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La TERRIBLE TRAGEDIA que VIVE ELSA AGUIRRE a los 95 AÑOS

Elsa Aguirre, la mujer que fue la más bella que dio México en el siglo XX, vive hoy sola en una casa de Cuernavaca, conectada a un tanque de oxígeno, sin poder moverse con la misma libertad con la que alguna vez dominó cada escenario. Siempre fuiste la razón de mi exit. Cada set de filmación, cada portada de revista en la que apareció, la que fue musa de directores, capricho de galanes y símbolo de una época que el cine mexicano no ha podido volver a replicar, vive ahora en un silencio que la industria que la necesitó durante

décadas no tiene mucho interés en romper. Lo que este video te va a contar sobre los últimos años y vida actual de Elsa Aguirre es algo que casi nadie conoce con la profundidad que merece. Para entender a Elsa Aguirre, hay que empezar donde ella empezó. Y ella empezó lejos de cualquier cámara, de cualquier reflector y de cualquier sueño de fama.

Nació el 25 de septiembre de 1930 en Chihuahua, hija de Emma Juárez y del Capitán Jesús Aguirre Castillo, un militar de carrera que sostenía a su familia con la disciplina y la formalidad que exigía su rango. Era la segunda de cinco hijos, Hilda, Alma Rosa, Mario, Jesús y ella.  Una familia grande, ordenada, con un padre en uniforme y una madre que mantenía la casa en orden, mientras afuera el mundo se descomponía a velocidades que nadie había visto antes.

 Porque el mundo de la infancia de Elsa Aguirre fue el mundo de la Segunda Guerra Mundial. Su padre tenía un trabajo estable. La familia vivía con comodidad relativa en el norte del país y entonces llegó lo que llega siempre cuando hay una guerra del otro lado del océano, pero los efectos se sienten hasta en los rincones más remotos del continente.

 La economía se contrajó, el dinero alcanzó menos y la familia que alguna vez vivía con holgando hacia una precariedad que nadie esperaba y que nadie supo exactamente cómo detener. Elsa tenía 10, 12, 14 años mientras eso ocurría. Edad suficiente para entender que algo estaba cambiando, demasiado joven para poder hacer algo al respecto.

 La decisión fue mudarse a la Ciudad de México, no como una aventura ni como una oportunidad de progreso, sino como una necesidad. La madre de Elsa, Emma Juárez, llegó a la capital con cinco hijos y sin la red de seguridad que uno espera tener cuando llega a una ciudad que no conoce. Se instalaron en departamentos modestos, cambiando de lugar cada vez que las circunstancias le exigían.

 En una ciudad de México que en los años 40 era todavía una ciudad con una escala humana, pero que para una familia sin dinero y sin contactos podía ser igual de fría que cualquier otra. Emma Juárez trabajaba para mantener a sus hijos. Los hijos aprendieron desde temprano que la vida no regala nada y que el esfuerzo no es una virtud opcional, sino una condición de sobrevivencia.

Elsa Aguirre celebra 95 años con reflexión sobre la vida y su salud | El Fonógrafo | Fonógrafo 690 AM

 Eso que Elsaguir recargó desde la infancia, la austeridad, el sentido práctico de quien sabe lo que es no tener, la disciplina heredada de un padre militar y la resiliencia heredada de una madre que sacó adelante sola a cinco hijos es lo mismo que va a aparecer una y otra vez a lo largo de su historia. En los momentos en que todo se rompió y van a ser varios, Elsa Aguirre se levantó de una manera que no se explica solo con el carácter, se explica con lo que aprendió en Chihuahua, con los años difíciles, con la pobreza que conoció de cerca

antes de que el mundo la convirtiera en icono. En 1945, todavía adolescentes, las hermanas Aguirre se enteraron de que la productora cinematográfica Cla Films Mundiales estaba organizando un concurso de belleza. El premio era aparecer en un papel secundario en la película El sexo fuerte.

 La tía de las chicas fue la que llevó la noticia. Emma Juárez, la madre, escuchó y decidió llevar a tres de sus hijas a participar: Hilda, Alma Rosa y Elsa. No era un capricho ni una fantasía de grandeza. Era en el mundo práctico de Emma Juárez una oportunidad que no costaba nada intentar. Lo peor que podía pasar era que no ganaran.

 Lo que pasó fue lo contrario. Hilda quedó en tercer lugar, Alma Rosa en segundo y Elsa, con 15 años recién cumplidos, ganó el primero.  No era difícil entender por qué. Elsa Aguirre tenía una belleza que no era común ni en los años 40 ni en ningún otro tiempo. Una combinación de rasgos perfectamente equilibrados, ojos que los fotógrafos describían como imposibles de reproducir con fidelidad en blanco y negro y una presencia física que hacía que la cámara desde el primer momento no supiera a donde más mirar.

Sola contigo quisiera estar para entregarte todo mi amor, todo mi ser.  Tu risa como un manant. Los productores que la vieron en ese concurso entendieron de inmediato que tenían frente a ellos algo que la industria del cine mexicano llevaba buscando desde que había industria del cine mexicano. Pero entonces ocurrió algo que define perfectamente el tipo de madre que era Emma Juárez y el tipo de mundo en que vivía una mujer joven dentro de la industria del espectáculo mexicano de los años 40.  Los contratos

estaban listos, los productores esperaban y Emma Juárez dijo que no, no era el momento. Sus hijas eran menores de edad y los rumores que circulaban sobre lo que pasaba dentro de los estudios con las actrices jóvenes no eran rumores que una madre pudiera ignorar si le importaba el bienestar de sus hijas más que el dinero o la fama.

Emma Juárez canceló los contratos. Sin embargo, la historia no terminó ahí. Elsa Aguirre, con el impulso de quien acaba de descubrir que tiene algo que el mundo quiere ver, siguió buscando la manera de entrar a la industria. Y en 1946, ya con un poco más de edad y con los controles maternales todavía presentes pero más negociables, debutó en el cine con don Simón de Lira, producida por Bracho Films. Tenía 16 años.

 Comenzaba una carrera que iba a durar décadas y que iba a producir una de las trayectorias más sólidas que ha dado el cine mexicano en el siglo XX. la reina de la época de oro. Lo que vino después ocurrió con la velocidad y la inevitabilidad de las cosas que están destinadas a pasar. En la segunda mitad de los años 40 y a lo largo de toda la década de los 50, Elsa Aguirre se convirtió en una de las figuras centrales del llamado cine de oro mexicano.

Ese periodo extraordinario en que los estudios de la Ciudad de México producían películas que se veían en toda América Latina, que competían con el cine de Hollywood de mercados donde el español era el idioma de la pantalla grande. pasaste a mi lado.  Y que produjeron una generación de estrellas cuya dimensión cultural no ha sido igualada desde entonces.

 En ese universo, Els Aguirre no era solo una actriz, era un fenómeno de belleza en un medio donde la belleza era moneda de cambio, reputación y capital al mismo tiempo. Sus películas se llenaban. Las revistas de la época, Hola, cinegráfico, cinemundial, peleaban por tenerla en sus portadas.

 Las marcas de cosméticos, de ropa, de artículos de lujo querían su imagen en sus anuncios y los directores más importantes de la industria la incluían en sus proyectos porque sabían que la presencia de Elsa Aguirre en un cartel  era garantía de que el público iba a llegar a las salas. Ganó dinero mucho para los estándares de la época.

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