Las mujeres se desmayaban en sus conciertos, igual que se desmayaban con Sinatra en los años 40, pero Sinatra tenía 68 años y Julio tenía 40. Y eso, la juventud de otro hombre haciendo lo que tú ya no puedes hacer, es la forma más cruel de espejo que existe. Un amigo cercano de Sinatra contó años después que una noche en Palme Springs, después de cenar, Sinatra puso un disco de Julio.
Lo escuchó entero, sin hablar, sin comentar. Cuando terminó, se sirvió otro whisky y dijo una sola frase: “El hijo de canta bien viniendo de Sinatra”. Eso era una ovación de pie. La gente alrededor de Sinatra empezó a notar algo. Cuando alguien mencionaba a Julio Iglesias en una conversación, Sinatra cambiaba de tema rápido, como quien aparta la mano de algo caliente.
Y los que conocían a Sinatra sabían que cuando Frank cambiaba de tema significaba que el tema le dolía. En 1984, Julio apareció en The Tonight Show con Johnny Carson. Carlson, que adoraba a Julio, le preguntó en vivo. Julio, ¿es verdad que Sinatra rechazó tu canción antes que tú? Julio sonríó. Esa sonrisa que era su mejor arma.
No es mi canción, dijo Julio. Las canciones no tienen dueño. Las canciones eligen quién las canta y esa canción me eligió a mí. Carson se ríó. El público aplaudió y esa noche en su casa de Palmes Prince Frank Sinatra vio la entrevista solo con un whisky y cuando Julio dijo, “Las canciones eligen quién las canta, Sinatra apagó la televisión.
No por rabia, por respeto, porque Sinatra, que había pasado toda su vida rodeado de personas que le decían lo que quería escuchar, acababa de escuchar a un hombre decir algo verdadero. Y la verdad, para un hombre como Sinatra, era más peligrosa que cualquier insulto. Pasaron los años 1985, 1986, 1990. Sinatra envejecía.
Su voz ya no era lo que fue. Los conciertos se espaciaban, las noches en Las Vegas se hacían más cortas. El rey estaba cansado. Y entonces, en 1993, Sinatra tomó una decisión que sorprendió a toda la industria musical. Iba a grabar un álbum de duetos. Duets. Cada canción con un artista diferente. Los más grandes del mundo.
Barbara Strisan, Tony Bennett, Bono, Areza Franklin, Lucer Vandros y Julio Iglesias. La llamada llegó a la casa de Julio en Miami un martes por la tarde. No de un representante, no de un productor. De Frank Sinatra. En persona, Julio estaba en el jardín cuando sonó el teléfono. Estaba podando unas rosas con las manos en la tierra.
Con el sol de Miami en la cara, su asistente salió y le dijo, “Es Frank Sinatra.” Julio se quedó quieto un segundo, solo un segundo. Se limpió las manos en los pantalones, se enderezó y caminó hacia el teléfono con la misma calma con la que caminaba hacia cualquier escenario, porque Julio sabía que las llamadas más importantes de la vida se reciben con la misma respiración que las llamadas que no importan.

y porque también sabía que este momento iba a llegar. No sabía cuándo, pero sabía que iba a llegar porque las canciones conectan a las personas tarde o temprano, siempre, julio. La voz de Sinatra, grave, rasposa, con ese acento de Nueva Jersey que hacía que cada palabra sonara como una orden, incluso cuando era una petición.
Frank, quiero que cantes conmigo. Silencio. Quiero que cantemos Summer Wind. ¿La conoces? La conozco. Bien, lo harás. Y aquí es donde la historia llega a un punto que necesitan entender completamente. Porque lo que Julio respondió en los siguientes 30 segundos define quién es Julio Iglesias mejor que cualquier disco, cualquier premio, cualquier estadio lleno.
Julio podría haber dicho que sí inmediatamente. Cualquiera lo habría hecho. Era Frank Sinatra. Era el honor más grande de la música americana. Decir que sí era lo fácil, lo seguro, lo esperado. Pero Julio no dijo que sí. Dijo, “Frank, antes de aceptar, necesito preguntarte algo. Silencio al otro lado.” Sinatra no estaba acostumbrado a condiciones.
Sinatra daba órdenes. No recibía preguntas. ¿Qué? Dijo Sinatra con un tono que estaba entre la curiosidad y la advertencia. En 1975 te enviaron una canción. To all the girls I’ve loved bfry.com laa rechazaste. Yo la canté y nunca supe por qué la rechazaste. Me lo puedes decir silencio largo, muy largo. Y entonces Frank Sinatra dijo algo que Julio nunca repitió en entrevistas, algo que solo se sabe porque años después, en una conversación privada, Julio se lo contó a un amigo cercano que eventualmente lo compartió. Sinatra
dijo, “La rechacé porque tenía miedo. Miedo de cantar una canción sobre mirar hacia atrás, porque si miraba hacia atrás iba a ver todo lo que perdí y en ese momento no estaba listo para eso. Pausa. Tú la cantaste sin miedo y por eso fue tuya.” Julio cerró los ojos. Del otro lado del teléfono, a 5,000 km, un hombre de 77 años acababa de admitir algo que nunca le había dicho a nadie y se lo había dicho a él, al español que cantaba su canción rechazada.
Frank, dijo Julio, será un honor cantar contigo, Summer Wind, se grabó por separado, Sinatra en un estudio de Los Ángeles, Julio en un estudio de Miami. Nunca estuvieron en la misma habitación durante la grabación. Así se hacían los duetos en los 90. Cada uno grababa su parte y la tecnología los unía. Pero hay algo que la gente no sabe.
Antes de grabar su parte, Julio hizo algo extraño. Pidió que pusieran la pista de Sinatra en los auriculares. Solo la voz de Sinatra, sin música, sin arreglos, solo Frank. Y la escuchó entera tres veces, con los ojos cerrados. En un estudio vacío de Miami, su ingeniero de sonido le preguntó por qué. Julio respondió, porque quiero cantar con él.
No después de él, no encima de él, con él. Y para cantar con alguien, primero tienes que escucharlo respirar. Duets salió en noviembre de 1993. Vendió 15 millones de copias en todo el mundo. Fue el disco más vendido de Sinatra en tres décadas. A los 77 años, Frank Sinatra volvió a ser número uno y Summer Wind fue una de las canciones más elogiadas del álbum.
Los críticos que esperaban un choque de estilos encontraron algo diferente, una conversación, dos voces que no deberían funcionar juntas, una americana, vieja, cansada, llena de whisky y de noches largas, y otra española, cálida, romántica, llena de sol y de canciones de amor.
Encajaron como dos piezas de un rompecabezas que nadie sabía que existía. Hay un momento en la grabación, minuto 2, verso 3, donde la voz de Sinatra tiembla. No por error, por edad, por vida. Y exactamente en ese momento, la voz de Julio entra por debajo como una mano que sostiene a alguien que está a punto de caer.
