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El Secreto del Cenote Sagrado: La Alianza de los Ríos Subterráneos y la Victoria de la Inocencia en Yucatán

El Secreto del Cenote Sagrado: La Alianza de los Ríos Subterráneos y la Victoria de la Inocencia en Yucatán

Don Facundo: Quédate en esta vieja estación de bombeo abandonada junto al cenote, Luciano; el aire húmedo de las cavernas de Yucatán aplacará tu absurda soberbia de heredero mientras yo me encargo de legalizar ante el consejo de la provincia los registros de las aguas subterráneas que tu difunto padre te dejó en su testamento.

Luciano: Tengo muchísimo miedo de la oscuridad profunda y de las criaturas que rondan las cavernas de piedra caliza, tío Facundo; no me dejes solo en esta estructura en ruinas donde el eco del agua subterránea parece un lamento constante que estremece los muros al caer la tarde.

Don Facundo: Tu padre confió en mí antes de su extraño fallecimiento en la selva y ahora soy el único administrador de las concesiones hidráulicas de la región; aprende a sobrevivir con el agua de lluvia y las raíces hasta que decida si vale la pena regresar por ti con mis ingenieros.

Luciano: (Viendo la silueta de la carreta de su tío desaparecer entre la densa vegetación y el polvo del camino) Madre mía, tú que habitas en los altares celestiales y velas por los desamparados, dale templanza a mi mente y no permitas que la soledad destruya mi corazón en este laberinto de piedra.

Yaxkin: Tus sollozos aceleran el pulso de las aguas sagradas que descansan en las profundidades de la tierra, pequeño náufrago de las ciudades de ladrillo; el llanto consume el oxígeno y la energía que tu cuerpo necesitará para resistir la densa humedad de la madrugada en este inframundo.

Luciano: ¡Por favor, no me hagas daño con tu lanza de caña, señor de los ríos ocultos! Mi tío Facundo me aseguró que los guardianes de los cenotes eran hombres salvajes que destruían los campamentos y no tenían ninguna piedad con los extranjeros que cruzaban sus selvas.

Yaxkin: Las palabras de tu pariente están manchadas con el fango de la mentira y la codicia industrial; mi nombre es Yaxkin, que significa sol poniente en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte un cuenco de agua fresca y un trozo de maíz tierno.

Luciano: (Tomando la vasija de arcilla cocida con sus manos temblorosas por el frío y el susto) Esta bebida ha devuelto el calor a mi pecho y la claridad a mis ojos; gracias por no dejarme abandonado en este abismo rodeado de estalactitas centenarias.

Yaxkin: Esta vieja estación de bombeo fue construida sobre un lugar sagrado donde nuestros ancestros se comunicaban con las fuerzas del agua y la tierra; te enseñaré a recolectar los frutos de la selva y a proteger los acuíferos subterráneos de la contaminación.

Luciano: Quiero aprender los secretos de los ríos ocultos y de la naturaleza como lo hace tu comunidad, Yaxkin; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los diarios científicos de hidrología que mi querido padre me dejó como herencia.

Yaxkin: El desierto verde de Yucatán es una escuela implacable que premia la observación constante y castiga la vanidad de los hombres; si escuchas el goteo del agua en las rocas, comprenderás que las fuerzas de la naturaleza nunca te dejarán en la soledad.

Luciano: He copiado los primeros diagramas de flujo y presión en mi cuaderno de cuero, Yaxkin; mañana quiero ayudarte a limpiar los canales de piedra natural antes de que comience el ciclo de la marea subterránea que inunda las galerías bajas.

Don Facundo: (Regresando tres lunas después con un barómetro de bronce y una mirada de profunda avaricia) ¡Qué clase de traición es esta! Mi mejor heredero viviendo como un paria junto a los ermitaños de las cavernas y los protectores de los ríos antiguos.

Yaxkin: Caballero, su presencia rompe el equilibrio de esta cuenca hidrográfica sagrada; usted desterró a esta pequeña criatura para robarle los planos de la red de agua dulce que pertenece legítimamente a los pueblos de la sierra y de la selva.

Don Facundo: ¡Cállate, indio de las cavernas! Cuando los representantes del consorcio hotelero se enteren de que están ocultando los yacimientos energéticos y turísticos de la nación, vendrán con las tropas del gobierno a despejar estas fosas de una vez por todas.

Luciano: ¡No permitas que amenace a Yaxkin, tío Facundo! Él me dio la protección y el alimento que tú me negaste, y todo el tribunal de tierras sabrá que asesinaste la reputación de mi padre para apoderarse de sus patentes de filtración ecológica.

Don Facundo: (Levantando su fusta de montar con una soberbia desmedida y apuntando al pecho del niño) Cállate la boca, niño insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrado en los pozos profundos de la refinería vieja del norte.

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