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ANTONIO BANDERAS : EL ASQUEROSO SECRETO QUE OCULTO DURANTE 30 AÑOS S

ANTONIO BANDERAS : EL ASQUEROSO SECRETO QUE OCULTO DURANTE 30 AÑOS S

Hubo una mujer que esperó 18 años para hablar. 18. Sonriendo en cada fotografía, callando lo que quemaba, aguantando lo que no se aguanta. Y cuando por fin abrió la boca, Antonio Banderas no respondió. No dijo nada. Lo que vais a escuchar hoy no salió completo en ningún programa de televisión.

 No está en ninguna entrevista de las que se recogieron en España. Hay una razón muy concreta.  Porque toca algo que él lleva 30 años protegiendo con un cuidado escalofriante. Quédate hasta el final porque hay un nombre que España ha borrado de esta historia y vas a saber cuál es  y por qué él prefirió que desapareciera.

Pero antes de llegar a esa mujer, hay algo que tienes que entender, porque lo que pasó después no empezó en Hollywood, empezó mucho antes, en Madrid, a finales de los años 70, en un piso de mala muerte donde un chico de Málaga acababa de aterrizar sin saber muy bien qué hacer con su vida. Antonio Banderas nació en Málaga en 1960, hijo de un policía  y de una maestra.

Barrio del Palo, sur de la ciudad, casa modesta sin contactos, sin apellido, sin red. Esa historia la ha contado mil veces. En cada entrevista americana, en cada documental, en cada programa de aquí, el chico humilde del sur que conquistó Hollywood a base de talento y España lo adoró por eso, porque era uno de los nuestros.

 Porque cuando alguien de aquí triunfa allí, queremos creer que lo hizo limpio, que lo mereció, que fue solo el trabajo y el esfuerzo lo que lo subió  hasta arriba. Pero hay algo en esa historia que siempre se contó a medias. El camino de banderas hasta la cima no fue tan limpio como parecía.

 Hubo personas que pusieron los cimientos, personas que estuvieron en los años malos, los de verdad, los que no aparecen en ninguna foto, personas que sacrificaron cosas para que él pudiera avanzar. Y esas personas desaparecieron de la historia oficial como si nunca  hubieran existido. La primera de ellas se llamaba Ana.

 Ana Leza, y su historia con banderas es el secreto mejor guardado de toda su carrera. No lo vais a escuchar en ningún otro sitio, pero lo vais a escuchar aquí. Y guarda este nombre en tu mente, porque vas a entender por qué la prensa española se cuidó tanto de no mencionarlo durante 30 años. Anal  era actriz, una mujer inteligente, culta, con criterio propio.

 No era famosa, no lo buscaba, pero tenía algo que poca gente tiene cuando llega al mundo del cine. Tenía cabeza. Conoció a banderas en los círculos del teatro de Madrid, finales de los 70. Banderas tenía 20 años. Acababa de bajarse de un autobús desde Málaga sin nada en los bolsillos. No era nadie todavía. Y Ana lo vio.

 Vio a un chico del sur con esa energía rara que tienen los que quieren mucho y no han conseguido nada. Se enamoró de eso  y se quedó en los castings que no salían en los lunes por la mañana en los que él se preguntaba si merecía la pena seguir intentándolo. En las dudas, en los miedos, en los silencios largos. Se casaron en 1987.

Banderas ya empezaba a sonar. Había rodado con Pedro Almodóbar varias películas. Su nombre se mencionaba en los círculos del cine español, pero todavía no era el Banderas que conoce el mundo. Vivían en un piso de Madrid sin nada lujoso, una mesa de cocina pequeña, una televisión vieja, libros por todas partes, porque a Ana le gustaba leer y  a él también.

Pasaban las tardes leyendo guiones juntos. Ella le ayudaba a marcar los acentos para que en los castings no se le notara tanto la Málaga. Le corregía la adicción, le buscaba textos, le acompañaba a las pruebas y se quedaba esperando en cafeterías cercanas durante horas fumando, mientras él intentaba convencer a un director más de que valía la pena.

Hay personas del entorno teatral de Madrid de aquellos  años que recuerdan exactamente eso, que Ana era el ancla, que sin ella Banderas habría vuelto a Málaga más de  una vez, que en los momentos de bajón, cuando salía de un casting fallido y se sentaba en los bares cercanos a  lavapiés, era ella la que le decía que aguantara una semana más,  que probara una vez más, que no se rindiera.

Y Ana estuvo en los 9 años que vinieron después. Lo apoyó, lo sostuvo, creyó en él cuando la carrera todavía no existía. Eso tiene un valor enorme, un valor que él no supo reconocer cuando llegó el momento. Pero aquí es donde todo cambia, porque en 1992, Antonio Banderas voló a Los Ángeles para rodar una película.

 Los Reyes del Mambo, su gran oportunidad americana, el primer papel importante en Hollywood  y en ese rodaje conoció a Melanie Griffit. Antes de eso, Ana lo despidió en el aeropuerto de Barajas en abril de 1992. Era un sábado por la mañana. Hay testigos del entorno cercano que contaron después que Ana lloró cuando él pasó el control.

 No por celos, no por presentimientos concretos. lloró porque sabía, sin saberlo, que algo muy grande estaba a punto de cambiar, que el Antonio que se subía a ese avión iba a volver siendo otro y volvió siendo otro. Pero lo que ella no sabía es que ya no iba a volver a ella. Melanie era una  estrella enorme en aquel momento.

 Había protagonizado armas de mujer en 1988. Estaba nominada al Óscar. era una de las actrices más reconocidas de toda la industria. Su cara estaba en todas las portadas, en todas las revistas,  en todas las paradas de autobús de Estados Unidos y estaba casada con Don Johnson. Eso hay que decirlo,  porque se olvida con frecuencia.

 Melanie también estaba casada cuando se conocieron. Por lo tanto, lo que pasó entre Banderas y ella no fue una historia de amor irresistible entre dos personas libres. Fue una historia de dos personas casadas  que decidieron casi a la vez abandonar a sus parejas. Ana se enteró de muchas cosas  por los periódicos.

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