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EDGAR VIVAR: El DURO PRESENTE que VIVE a los 77 AÑOS

Edgar Vivar construyó una carrera que construyó una carrera que muy pocos muy pocos actores mexicanos pueden actores mexicanos pueden igualar. igualar. No me diga que viene a cobrar la renta. No me diga que viene a cobrar la renta. Efectivamente, vengo a cobrar la renta. Efectivamente, vengo a cobrar la renta.

Le dije que  no me dijera. Le dije que no me dijera. Durante más de cinco décadas hizo reír a Durante más de cinco décadas hizo reír a toda América Latina con el señor Barriga toda América Latina con el señor Barriga y Ñoño. y Ñoño. Decir, ¿qué es lo que les pasa? ¿Por qué Decir, ¿qué es lo que les pasa? ¿Por qué están llorando los dos? están llorando los dos? Dos personajes que se quedaron grabados Dos personajes que se quedaron grabados para siempre en la memoria de para siempre en la memoria de generaciones enteras. Edgar Vivar

generaciones enteras. Pero hoy a los 77 años enfrenta la operación más peligrosa de su vida con un corazón que ya lleva cinco intervenciones encima y una columna que ya no puede esperar más. Este es el duro momento que vive Edgar Vivar y lo que estás por conocer te dejará impactado. Pero para entender cómo llegó Edgar Vivar a este punto, con el cuerpo a límite y una cirugía de alto riesgo enfrente, hay que recorrer los desencadenantes que se fueron acumulando a lo largo de su vida, uno encima del otro, desde mucho antes de que la fama llegara y que hoy todos juntos presentan una factura que ya no tiene manera de aplazarse.

El 28 de diciembre de 1948 en la ciudad de México nació Edgar Ángel Vivar Villanueva, hijo de Ángel Vivar y Elia Villanueva Falcón, una familia de clase media sin ningún vínculo con el mundo del espectáculo.

No había linajes artísticos ni puertas abiertas esperándolo. Desde el principio, Edgar Vivar iba a tener que construir todo por su cuenta. Lo que tampoco había manera de saber entonces es que ese primer día de su vida ya cargaba algo que lo acompañaría durante décadas y que eventualmente se convertiría en la paradoja más extraña de su historia.

El cuerpo con el que nació, el cuerpo que le trajo tanto sufrimiento, sería el mismo cuerpo que le daría el papel más importante de su carrera. Edgar Vivar fue un niño gordo. No es una descripción cruda, es el contexto que explica todo lo que vino después. Desde muy pequeño, su constitución física lo hizo diferente a los demás niños y los niños, como cualquier persona que haya pasado por una infancia difícil lo sabe, no siempre son amables con la diferencia.

El bullying en la primaria fue una constante en su vida. Sus propias palabras, dichas décadas después en una entrevista para la caja de Pandora, no dejan lugar a la interpretación. Sufrí de bullying en la primaria. Fue terrible. No fue fácil. No me quedaba más que pelearme con todo el mundo o aguantarme. Eligió aguantarse y encontró refugio en los libros.

Esa soledad impuesta por los demás lo convirtió en un lector voraz, en alguien que desarrolló una vida interior rica precisamente porque el mundo exterior le ofrecía tan poco espacio. Esa disciplina silenciosa, ese hábito de buscar profundidad en donde otros no miraban, fue la que eventualmente lo llevó a donde nadie esperaba que llegara.

Edgar Vivar fue buen estudiante, lo suficientemente bueno para ingresar a la carrera de obstetricia y ginecología en la Universidad Nacional Autónoma de México, una de las instituciones más exigentes del país. Después se trasladó a la Universidad Iberoamericana, donde completó sus estudios y se tituló como médico especializado en obstetricia y ginecología.

El niño al que sus compañeros de primaria no dejaban en paz terminó siendo doctor. Esa parte de la historia casi nunca se cuenta, pero es fundamental para entender quién es este hombre. Edgar Vivar no llegó a la actuación porque no le quedara otra opción. Llegó a la actuación habiendo demostrado ya de manera formal y rigurosa que podía dedicarse a algo completamente diferente, la vocación doble.

Mientras estudiaba medicina, algo en Edgar Vivar se negaba a quedarse quieto dentro de los límites de un consultorio. El teatro lo llamaba y ese llamado no era un capricho ni una distracción, era una vocación igual de seria que la medicina. En 1964 egresó del Centro Universitario de Teatro, completando así una formación doble que muy pocos actores mexicanos pueden presumir, médico ginecólogo y actor de teatro entrenado formalmente al mismo tiempo.

No eligió uno u otro porque no tenía que elegir. Era las dos cosas y era las dos cosas en serio. En los años siguientes, Edgar Vivar trabajó en el mundo de la publicidad como actor para comerciales, un circuito que en el México de finales de los años 60 y principios de los 70 era una vía real para los actores que buscaban trabajo estable sin renunciar a su oficio.

En ese circuito conoció a Nacho Brambila, director de comerciales que tenía una amistad cercana con un comediante que en ese momento comenzaba a convertirse en una figura nacional. Ese comediante se llamaba Roberto Gómez Bolaños, la llamada que cambió todo. Un día de principios de los años 70, el teléfono de la casa de Edgar Vivar sonó.

Del otro lado de la línea había una voz que se presentó sin rodeos. Quiero hablar con Edgar Vivar. Habla Roberto Gómez Bolaños. Chespirito, Nacho Branvila te recomendó muy bien. Edgar Vivar conocía a Chespirito por sus trabajos como guionista para los comediantes viruta y capulina, pero más allá de eso, la llamada era completamente inesperada.

Chespirito le explicó que estaba armando un equipo para sus nuevos programas de comedia y que Branvila le había hablado muy bien de él. Vivar tenía 23 años cuando se integró al elenco de Roberto Gómez Bolaños en 1972. No tenía manera de saber que esa llamada telefónica iba a definir el resto de su vida.

Lo que Chespirito estaba construyendo en ese momento era algo sin precedente en la televisión latinoamericana. Sus programas de sketches cómicos, que al principio se transmitían bajo el nombre genérico de su apodo, habían comenzado a despuntar en México con una velocidad que sorprendió incluso a sus propios productores.

Había nacido el Chapulín Colorado y en 1971 había aparecido por primera vez el Chavo del Ocho, un personaje que giraba alrededor de un niño huérfano y pobre que vivía dentro de un barril en una vecindad del barrio de Tepito. La premisa era simple. El resultado fue un fenómeno que nadie podría haber predicho. Cuando Edgar Vivar llegó al equipo, el Chavo del Ocho todavía estaba encontrando su forma definitiva.

Chespirito era un creador meticuloso que entendía que los mejores personajes se construyen a lo largo del tiempo, no de un golpe. Y así fue como Edgar Vivar comenzó a darle vida a dos de los personajes más recordados de esa vecindad. El señor Barriga, dueño de la propiedad que llegaba cada episodio a cobrar la renta y terminaba recibiendo accidentalmente algún golpe.

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