Posted in

La Sinfonía de las Alas de Fuego: El Rescate de la Niña del Bosque y el Pacto Sagrado del Santuario Purépecha

La Sinfonía de las Alas de Fuego: El Rescate de la Niña del Bosque y el Pacto Sagrado del Santuario Purépecha

Don Rogelio: Quédate en esta cabaña derruida del monte alto, Camila; el aire frío de Michoacán aplacará tu rebeldía mientras yo me encargo de administrar legalmente los derechos forestales que tu difunto padre te heredó.

Camila: Tengo muchísimo miedo del crujido de los árboles y de la niebla densa que cubre el santuario, tío Rogelio; no me dejes sola en este bosque donde millones de mariposas parecen susurrar lamentos al caer la noche.

Don Rogelio: Tu padre ya no está para cumplir tus caprichos de niña consentida y ahora soy yo quien maneja los aserraderos familiares; aprende a sobrevivir con lo que encuentres en este cerro hasta que decida regresar.

Camila: (Viendo desaparecer el caballo de su tío entre los senderos cubiertos de musgo y neblina) Madre mía, tú que me cuidas desde los altares dorados del cielo, dale templanza a mi mente y no permitas que la soledad destruya mi corazón.

Tari: Tus sollozos asustan a las mariposas que descansan en los oyameles sagrados, pequeña niña de los valles bajos; el llanto consume el aliento que tu cuerpo necesitará para resistir las heladas de la madrugada.

Camila: ¡Por favor, no me hagas daño con tu vara de madera, señor de la montaña! Mi tío Rogelio me aseguró que los purépechas eran hombres salvajes que destruían los campamentos y no tenían ninguna piedad con los extraños.

Tari: Las palabras de tu pariente están manchadas con el fango de la mentira y la ambición; mi nombre es Tari, que significa viento en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte una corunda caliente y un poco de atole de grano.

Camila: (Tomando el alimento con sus manos entumecidas por el frío) Esta comida ha devuelto el calor a mi pecho y la claridad a mis ojos; gracias por no dejarme desamparada en esta cabaña rodeada de pinos centenarios.

Tari: Este viejo refugio perteneció a un anciano sabio que cuidaba el bosque sin dañar las fuentes de agua; te enseñaré a recolectar la resina sin herir los troncos y a escuchar el mensaje de las alas de fuego.

Camila: Quiero aprender los secretos de la montaña y de la naturaleza como lo hace tu comunidad, Tari; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me golpeaba y ocultaba los diarios forestales de mi querido padre.

Tari: El bosque de Michoacán es una maestra exigente que premia la paciencia y castiga la soberbia de los hombres; si escuchas el aleteo de la monarca en las copas de los árboles, comprenderás que los espíritus nunca te dejarán sola.

Camila: He memorizado los nombres de las plantas medicinales en la lengua de tus ancestros, Tari; mañana quiero ayudarte a limpiar el manantial sagrado para que las aves tengan agua limpia antes de que comience el invierno.

Don Rogelio: (Regresando tres lunas después con una hacha de acero y una mirada llena de avaricia) ¡Qué clase de humillación es esta! La heredera de los mayores bosques del estado viviendo como una paria junto a los nativos de la sierra.

Tari: Caballero, su presencia contamina la pureza de este santuario natural; usted desterró a esta pequeña criatura para apoderarse de los oyameles que pertenecen por derecho de sangre familiar y equilibrio ecológico a las comunidades.

Don Rogelio: ¡Cállate, indio de los montes! Cuando las autoridades del pueblo se enteren de que estás reteniendo a mi sobrina, vendrán con los soldados del gobierno a despejar estas tierras para instalar nuestro nuevo aserradero industrial.

Camila: ¡No permitas que amenace a Tari, tío Rogelio! Él me dio la comida y el poncho que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste el testamento original de mi padre antes de dejarme abandonada aquí.

Don Rogelio: (Levantando su fusta de montar con una furia descontrolada) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás tus días encerrada en las bodegas oscuras del almacén viejo del pueblo.

Read More