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Angélica Rivera: Las 6 Terribles Palabras que Llevaron a la Gaviota a Perderlo Todo

3 minutos. Eso le bastó a Angélica Rivera para destruir su propia vida. Quédate conmigo porque hoy vas a descubrir la terrible verdad que ella misma ha callado durante 11 años, 3 minutos y 47 segundos. En ese tiempo, la mujer más poderosa de México firmó su propia sentencia frente a una cámara que nadie le había pedido encender.

Al final de ese video pronunció seis palabras que le arrebatarían todo lo que tenía. Yo no tengo nada que esconder. 5 años después, esas seis palabras habían devorado su matrimonio, al hombre por el que lo había sacrificado todo y la vida de primera dama más mediática que México había visto en décadas y 11 años después.

Angélica Rivera todavía no ha explicado por qué lo hizo. Muchos creen que su divorcio empezó con una foto de paparazzi en Madrid junto a una modelo rubia. Se equivocan. Muchos creen que empezó cuando terminó el sexenio en 2018. También se equivocan. Empezó la noche del 18 de noviembre de 2014. En ese video, en esas seis palabras, cuando ella decidió dar el paso que ni el propio presidente se atrevió a dar, en los próximos minutos vas a descubrir las cuatro verdades ocultas que cambian por completo esta historia.

Y la última, la cuarta fue la que la destruyó por dentro. La primera, la carta que un sacerdote le envió al gobernador Peña Nieto tres semanas antes de la boda de Toluca, advirtiéndole que la boda se iba a celebrar sobre una mentira. La segunda, la carta que escribió de puño y letra su primer marido, José Alberto el gerero Castro, desmintiendo por escrito la versión que la Iglesia aceptó como verdadera.

La tercera, las matemáticas que la delataron, los números que demostraron que era imposible que Angélica hubiera comprado la Casa Blanca con el dinero que dijo haber ganado. Y la cuarta, la confesión íntima que Angélica Rivera dejó escapar frente a una periodista de Telemundo en un pasillo del aeropuerto de Ciudad de México cuando creyó que nadie la escuchaba.

Unas palabras que ninguna otra primera dama de México se habría atrevido a pronunciar. y que revelan quién es ella realmente detrás del personaje. Guarda esa confesión, aparece al final y lo explica todo porque aquí está la trampa que casi nadie ve. El video de 3 minutos no fue un accidente, no fue un error puntual de una mujer nerviosa frente a una cámara.

Fue el resultado inevitable de una cadena de decisiones que empezó mucho antes de esa noche. Decisiones que ella tomó, decisiones que otros tomaron por ella. y silencios que se fueron acumulando durante años hasta que en noviembre de 2014 todo explotó de golpe. Para entender como una mujer con todo en la mano lo tira en 3 minutos, hay que conocer a la mujer que estaba detrás de la gaviota, la que nadie vio, la que Televisa construyó pieza por pieza durante 20 años. Ahí empieza todo.

La gaviota nació dos veces. La primera vez en agosto de 1969 en una casa común de Ciudad de México, Angélica Rivera Hurtado, una familia sin apellidos, sin contactos, sin dinero. La segunda vez fue en 1987. Tenía 17 años y un concurso de modelaje del periódico El Heraldo de México la coronó ganadora.

Al día siguiente, Televisa la llamó. En 1988 debutó en Dulce Desafío con pequeños papeles. La estrella de esa novela era Adela Noriega. Angélica miraba, miraba a Adela, miraba cómo funcionaba la máquina y entendió una regla silenciosa. En Televisa había dos tipos de mujeres, las que se veían en la pantalla y las que desaparecían después de un par de papeles.

Ella decidió ser la primera, cueste lo que cueste. 7 años después lo consiguió. En 1995 protagonizó La dueña, la telenovela con mayor rating del año. Luego vinieron Ángela Sino, Concebido, Mariana de la noche, una carrera en ascenso imparable. Pero detrás de los aplausos, Angélica Rivera estaba tomando una decisión silenciosa, una decisión que iba a cambiarlo todo.

En 2007, con 37 años y dos décadas dentro de Televisa, había aprendido una lección que pocas actrices entendían. En México la fama sin poder no dura y el poder vive en los edificios oficiales, no en los foros de Televisa. Ella lo entendió antes que el resto y un año más tarde iba a dar el salto que ninguna otra actriz se había atrevido a dar, pero antes llegó el papel que la convirtió en leyenda.

22 de enero de 2007. Destilando amor se estrena en Canal de las Estrellas. Ella interpreta a una gimadora humilde que corta a Gabe bajo el sol de Jalisco. Trenzas, botas de ule, la piel tostada por el sol. Su nombre de ficción era Teresa Mariana Franco. Pero nadie la llamó así. La llamaron La Gaviota. La telenovela rompió todos los récords, 13,6 puntos de rating, más de 50 países.

Su contrato con Televisa llegaba a $10,000 al mes, casi 2 millones de dólares al año. Pero fíjate bien en este dato, porque dentro de unos minutos alguien va a hacer cuentas con ese salario y las cuentas no van a cuadrar. Y mientras Angélica Rivera grababa destilando amor, algo que nadie contó en su momento estaba ocurriendo dentro de su casa.

Su matrimonio se moría en silencio. Llevaba desde los 19 años con un hombre, José Alberto Castro, el Gerüero, productor de Televisa, hermano mayor de Verónica Castro. Con él había tenido tres hijas, Sofía, Fernanda y Regina. Y después de 14 años de unión libre, se habían casado por lo civil y por la iglesia en diciembre de 2004.

Después de 14 años de insistir en casarme por la ley y por la iglesia, le contó ella misma a la revista quién en 2009. José Alberto no me quería complacer porque no era su ideología y siempre me lo dijo. Ella había suplicado esa boda religiosa. Ahora, en 2008, estaba a punto de pedir que la anularan. ¿Por qué? Por un hombre, un hombre al que la mayoría de los mexicanos conoce, pero del que muy pocos conocen el pasado real.

Y ese pasado, te lo digo desde ahora, es la pieza que explica todo lo que vas a ver después. La Casa Blanca, el video, la humillación de Madrid. Nada de eso se entiende sin este hombre. 5 de abril de 2008. una oficina en Lomas de Chapultepec, Ciudad de México. Angélica Rivera entra a despachar con un gobernador. Un gobernador que había enviudado apenas 15 meses antes.

Un gobernador que, según documentó el escritor Alberto Tavira, había pedido a Televisa un informe con los nombres de las actrices mejor posicionadas y más respetadas del país. El gobernador se llama Enrique Peña Nieto. Pero antes de seguir hay que hablar de la viudez, porque Peña Nieto no era un hombre libre en el sentido emocional.

15 meses antes de que Angélica Rivera entrara a esa oficina, el 11 de enero de 2007 había muerto su esposa Mónica Pretelini Sains a los 44 años, madre de sus tres hijos mayores. La versión oficial habló de un paro cardíaco tras una crisis epiléptica. La versión extraoficial que circuló en medios como proceso habló de otra cosa, de una sobredosis de somníferos, de un matrimonio que llevaba meses roto, de infidelidades múltiples del gobernador con otras mujeres, con hombres, con domicilios y con hijos que él apenas reconocía. A esas mujeres vamos a volver

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