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El Guardián de Petén: El Despertar de la Selva Sagrada y el Vínculo de Paz de la Niña Perdida

El Guardián de Petén: El Despertar de la Selva Sagrada y el Vínculo de Paz de la Niña Perdida

Don Gonzalo: Quédate aquí en este campamento abandonado de la selva, Sofía; el follaje espeso de Petén calmará tu rebeldía mientras yo me encargo de registrar las plantaciones de cacao que tu difunto padre te dejó en su testamento.

Sofía: Tengo muchísimo miedo de los jaguares que rugen en la oscuridad de la noche, tío Gonzalo; por favor, no me dejes sola en esta ruina maya donde los árboles gigantes tapan la luz del sol por completo.

Don Gonzalo: Tu padre ya no está para defender tus caprichos y ahora soy yo quien administra los bienes familiares; aprende a sobrevivir con lo que encuentres en estas chozas de madera vieja hasta que decida regresar por ti.

Sofía: (Viendo alejarse la mula entre el lodo del sendero) Madre mía, tú que me cuidas desde los altares divinos del cielo, dale calor a mi cuerpo y no permitas que la soledad destruya mi pequeño corazón en este bosque olvidado.

Balam: Tus sollozos rompen la paz de los templos antiguos, pequeña niña de los pueblos grandes; el llanto consume la energía que tu cuerpo necesitará para soportar los mosquitos y la humedad de la tormenta que se avecina.

Sofía: ¡Por favor, no me hagas daño con tu lanza de cacería, señor de la selva! Mi tío Gonzalo me dijo que los lacandones eran hombres salvajes que perseguían a los niños extranjeros que cruzaban sus fronteras sagradas.

Balam: Las palabras de tu pariente están llenas del veneno de la mentira y la codicia; mi nombre es Balam, que significa jaguar en la lengua de mis abuelos, y vine a ofrecerte este trozo de fruta fresca y agua limpia.

Sofía: (Tomando la jícara con sus manos temblorosas) Esta fruta ha devuelto la fuerza a mis piernas y ha calmado mi garganta seca; gracias por no dejarme desamparada en este suelo cubierto de raíces y hojas muertas.

Balam: Este campamento de hule perteneció a un anciano sabio que respetaba los ciclos de la selva tropical; te enseñaré a encontrar las plantas comestibles y a extraer el agua dulce de las lianas ocultas en la maleza.

Sofía: Quiero aprender a caminar sobre el fango sin hacer ruido como lo hace tu gente, Balam; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me maltrataba y ocultaba las escrituras de mi herencia legítima.

Balam: La selva de Petén es una maestra exigente que premia la humildad y castiga la soberbia de los hombres; si escuchas el susurro del viento entre las ceibas centenarias, comprenderás que los espíritus nunca te dejarán sola.

Sofía: He memorizado las primeras expresiones de hermandad en la lengua de tus ancestros, Balam; mañana quiero ayudarte a recolectar las semillas de cacao para guardarlas en los cestos de mimbre silvestre que tejimos ayer.

Don Gonzalo: (Regresando tres lunas después con una mirada cargada de avaricia y desprecio) ¡Qué clase de humillación es esta! La heredera de las mayores tierras comerciales conviviendo con los nativos de las ruinas arqueológicas.

Balam: Caballero, su presencia contamina la pureza de este horizonte verde; usted abandonó a esta pequeña criatura para apoderarse de los cultivos de cacao que le pertenecen por derecho de sangre familiar y leyes humanas.

Don Gonzalo: ¡Cállate, indio de los templos! Cuando las autoridades de la capital se entren de que estás reteniendo a mi sobrina, vendrán con los soldados armados a desalojar todos estos terrenos comunales de la montaña.

Sofía: ¡No permitas que amenace a Balam, tío Gonzalo! Él me dio la comida y el techo que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste el testamento original de mi difunto padre antes de desterrarme aquí.

Don Gonzalo: (Levantando su fusta de montar con una furia descontrolada) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás encerrada en las bodegas oscuras del puerto viejo de la frontera norte.

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