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El Guardián de la Sierra Nevada: El Canto del Agua Ancestral y la Redención de la Niña de las Cumbres Sagradas

El Guardián de la Sierra Nevada: El Canto del Agua Ancestral y la Redención de la Niña de las Cumbres Sagradas

Don Estor: Quédate aquí en estas ruinas de piedra de la vieja plantación de café, Isabela; el aire gélido de la Sierra Nevada calmará tu absurda rebeldía de heredera mientras yo me encargo de registrar ante los jueces los títulos de las aguas que tu padre te dejó.

Isabela: Tengo muchísimo miedo de los truenos que retumban en los picos nevados, tío Estor; no me dejes sola en esta terraza abandonada donde la niebla oculta los abismos y los ríos rugen con fuerza al caer la tarde.

Don Estor: Tu padre confió en mí antes de su extraña desaparición en el monte y ahora soy el único dueño legítimo de las tierras; aprende a sobrevivir con el agua de lluvia hasta que decida si vale la pena regresar por ti.

Isabela: (Viendo la silueta de la mula desaparecer entre las densas nubes de vegetación y la bruma del camino) Madre mía, tú que habitas en los altares celestiales y velas por los desamparados, dale templanza a mi mente y no permitas que la soledad destruya mi corazón.

Káwi: Tus sollozos aceleran el pulso de las aguas sagradas que bajan de los glaciares eternos, pequeña criatura de los valles bajos; el llanto consume el calor que tu cuerpo necesitará para resistir la densa humedad de la madrugada.

Isabela: ¡Por favor, no me hagas daño con tu bastón de mando, señor de los picos blancos! Mi tío Estor me aseguró que los guardianes de la sierra eran hombres salvajes que destruían los campamentos y no tenían ninguna piedad con los extraños.

Káwi: Las palabras de tu pariente están manchadas con el fango de la mentira y la codicia; mi nombre es Káwi, que significa el guardián del río en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte un trozo de alimento y agua fresca.

Isabela: (Tomando el cuenco de madera silvestre con sus manos temblorosas por el frío) Esta bebida de cacao puro ha devuelto el calor a mi pecho y la claridad a mis ojos; gracias por no dejarme abandonada en este abismo de piedra caliza.

Káwi: Esta terraza ancestral perteneció a un sabio que estudiaba los ciclos del viento sin herir las venas de la tierra; te enseñaré a recolectar los frutos del bosque y a proteger los acuíferos subterráneos de la ambición humana.

Isabela: Quiero aprender los secretos de las cascadas y de la naturaleza como lo hace tu comunidad, Káwi; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los diarios científicos de hidrología de mi padre.

Káwi: La Sierra Nevada es el corazón del mundo y una escuela implacable que premia la observación constante; si escuchas el canto de los pájaros en la niebla, comprenderás que las fuerzas de la vida nunca te dejarán en la soledad.

Isabela: He copiado los primeros diagramas de flujo y vegetación en mi cuaderno de cuero, Káwi; mañana quiero ayudarte a limpiar los canales de piedra natural antes de que comience el ciclo de las lluvias torrenciales de la tarde.

Don Estor: (Regresando tres lunas después con un barómetro de bronce y una mirada de profunda avaricia) ¡Qué clase de traición es esta! Mi mejor heredera viviendo como una paria junto a los ermitaños de las cumbres altas.

Káwi: Caballero, su presencia rompe el equilibrio de esta cuenca hidrográfica sagrada; usted desterró a esta pequeña criatura para robarle los planos de la red de agua dulce que pertenece legítimamente a los pueblos de la montaña.

Don Estor: ¡Cállate, indio de las terrazas! Cuando los representantes del consorcio minero se enteren de que están ocultando los yacimientos de oro de la nación, vendrán con las tropas del gobierno a despejar estas fosas de una vez por todas.

Isabela: ¡No permitas que amenace a Káwi, tío Estor! Él me dio la protección y el alimento que tú me negaste, y todo el tribunal de tierras sabrá que asesinaste la reputación de mi padre para apoderarte de sus patentes ecológicas.

Don Estor: (Levantando su fusta de montar con una soberbia desmedida y apuntando al rostro de la niña) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrada en las bodegas oscuras del puerto viejo.

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