Lo que acaba de pasar entre Donald Trump y Vladimir Putin no es solo otra llamada diplomática tensa. Y esa es exactamente la razón por la que lo que ocurrió después en el despacho oval se está volviendo tan peligroso, porque esta vez no estamos discutiendo si el presidente de Estados Unidos tuvo una conversación difícil con Moscú.
Lo que estamos viendo es algo mucho más grave. Un presidente que recibe una advertencia directa del líder de una potencia nuclear sobre las consecuencias catastróficas de invadir Irán y que 90 minutos después aparece frente a las cámaras confundiendo países, inventando batallas navales inexistentes y hablando como si la guerra fuera un juego de patio de escuela donde solo falta que alguien diga tío.
Eso cambia todo, porque una cosa es tensión geopolítica normal, otra muy distinta es un presidente gestionando simultáneamente advertencias nucleares rusas. y una guerra con Irán, mientras su propio discurso público sugiere que ya no distingue entre Ucrania e Irán, entre realidad y fantasía, entre estrategia y arrebato personal.
En este video vas a entender tres cosas que casi nunca se explican juntas. Primero, ¿qué fue exactamente lo que Vladimir Putin le dijo a Donald Trump durante esa llamada de 90 minutos? ¿Y por qué esa advertencia no fue diplomacia de rutina, sino una línea roja trazada con máxima claridad? Segundo, ¿qué hizo Trump inmediatamente después en esa conferencia de prensa del despacho oval que dejó incluso a sus propios aliados preguntándose si el presidente entiende la guerra que está dirigiendo? Y tercero, lo más importante, porque esto ya no se trata
solo de Trump ni de Putin, sino del margen de error que queda cuando dos crisis militares simultáneas, Irán y Ucrania, están siendo gestionadas por un hombre que públicamente las está mezclando. Porque lo que estamos viendo aquí no es solo un mal día presidencial, es una señal de que la distancia entre lo que Trump dice y lo que realmente está pasando en el mundo se ha vuelto tan grande que empieza a ser un riesgo operacional.
Y ese riesgo operacional, cuando estamos hablando del comandante en jefe de la fuerza militar más poderosa del planeta, no es una metáfora. Es una descripción literal de lo que puede pasar cuando alguien con autoridad para ordenar ataques no puede distinguir entre los países que está atacando. Todo explotó cuando nos enteramos no a través de la Casa Blanca, sino a través de medios rusos, que Donald Trump y Vladimir Putin hablaron durante 90 minutos.
90 minutos. Esa no es una llamada de cortesía diplomática. Esa es una conversación donde se están discutiendo cosas serias, consecuencias reales, líneas que no se pueden cruzar. Y el contenido de esa llamada fue entregado en un comunicado oficial a la agencia rusa TAS, no a la prensa estadounidense, no a través de la Casa Blanca, a través de medios rusos.
Eso ya es una señal en sí misma. Cuando el Kremblin es quien decide qué se sabe y qué no se sabe sobre una conversación entre los dos presidentes más poderosos del mundo, algo está fundamentalmente desequilibrado en esa relación. Putin le dijo a Trump con toda claridad que si Estados Unidos e Israel llevan a cabo otra invasión terrestre o ataque masivo contra Irán, las consecuencias serán extremadamente perjudiciales.
Putin usó las palabras extremadamente peligroso e inaceptable. Eso no es lenguaje diplomático suave, eso es una advertencia. Una advertencia de un hombre que controla el arsenal nuclear más grande del mundo y que tiene relaciones profundas con Irán que Washington nunca ha terminado de comprender del todo.
Y para entender por qué esa advertencia tiene el peso que tiene, hay que entender algo sobre la relación entre Trump y Putin, que los medios convencionales raramente explican con honestidad. Putin no llama a Trump como un igual que negocia con otro igual. Putin llama a Trump como alguien que sabe exactamente qué botones presionar.
Han hablado en privado más veces de las que el público estadounidense conoce y cada vez que hablan el patrón es el mismo. Putin ofrece algo que Trump quiere, cooperación económica, acuerdos energéticos, reconocimiento personal y a cambio pide algo que beneficie a Moscú. Esta llamada no fue diferente. Según el comunicado ruso, además de la advertencia sobre Irán, también discutieron cooperación económica y energética entre Estados Unidos y Rusia.
Piensa en eso. Un presidente ruso que está librando una guerra de desgaste en Ucrania, que tiene sanciones económicas aplastando su economía, está en el teléfono con el presidente de Estados Unidos discutiendo acuerdos comerciales. Y el presidente de Estados Unidos sale de esa llamada no para informar al Congreso, no para convocar a sus asesores de seguridad nacional, sino para decirle a un periodista que tiene un plan listo para atacar Irán otra vez.
Esa secuencia revela exactamente cómo funciona la mente de Trump. En este momento, Putin le ofrece la zanahoria de los acuerdos comerciales, le muestra el palo de las consecuencias catastróficas y Trump sale de la conversación hablando únicamente de lo que ya tenía en la cabeza antes de que empezara, como si la advertencia de Putin nunca hubiera ocurrido.
Y aquí está el contexto que hace que esa advertencia sea aún más pesada. Esa llamada ocurrió justo después de que Trump hablara con un periodista de Acos, prácticamente su canal de comunicación preferido, donde Trump declaró que el comando central de Estados Unidos tiene un plan listo para reanudar los ataques contra infraestructura iraní.
Trump dijo que sería una operación corta diseñada para traer a Irán de vuelta a la mesa de negociación mediante otra ronda breve de hostilidades. Dijo que mantendría el bloqueo naval en su lugar. lo dijo con la confianza de alguien que cree que está ejecutando una estrategia brillante. Pero hay un problema fundamental con esa lógica.
Trump pensó exactamente lo mismo la primera vez pensó que los ataques iniciales durarían pocos días, que el régimen iraní colapsaría o que obtendría suficiente apalancamiento para negociar. Se sorprendió genuinamente cuando eso no pasó. Y ahora, 2 meses después, con toda la evidencia de que Irán no solo no colapsó, sino que escaló de forma sostenida y coordinada, Trump quiere hacer exactamente lo mismo otra vez, esperando resultados diferentes.
Esa no es estrategia, eso tiene otro nombre. Y luego, 90 minutos después de que Putin le advirtiera personalmente sobre las consecuencias catastróficas de hacer exactamente eso, Trump apareció en el despacho oval y lo que salió de su boca fue algo que nadie esperaba. La conferencia de prensa en el despacho oval estaba supuestamente diseñada para celebrar a los astronautas heroicos que Trump tenía detrás como telón de fondo.
Porque así es como Trump usa la gente, como props, como equipos deportivos que trae la Casa Blanca para que estén de pie detrás de él mientras habla. Los astronautas habían pasado meses en el espacio, habían regresado con valor y resistencia física genuinos y Trump los convirtió en decorado para su conferencia de prensa.
Pero lo que terminó siendo esa conferencia de prensa fue una ventana directa al estado mental del presidente, porque Trump todavía con esa llamada de Putin en la cabeza, todavía procesando las advertencias sobre Ucrania y sobre Irán, empezó a hablar y confundió países, confundió guerras. confundió enemigos. Trump dijo literalmente que Ucrania ha sido derrotada militarmente.
Dijo que Ucrania tenía 159 barcos y que todos están ahora en el fondo del mar. Ucrania, un país sin salida significativa al mar, un país cuya armada nunca ha tenido 159 barcos en toda su historia moderna. Trump estaba hablando de Irán, pero dijo Ucrania y no se corrigió. siguió adelante como si nada, como si la confusión entre dos países en guerra, dos conflictos completamente distintos, con actores distintos y consecuencias distintas, fuera un detalle menor que no merecía ni una pausa.
Luego habló del bloqueo del estrecho Ormus, ese bloqueo que supuestamente iba a ser que Irán colapsara en cuestión de días y lo llamó genio puro. Dijo que el bloqueo había sido 100% infalible. dijo que demostraba lo buena que es la Marina estadounidense. Y luego llegó la parte que realmente revela cómo Trump está procesando esta guerra.
dijo que lo único que Irán tiene que hacer ahora es rendirse. Dijo literalmente tienen que decir Tibo. Como si esto fuera un patio de recreo, como si una guerra con un país de 90 millones de personas con capacidad misilística y persona, con 31 centros de mando descentralizados, pudiera resolverse con la lógica de un niño, aplicando una llave de lucha libre a otro hasta que pida piedad.
Esa frase no vino de un asesor, no vino de un documento estratégico, vino directamente del cerebro de Donald Trump. Y lo que revela no es fuerza, revela algo mucho más preocupante. Prevela que Trump genuinamente cree que Irán está a punto de colapsar, que la presión está funcionando, que solo falta un empujón más.
Pero la conferencia de prensa no terminó ahí porque entonces Trump decidió hablar de James Commy. El exdirector del FBI acaba de ser acusado por segunda vez, esta vez por una publicación en redes sociales con conchas en la playa que decía 8647. Y Trump explicó con total seriedad por qué considera eso una amenaza mortal. Dijo que 86 es un término de la mafia, que en las películas de mafia cuando quieren matar a alguien dicen 86 ese tipo.
Trump dijo eso frente a las cámaras del despacho oval como si fuera una explicación jurídica seria de por qué el exdirector del FBI debería ser arrestado por publicar conchas en la playa. Lo que Trump no mencionó, lo que nadie en su entorno parece haberle explicado, es que 86 es también un término completamente cotidiano de la industria de los restaurantes, que significa sacar algo del menú o pedirle a alguien que se retire del local.
que la inmensa mayoría de los estadounidenses que ven el número 86 piensan en restaurantes, no en crimen organizado. Pero Trump vive en un mundo donde todo lo que lo amenaza es un complot mortal, donde una publicación con conchas en la playa es una orden de asesinato, donde el exdirector del FBI es un policía corrupto que merece ser perseguido criminalmente por un meme.
Y ese mundo, ese mundo donde Trump habita, está cada vez más desconectado del mundo donde ocurre la guerra real. Y luego ocurrió algo que resumió perfectamente el estado de esta presidencia. Un periodista le preguntó a Trump sobre el fallo que acababa de emitir la Corte Suprema esa misma mañana sobre la Ley de Derechos Civiles de Votación.
Un fallo que podría redistribuir distritos electorales en el sur en favor de los republicanos. una decisión con consecuencias políticas enormes. Y Trump respondió preguntando cuándo había ocurrido ese fallo. No lo sabía. Había estado con los astronautas, dijo. Había estado con contratistas para el salón de baile.
Había estado juramentando al hijo de alguien. No había tenido tiempo de enterarse de que la Corte Suprema acababa de emitir un fallo histórico esa misma mañana. Cuando el periodista le explicó el contenido del fallo, Trump dijo, “Ese es el tipo de fallo que me gusta. y siguió adelante, sin análisis, sin contexto, sin ninguna consideración de las implicaciones.
Un presidente que no sabe qué hizo la Corte Suprema esta mañana, pero que tiene un plan listo para reanudar los bombardeos contra Irán. Mientras tanto, y esto es lo que Trump no estaba diciendo en esa conferencia de prensa, la realidad militar estaba contando una historia completamente diferente, porque aquí está lo que realmente estaba pasando mientras Trump declaraba la victoria.
Irán acababa de lanzar ataques coordinados contra cinco países en una sola noche. Irak, Qatar, Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes Unidos. Cinco objetivos, una noche, ataques sincronizados que requerían planificación, coordinación de mando y capacidad operacional intacta. Eso no es un país colapsando, eso es un país que ha estado preparándose para exactamente este momento y que ahora está demostrando que puede escalar en múltiples frentes simultáneamente.
Y para entender por qué eso es tan significativo, hay que entender la estrategia que Irán ha estado ejecutando desde el principio. Una estrategia de dos etapas que los analistas entendían intelectualmente, pero que nadie esperaba ver completada tan rápido. Etapa uno, destruir los sistemas de radar, los ojos de la red defensa.
Etapa dos, agotar los arsenales de interceptores, los puños. Una vez que ambos desaparecen, los misiles llegan sin advertencia y aterrizan sin resistencia. Irán acaba de completar ambas etapas y la prueba más devastadora de eso vino de Israel. Israel, el socio más cercano de Estados Unidos en esta guerra, acaba de enviar un mensaje a su propia población que ningún gobierno quiere enviar jamás.
Les dijeron a 7 millones de ciudadanos israelíes que el sistema de alerta temprana, esa red de radares de miles de millones de dólares que solía dar entre 15 y 25 minutos de advertencia antes de que llegaran a los misiles ya no funciona. Ahora están recibiendo entre 60 y 90 segundos de aviso, en algunos casos menos. 90 segundos no es tiempo suficiente para llegar a un refugio.
Es apenas tiempo suficiente para darse cuenta de que algo está a punto de impactar. Israel está diciendo a su propia gente, “Ya no podemos protegerlos. Resuelvan su propia supervivencia a partir de aquí.” Esa frase proveniente del gobierno de un país que pasó décadas y cientos de miles de millones de dólares construyendo la arquitectura de defensa antimisiles más sofisticada del Medio Oriente es la admisión más significativa de todo el conflicto.
No es una crisis de comunicación, no es un problema de relaciones públicas, es la confirmación oficial de que la estrategia de dos etapas de Irán funcionó exactamente como Teerán la diseñó. Mientras tanto, el estrecho Ormus, esa vía marítima que Trump llama un éxito total del bloqueo, está efectivamente vacío. No porque Estados Unidos lo controle, sino porque Irán declaró que cualquier cosa que entre en esas aguas será tratada como un objetivo militar.
Y cada compañía naviera, cada capitán, cada aseguradora hizo los cálculos y decidió que no vale la pena el riesgo. Las imágenes satelitales cuentan la historia. Hace semanas tráfico naval denso fluyendo en ambas direcciones. El sustento comercial de la economía global fluyendo normalmente. Hoy agua vacía. Eso no es control estadounidense, eso es interrupción iraní.
Y las consecuencias económicas de un estrecho dorm cerrado ya no son teóricas. Están en los presos del petróleo de hoy, estarán en las facturas de gasolina del próximo mes. Se están acumulando cada semana que el estrecho permanece cerrado. Japón, Corea del Sur, Australia, países sin ninguna participación directa en este conflicto, están viendo cómo su economía energética se deteriora en tiempo real debido a decisiones tomadas en Washington y Tel Aviv en las que no tuvieron ninguna voz.
El mundo no votó por esta guerra. El mundo la está pagando de todas formas. Y luego está lo que pasó con Bahin, un pequeño país insular que alberga la quinta flota de Estados Unidos, un socio tranquilo que durante décadas mantuvo esa delgada capa de negación plausible que lo mantenía técnicamente fuera del conflicto directo.
Esa capa acaba de evaporarse. Bahrain atacó directamente a Irán, no Estados Unidos atacando desde solo Bareiní, lo que ya venía ocurriendo durante semanas. Bahin. Misiles y drones lanzados desde territorio biní hacia objetivos iraníes. Un estado árabe del Golfo acaba de declarar guerra abierta contra Irán.
Piensa en la magnitud de eso por un momento. Bahrain es una nación de menos de 2 millones de personas. No tiene ejército significativo. No tiene capacidad militar independiente para sostener un conflicto con Irán. Lo que tiene es la quinta flota de Estados Unidos en su territorio. Baré inclusó esa línea porque alguien le dijo que era seguro cruzarla y la respuesta de Irán fue inmediata, abrumadora y precisa.
Irán bombardeó Bahin con ataques que dejaron al país tambaleándose y simultáneamente en esa misma noche operacional Irán golpeó los otros cuatro países. Eso no es improvisación, eso es un plan que ya estaba listo esperando el momento correcto para ejecutarse. Ahora volvamos al despacho oval porque después de que Trump confundió a Ucrania con Irán, después de inventar una armada de 159 barcos que nunca existió, decidió atacar al OTAN.
dijo que estaba decepcionado porque cuando Estados Unidos pidió ayuda al OTAN con Ucrania, no respondieron como él quería y luego en la misma frase dijo que también pidió ayuda al OTAN con Irán. Irán. Trump acaba de admitir públicamente que intentó involucrar a la OTÁ en una guerra con Irán y que la OTÁ se negó. Eso no es una anécdota menor, eso es un reconocimiento de que Trump intentó arrastrar a toda la alianza occidental a un conflicto que la propia OTAN consideró demasiado arriesgado.
Y Trump lo dice con el tono de alguien que está decepcionado con un empleado que no siguió órdenes, como si la OTAN fuera una herramienta de su política exterior personal y no una alianza de 32 países con sus propios parlamentos, sus propias constituciones y sus propias poblaciones que tienen algo que decir sobre si van a la guerra.
Luego Trump habló del rey Carlos de Gran Bretaña. Dijo que el rey es fantástico, que pasaron mucho tiempo juntos, que hablaron sobre Irán y Ucrania y luego dijo algo revelador. Dijo que cree que si dependiera del rey, Gran Bretaña habría ayudado con Irán, como si el problema fuera la voluntad política y no la realidad estratégica, como si lo único que faltara para que esta guerra funcione fuera un poco más de entusiasmo de los aliados.
Lo que Trump no parece entender o no quiere entender es que los aliados no se están negando por falta de entusiasmo, se están negando porque sus propios análisis militares y inteligencia les dicen que esta guerra no tiene un camino claro hacia la victoria, que los riesgos de escalación son enormes, que el costo económico ya está siendo devastador y que involucrarse directamente podría ser exactamente el tipo de error histórico del que sus países tardarían generaciones en recuperarse.
Y entonces llegó Volodimir Selenski porque en medio de toda esta confusión, en medio de Trump mezclando países y declarando dictorias inexistentes, el presidente de Ucrania decidió hablar y lo que dijo fue directo, medido y devastador. Selensk fue preguntado sobre el comentario de J. Divans, el vicepresidente de Estados Unidos, quien dijo públicamente que estaba más orgulloso de haber terminado la ayuda militar a Ucrania que de casi cualquier otra cosa que había hecho en su cargo. Orgulloso.
El vicepresidente de Estados Unidos dijo estar orgulloso de haber cortado la ayuda militar a un país que está siendo invadido por Rusia. Y Zelenski respondió con una frase que merece ser escuchada con atención. dijo que si el vicepresidente está orgulloso de no ayudarlos, entonces está ayudando a los rusos y que no está seguro de que eso fortalezca Estados Unidos.
Selensk no gritó, no atacó personalmente, dijo algo mucho más efectivo, trazó la lógica con claridad quirúrgica. Si no ayudas a Ucrania, ayudas a Rusia. No hay posición neutral en esta ecuación. Y luego añadió algo que resume todo lo que está pasando en esta guerra. dijo que Rusia no es ni será nunca aliada de Estados Unidos, que en guerra fría, en guerra caliente, en cualquier escenario, Rusia opera contra los intereses estadounidenses y que la idea de que acercarse a Putin fortalece a Estados Unidos es una ilusión que la
historia desmiente cada vez que alguien la intenta. Esa declaración de Selenski llegó en el mismo día en que los números de aprobación de Trump alcanzaron niveles que nadie en Washington esperaba ver. Reuters e Ipsos tienen a Trump en 34% de aprobación general. AP y NOR lo tienen en 33%. Pero los números sectoriales son aún más devastadores.
En economía, Trump tiene 30% de aprobación. En inflación está 49 puntos bajo el agua, lo que significa que 49% más de estadounidenses desaprueban su gestión de la inflación que los que la aprueban. Para poner eso en perspectiva, Joe Biden, cuya presidencia fue aplastada políticamente por la inflación, nunca llegó a estar más de 43 puntos bajo el agua en ese mismo indicador.
Trump está peor en inflación que Biden en su peor momento y la inflación ahora es aproximadamente un tercio de lo que era en el pico de la era Biden. Lo que significa que los estadounidenses no están respondiendo a la inflación real, están respondiendo a la sensación de que Trump está haciendo las cosas peor, están respondiendo a los aranceles, a la incertidumbre económica, a la guerra que está interrumpiendo el estrecho Ormú y disparando los precios del petróleo, a la sensación de que el país está siendo dirigido de forma errática e impredecible. Y esa sensación
no es irracional porque es exactamente lo que está pasando. Los números entre independientes son particularmente reveladores. 75% de los independientes dicen que el país está en el camino equivocado en cuanto al costo de vida. Solos 9% dicen que está en el camino correcto. Y lo más sorprendente, incluso entre los republicanos, la pluralidad dice que el país está en el camino equivocado en cuestión de costo de vida.
Trump ha perdido cada segmento del electorado en este indicador y eso importa porque Trump construyó su regreso político sobre una promesa específica. Dijo que resolvería la inflación el primer día, que los precios bajarían inmediatamente, que los americanos volverían a sentirse ricos. Esa promesa era el núcleo de su argumento electoral.
Y ahora con esos números sobre la mesa, con Trump peor que Biden, peor que Carter, peor que Nixon en el momento de su renuncia, esa promesa se ha convertido en el mayor lastre político de su presidencia. Y aquí es donde todo esto se conecta, porque Trump no está ignorando la advertencia de Putin, no está confundiendo países, no está inventando victorias navales inexistentes en el vacío.
Lo está haciendo en un contexto donde sus números de aprobación están en caída libre, donde su promesa más importante se ha convertido en su mayor fracaso, donde necesita desesperadamente algo que parezca una victoria. Y esa necesidad desesperada de una victoria es exactamente lo que hace que la situación con Irán sea tan peligrosa. Porque un presidente con 33% de aprobación, que necesita una victoria y que tiene a Putin advirtiéndole que no escale y a Irán demostrando que puede atacar cinco países en una noche, tiene exactamente el tipo de incentivos
perversos que hacen que los líderes tomen decisiones catastróficas, no porque sean malvados, sino porque están atrapados en una lógica donde escalar parece la única salida posible. La imprevisibilidad estratégica intimida, la imprevisibilidad personal desestabiliza. Esa diferencia es letal en política exterior.
Y los adversarios de Estados Unidos no interpretan estas escenas como lo hace la Audiencia doméstica. No piensan en términos de escándalo mediático, piensan en términos de oportunidad. Si perciben que el presidente habla desde el impulso, que contradice sus propias líneas, que amenazas sin coherencia estable y que obliga su propio sistema a corregirlo, entonces pueden concluir algo muy peligroso, que Washington está desalineado.
Y un Washington desalineado es más vulnerable, porque cuando la cadena política y la cadena militar no parecen moverse con una misma lógica, se abre una zona gris. Ahí es donde los rivales prueban, no siempre con una gran ofensiva, a veces con pequeñas provocaciones, calibrando hasta dónde puede tensar la cuerda antes de que alguien en Washington logre coordinarse lo suficiente para responder de forma coherente.
Putin le dio a Trump una advertencia clara, le trazó una línea roja, le ofreció una salida diplomática envuelta en lenguaje de cooperación económica y Trump salió de esa llamada, confundió dos guerras distintas, inventó una flota naval que nunca existió y declaró que Irán solo necesita decir tío. Esa no es diplomacia, esa no es estrategia, eso es un presidente que está gestionando dos crisis militares simultáneas sin poder distinguir entre ellas.
Y la pregunta que nadie en Washington quiere formular demasiado alto, pero que ya está circulando en los pasillos del Congreso, en los despachos del Pentágono, en las capitales aliadas, es esta. Si el hombre con más poder militar del planeta no puede distinguir entre Irán y Ucrania en una conferencia de prensa, ¿qué pasa cuando tiene que tomar una decisión en tiempo real? ¿Qué pasa cuando el teléfono suena a las 3 de la mañana y alguien le dice que hay misiles en el aire y necesita decidir en 90 segundos? ¿Cuánta confianza puede tener el sistema en que la respuesta que
dé ese hombre en ese momento será la correcta? Las consecuencias de todo esto ya están en marcha. Israel no puede advertir a sus ciudadanos sobre misiles entrantes. Bahin acaba de entrar en guerra abierta con Irán. Qatar está en confinamiento de emergencia. El estrecho de Ormus está vacío.
Irán está atacando cinco países en una sola noche. Irán está seleccionando un nuevo líder supremo en medio de operaciones de combate activas y Trump está en el despacho oval llamándolo una rendición inminente, burlándose de las orejas del jefe de la NASA y explicando que 86 es un término mafioso que aprendió las películas.

Los misiles no están de acuerdo con su evaluación. La realidad no está de acuerdo y la advertencia de Putin, esa conversación de 90 minutos que debería haber cambiado el rumbo, fue ignorada antes de que terminara la tarde. Esto no es solo otro escándalo de Trump. Esto es una señal de que la distancia entre lo que el presidente dice y lo que realmente está pasando se ha vuelto tan grande que ya no es solo un problema político, es un riesgo operacional.
Y en una guerra, los riesgos operacionales no se quedan en las salas de conferencias, se convierten en misiles reales, en fuego real, en muertos reales. Selensk lo dijo con claridad, si no ayudas a Ucrania, ayudas a Rusia. Y se puede aplicar la misma lógica aquí. Si el presidente no entiende la guerra que está dirigiendo, la guerra no se detiene, simplemente se vuelve más peligrosa.
Esa es la razón por la que esto importa. Esa es la razón por la que lo que pasó en ese despacho val después de esa llamada con Putin no puede ignorarse. Porque la próxima vez que Trump confunda un país con otro, la próxima vez que declare una victoria que no existe, podría no estar frente a un micrófono, podría estar dando una orden y para entonces ya será demasiado tarde para corregir el error. Yeah.