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El joven que llamó ‘dictador’ a Bukele en una protesta y las 5 frases que cambiaron su vida

II.

Justo en ese momento, al otro lado de la plaza apareció un convoy negro. El convoy de Nayib Bukele entraba a la plaza desde una calle lateral. Bukele estaba a punto de asistir a una inauguración cercana y, cuando su ruta normal fue bloqueada por los manifestantes, su conductor eligió una ruta alternativa. Sin embargo, esta ruta los llevó directamente a la plaza, en medio de los manifestantes.

Los autos del convoy disminuyeron la velocidad. El jefe de seguridad de Bukele examinó el entorno con preocupación y ordenó al conductor dar media vuelta. Pero Bukele observaba desde dentro del auto. Lo que vio le hizo reflexionar, especialmente aquel joven apasionado al frente.

—Detente aquí —dijo Bukele de manera inesperada.

El jefe de seguridad se sorprendió.

—Señor Presidente, no es seguro. Los manifestantes…

—Nos detendremos aquí —dijo Bukele con determinación—. Quiero hablar con ese joven.

Cuando Carlos vio el convoy del Presidente, primero se sorprendió. Luego su ira aumentó.

—¡Ahí viene! —gritó a los otros manifestantes—. ¡El dictador se atreve a venir entre nosotros!

La multitud se enardeció aún más con las palabras de Carlos. Los cánticos aumentaron. Los manifestantes comenzaron a acercarse al auto de Bukele. La policía intervino inmediatamente, formando un cordón. Sin embargo, todos quedaron sorprendidos porque el auto de Bukele se había detenido y la puerta del Presidente se estaba abriendo.

El equipo de seguridad entró en pánico. El jefe de seguridad de Bukele le suplicó:

—Señor Presidente, por favor, no salga del auto. No vale la pena correr este riesgo.

—A veces hay que arriesgarse —dijo Bukele.

Y salió del auto.

Se hizo un silencio en la plaza. Los manifestantes nunca esperaron que el convoy del Presidente se detuviera, y mucho menos que Bukele saliera del auto. Incluso Carlos quedó paralizado de asombro, con la pancarta todavía en la mano.

Bukele, junto con sus guardaespaldas, caminó directamente hacia Carlos. Los guardaespaldas estaban alerta, con las manos en sus armas, listos para intervenir en cualquier momento. Pero Bukele parecía tranquilo.

—Tú —dijo Bukele, señalando a Carlos—. Sí, tú, el que sostiene la pancarta. ¿Cómo te llamas?

Carlos dudó un momento, sin saber cómo reaccionar ante esta situación inesperada. Luego reunió valor.

—Carlos. Carlos Mendoza. Y creo que eres un dictador.

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