Posted in

Así Vive La Barbie en la Cárcel: De Aterrorizar Acapulco a Llorar y Orinarse en su Celdaa

Así Vive La Barbie en la Cárcel: De Aterrorizar Acapulco a Llorar y Orinarse en su Celdaa

Hay un hombre encerrado ahora mismo en una celda de la USP Colman II en el condado de Sumter, Florida. No habla con nadie, no grita, no amenaza, no graba videos. La luz le entra por una ranura de pocos centímetros y la única persona que lo mira a los ojos cada día es el guardia que le pasa la bandeja por una rejilla.

Ese hombre, hace 15 años controlaba a Acapulco con un nivel de violencia que paralizaba ciudades enteras. Ese hombre ordenó la muerte de más de 150 personas solo en la guerra interna por el control del cártel de los Beltrán Leiva. Ese hombre era Edgar Valdés Villarreal. Ese hombre era la Barbie. Este documental no va sobre quién fue la Barbie.

va sobre cómo se está consumiendo ahora, minuto a minuto, hora a hora, en silencio absoluto, dentro de una penitenciaría de máxima seguridad, donde nadie sabe quién fue, donde nadie pregunta por él, donde no llega un solo corrido y va sobre algo más perturbador todavía, porque hay un detalle que el sistema federal de Estados Unidos quiso ocultar durante meses, un episodio que desapareció de los registros oficiales, una sospecha que en el mundo del narco mexicano equivale vale a una condena peor que la de 49 años. Lo que pasó en noviembre de

2022 con el expediente número 05658 hasta 748 cambia por completo el cierre de esta historia. Pasé semanas revisando documentos del Buró Federal de Prisiones, sentencias de la Corte del Distrito Norte de Georgia, perfiles publicados por Rolling Stone y reportes de la DEA sobre el cártel de los Beltrán Leiva.

Y la conclusión es sencilla y brutal. La Barbie no está cumpliendo una condena. La Barbie está cumpliendo el castigo más completo que existe en la cultura del narco mexicano. Está vivo, está olvidado y muy probablemente está hablando. Lo que la audiencia da por hecho es que cuando un narco grande cae, su gente sigue moviendo el negocio en su nombre y su leyenda crece desde la celda.

Eso pasó con el Chapo, eso pasó con Caro Quintero, pero no pasó con la Barbie. Y esa diferencia tiene un nombre, una fecha y una traición específica. Empezamos por el lugar exacto donde está hoy. La USP Colman forma parte de uno de los complejos penitenciarios federales más duros de Estados Unidos. Está al norte de Florida, en una zona rural rodeada de bosques bajos y carreteras secundarias por las que no pasa casi nadie.

El recinto es una sucesión de bloques de hormigón gris con torres de vigilancia, alambradas dobles y reflectores que no se apagan en toda la noche. Allí cumple condena gente que el Departamento de Justicia considera demasiado peligrosa para cualquier otro penal del país. Asesinos en serie, líderes de pandillas carcelarias, mafiosos italianos y un narco mexicano que en su mejor momento usaba relojes.

Audemar Spiguet conducía un Lamborghini murciélago amarillo y posaba para las revistas mexicanas en mansiones con piscina infinita. La celda en la que vive la Barbie mide aproximadamente 6 m². La cama es de hormigón fundido al suelo con un colchón de espuma de 4 cm encima. El inodoro está pegado al lavabo y los dos están a la vista de la puerta de barrotes.

La luz cenital se enciende a las 6 de la mañana y se apaga a las 10 de la noche todos los días, sin excepciones, sin domingos, sin Navidad. La ventana, si puede llamarse así, es una ranura vertical de unos 20 cm de ancho desde la que solo se ve el patio interior. No hay vista al exterior, no hay árboles, no hay horizonte. Cuando el patio está abierto, el confinamiento permite una hora al aire libre.

Esa hora se cumple en una jaula individual de malla de acero del tamaño de un garaje pequeño con techo abierto al cielo. La Barbie camina en círculos durante esa hora. No habla con otros internos, no puede. El régimen de su unidad lo prohíbe. Después regresa a su celda y la puerta se cierra hasta el día siguiente. Esto es lo que tiene hoy.

Pero para entender el peso real de esta caída, hay que devolver al espectador al hombre que entraba en una discoteca de Acapulco con cuatro escoltas, todos con a 47 cromados, y que pedía la mejor mesa con un gesto. Y eso lleva a un detalle del que casi nadie habla. Un detalle que explica por qué la Barbie llegó tan alto, tan rápido antes de caer así de profundo.

Edgar Valdés Villarreal nació en agosto de 1973 en Laredo, Texas. Ciudadano estadounidense de nacimiento con acta y pasaporte, cabello rubio, ojos claros, te muy blanca. Sus compañeros de la preparatoria United High School le pusieron el apodo de Barbie en un partido de fútbol americano del equipo escolar en referencia a una marca de muñecas que en ese momento era el símbolo de lo rubio y lo blanco en la cultura mexicana.

El apodo se le pegó de inmediato y los compañeros lo usaban en los pasillos. lo iba a usar el resto de su vida criminal y lo iba a convertir en una marca registrada del narcotráfico mexicano. Pero eso fue solo el principio, porque en los años 90, mientras otros chicos de Laredo se metían en problemas pequeños, Edgar empezó a cruzar la frontera con marihuana.

Pequeñas cantidades primero, luego más grandes. La patrulla fronteriza de Estados Unidos lo investigó por primera vez en 1998, pero un acta federal de 2010 establece que para entonces ya operaba con la organización que después se conocería como el cártel del Pacífico. A finales de los 90 cruzó a México y ya no volvió. La razón por la que cruzó es exactamente la razón por la que hoy está pagando una condena de 49 años y no es la que cree la mayoría.

Por lo tanto, hay que abrir el primer expediente de esta historia. El expediente que explica por qué la Barbie pasó de mover marihuana entre Laredo y Texas a convertirse en el sicario más temido del centro de México. A principios de los 2000, Arturo Beltrán Leiva, conocido como el Barbas, controlaba una de las facciones más poderosas del cártel de Sinaloa.

Necesitaba a alguien que cumpliera dos condiciones muy específicas, que fuera capaz de coordinar operaciones de violencia masiva en estados que no eran tradicionalmente suyos. y que tuviera capacidad de moverse en Estados Unidos sin levantar sospechas. Edgar cumplía las dos, hablaba inglés perfecto, tenía pasaporte estadounidense y según los informes desclasificados de la DEA en 2018, ya había demostrado en Nuevo Laredo una disposición particular hacia la violencia ejemplarizante.

La Barbie no mataba para esconder los cuerpos. La Barbie mataba para que los cuerpos se vieran. Su ascenso fue meteórico. En 2003 ya era jefe de plaza en Acapulco. En 2005 controlaba la región de Guerrero. En 2007 era el brazo armado de los Beltrán Leiva contra los Setas en una guerra que dejó miles de muertos en el centro del país.

Read More