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LA ANATOMÍA DE UNA NOTIFICACIÓNd

PARTE 1: LA ANATOMÍA DE UNA NOTIFICACIÓN

Madrid.

Domingo por la tarde.

El tipo de domingo en el que el tiempo parece haberse rendido.

El aire acondicionado del salón emite un zumbido constante.

Es un sonido monótono.

Casi hipnótico.

Laura está tumbada en un extremo del sofá de Ikea.

Ese sofá gris marengo que compraron hace tres años.

Aquel que ya tiene la forma de sus cuerpos.

Lleva unos pantalones de pijama de cuadros y una camiseta vieja.

Una camiseta de un concierto al que ni siquiera fue.

En sus manos, el móvil.

El pulgar derecho de Laura hace scroll de manera automática.

Desliza hacia arriba.

Una foto de un gato.

Desliza hacia arriba.

Una amiga del instituto cenando sushi.

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