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¡AHORITA LE SACO EL DINERO! EL CHAT CLAVE QUE PUSO CONTRA LA PARED A FERNANDO YAEL ‘N’

¡AHORITA LE SACO EL DINERO! EL CHAT CLAVE QUE PUSO CONTRA LA PARED A FERNANDO YAEL ‘N’

Entre la 1:20 y la 1:40 de la madrugada, el chat se quedó en silencio. 20 minutos, solo 20. Pero en una investigación criminal, 20 minutos pueden ser una eternidad. Afuera de una casa en la calle Grabados, colonia 20 de noviembre, alcaldía Benustiano Carranza, un amigo esperaba. Adentro, según las versiones periodísticas y los datos que ya revisa la fiscalía, Fernando Yaelé discutía con su madre Teresa Guadalupe Molina Hernández.

 La razón que aparecen los mensajes es brutal por lo simple. Dinero, 2,000 pes. Una salida, alcohol, una sustancia que en el chat él mismo habría llamado el beri y una frase que ahora pesa como una piedra dentro de la carpeta. Ahorita le saco el dinero. Lo confirmado hasta ahora ya es grave. Teresa Guadalupe, una mujer de 55 años, trabajadora de una empresa de telecomunicaciones, fue reportada como desaparecida.

 Su propio hijo dijo que ella había salido de su domicilio rumbo al centro histórico y que ya no volvió a comunicarse. Pero esa versión empezó a romperse cuando las cámaras, la telefonía y las diligencias ministeriales comenzaron a contar otra historia. Teresa habría entrado a su casa, pero no hay registro público de que haya salido de ahí.

 Y aquí viene lo extraño. No fue una desaparición denunciada de inmediato. Según distintas publicaciones, la ausencia se reportó casi una semana después. En ese tiempo, de acuerdo con reportes periodísticos, Fernando Yael siguió con actividades cotidianas. Asistió a clases. Habría usado el automóvil, tarjetas bancarias y dinero de su madre.

 Nada de eso prueba culpabilidad por sí solo, pero sí abre una pregunta incómoda. ¿Qué estaba pasando dentro de esa casa mientras Teresa ya no aparecía? Antes de seguir, suscríbete a Alerta Roja, porque aquí vamos caso por caso, pista por pista, hasta donde otros no quieren mirar. La casa marcada con el número 286 de la calle Grabados no era al principio una escena pública de horror.

 Era una vivienda de la colonia 20 de noviembre, una casa donde madre e hijo vivían. Un lugar que según versiones periodísticas también tenía una accesoria vinculada a la venta de esencias y perfumes, una fachada común, una calle de barrio, una rutina aparentemente normal. Pero la rutina se rompió cuando Teresa Guadalupe dejó de aparecer y cuando sus compañeras de trabajo comenzaron a notar su ausencia.

 Fernando Yael, presentado en distintas notas como estudiante de la escuela bancaria y comercial, apareció ante cámaras hablando de su madre. Dijo que era un golpe muy fuerte. Dijo que dependía completamente de ella. Dijo que no tenía información amplia. Dijo que su mamá estaba cerca de la jubilación y que quería viajar.

 Esa imagen, la del hijo preocupado, quedó grabada, pero un día después la historia dio un giro. Ese joven que pedía ayuda terminó detenido por agentes de la Fiscalía capitalina, señalado por su probable participación en la desaparición de su propia madre. Ese detalle cambia todo, porque cuando alguien denuncia una desaparición, la investigación suele mirar hacia afuera.

Rutas, transporte, cámaras en calles, contactos, amenazas, posibles secuestros. Pero cuando la fiscalía dice que las cámaras, la telefonía y los peritajes contradicen la versión del denunciante, la mirada regresa al punto de origen. Regresa a la puerta, regresa al pasillo, regresa al baño, regresa a la recámara, regresa al último lugar donde Teresa habría sido vista con vida, su propio domicilio.

 El 5 de mayo, peritos y agentes de investigación entraron al inmueble. Ahí, según los reportes, localizaron indicios biológicos, rastros semáticos, manchas que habrían sido limpiadas o tratadas de ocultar. Algunas publicaciones hablan de sangre en una habitación y en el baño. Excelio reportó que el inmueble quedó asegurado dentro de una carpeta de investigación.

 Esto no confirma públicamente cómo ocurrieron los hechos, pero sí sostiene una hipótesis central. Teresa pudo haber sido agredida dentro de su propia casa, pero hay más. El 11 de mayo, Telediario reportó un nuevo hallazgo. Peritos habrían detectado rastros de sangre en el interior de un Seat Visa, propiedad de Teresa Guadalupe, mediante Luminol.

 Si esa línea se confirma dentro del expediente, el vehículo deja de ser solo un objeto usado después de la desaparición y se convierte en una pieza clave para reconstruir movimientos, posibles traslados y tiempos, porque un auto puede guardar lo que alguien intenta borrar. Fibras, manchas, huellas, rutas, cámaras de gasolineras, arcos viales, estacionamientos, placas captadas en la calle y entonces aparece el chat.

 Los mensajes presuntamente enviados por Fernando Yael a un amigo la madrugada en que todo habría ocurrido. Ahí, según las capturas difundidas por Carlos Jiménez y retomadas por varios medios, el joven hablaba de salir, de conseguir dinero, de que su madre se había molestado por temas escolares, de que ya no le daría nada.

 El amigo afuera habría escuchado ruidos y preguntó si todo estaba bien. Luego vino el silencio 20 minutos. Después la respuesta que su mamá le había gritado, que se había enojado, que ya no lo dejarían salir. Esto no cierra. Si todo era una discusión común, ¿por qué Teresa desapareció? Si ella supuestamente salió rumbo al centro histórico, ¿por qué las cámaras la ubican entrando a casa y no saliendo? Si se fue de viaje, como habría sugerido su hijo al denunciar días después, ¿por qué familiares y personas cercanas dijeron desconocer cualquier plan así? Y si todo

fue una confusión, ¿por qué aparecen rastros biológicos en la vivienda y según nuevos reportes, indicios de sangre en su automóvil? Lo más inquietante es que Teresa sigue sin ser localizada oficialmente. La fiscalía no ha informado públicamente el hallazgo de su cuerpo. Eso obliga a ser precisos.

 Fernando Yael N tiene sentencia. Está vinculado a proceso por desaparición cometida por particulares agravada. La investigación continúa, pero el vacío de Teresa, su ausencia, su teléfono, su casa, su coche, sus tarjetas y ese chat componen una escena difícil de mirar sin sentir que algo se quiso tapar. La pregunta central es devastadora.

 Teresa Guadalupe salió de esa casa como dijo su hijo, ¿o nunca salió? Y si nunca salió, ¿qué ocurrió durante esos 20 minutos en los que el chat se apagó? Para entender la dimensión del caso, hay que reconstruirlo sin correr. Primero, la versión inicial. Fernando Yael Né acude ante la autoridad y dice que su madre salió de su casa hacia el centro histórico y que después perdió contacto con ella.

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