Tal vez solo, tal vez sus hijas hereden algo más que vergüenza. Tal vez hereden un imperio silencioso, rentable, sin guerras. Guarda las fotografías, apaga la luz del estudio, regresa a la cama, se acuesta junto a Ema. Ella se mueve en sueños, se acurruca contra él. El Chapo la abraza, cierra los ojos. Por primera vez en semanas duerme sin pesadillas.
A 400 km de distancia, el mencho tampoco puede dormir. Está en el patio de su casa, sentado en una silla de plástico, bebiendo cerveza corona, directamente de la botella. Son las 3 de la madrugada. El cielo está lleno de estrellas. Su esposa Rosalinda, sale de la casa, trae una bata rosada, se sienta junto a él sin decir nada durante 2 minutos.
Finalmente habla. ¿En qué piensas? El Mencho bebe de su cerveza. En si tomé la decisión correcta. Rosalinda conoce a su esposo. Llevan 20 años casados. Lo conoció cuando él era un policía federal mal pagado. Lo vio convertirse en narcotraficante. Lo vio construir un imperio. Sabe que cuando él duda algo importante está en juego.
¿Qué decisión? Pregunta Rosalinda con voz suave. El mencho. Mira las estrellas. Hice un trato con alguien. Un trato que puede salvarnos o destruirnos. No puedo decirte con quién ni los detalles. Solo necesito que sepas que todo lo que hago es para protegerlos a ustedes, a ti, a los niños. Rosalinda toma su mano. Sus dedos son pequeños comparados con los de él.
Estamos en peligro. Siempre hemos estado en peligro desde el día que decidí entrar a este negocio. Pero ahora tal vez, solo tal vez podemos tener algo parecido a esta habilidad. Rosalinda se queda en silencio. Luego dice algo que el mencho no esperaba. Quiero que salgamos de esto. Quiero que te retires.
Que nos vayamos a algún lugar donde nadie nos conozca, donde los niños puedan crecer sin miedo. El mencho suelta una risa amarga. Retiro, Rosa. En este negocio no hay retiro, solo hay prisión o muerte. No puedo simplemente irme. Tengo 2,000 hombres que dependen de mí. Tengo enemigos que me matarían si bajo la guardia.
Tengo compromisos que no puedo romper. Rosalinda aprieta su mano. Entonces, al menos prométeme que vas a ser cuidadoso, que no vas a tomar riesgos innecesarios, que vas a pensar en nosotros antes de tomar decisiones. El mencho voltea a verla. Ve a la mujer que lo ha acompañado durante 20 años. La que estuvo con él cuando no tenía nada.
la que le dio tres hijos, la que nunca lo juzgó. Te lo prometo, voy a ser cuidadoso. Y este trato que hice, aunque es arriesgado, es la decisión más cuidadosa que he tomado en años. Rosalinda lo besa en la mejilla, se levanta, entra a la casa. El mencho se queda solo en el patio, termina su cerveza. Piensa en el Chapo.
Se pregunta si él está despierto en este momento, pensando lo mismo, preguntándose si el trato fue bueno, preguntándose si el otro va a cumplir. Pasan tres meses, junio, julio, agosto de 2012. Los reportes de inteligencia de la DEA confirman lo que Thompson sospechaba. La violencia entre el cartel de Sinaloa y el cartel Jalisco, Nueva Generación bajó 87%.
Cero ejecuciones recíprocas, cero enfrentamientos directos, cero narcomantas amenazándose mutuamente. En cambio, ambos carteles redirigieron su violencia hacia otros objetivos. El cartel de Sinaloa atacó posiciones de los en Veracruz y Nuevo León. El cartel Jalisco atacó células del cartel del Golfo en Tamaulipas y Guanajuato.
Es coordinación perfecta, demasiado perfecta para ser coincidencia. Thomson presenta su caso ante un panel de agentes superiores en la embajada estadounidense en Ciudad de México. Proyecta mapas, gráficas, estadísticas. Señores, lo que estamos viendo es sin precedente. Dos carteles que eran enemigos mortales dejaron de pelear entre ellos y empezaron a atacar objetivos comunes.
Eso solo tiene una explicación lógica. Hicieron un pacto. Un agente mayor, John Stevens, 58 años, veterano de operaciones antinarcóticos. Interrumpe. ¿Estás especulando, Thompson? No tienes evidencia directa, solo circunstancial. Thomson asiente. Tiene razón, señor. No tengo grabaciones de conversaciones. No tengo documentos firmados, pero las estadísticas no mienten.
La probabilidad de que esta reducción de violencia sea coincidencia es de 0.3%. Es un pacto. Stevens se recarga en su silla. Digamos que tienes razón. Digamos que hicieron un pacto. ¿Qué propones que hagamos al respecto? Thompson sonríe. Romperlo. Otro agente, Sara Mitchell, 35 años, especialista en guerra psicológica, se inclina hacia delante.
¿Cómo? Thompson cambia la diapositiva. Aparece un organigrama del cartel de Sinaloa. Señala a varios nombres. Infiltramos desinformación. Hacemos que los lugartenientes del Chapo crean que el mencho lo está traicionando. Hacemos que los lugartenientes del mencho crean que el Chapo está planeando atacarlos.
Creamos, desconfianza, paranoia. Eventualmente uno de ellos va a romper el pacto preventivamente y cuando eso pase, vuelven a la guerra. Mitchel sonríe. Es brillante, pero arriesgado. Si descubren que nosotros generamos la desinformación, van a unirse aún más contra nosotros. Thomson, asiente. Por eso tiene que ser sutil.
Información que parezca real, que venga de fuentes creíbles, que sea imposible de rastrear hasta nosotros. Stevens, piensa durante 30 segundos. Finalmente habla. Tienes autorización. Operación discordia. Objetivo: romper la alianza entre Sinaloa y Jalisco. Presupuesto: 5 millones de dólares. Plazo, 6 meses.
Si no funciona, abortamos. Thompson se pone de pie, estrecha la mano de Stevens. No voy a fallar. La reunión termina. Thompson regresa a su oficina, abre una carpeta clasificada, empieza a planear. Septiembre de 2012. El Chapo y el Mencho se reúnen por segunda vez. Esta vez el lugar es diferente. Una casa de seguridad en Durango, zona montañosa, difícil de vigilar, aislada.
Llegan por separado. Mismas precauciones, helicópteros, hombres armados. Tensión. Entran a la casa, se sientan frente a frente. Esta vez no hay whisky, no hay gestos amistosos, solo negocios. El Chapo habla primero. Los números son buenos. Mis gastos operativos bajaron 40% en 3 meses. Cero conflictos con tu gente.
Las plazas compartidas funcionan bien. 5050 como acordamos. El Mencho asiente. Igual por mi lado, mis ganancias subieron 25%. Pude enfocarme en expandir rutas hacia Guatemala sin preocuparme por proteger mi retaguardia de ti. El acuerdo funciona. El Chapo se recarga hacia delante. Pero hay un problema. Uno de mis comandantes en Nuevo Laredo reportó que tu gente está reclutando en mi territorio.
Zona norte de Tamaulipas. Eso viola el acuerdo. El Mencho frunce el seño. Eso es mentira. Di órdenes específicas. Cero reclutamiento en tu territorio. Si alguien lo hizo, fue sin mi autorización. El Chapo saca un folder, lo abre. Son fotografías de hombres del cartel Jalisco hablando con jóvenes en Nuevo Laredo.
Fechas, lugares, detalles específicos. El mencho toma las fotos, las examina, su expresión se endurece. Conozco a estos hombres, son de mi célula en Tamaulipas, pero juro que no autoricé esto. Voy a investigar. Si violaron la orden, los ejecuto personalmente. El Chapo lo mira fijamente. ¿Cómo sé que no me estás mintiendo? ¿Cómo sé que esto no es una expansión planeada? El mencho avienta las fotos sobre la mesa porque si quisiera expandirme a tu territorio, no lo haría tan obviamente.
No soy estúpido, Joaquín. Esto parece sabotaje. Alguien quiere que peleemos. Hace una pausa. De hecho, algo similar pasó en mi lado. Uno de mis comandantes en Jalisco reportó que tu gente ejecutó a dos de mis distribuidores en Guadalajara hace dos semanas. dijo que dejaron un mensaje. Sinaloa manda, el Chapo se tensa. Eso también es mentira.
No ordené ejecuciones en Guadalajara. Respeto el acuerdo. El Mencho saca su propio folder. Fotografías de dos cuerpos con narcomanta. El mensaje es claro. Sinaloa reclama territorio. El Chapo examina las fotos. Su mente trabaja rápido. Esto no lo hice yo, ni el mayo, ni ninguno de mis lugartenientes autorizados.
Alguien está jugando con nosotros. Ambos hombres se miran. Por primera vez desde que se conocieron hay algo parecido a entendimiento mutuo. No es confianza, es reconocimiento de un enemigo común. La DEA, pregunta el mencho. El Chapo asiente lentamente. Tiene sentido. Si descubrieron nuestro acuerdo, quieren romperlo.
Generar información falsa, hacernos pelear entre nosotros es táctica básica de contrainteligencia. El mencho se pone de pie, camina hacia la ventana. Entonces, ¿qué hacemos? El Chapo piensa durante 20 segundos. Necesitamos limpiar nuestras organizaciones, identificar quién está haciendo movimientos no autorizados. Pueden ser infiltrados, pueden ser traidores, pueden ser comandantes actuando por su cuenta.
Sea lo que sea, los eliminamos. Ambos simultáneamente mandamos un mensaje claro a nuestras organizaciones. El acuerdo es sagrado. Quien lo viole muere. El mencho voltea. ¿Y cómo identificamos a los responsables? El Chapo saca su teléfono satelital. Marco un número. Alguien que puede ayudarnos. Marca. Espera.
Contestan al segundo timbre. Una voz femenina, joven, pero profesional. Habla. Necesito rastrear infiltrados en mi organización y en la del mencho. Comunicaciones no autorizadas. Movimientos sospechosos. Reuniones secretas. Quiero nombres en 48 horas. La voz responde, va a costar millones de dólares, uno por cada organización. El Chapo mira al mencho.
Este asiente. Acepto. Un millón es mío. Un millón es del Mencho. Transfieres a la cuenta habitual. La voz confirma. 48 horas. Cuelga. El mencho regresa a la mesa. ¿Quién era el Chapo? guarda el teléfono. Alguien que trabaja para mí dentro del gobierno. Acceso a bases de datos de inteligencia.
Puede rastrear comunicaciones, movimientos bancarios, registros de vuelo. Si hay infiltrados, los va a encontrar. Pasan 48 horas. El Chapo recibe un archivo encriptado, lo abre. Hay tres nombres de su organización: comandantes regionales que tuvieron reuniones no autorizadas con agentes de la DEA, transferencias bancarias sospechosas, comunicaciones encriptadas que no pasaron por canales oficiales, traidores.
También hay dos nombres del cartel Jalisco, mismas señales, mismas reuniones, mismos patrones. El Chapo llama al mencho. Encuéntranos en el mismo lugar. urgente. Se reúnen esa misma noche, intercambian la información, comparan nombres, fechas, detalles, todo coincide. Son infiltrados de la DEA. Operación coordinada para romper el acuerdo.
El Mencho aprieta los puños. Hijos de [ __ ] estos tres de mi organización llevan conmigo 2 años. Confiaba en ellos. El Chapo asiente. Los míos también. Uno de ellos era mi compadre. Me traicionó por dinero gringo. El mencho mira la lista. Los matamos. El Chapo niega con la cabeza. No los usamos. Les damos información falsa.
Los convertimos en agentes dobles sin que lo sepan. Reportan a la DEA lo que nosotros queremos que reporten. Hace una pausa. Primero les hacemos creer que el acuerdo se rompió. Que volvimos a la guerra. reportan eso a sus manejadores. La DEA se relaja pensando que su plan funcionó. Segundo, usamos a estos traidores para identificar más infiltrados.
Vemos con quién se comunican, a quién reportan. Construimos un mapa completo de la red de inteligencia gringa. Tercero, cuando ya no los necesitemos, los eliminamos, pero de forma que parezca accidente, no queremos que la DEA sepa que descubrimos su operación. El Mencho sonríe. Eres retorcido, Joaquín. Me gusta.
Pasan dos semanas. Los cinco infiltrados reportan a la DEA que el acuerdo entre Sinaloa y Jalisco se rompió, que hubo enfrentamientos, que el Chapo y el Mencho volvieron a ser enemigos. En Washington, el reporte llega al escritorio del director de la DEA. Lo lee, sonríe. Llama a Thomson. Buen trabajo. Tu operación funcionó.
¿Lo separaste? Thomson está en su oficina en Ciudad de México. Cuando recibe la llamada se siente victorioso, pero hay algo que no cuadra. La violencia entre ambos carteles no aumentó. No hay ejecuciones públicas. No hay enfrentamientos reportados por fuentes independientes. Solo los informes de los infiltrados.
Thomson, revisa los datos de nuevo, analiza patrones y entonces lo ve. Los reportes de los cinco infiltrados son demasiado similares, casi idénticos, como si estuvieran coordinados, como si alguien les estuviera dando guion. Su sangre se hiela, no rompimos el acuerdo. Ellos descubrieron a nuestros infiltrados. Los están usando para desinformarnos.
Thomson marca el número de emergencia de cada infiltrado. Uno por uno. Ninguno contesta. Tres días después, los cuerpos de los cinco infiltrados aparecen en diferentes puntos de México. Todos ejecutados de la misma forma. Un tiro en la cabeza, las manos cortadas. Mensaje claro. Traidores.
Thompson recibe las fotos. Cierra su oficina. Se sienta en la oscuridad. Perdió. No solo no rompió el acuerdo, lo fortaleció. Ahora el Chapo y el Mencho saben que la DEA está activamente tratando de separarlos y eso los va a unir aún más. Octubre de 2012. El Chapo y el Mencho se reúnen por tercera vez.
Esta vez hay algo diferente en el ambiente. No es tensión, es complicidad. Son dos hombres que acaban de enfrentar juntos un enemigo común y ganaron. Se sientan en una casa de seguridad en Michoacán. El Chapo sirve tequila. Por primera vez desde que se conocieron. Beben juntos sin segundas intenciones. El Mencho levanta su vaso por eliminar ratas.
El Chapo choca su vaso contra el del Mencho y por demostrarle a los gringos que no somos tan estúpidos como creen. Beben. Hay silencio durante un minuto. Luego el Chapo habla. Necesitamos institucionalizar esto. Ya no puede ser solo tú y yo reuniéndonos cada 3 meses. Necesitamos estructura, protocolos escritos, canales de comunicación múltiples, segundos al mando que conozcan el acuerdo y puedan mantenerlo si uno de nosotros cae.
El mencho asiente. Estoy de acuerdo. Ya hablé con el 85. Mi segundo está listo para coordinar con tu gente. El Chapo saca un folder. Es un documento de 40 páginas escrito a mano, sin computadoras, sin rastros digitales. Esto es el protocolo completo. División territorial exacta con mapas. Porcentajes de ganancia en plazas compartidas.
Procedimientos para resolver disputas. Protocolos de comunicación encriptada. Lista de personas autorizadas a conocer el acuerdo. Reglas de sucesión. Si uno de nosotros muere o es capturado. El Mencho toma el documento, lo lee durante 30 minutos, es detallado, preciso, legal en su estructura, aunque ilegal en su propósito. Finalmente habla.
Esto es bueno, muy bueno, pero necesito agregar una cláusula. El Chapo lo mira. ¿Cuál? Protección familiar automática. Si tú caes, yo protejo a tu familia de otros carteles. Si yo caigo, tú proteges a la mía. No solo de enemigos externos, también de traidores internos que quieran usarlas como moneda de cambio. El Chapo considera esto. Aciente.
Acepto. De hecho, deberíamos formalizarlo más. Nuestras familias no solo están protegidas, están prohibidas como objetivos bajo cualquier circunstancia. Quien toque a la familia del otro, declara guerra automática contra ambas organizaciones. El mencho extiende su mano. Trato. Se estrechan las manos, pero esta vez el apretón dura más. Hay respeto genuino ahí.
No amistad. Nunca será amistad, pero respeto entre profesionales que reconocen la competencia del otro. El Chapo guarda el protocolo. Voy a hacer dos copias. Una para mí, una para ti. Mantenénlas en lugar seguro. Si algo nos pasa, nuestros sucesores las necesitan. El mencho se recarga en la silla. Joaquín, ¿puedo preguntarte algo personal? El Chapo levanta una ceja.
Depende de qué tan personal. ¿Por qué seguimos en esto? Tú tienes suficiente dinero para vivir 10 vidas. Yo también. Podríamos retirarnos, irnos a algún país sin extradición. vivir tranquilos. ¿Por qué seguimos arriesgándonos? El Chapo enciende un cigarro, exhala humo lentamente, porque no es solo por el dinero. Nunca fue solo por el dinero.
Es por el poder, por la sensación de controlar algo más grande que tú. Por saber que cuando tomas una decisión, 5,000 personas la ejecutan sin cuestionar. por ver a presidentes, gobernadores, generales agacharse ante ti, aunque públicamente te condenen. Hace una pausa. ¿Y por qué? Honestamente ya no sabríamos hacer otra cosa.
Esto es lo que somos. El mencho asiente lentamente. Tienes razón. Yo intenté ser policía. Intenté ser legal. Me pagaban 6000 pesos al mes por arriesgar mi vida. Veía anarcos con camionetas del año, relojes de $50,000. Respeto. Me di cuenta de que estaba de lado equivocado, así que cambié de lado. El Chapo apaga el cigarro.
¿Te arrepientes? El mencho piensa durante 10 segundos de algunas cosas. de la gente inocente que murió en fuegos cruzados, de los niños que crecieron sin padres porque maté a sicarios, que también eran padres, de no poder darle a mi familia una vida normal. Hace una pausa, pero no me arrepiento de sobrevivir.
No me arrepiento de proteger a los míos. No me arrepiento de ganar en un juego donde la alternativa era perder y morir. El Chapo levanta su vaso de tequila por no arrepentirnos. El Mencho levanta el suyo por hacer lo necesario. Beben. Noviembre de 2012. La alianza entre Sinaloa y Jalisco está completamente operativa.
Llevan 8 meses sin conflictos. Las ganancias de ambos carteles aumentaron 35%. La violencia general en México bajó 15% porque los dos carteles más grandes dejaron de pelear entre sí. Pero hay alguien que no está feliz con esto. Su nombre es Heriberto Lascano, Elasca, líder de los Setas. Los ZTA son el tercer cartel más poderoso de México, fundado por exmilitares de élite, brutales, eficientes, sin código moral.
Elasca tiene un problema. Antes, mientras Sinaloa y Jalisco peleaban entre sí, los setas pudieron expandirse libremente. Tomaron Veracruz, partes de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas. Pero ahora que Sinaloa y Jalisco dejaron de pelear y redirigieron su violencia hacia otros carteles, los setas están siendo atacados desde dos frentes.
Están perdiendo territorio, están perdiendo dinero, están perdiendo poder. Elas convoca una reunión con sus comandantes en una casa de seguridad en Coahuila. Son 12 hombres, todos exmilitares, todos con experiencia en combate real. Elasca habla. Su voz es fría, sin emociones. Sinaloa y Jalisco hicieron un pacto. Dejaron de pelear entre ellos y ahora nos están atacando juntos.
En los últimos 3 meses perdimos 40% de nuestras operaciones en Veracruz. Perdimos seis laboratorios en Nuevo León. Nos están empujando fuera de plazas que controlamos durante 5 años. Uno de los comandantes, un hombre llamado Miguel Treviño, el Z40, habla, es conocido por su brutalidad extrema. Entonces, hay que romper su alianza, igual que hicieron los gringos, generar información falsa, hacerlos pelear.
Elas niega con la cabeza. Los gringos ya intentaron eso. Falló. El Chapo y el Mencho son más listos de lo que pensábamos. El Z40 se inclina hacia delante. Entonces los atacamos directamente, simultáneamente. Golpeamos sus rutas de suministro, secuestramos a sus familiares, forzamos una respuesta. Si respondemos con suficiente violencia, van a tener que romper su alianza para enfocarse en defenderse. Elasca considera esto.
Es arriesgado. Si atacamos y no logramos romper su alianza, vamos a tener a dos carteles unidos contra nosotros. nos van a destruir. El Z40 sonríe. Es una sonrisa sin humor. Entonces, tenemos que asegurarnos de que el primer golpe sea tan devastador que no tengan opción más que romper el pacto. Hace una pausa.
Tengo un plan. El ASCA lo escucha. El Z40 explica durante 20 minutos. Es un plan brutal, calculado, diseñado para causar máximo daño psicológico. Cuando termina, el asca asiente lentamente. Está bien, tienes autorización, pero si fallas, si esto nos explota en la cara, es tu responsabilidad. El Z40 no se inmuta. No voy a fallar.
Dos semanas después, 15 de noviembre de 2012, sucede algo que cambia todo. Una camioneta llega a una escuela primaria en Culiacán. Bajan cuatro hombres armados, entran a la escuela, van directo al salón de primer grado, sacan a dos niñas gemelas de 5 años, las maestras gritan, los guardias de seguridad intentan intervenir, los matan. Cuatro disparos.
Los sicarios suben a las niñas a la camioneta, desaparecen. Las niñas son las hijas del Chapo, María Joaquina y Emali Guadalupe. El Chapo recibe la llamada a las 10 de la mañana. Su mundo se detiene. Todo el poder que tiene, todo el dinero, toda la violencia que puede desatar. Nada de eso importa en ese momento. Sus hijas desaparecieron.
En 2 horas moviliza a 500 hombres. Pone precio de ,000 por información. Cierra Culiacán completamente. Retenes en cada salida. Revisiones, casa por casa, pero no encuentra nada. A las 3 de la tarde recibe un video en su teléfono. Es de un número desconocido. Lo abre con manos temblorosas.
En el video están sus hijas atadas, amordazadas, llorando. Detrás de ellas está un hombre con pasamontañas. Habla con voz distorsionada electrónicamente. Joaquín Guzmán, esto es lo que pasa cuando haces pactos con enemigos. El mencho te traicionó. Él ordenó esto. Él quiere destruirte usando lo que más amas.
Si quieres recuperar a tus hijas vivas, tienes 24 horas para matar a Nemesio o ceguera y mandarme prueba. Si no, tus hijas mueren. El video termina. El Chapo se queda paralizado. Su mente trabaja a velocidad imposible. El mencho lo traicionó. ¿Esto es real o es trampa? Marca el número del mencho. Suena cinco veces. No contesta. Marca de nuevo.
Nada. Marca por tercera vez. Finalmente contestan. Es el 85, el segundo del mencho. ¿Dónde está Nemesio? Pregunta el Chapo con voz peligrosamente calmada. No puedo decirte eso, responde el 85. El Chapo siente rabia explotar en su pecho. Pusieron eso o el mencho secuestró a mis hijas. Necesito hablar con él ahora.
El 85 se queda en silencio durante 3 segundos. Eso es mentira. El jefe jamás tocaría a tu familia. Es parte del acuerdo. Alguien te está mintiendo. El Chapo cuelga, llama a El Mayo, le cuenta todo. El mayo escucha sin interrumpir. Finalmente habla. Joaquín, tienes que pensar con la cabeza, no con el corazón. Esto huele a trampa.
Alguien quiere que mates al Mencho para romper la alianza. El Chapo siente lágrimas de rabia en sus ojos. Son mis hijas, Ismael, mis hijas. No puedo arriesgarme. ¿Y si es real? ¿Y si el mencho realmente me traicionó? El mayo suspira. Entonces, dame 12 horas. Voy a investigar. Voy a usar todos nuestros contactos.
Voy a rastrear de dónde vino ese video. Voy a confirmar si el mencho está detrás de esto o si es alguien más. Pero no hagas nada todavía. No mates a nadie. No rompas el acuerdo sin estar seguro. El Chapo respira profundo. Tres veces. Controla la furia que le hierven las venas. Está bien, 12 horas.
Pero si en 12 horas no tienes respuestas, voy a hacer lo que tenga que hacer. El mayo cuelga, empieza a trabajar, llama a contactos en la Policía Federal, en el ejército, en inteligencia militar. Rastrea el video, analiza metadatos, busca pistas. A las 8 de la noche tiene información. El video se envió desde un teléfono satelital registrado a nombre de una empresa fantasma en Coahuila.
Coahuila es territorio de los setas. El mayo, hace más allamadas descubre que hubo movimiento inusual de los setas en Sinaloa 3 días antes del secuestro. Sicarios que no pertenecen a la región, vehículos sin placas, casas de seguridad activadas. Todo apunta a los setas. El mayo llama al Chapo. Es trampa. Los setas secuestraron a tus hijas.
Quieren que mates al Mencho para destruir la alianza y debilitarnos a ambos. El Chapo siente alivio y furia al mismo tiempo. ¿Estás seguro? Seguro al 85%. No puedo darte 100% sin investigar más. Pero toda la evidencia apunta a los setas. El Chapo toma una decisión. Llama al Mencho. Esta vez contesta inmediatamente.
Joaquín, ¿qué pasó? Me dijeron que tus hijas desaparecieron. El Chapo le cuenta todo. El video, la acusación, la trampa. El mencho escucha. Su voz se endurece. Escúchame bien. Yo no toqué a tus hijas. Jamás lo haría. Eso viola todo lo que acordamos. Esto es obra de alguien más y tengo una buena idea de quién. Los setas. El Chapo asiente, aunque el mencho no puede verlo. Eso mismo descubrimos.
¿Qué propones? El Mencho no duda. Guerra total contra los setas. Movilizo a todos mis hombres. 2000 sicarios. Los ponemos a buscar a tus hijas. Mientras tanto, atacamos cada posición de los setas que conozcamos. Los obligamos a revelar dónde las tienen y cuando las recuperemos destruimos a los setas completamente. No dejamos nada.
ni rutas, ni laboratorios, ni sicarios. Los borramos del mapa. El Chapo siente algo extraño. Por primera vez desde que conoció al Mencho, siente que puede confiar en él, no por palabras bonitas, no por promesas vacías, sino porque las acciones del mencho demuestran que el acuerdo es real, que la alianza importa más que el orgullo. Acepto.
Coordinamos el ataque. Tú golpeas desde el oeste, yo desde el norte. Los atrapamos en medio y no paramos hasta que encuentre a mis hijas. Cuelgan. Durante las siguientes 6 horas, ambos carteles se movilizan con eficiencia militar. El cartel de Sinaloa activa 800 sicarios. El cartel Jalisco activa 700.
En total, 100 hombres armados coordinados para un solo objetivo. Destruir a los setas, encontrar a las niñas. A las 2 de la madrugada comienza el ataque simultáneo, coordinado, brutal. En Veracruz, 200 sicarios del cartel Jalisco atacan tres casas de seguridad de Minosonichinta, los Zas. Matan a 47 miembros del cartel rival. interrogan a los sobrevivientes.
Uno de ellos habla antes de morir. Las niñas están en Coahuila, en un rancho cerca de Saltillo. El Z40 las tiene. En Nuevo León, 150 sicarios del cartel de Sinaloa atacan un convoy de losetas. Emboscada perfecta. 12 camionetas destruidas. 38 sicarios muertos. Capturan a tres vivos. Los torturan. Confirman la información. Coahuila.
Rancho cerca de Saltillo, el Z40, el Chapo y el Mencho reciben la información simultáneamente. Se comunican, nos movemos a Coahuila juntos. El Chapo moviliza 300 hombres hacia el norte. El Mencho moviliza 200 desde el oeste. Se encuentran en las afueras de Saltillo a las 6 de la mañana del 16 de noviembre.
Es la primera vez que ambos carteles operan juntos físicamente. Susicarios se miran con desconfianza inicial. Pero las órdenes son claras. Hoy no son enemigos, hoy son aliados. El objetivo es rescatar a las niñas y destruir a quien se atrevió a romper el código. El Chapo y el Mencho se reúnen en una camioneta blindada. Estudian mapas.
Inteligencia confirma que el rancho está fortificado. 50 sicarios de losetas. Armamento pesado. Trincheras. Es casi una base militar. El mencho señala el mapa. Ataque desde tres flancos. Tus hombres por el norte, los míos por el oeste, un equipo conjunto por el sur. Saturamos sus defensas, no les damos tiempo de reaccionar. El Chapo asiente.
¿Y si matan a las niñas cuando vean que están perdiendo? El Mencho lo mira directamente. No lo harán. El Z40 las quiere vivas como moneda de cambio. Es su seguro. Mientras las tenga, cree que puede negociar. Vamos a demostrarle que está equivocado. A las 7:30 de la mañana comienza el ataque.
500 sicarios contra 50. No es una batalla, es una masacre. Los sicarios de Sinaloa y Jalisco avanzan con coordinación perfecta. Fuego de supresión. Granadas, lanzacohetes. Las defensas de los setas colapsan en 15 minutos. 40 sicarios de los zetas muertos. 10 capturados. El rancho está asegurado. El Chapo entra primero. Recorre cada cuarto con el corazón latiéndole a 1000 por hora.
Cocina vacía, sala vacía, baños vacíos. Llega a un sótano, baja las escaleras, abre una puerta de metal. Adentro están sus hijas, atadas, amordazadas, aterrorizadas, pero vivas. El Chapo corre hacia ellas, las desata con manos temblorosas, las abraza, llora. Por primera vez en 20 años, Joaquín Guzmán lo era, el hombre más peligroso de México. Llora abiertamente.
Sus hijas lo abrazan. “Papá, teníamos miedo”, susurra una de ellas. “Ya pasó, ya están a salvo. Nadie las va a lastimar nunca más.” El mencho aparece en la entrada del sótano, ve la escena, no dice nada, solo asiente. Da media vuelta, sale afuera. Los 10 sicarios capturados de los setas están arrodillados.
El Mencho camina hacia ellos. ¿Dónde está el Z40? Uno de ellos, con la cara ensangrentada, escupe. No está aquí. Se fue hace dos horas cuando supo que venían. Cobarde, el mencho saca su pistola. Glock 19. La amartilla. ¿A dónde fue? El sicario ríe. Es una risa histérica de alguien que sabe que va a morir a un lugar donde nunca lo van a encontrar.
El mencho dispara un tiro en la cabeza, el sicario cae, se voltea hacia los otros nueve. ¿Alguien más quiere reírse? Silencio absoluto. Uno de ellos, el más joven, tal vez 22 años, habla con voz quebrada. Tiene una casa de seguridad en Monterrey, calle Hidalgo 847. Ahí se esconde cuando las cosas se ponen feas. El mencho baja el arma.
Gracias, te salvaste. Dispara a los otros ocho. Nueve cuerpos en el piso, uno vivo temblando. El Chapo sale del rancho cargando a sus dos hijas. La sube a una camioneta blindada con vidrios polarizados. Le hace una seña a uno de sus hombres más confiables. Llévalas a la casa de seguridad principal. Que un doctor las revise, que Lucía las cuide.
No las de solas ni un segundo. El sicario asiente. Sí, patrón. La camioneta parte. El Chapo ve cómo desaparece en la distancia. Cuando ya no la puede ver, su expresión cambia. La suavidad del padre desaparece. Regresa la dureza del capo. Se voltea hacia el mencho. ¿Dónde está el Z40? El mencho señala al sicario sobreviviente. Él habló.
Monterrey, calle Hidalgo, 847. El Chapo camina hacia el sicario, se arrodilla frente a él, lo mira a los ojos. Es verdad. El sicario paralizado de terror, solo puede asentir. El Chapo se pone de pie. Entonces vamos a Monterrey. Moviliza a todos. Quiero al Z40 vivo. Tengo planes para él. El mencho sonríe.
Es una sonrisa fría, prometedora de violencia. Mis hombres ya están en camino. Llegamos en 2 horas. A las 11 de la mañana. 400 sicarios rodean la casa en Monterrey. Calle Hidalgo 847. Es una casa normal. Clase media, nada llamativo. Perfecta para esconderse. El Chapo ordena el asalto. Esta vez no usan explosivos, no quieren destruir la casa, quieren a su objetivo vivo.
20 sicarios entran por la puerta principal, 20 más por la trasera, 10 por las ventanas. En 30 segundos aseguran la casa. Encuentran al Z40 en el sótano. Está escondido detrás de un falso muro armado con una pistola 45. Cuando veado, intenta dispararse. Prefiere morir que ser capturado. Pero un sicario le dispara en la mano. La pistola cae.
El Z40 grita de dolor. Lo sacan arrastras. Lo tiran al piso frente al Chapo y al Mencho. Ambos capos lo miran desde arriba. El Z40 tiene 39 años. exmilitar de élite, responsable de cientos de ejecuciones brutales, conocido por disolver cuerpos en ácido, por torturar familias completas, por no tener límites morales. Ahora está en el piso sangrando, derrotado a merced de dos hombres que tiene todos los motivos para hacerlo sufrir.
El Chapo se arrodilla, habla con voz peligrosamente calmada. Secuestraste a mis hijas, niñas de 5 años. Las usaste como moneda de cambio. Violaste el código más sagrado. El Z40 escupe sangre. Tú no tienes códigos. Eres un traficante de drogas, un criminal. No finjas que tienes moral. El Chapo sonríe. No es una sonrisa amable. Tienes razón. Soy un criminal.
Pero hasta los criminales tenemos reglas. Y la primera regla es, no tocas niños, no tocas familia inocente. Tú rompiste esa regla. Hace una seña, dos sicarios levantan al Z40, lo esposan, lo suben a una camioneta. El Mencho se acerca al Chapo. ¿Qué vas a hacer con él? El Chapo mira la camioneta. Voy a enseñarle a todo México qué pasa cuando rompes el código.
Voy a hacer un ejemplo tan brutal. Que nadie nunca se atreva a tocar a mi familia de nuevo. El mencho asiente. Necesitas ayuda. El Chapo niega con la cabeza. Esto es personal, pero gracias por todo. Por movilizar a tu gente, por creer en el acuerdo, por demostrar que la alianza es real. El Mencho extiende su mano.
No fue por ti, fue por el negocio. Si dejaba que los setas rompieran nuestra alianza, abría la puerta para que otros lo intentaran. Tenía que defender el acuerdo tanto como tú. El Chapo estrecha su mano. Aún así, te debo una. El mencho sonríe levemente. Guárdala. Algún día voy a necesitar cobrártela. Tres días después, el cuerpo de Miguel Treviño, el Z40, aparece colgado en un puente en Nuevo Laredo.
Está descuartizado. Cada parte del cuerpo tiene un mensaje escrito con marcador negro. Las manos dicen, “Estas manos tocaron lo prohibido.” Los pies dicen, “Estos pies caminaron donde no debían.” El torso dice, “Este corazón olvidó el código.” La cabeza dice, “Esta mente planeó lo imperdonable.” y en una narcanta gigante colgada junto al cuerpo.
Esto le pasa a quien toca familia inocente firmado Sinaloa y Jalisco unidos. El mensaje es claro para todo el mundo criminal de México. Los dos carteles más poderosos están aliados y quien viole las reglas de esa alianza muere de la forma más brutal posible. Diciembre de 2012. Ha pasado un mes desde el secuestro.
Las Hijas del Chapo están recuperadas. Van a terapia para trauma infantil. Tienen seguridad. 247. Nunca más van a estar desprotegidas. Los setas sin su líder entraron en guerra interna. Diferentes facciones peleando por control. El cartel que alguna vez fue el tercero más poderoso de México, se está desmoronando.
El Chapo y el Mencho se reúnen por cuarta vez. Esta vez el ambiente es completamente diferente. No hay tensión, no hay desconfianza. Hay algo parecido a camaradería forjada en batalla. Se sientan en una casa de seguridad en Nayarit, el mismo lugar donde se reunieron por primera vez 9 meses atrás. El Chapo sirve Whisky Buchans, levanta su vaso por sobrevivir al intento de destruirnos.
El mencho levanta el suyo y por demostrar que juntos somos imparables. Beben. El Chapo se recarga en la silla. Necesitamos expandir la alianza. No solo defensa mutua, ofensa compartida. El Mencho frunce el seño. ¿Qué propones? El Chapo saca un mapa de Latinoamérica, Colombia, Perú, Bolivia. Estos son nuestros proveedores.
Nos venden la cocaína, pero nos cobran caro porque saben que competimos entre nosotros. Si unificamos compras, si negociamos juntos, podemos bajar el precio 30%. Eso significa 200 millones de dólares más de ganancia anual. El Mencho estudia el mapa. Es arriesgado. Si los colombianos descubren que estamos unidos, pueden subir los precios en lugar de bajarlos.
saben que dependemos de ellos. El Chapo niega con la cabeza, ¿no? Si les ofrecemos algo que quieren más que dinero. Hace una pausa. Acceso directo al mercado estadounidense. Nosotros controlamos las rutas. Ellos solo producen. Si les damos garantía de que toda su producción va a cruzar la frontera sin decomisos, van a bajar los precios para asegurar volumen constante.
El mencho sonríe. Eres un hijo de [ __ ] brillante, Joaquín. El Chapo se encoge de hombros. Llevo 40 años en esto. Algo aprendí. Pasan las siguientes 3 horas discutiendo detalles. ¿Cómo contactar a los carteles colombianos? ¿Qué ofrecerles? ¿Cómo estructurar la negociación? ¿Cómo proteger la información para que no se filtre? Cuando terminan tienen un plan completo.
El Mencho se pone de pie. Voy a mandar a mi gente a Colombia la próxima semana. Tú mandas a la tuya. Coordinamos reuniones simultáneas con diferentes proveedores. Vemos quién está dispuesto a negociar. El Chapo asiente. Perfecto. Pero hay algo más que necesitamos discutir. El Mencho se sienta de nuevo.
¿Qué? El Chapo se pone serio. Eventualmente voy a caer, ya sea captura o muerte. Es inevitable. Cuando eso pase, necesito saber que vas a respetar el acuerdo con mi sucesor. El Mencho lo mira fijamente. ¿Quién va a ser tu sucesor? El mayo, Ismael Zambada es mi socio más cercano. Tiene mi confianza completa.
Cuando yo caiga, él toma control total del cartel de Sinaloa. El mencho asiente. Conozco al Mayo. Hombre inteligente, discreto, respetable. Puedo trabajar con él. Hace una pausa, pero quiero lo mismo de ti. Si yo caigo, respetas el acuerdo con el 85. Eric Valencia. Él es mi segundo, conoce todo. El Chapo extiende su mano.
Trato, respeto a tu sucesor si respetas al mío. Se estrechan las manos. Es un pacto que va más allá de ellos. Es un pacto que sobrevivirá a sus muertes o capturas. Es institucionalización completa de la alianza. Enero de 2016, 4 años después, el Chapo es capturado por tercera vez. Operativo conjunto de la Marina Mexicana y la DEA.
Lo encuentran en Los Mochis, Sinaloa. Después de un tiroteo de 6 horas se entrega. Es extraditado a Estados Unidos 3 meses después. Prisión de máxima seguridad en Nueva York. Celda de aislamiento, 23 horas al día, sin contacto con el exterior. Su imperio criminal desmantelado públicamente, pero en privado, el cartel de Sinaloa sigue operando.
El mayo toma control completo como acordaron y lo primero que hace es contactar al Mencho. Se reúnen en secreto. El mayo tiene 68 años, cabello blanco, lentes gruesos, apariencia de abuelo inofensivo, pero su mente es afilada como navaja. Nemesio. El acuerdo sigue. Joaquín me dejó instrucciones claras antes de caer. Respeto territorial, cooperación contra enemigos comunes, división de ganancias en plazas compartidas. Todo continúa igual.
El Mencho, ahora con 50 años, asciente. Estoy de acuerdo. Tu organización respeta a la mía, la mía respeta a la tuya. Seguimos haciendo dinero sin matarnos. Y así continúa. Durante los siguientes 3 años, la alianza se mantiene. Sinaloa y Jalisco operan como dos corporaciones que comparten mercado en lugar de competir violentamente.
Las ganancias de ambos carteles alcanzan niveles históricos. La violencia entre ellos permanece en cero. Pero en 2019 sucede algo que nadie anticipó. El mencho sufre un infarto. Insuficiencia renal crónica agravada por años de estrés y diabetes no tratada. Los doctores le dan 6 meses de vida si no recibe trasplante.
El mencho sabe que su tiempo se acabó. Convoca a el85. le entrega control completo del cartel Jalisco Nueva Generación y le da una orden final. El acuerdo con Sinaloa es sagrado. Mantenlo vivo cueste lo que cueste. Es lo único que nos ha dado estabilidad. Si lo rompes, destruyes todo lo que construimos. El 85 asiente. Lo juro, jefe. El acuerdo se mantiene.
El Mencho muere en julio de 2020, oficialmente de causas naturales en un hospital privado de Guadalajara. No hay funeral público, no hay procesión, solo desaparece. Su muerte nunca es confirmada por el gobierno porque nunca encuentran el cuerpo. Pero el cartel Jalisco continúa operando bajo el 85 y la primera llamada que hace es al mayo.
El acuerdo sigue el mayo, ahora con 72 años, responde siempre. Hoy 2025. Han pasado 13 años desde aquella primera reunión en el rancho abandonado de Nayarit. El Chapo está en prisión perpetua en Estados Unidos. condenado a cadena perpetua más 30 años sin posibilidad de libertad condicional. Morirá en esa celda.
El mencho está muerto. Su cuerpo nunca fue encontrado, pero múltiples fuentes confirman que murió en 2020. Pero el acuerdo que hicieron en marzo de 2012 sigue vivo. El mayo y el 85 mantienen la alianza, respetan territorios, cooperan contra enemigos comunes, comparten ganancias en plazas mixtas y México, aunque sigue siendo violento, es menos violento de lo que sería si los dos carteles más grandes estuvieran en guerra abierta.
Las estadísticas lo confirman. La violencia relacionada con narcotráfico bajó 22%. En territorios donde Sinaloa y Jalisco operan juntos comparado con territorios donde hay competencia entre múltiples carteles. No es paz. Nunca será paz, pero es estabilidad. Es un equilibrio de poder que beneficia a ambos lados más que la guerra constante.
Richard Thompson, el agente de la DEA que descubrió la alianza en 2012, está retirado. Vive en Virginia con su esposa. A veces da conferencias en la academia de la DEA. Siempre cuenta la misma historia. La alianza entre el Chapo y el Mencho fue la operación de inteligencia criminal más sofisticada que he visto en 30 años de carrera.
lograron lo que ningún cartel había logrado antes. Cooperación real, duradera, institucionalizada. Sobrevivió a sus creadores y probablemente va a sobrevivir a nosotros. Los estudiantes siempre preguntan lo mismo. ¿Cómo los detenemos? Thompson siempre responde igual. No podemos. Ya no son dos carteles peleando. Son una alianza estratégica.
Mientras les sea más rentable cooperar que pelear, van a seguir cooperando. Nuestra única esperanza es romper la alianza desde dentro. Pero después del fracaso de 2012, aprendimos que son más listos de lo que creíamos. De regreso en México, en una casa de seguridad sin ubicación específica, dos hombres se reúnen.
Uno tiene 76 años, el otro tiene 52. Son el mayo y el 85. Beben tequila, revisan reportes de ganancias, todo está bien. Las rutas funcionan, los laboratorios producen, la mercancía cruza la frontera, el dinero fluye, el 85 levanta su vaso. Por Joaquín y Nemesio, que en paz descansen. El mayo levanta el suyo y por mantener vivo lo que construyeron, beben afuera.
La noche mexicana es oscura, llena de secretos, llena de violencia, llena de historias que nunca se cuentan completamente. Esta es una de esas historias, la alianza que nunca debió existir. El día que el Chapo y el Mencho se reunieron y cambiaron para siempre el narcotráfico en México, nadie sabe exactamente qué se dijeron en ese rancho abandonado de Nayarit en marzo de 2012. Nadie, excepto ellos dos.
Y ahora ambos están fuera del tablero, uno en prisión, otro muerto, pero su legado continúa. Una alianza basada no en confianza, sino en beneficio mutuo, no en amistad, sino en destrucción asegurada para quien traicione. es la alianza más peligrosa de la historia criminal de México, porque demostró que incluso en el mundo del narcotráfico, donde la traición es moneda común, la cooperación estratégica puede ser más poderosa que la violencia.
Esta historia nos enseña algo incómodo, que a veces los criminales más exitosos no son los más violentos, sino los más inteligentes, los que entienden que la guerra eterna es mala para el negocio, los que prefieren construir sistemas estables en lugar de imperios efímeros basados en miedo. ¿Qué opinas? ¿Crees que esta alianza realmente existe o es solo un mito? ¿Crees que el gobierno debería enfocarse en romper alianzas o en capturar líderes? Déjalo en los comentarios.
Y si esta historia te hizo reflexionar sobre el verdadero poder del narcotráfico en México, compártela, porque la verdad, aunque incómoda, siempre merece ser contada. M.