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la Triste Historia de Juan Ferrara | Le Gustavan Tiernitas

Me seducía, ¿sabes? Y aparte me invitaba unas cenas deliciosas, como era ella, jovencita, era nueva y aquí Juan Ferrara, pues ya era un conocido, un viejo del lobo de mar. Amigos, saludos de nuevo. Hoy traemos a ustedes la historia de Juan Ferrara, cuyo nombre real es Juan Félix Gutiérrez Puerta.

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 8 de noviembre de 1943. Y desde que llegó al mundo, la verdad es que ya traía el teatro metido hasta en los huesos. Porque no nació en cualquier familia. No, señor. Él fue hijo de Ofelia Gilmain, una de las actrices más respetadas, fuertes e imponentes de la escena mexicana. Una mujer que no solo brilló en el teatro, sino también en el cine y la televisión, dejando una huella de esas que no se borran ni con el paso de los años.

Así que Juan Ferrara no creció entre cuentos comunes ni sueños de oficina, creció rodeado de camerinos. escenarios, libretos, ensayos, aplausos y esa presión silenciosa que viene cuando en tu propia casa hay una figura enorme del espectáculo. Porque es muy fácil criticar, pero estar y por si eso fuera poco, también fue hermano de las actrices Ester Gilmine y Lucía Gilmine, de modo que aquello no era una familia cualquiera, era casi una dinastía artística, una casa donde el talento no era adorno, era herencia y también una carga, porque ahí empieza una de las primeras claves de su historia.

Juan Ferrara no solo cargaba con el deseo de ser actor, también cargaba con el peso de ser el hijo de Ofelia Gilmaine. Y eso, aunque suene bonito, también podía ser tremendo. Imagínense intentar abrirse camino en el mismo mundo donde tu madre ya era una institución.

Cada paso, cada mirada, cada actuación podía venir acompañada de la comparación. ¿Será tan bueno como su mamá? ¿Le alcanzará el talento? ¿Trae luz propia o solo apellido? Por eso, según recuentos teatrales, él mismo llegó a explicar que decidió usar el apellido artístico Ferrara para alejarse un poco de esas comparaciones directas con su madre.

No porque negara su origen, sino porque sabía que pararse bajo la sombra de Ofelia Gilmine no era cualquier cosa. Él entendía que ponerse en los zapatos de una actriz de ese tamaño era prácticamente imposible y necesitaba construir su propio nombre, su propio camino y su propia leyenda. La gente va a ver a Juan Ferrara, ¿me entiendes? La gente va a disfrutar tu trabajo.

Y el apellido Ferrara, además, habría nacido de una de sus pasiones personales, los autos Ferrari. Y mire nada más qué curioso, porque hasta en eso el nombre le quedó como anillo al dedo. Sonaba elegante, fuerte, internacional, con ese aire de galán sofisticado que después terminaría acompañándolo durante décadas en la televisión mexicana.

Así comenzó a formarse la imagen de Juan Ferrara, un hombre nacido entre artistas, educado bajo el peso de una madre monumental, pero decidido a no vivir solamente como el hijo de Desde joven entendió que si quería permanecer en ese medio tan canijo, no bastaba convenir de buena cuna teatral. Había que demostrar carácter, presencia y talento propio.

Y eso, amigos, fue apenas el principio de una historia llena de aplausos, romances, escándalos, frases incómodas y una carrera que terminaría durando más de seis décadas. Pasado igual. Sí. y a los siguientes días empieza a aumentar y ayer ya tuvimos muchísimo público. Aunque el público terminó conociéndolo como actor, la primera gran inquietud de Juan Ferrara no era precisamente pararse frente a las cámaras, sino estar detrás de ellas.

Su sueño inicial era dirigir cine, contar historias desde el otro lado, mover los hilos, decidir los encuadres, darle forma a los personajes y construir mundos desde la silla del director. Y no era raro, porque Juan creció rodeado de escritores, guionistas, actores, directores y gente del ambiente cultural. Gracias a su madre Ofelia Guilmain.

Es decir, desde joven respiró arte, escena y conversación de gente que vivía del talento y de la imaginación. Pero una cosa era soñar con dirigir y otra muy distinta era abrirse paso en un mundo tan cerrado. El ambiente de los directores no era fácil y mucho menos para alguien que apenas buscaba su lugar.

Así que mientras esperaba una oportunidad decidió estudiar actuación. Y mire nada más cómo son las vueltas de la vida. entró por una puerta lateral casi como esperando el momento para brincar detrás de cámaras, pero terminó quedándose frente al público durante más de seis décadas, una una obra de teatro que hicimos en México con mucho éxito de crítica y poco éxito de público.

Sus inicios profesionales se dieron en los años 60, una época en la que el cine mexicano ya no era el mismo de la época de oro. La televisión empezaba a tomar más fuerza y el teatro seguía siendo ese terreno donde los actores se medían de verdad. Ferrara apareció en un momento de transición cuando el espectáculo mexicano estaba cambiando de piel y supo acomodarse en los tres mundos: cine, teatro y televisión.

Primero debutó en cine, pero muy pronto empezó a abrirse camino en las telenovelas, donde su imagen encajó perfecto. Juan Ferrara tenía ese tipo de presencia que no necesitaba hacer demasiado ruido. No era el galán gritón, brabucón o de sombrero echado para atrás como los machos de las películas rancheras. No, Ferrara era otra cosa.

Era más sobrio, más elegante, más contenido. Tenía mirada seria, porte fino y ese aire de hombre difícil, reservado, medio misterioso, que en los melodramas funcionaba como imán. Con el 40% de mi abuela y el 30% de Sofía, mi familia queda como socio mayoritario. Y claro, la televisión no tardó en adoptarlo. Con el paso de los años se consolidó como primer actor y acumuló más de 30 protagónicos, algo que no cualquiera puede presumir.

Su rostro se volvió habitual en los hogares mexicanos y su nombre empezó a quedar ligado a historias que marcaron época. Entre sus trabajos más representativos aparecen telenovelas como La gata, El espejismo brillaba, Yesenia, Viviana, El Hogar que yo robé, Gabriel y Gabriela, Valeria y Maximiliano, La Antorcha Encendida, Mar de Amor, La Fuerza del Destino y Qué bonito amor.

Y ahí está una de las claves de Ferrara. No fue un actor de una sola generación. Lo mismo lo vieron las señoras que seguían los melodramas clásicos que nuevas audiencias que lo encontraron después en producciones más recientes. Su carrera fue larga porque supo mantenerse y en un medio donde muchos galanes se apagan cuando se les va a la juventud, él logró pasar de protagonista romántico a figura de respeto, de galán a primer actor.

Eso mismo dijeron Gerardo y Guadalupe. Sí. Entonces eran dos los asaltantes que se parecían a Guillermo. Pero tampoco hay que dejarse llevar solo por la cara bonita y el porte de señor elegante, porque Juan Ferrara no fue únicamente un galán de telenovela, también tuvo una carrera fuerte en teatro y eso en el mundo actoral pesa mucho.

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