CEO y el que decidía de qué color se pintaba el vestuario.

Mao mandaba sobre el campo, Mbappé manda sobre el césped. Aquí está la diferencia. A Mao tenías que obedecerle porque si no acababas en un campo de reeducación. A Mbappé tienes que obedecerle porque si no Florentino Pérez entra en depresión. Mao jugaba con el destino de un país. Mbappé juega con el ego del club más grande de la historia.
Mientras Mao hacía planes de 5 años, Mbappé hacía planes de “Me quedo 2 años, cobro la prima de fidelidad de 80 kg y luego ya veremos.” Eso es ser un genio del mal. Pero ojo, ¿a qué dictador nos referimos? al Mbappé de 2018, el joven que conquistó el mundo con una sonrisa al Mbappé de 2022, el que puso a rodillas para cobrar la mayor prima de la historia o al Mbappé de 2024, el que llegó al Bernabéu gratis, entre comillas, después de haber toreado a todo el mundo.
Al final, Mao tiene una estatua en Pekín, pero Mbappé tiene una cuenta bancaria que podría comprar Pekín entera. Mao cambió el mundo, pero Mbappé consiguió que nos pasáramos 7 años hablando de su futuro cada puñetero día. Si eso no es control mental absoluto, que baje Dios y lo vea. Veredicto Mao era un principiante.
