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El Final Oculto de Cantinflas | La Verdad que Silenciaron

El Final Oculto de Cantinflas | La Verdad que Silenciaron

Todos creían saber quién era Cantinflas. Lo llamaron avaro, arrogante, sangrón. Pero cuando abrieron su caja fuerte, México descubrió algo que nadie estaba preparado para aceptar. El hombre que hizo reír a un país entero se había llevado a la tumba un secreto que cambiaba toda su historia. Y es que la historia que vas a escuchar en los próximos minutos no aparece en los homenajes ni aparece en los discursos.

 que le dedicaron los presidentes. Esta información estuvo sepultada durante décadas y hoy finalmente vamos a desenterrar lo que su entorno más cercano se encargó de silenciar para que la imagen del peladito de Tepito siguiera intacta. Soy parte del equipo que lleva más de 5 años revisando archivos, entrevistas perdidas, expedientes judiciales y declaraciones de quienes lo conocieron de verdad, no del personaje.

Y te aseguro una cosa, cuando termines de ver este expediente no vas a poder mirar de la misma manera ninguna de sus películas, porque hay preguntas que México lleva más de 30 años haciéndose en voz baja. ¿De dónde salió realmente el único hijo de Cantinflas? Ese niño rubio que un día apareció de la nada en la casa familiar.

¿Por qué 70 millones de dólares que el mundo entero sabía que existían simplemente se evaporaron del banco al día siguiente de su muerte, dejando una cuenta con apenas 13,000 pesos? Y si conoces a alguien con quien solías reírte viendo, El Padrecito o La Vuelta al mundo en 80 días, mándale este video ahora mismo, porque lo que está a punto de descubrir lo va a obligar a cuestionar todo lo que creía saber sobre el cómico más grande de la historia de México.

 ¿Y por qué? Justo 30 días antes de morir, ya enfermo, ya sin fuerzas, Mario Moreno tomó una decisión que dejó a su propio hijo sin la herencia que le había prometido durante toda la vida. Las respuestas están aquí, pero no van a llegar todas de golpe. Van a llegar como llegaron a la familia, una a una, con cada cajón que se abrió, con cada documento que se desclasificó, con cada testigo que finalmente se atrevió a hablar.

 Y lo que se descubrió al final, lo que estaba en el fondo de esa caja fuerte que nadie esperaba abrir, todavía hoy es motivo de pleitos legales, de demandas y de silencios incómodos en la familia Moreno Reyes. Para entender el final, hay que ir al principio y el principio está en un barrio que no aparece en las postales de la Ciudad de México.

 Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nace el 12 de agosto de 1911 en Santa María la Redonda, a un par de cuadras del barrio Bravo de Tepito. Su padre, don Pedro Moreno Esquivel, era cartero, no un cartero cualquiera, un cartero que repartía las cartas a pie con un sueldo que apenas alcanzaba para llenar la mesa de 14 

hijos. 14. Y de esos 14, seis murieron al nacer. Antes de poder abrir los ojos, Mario fue el ***to de los que sobrevivieron. Imagínate ese hogar. Una madre que enterró a seis criaturas y siguió pariendo. Un padre que salía antes del amanecer con una bolsa de cuero al hombro y volvía cuando ya estaban dormidos los que quedaban vivos.

Y en el centro de todo eso, un niño flaco, moreno, con los ojos muy abiertos, que aprendió desde muy chico que para comer en esa casa había que rebuscársela. Con 8 años ya voleaba zapatos en la calle, con 10 era mandadero. Con 12 ayudaba en una zapatería y se ganaba unas monedas afilando suelas.

 Pero lo que más le gustaba, lo que de verdad lo prendía, era el ambiente de las carpas. Las carpas eran una especie de circos pobres montados con lonas remendadas, donde se hacía teatro popular para gente que no tenía dinero para entrar a un teatro de verdad. Ahí Mario veía a los cómicos, los imitaba, repetía sus diálogos en el camino de regreso a casa y se imaginaba que algún día él iba a estar arriba del escenario.

 Pero su padre no quería ni oír hablar de eso. Para don Pedro, ser cómico era ser un perdido. En esa familia el sueño era que Mario fuera médico y Mario, por complacerlo, lo intentó. Se inscribió en medicina. Aguantó algunos meses, pero la pobreza era más fuerte que las ganas de obedecer. No había dinero para libros, no había dinero para uniformes, no había dinero para nada y tuvo que dejarlo.

 Lo que vino después fue una mezcla de oficios que parece sacada de una de sus propias películas. fue boxeador en un gimnasio del centro donde le pagaban 3 pesos por pelea. Fue taxista manejando un Ford destartal por las calles del Distrito Federal. Fue torero, sí, llegó a torear novillos en plazas de pueblo.

 Fue cartero como su padre durante un tiempo breve. Fue empleado de Villar y en algún momento, harto de todo, decidió cruzar la frontera para irse a Estados Unidos. Lo agarraron antes de llegar. Lo regresaron y de regreso a México, con 16 años cumplidos y la rabia de no haber logrado nada, hizo lo que hacían muchos jóvenes pobres de su época.

 Mintió sobre su edad y se metió al ejército. Dijo que tenía 21. Su padre lo descubrió. Movió cielo, mar y tierra para sacarlo de ahí y lo logró. Pero Mario ya estaba marcado. Sabía que su lugar no estaba en una oficina ni en un cuartel. Su lugar estaba en una carpa y a esa carpa volvió. Es ahí, entre las lonas remendadas y los focos amarillos donde nace el personaje.

 Hay varias versiones sobre cóo. La más conocida la cuenta el escritor Carlos Monsibis. Una noche, Mario salió al escenario y se le olvidó el guion. se quedó parado en blanco con los ojos del público clavados en él y empezó a hablar, a hablar y a hablar sin decir nada coherente, mezclando palabras, enredando frases, repitiendo conceptos.

Alguien del público, ya cansado, le gritó, “¿Cuánto inflas?” Y de esa frase, según Monsis, salió el nombre Cantinflas. El que infla, el que habla sin decir. Otros dicen que el personaje lo inspiró un barrendero llamado Olegario, que trabajaba en el teatro Folis y hablaba en círculos cuando estaba borracho. El propio Manuel Medel, su compañero de carpa, dijo en entrevistas que Mario le pedía que provocara al borracho para hacerlo hablar y de ahí copió el ritmo, los enredos, la lógica imposible.

Pero hay una tercera versión, mucho menos conocida, que el propio Mario nunca quiso confirmar ni desmentir y que dice que el nombre lo inventó el mismo para que sus padres no descubrieran que estaba trabajando en las carpas. Porque eso para don Pedro era una vergüenza. Esa versión, la que el cómico se llevó a la tumba, es la que más se acerca a quien era él en realidad.

 

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