años cuando su padre se corona. Es demasiado pequeña para recordar la ceremonia, pero toda su vida crecerá con las consecuencias de ese día. Porque ahora no es solo la hija de Resán, es su alteza imperial, la princesa Fatemé Palabi, sangre real, aunque sea de una realeza recién inventada, aunque su madre nunca reciba el título oficial de reina, porque ese honor, por razones políticas complicadas, le pertenece a Taj Olmoluk, la madre de Mohammad Resa, el heredero.
Imaginen crecer en ese ambiente. Palacio de mármol blanco con 150 habitaciones, sirvientes que se inclinan cuando pasas, tutores privados que te enseñan persa, francés, inglés, jardines tan grandes que puedes perderte en ellos y al mismo tiempo una madre que nunca será reina, hermanos que nunca heredarán el trono. La sensación constante de estar cerca del poder, pero no en el centro del poder.
La infancia de Fatemé está marcada por esta dualidad extraña. Es princesa, pero no la heredera. Es rica más allá de toda imaginación, pero su futuro ya está decidido. Se casará con alguien apropiado, tendrá hijos, desaparecerá en la vida doméstica de las mujeres de la realeza. Así funciona. Así ha funcionado siempre.
Pero Irán en los años 30 está cambiando. Reza Sha moderniza todo. Construye el ferrocarril transiraní conectando el Golfo Pérsico con el Mar Caspio. 1420 km de vías a través de montañas, desiertos, valles. Establece la Universidad de Teerán en 1934. Prohíbe el velo en 1936, aunque esa ley causa disturbios y resentimiento que nunca desaparecen completamente.
Obliga a todos los iraníes a adoptar apellidos. Moderniza el ejército con armas alemanas. Construye fábricas, hospitales, escuelas. Fáteme crece viendo a su padre transformar un país feudal en algo que se parece a una nación moderna. O al menos esa es la versión oficial. La realidad es más complicada. Resha es un modernizador, pero también un autocócrata brutal.
destruye a las tribus nómadas que no se someten, centraliza todo el poder, no tolera disidencia, encarcela a periodistas, ejecuta a opositores. Pero para una niña de 8, 9, 10 años viviendo en el palacio de mármol, esas oscuridades son invisibles. Lo que ve es a un padre poderoso que puede hacer que las cosas sucedan con solo ordenarlo.
Lo que no ve es el miedo que inspira, la ira que está acumulándose en las clases bajas, el resentimiento de los clérigos cuyo poder está siendo erosionado. Fatemé es educada como todas las princesas pajlaví, idiomas, historia, literatura, pero también hay algo más. Su padre, obsesionado con la modernización insiste en que sus hijas reciban educación real, no solo adornos culturales, matemáticas, ciencias, geografía, quiere demostrar que las mujeres iraníes pueden ser tan educadas como las europeas.
Es una posición progresista envuelta en una contradicción patriarcal. Sí, educa a tus hijas, pero solo hasta cierto punto nunca podrán gobernar, nunca tendrán poder político real. Pero pueden ser símbolos útiles de un Irán moderno. Y entonces, en 1941, cuando Fáteme tiene 12 años, el mundo que conoce colapsa.
1941, verano. Europa está en llamas. Hitler controla casi todo el continente. La Unión Soviética, que firmó un pacto de no agresión con Alemania en 1939, fue traicionada cuando los nazis invadieron en junio de 1941. Ahora Stalin necesita desesperadamente suministros occidentales. Pero, ¿cómo llegan esos suministros desde Gran Bretaña y Estados Unidos hasta Rusia? No pueden ir por el Mediterráneo porque está controlado por el eje.
No pueden ir por el báltico porque está bloqueado. La solución el corredor iraní. Ferrocarril transiraní que Resasá construyó con tanto orgullo desde los puertos del Golfo Pérsico hasta el mar Caspio. Desde ahí directamente a la Unión Soviética. Resa Shaj dice no declaró a Irán neutral en 1939. No quiere involucrarse en la guerra europea, no quiere tropas extranjeras en su país.
Ya vio lo que pasó en la Primera Guerra Mundial cuando británicos, rusos, otomanos usaron Irán como campo de batalla. No otra vez. Pero la neutralidad solo funciona si eres lo suficientemente fuerte para defenderla. Irán no lo es. 25 de agosto de 1941, 5 de la madrugada, tanques británicos cruzan la frontera desde Irak. El HMS Shorham y otros barcos de guerra británicos capturan puertos iraníes en el Golfo Pérsico.
Simultáneamente desde el norte, tropas soviéticas invaden 40,000 soldados, 500 tanques. Aviones bombardean aeródromos iraníes. El ejército iraní, el mismo ejército que Resa Shaá construyó y modernizó durante 20 años, colapsa en días. No hay resistencia significativa. Los soldados se rinden o huyen. Los oficiales cambian de uniforme y desaparecen en las montañas.
Para el 16 de septiembre todo termina. Las fuerzas anglosoviéticas controlan las ciudades principales, controlan el ferrocarril, controlan los campos petroleros, controlan Irán y le dan un ultimátum a Resashá Abdica o te matamos. Fatem tiene 12 años cuando ve a su padre roto, el hombre más poderoso de Irán, el que podía ordenar la construcción de ciudades, el que ejecutaba a sus enemigos sin pestañar, reducido a un anciano asustado negociando su vida.
16 de septiembre de 1941. El parlamento se reúne en sesión especial. El primer ministro Mohamad Ali Foroji, viejo amigo de rea Shah, ahora su verdugo anuncia la abdicación. Mohamad reza Pajlaví, 21 años, toma el juramento como nuevo shade, frente a parlamentarios que aplauden con alivio porque al menos conservan la monarquía, Mohamad reza, se convierte en rey de reyes.
Las calles de Teerán se llenan de gente celebrando, no porque amen al nuevo Shaj, sino porque odian al viejo. Esta noche en el palacio de mármol, Smat hace las maletas, algunas de ellas las más urgentes, joyas, documentos, fotografías, ropa para un viaje que no sabe cuánto durará. Resashaá es enviado al exilio, primero a Isfah bajo vigilancia británica.
Luego lo mueven a Mauricio, una isla en el océano índico, lejos, segura, donde no puede causar problemas. Smart lo acompaña por lealtad, por amor, por costumbre, pero en meses regresa, trae a sus hijos de vuelta a Teerán. Se instala en una casa más modesta que el Palacio de mármol, adopta un perfil bajo, baja la cabeza, sobrevive.
Resa Shá nunca vuelve a ver Irán. Los británicos lo mueven de Mauricio a Sudáfrica en 1942. Johannesburgo, una mansión en Parktown bajo el sol africano que no se parece en nada al sol persa. 26 de julio de 1944. Reza Sha Palab 66 años. Solo amargado. Su cuerpo es preservado temporalmente en el Cairo porque Irán todavía está ocupado y es demasiado peligroso transportar el cadáver de un dictador caído.
En 1950, sus restos finalmente regresan a Irán. Mohamad reza, ahora consolidado como Sha, construye un mausoleo para su padre en Ray, al sur de Teerán. Fáteme tiene 15 años cuando su padre muere. Lo llora, los documentos no registran lágrimas. No hay diarios personales publicados, no hay cartas, solo silencio.
Lo que sí sabemos es que su medio hermano Mohamad Resa, es ahora el Sha, 21 años, atterrorizado. Los británicos lo instalaron porque era débil, maleable, joven. Piensan que pueden controlarlo. Los diplomáticos americanos y británicos en sus informes confidenciales, lo llaman cobarde, indeciso, incapaz de tomar decisiones.
lo comparan desfavorablemente con su padre, dicen que nunca será un líder fuerte. Durante los próximos años, toda la adolescencia tardía de Fátima e Irán es un caos. Tropas extranjeras ocupan el país. El gobierno central es débil. Las tribus se revelan. Los comunistas del partido Tude ganan poder.
En Azerbaián, con apoyo soviético, se establece una república autónoma que desafía a Teerán. Y en medio de todo esto, Fáteme se convierte en mujer, 16, 17, 18 años. Ya no es la niña del palacio de mármol. Ese palacio ahora pertenece a otra era. Su hermano, el Sha, vive en el Palacio Golestán tratando de aprender a gobernar. Su madre vive quieta, evitando atención.
Sus hermanos mayores Abdul Resa, Ahmad Resa, Mahmud Resa, entran en carreras militares porque es lo que se espera de los príncipes Pajlavi. Hamid rea, el menor, todavía es un niño. Y Fáteme, ¿qué se espera de una princesa en un país que casi colapsa? La respuesta llega en 1947. Tiene 19 años, va a América.
1947, Fatemé tiene 19 años. hace algo inesperado para una princesa persa en ese momento histórico. Se va sola a Estados Unidos. Bueno, no completamente sola, va acompañada de su dama de compañía, Cocap Muarefi, joven también de edad similar. Destino: Spartanburg, Carolina del Sur, Converse College, una universidad liberal para mujeres fundada en 1889.
1000 estudiantes. Campus de 70 acres con edificios de ladrillo rojo estilo georgiano, lejos, muy lejos del caos de Teerán, de la ocupación extranjera, de un hermano Sha que apenas sabe gobernar. Es el año académico 1947 hasta 1948. Fatemé y COCAB se matriculan juntas, viven en el mismo dormitorio, estudian que los registros no especifican.
Artes liberales, probablemente literatura, historia, los currículos típicos para señoritas de buena familia en universidades americanas de la época. Imagina el choque cultural. Una princesa persa que creció en palacios de mármol, rodeada de sirvientes, ahora viviendo en un dormitorio compartido en Carolina del Sur, 1947.
El sur todavía segregado. Jim Crow en plena vigencia. Spartanburg, una ciudad textilera de 36,000 habitantes, conservadora, bautista, donde las mujeres usan vestidos hasta las rodillas y sombreros los domingos. Le gusta, se siente libre o extraña, te erán. No tenemos sus palabras. No escribió memorias, no dio entrevistas sobre esos meses en América. Pero sabemos esto.
En la primavera de 1948, después de solo un año académico, Fatem se va. regresa a Irán, no se gradúa, no obtiene un título. Cocab Muarefi se queda, completa sus estudios, se gradúa en 1950, vive su vida americana. Eventualmente regresa a Irán, pero por ahora, en 1948 toma una decisión diferente a la de Fáteme.
¿Por qué Fateme volvió nostalgia, presión familiar, aburrimiento con la vida provinciana de Espartan? después de la intensidad de Teerán. O tal vez porque ya conoció a alguien, tal vez porque alguien la esperaba, alguien que había visitado Irán, alguien americano, alto, rubio, encantador. Vincent Lee Hillier. Nac. Importador. Exportador.
Eso es lo que dicen los documentos. ¿Qué importaba? ¿Qué exportaba? No está claro. Lo que sí está claro es que era amigo de Abdul Reza Palabí, uno de los hermanos mayores de Fateme. Se conocieron cuando Hillier visitó Irán en algún momento de los años 40. Negocios, conexiones, el tipo de redes que los jóvenes ricos construyen internacionalmente.
Vincent ve a Fáteme. Fáteme ve a Vincent y algo sucede. Amor, atracción, rebelión contra las expectativas. probablemente una mezcla de las tres, porque esto es 1949, principios de 1950. Fatemé tiene 21 años, una princesa iraní. Se supone que se case con alguien apropiado, un noble persa, alguien de buena familia, alguien que el sha apruebe completamente, no un católico romano de California.
Pero Vincent está dispuesto a convertirse, acepta el Islam. Toma el nombre de Aliagar, aprende las oraciones básicas. Se compromete al menos superficialmente con todo lo necesario para que el matrimonio sea aceptable. 13 de abril de 1950. Civitabequia, un puerto italiano al noroeste de Roma. ¿Por qué Italia? Tal vez porque es neutral.
Tal vez porque Paris y Londres están demasiado cerca de la política persa. Tal vez solo porque es romántico. Ceremonia civil. una oficiante italiano que apenas habla inglés. Testigos que probablemente no entienden la magnitud de lo que está ocurriendo. Fatem Palabi se casa con Vincent Lee Hillier. Ella tiene 21 años, 8 meses, 13 días. Él tiene 26.
Menos de un mes después, el 10 de mayo de 1950, ceremonia religiosa en la embajada iraní en París. Esta vez con todos los rituales islámicos apropiados. Un mulá. Oraciones en árabe. Vincent ahora Aliagar recitando la shahada probablemente sin entender completamente lo que significa. El matrimonio se hace oficial.
Legal en Italia, legal en Francia, legal en Irán. Pero hay un problema enorme. Mohamedad reza Palabi Shah de Irán, hermano mayor de Fatemé, no aprueba completamente. No puede prohibirlo. Ella ya es adulta. El matrimonio ya se realizó, pero tampoco lo celebra. Las reacciones en Irán son complicadas y llenas de prejuicio. Los periódicos de Teerán publican la noticia con titulares cautelosos.
Una princesa Palabi casándose con un extranjero, un americano. ¿Qué dirá la gente conservadora? ¿Qué dirán los religiosos que ya están molestos con la occidentalización forzada del país? Peor aún, ¿qué dirán sobre la dinastía Pahlaví, que apenas tiene 25 años? El Shah Mohammad rea está tratando de consolidar su poder.
Cada escándalo, cada controversia lo debilita. Y esto su hermana casándose con un extranjero es combustible para sus enemigos. Fáteme queda de cierta manera marginada de la corte imperial, no exiliada formalmente, no repudiada oficialmente, pero hay distancia, frialdad, el tipo de castigo silencioso que las familias reales practican también.
Fáteme y Vincent establecen una vida entre dos continentes. Pasan temporadas en Irán. Fáteme todavía es princesa. Todavía tiene acceso a dinero, a propiedades, pero también viven en Estados Unidos, Santa Mónica, California. Una casa frente al Pacífico, palmeras, aire salado, lejos de los juicios de Teerán. 1952 aproximadamente tienen un hijo, Kean Hiller o Kean Palaby, dependiendo de qué documentos mires.
El primer nieto de Esmat Daula Chay, un bebé medio americano, medio iraní, totalmente complicado. Luego otro hijo, Darius, y una hija, Rana. Durante un tiempo, tal vez las cosas funcionan. Tienen tres hijos. Viven confortablemente. Vincent maneja sus negocios de importación exportación. Fateme navega entre ser madre americana en California y Princesa persa en visitas ocasionales a Teerán.
Pero hay rumores, siempre hay rumores que Vincent bebe, que es violento, que el matrimonio no es feliz. Un nieto de Fáteme, años después en un foro de internet, defenderá a su abuelo Vincent contra acusaciones de maltrato. Otros dirán que era inmoral, que golpeaba a su esposa. ¿Qué es verdad? No lo sé. El abuso doméstico en los años 50 rara vez se documentaba oficialmente.
Las mujeres, incluso las princesas, raramente hablaban, sufrían en privado o escapaban si podían. Lo que sí sabemos con certeza, en 1954 algo terrible sucede. Rana muere la bebé. Una caída accidental, dicen los certificados de defunción. ¿Cuántos años tenía? Dos. Menos. Los registros no especifican.
Una caída accidental en la infancia. Cinco palabras que encierran una tragedia que nunca se explicará completamente. ¿Cómo cayó de las escaleras de la cuna? Alguien la sostenía cuando cayó. ¿Dónde estaba Fateme? ¿Dónde estaba Vincent? No hay respuestas, solo un certificado de defunción en algún archivo de California que dice caída accidental, causa de muerte, trauma y una bebé que tenía nombre y apellido, pero no tuvo tiempo de tener historia.
Fáteme tiene 25 26 años cuando pierde a Rana. Acaba de entrar en la edad en que las mujeres de su generación son definidas por la maternidad. Tiene dos hijos vivos, pero también tiene una tumba que visitar, si es que la visita, si es que puede soportarlo. Le cuenta a su madre, SMAT está en Teerán, a miles de kilómetros, viviendo su vida tranquila post exilio.
“Vuela Fatemé de regreso para llorar con ella o se queda en California, en esa casa frente al mar, donde cada habitación probablemente tiene recuerdos de una niña que ya no está.” llama a sus hermanos. Abdul Reza ahora es general en el ejército iraní. Ahmad Reza también militar. Mahmud Reza lo mismo. Todos atrapados en sus propias vidas, en sus propias carreras, tratando de mantenerse relevantes en un país que está cambiando rápidamente.
Llama Al Sha, su hermano Mohammad Reza en 1954. Está lidiando con sus propios problemas. Su primer matrimonio con la princesa egipcia Fausia terminó en divorcio en 1948 porque ella no le dio un hijo varón. Se casó en 1951 con Soraya Esfandiari, bella, educada en Suiza, adorada por el pueblo, pero tampoco puede tener hijos. El matrimonio está destinado a terminar en divorcio en 1958 por la misma razón, infertilidad.
Así que cuando Fáteme pierde a su hija en 1954, su hermano Elsha está obsesionado con su propia crisis de herederos. ¿Tiene tiempo para consolar a una hermana que perdió a un bebé? Tal vez, tal vez. No. Los siguientes 5 años del matrimonio de Fáteme son un misterio. Sabemos que continúan viviendo juntos.
Sabemos que no tienen más hijos después de rana. Sabemos que el matrimonio no mejora. Y en septiembre de 1959 termina septiembre de 1959. Divorcio los papeles se firman en alguna oficina en California o tal vez en Irán. Fateme Palabi y Vincent Lee Hiller terminan legalmente, lo que probablemente terminó emocionalmente años atrás.
Ella tiene 30 años, 11 meses, dos hijos, Kaiban y Darius, ahora con 7 y 6 años aproximadamente, una hija muerta, un matrimonio fallido y una decisión que tomar, qué hacer con el resto de su vida. Regresa a Irán. Teerán en 1959 es diferente de la ciudad que dejó en 1950. Su hermano Mohamad Resa, el Shah, ha sobrevivido un golpe de estado en 1953, cuando el primer ministro Mohamad Mosadec intentó nacionalizar el petróleo y reducir el poder del Sha.
La CIA y el Mise británico organizaron la operación Ajax, derrocaron a Mossadeg, reinstalaron al Shah. Ahora Mohamad rea es más fuerte, más autocrático, más paranoico también. El país está en medio de lo que el Sha llama la revolución blanca, reformas modernizadoras, reforma agraria, derechos de voto para las mujeres, programas de alfabetización, pero también represión brutal.
Sabac, la policía secreta, tortura a disidentes en prisiones subterráneas. La riqueza del petróleo está transformando Teerán en una ciudad de contrastes grotescos. Barrios ricos con Mercedes y champán francés al lado de barrios pobres sin agua corriente. Patemé vuelve a este Irán divorciada, vulnerable, pero todavía princesa, todavía con acceso a la corte imperial y encuentra a alguien.
Mohammad Amir Jatami, nacido el 9 de marzo de 1920 en Rashd, una ciudad verde y húmeda junto al mar Caspio, su padre, propietario de una casa de té que luego se dedicó a bienes raíces. Su madre, con conexiones familiares lejanas, tanto con figuras religiosas importantes como con la vieja dinastía Cajar, sangre mezclada, clase media ascendente, el tipo de familia que la modernización de Resa Sha permitió prosperar.
Hatami fue a la escuela americana en Teeran Albors High School, donde los hijos de la élite aprendían inglés y ciencias junto con el currículo persa tradicional, luego la Academia Militar. En 1939, con 19 años ingresó a la rama de aviación. Se graduó como segundo teniente, después Inglaterra, Royal Air Force College Cranwell, la misma academia donde se entrenaron generaciones de pilotos británicos.
Hatami aprende a volar speedfires, hurricanes. Aprende disciplina militar británica. Aprende que el poder viene de controlar el aire. Regresa a Irán. Asciende rápidamente en 1946. A los 26 años es nombrado piloto personal del Shah Mohamad Resa. Esto es enorme. El piloto personal del Sha no es solo un chóer aéreo.
Es un confidente, un guardaespaldas, alguien en quien el Sha confía su vida literalmente cada vez que despega. Y Hatami demuestra esa confianza en el momento más crítico. 16 de agosto de 1953. 3 días antes del golpe que restaurará el poder absoluto del Shah, Mohamad Resa acaba de intentar despedir a Mosadeg como primer ministro usando un decreto real, pero Mosadek se niega a aceptar el decreto. El ejército se divide.
Parece que el Sha va a perder. A medianoche, Hatami prepara un avión. El Sha, su segunda esposa Soraya y un puñado de asesores, suben a bordo. Despegan de Teerán, primero a Bagdad, después a Roma. El sha está huyendo. Piensa que todo terminó, que la monarquía Palaví durará solo 28 años. Pero tres días después, el 19 de agosto, el golpe de la CIA tiene éxito. Mosadek es arrestado.

El Sha es invitado a regresar. Hatami pilotea el avión que lo trae de vuelta triunfante. Desde ese momento, Hatami es intocable. El hombre que salvó al Sha cuando todos los demás lo abandonaron. Es ascendido a general, condecorado, enriquecido. En 1957, a los 37 años, es nombrado jefe de estado mayor de la Fuerza Aérea Imperial de Irán.
Reemplaza a Hedayat Hilanshag, que murió en un accidente aéreo. Es curioso cuántos comandantes de la Fuerza Aérea iraní mueren en accidentes aéreos. Katami transforma la fuerza aérea iraní cuando asume en 1957 hay tal vez 200 aviones operacionales, muchos de ellos obsoletos de la Segunda Guerra Mundial. Para 1975, cuando muere, habrá más de 400 aviones modernos.
F4 Phantom Segundo, F5 Tiger, helicópteros Chinuk, Transportes 130. Irán se convierte en el mejor cliente de la industria militar americana. Fuera de Europa. Cada contrato pasa por jatí. Cada decisión de compra, cada acuerdo de mantenimiento y cada uno de esos contratos incluye comisiones, sobornos, dirían algunos, costos de hacer negocios, dirían otros. El dinero fluye.
Hatami se vuelve rico, muy rico. Posee compañías de construcción. Es copropietario de empresas de ingeniería. Su fortuna, según informes desclasificados de la CIA, alcanza los 100 millones de dólares para mediados de los 70. Pero antes de toda esa riqueza, antes del poder absoluto, está casado. Su primera esposa es su prima, tienen una hija juntos.
Y en 1954, el mismo año que Rana, la hija de Fatemé, muere en California, la hija de Hatami muere en un accidente. ¿Qué tipo de accidente? Los registros no lo dicen, solo accidente, muerte. 1954. Como si la historia se repitiera en dos continentes simultáneamente, como si 1954 fuera un año maldito para padres específicos.
Katami y su primera esposa eventualmente se separan. No hay divorcio formal registrado, pero para finales de los 50 el matrimonio efectivamente ha terminado. Y entonces conoce a Fáteme o tal vez ya la conocía. En la corte imperial todos se conocen. Pero en 1959, divorciada de Hiller, vulnerable buscando estabilidad, Fáteme ve a Hatami con ojos nuevos.
Él tiene 39 años, general de cuatro estrellas, comandante de la fuerza aérea, uno de los hombres más poderosos de Irán, viudo de facto, rico, cercano al sha. Ella tiene 30, divorciada, con dos hijos, todavía hermosa, todavía princesa, todavía conectada con el máximo poder, incluso si su relación con el Sha es complicada. Se echazan. 22 de noviembre de 1959.
La ceremonia es en Teerán, grande, oficial. El Sha asiste y algo más significativo, asiste con su nueva prometida Farad Diva. Fará Diva, 21 años, estudiante de arquitectura persa francesa educada en París. Conoció al Sha en una recepción en la embajada iraní en París solo meses antes, en abril. Se comprometieron en noviembre.
Se casarán en diciembre, apenas un mes después de la boda de Fatemé. Así que en la boda de Fatemé y Jatí, el Sha está presentando a la mujer que espera le dé por fin un heredero varón. Después de dos matrimonios fallidos, Fauusia y Soraya, ambos terminados por no producir un hijo, Mohamad Reza está apostando todo en esta muchacha de 21 años.
La boda es un asunto de estado. Generales, ministros, diplomáticos extranjeros, fotógrafos. La prensa cubre el evento. Esta vez, a diferencia del matrimonio con Hiller, el sha aprueba completamente. Katami es perfecto, iraní, poderoso, leal. Fateme y Hatami tienen tres hijos juntos. Cambíis, nacido en 1961. un niño que crece con el sonido de Jets F4 despegando de bases aéreas donde su padre es literalmente el jefe supremo.
Pari, nacida en 1962. Una niña que nunca conocerá a su hermanastra Rana, muerta 7 años antes en California. Ramín, nacido en 1967, el más pequeño, nacido en el año de la coronación del Shah, cuando Mohamad reza finalmente se corona como Shahaná, rey de reyes, en una ceremonia espectacular que cuesta millones y pretende conectar la dinastía Palaví con 2,500 años de monarquía persa durante los años 60 y principios de los 70, mientras Fáteme vive aparentemente la vida dorada de una princesa imperial. Irán mismo está
cambiando de maneras que pocos comprenden completamente en ese momento. El dinero del petróleo fluye como nunca antes. En 1960 el ingreso petrolero de Irán es de aproximadamente 300 millones de dólares anuales. Para 1970 son más de 1,000 millones. Para 1974, después del embargo petrolero árabe y el cuadruplicamiento de los precios, son 20,000 millones de dólares anuales.
20,000 millones. En un país de 35 millones de personas debería significar prosperidad para todos. Y para algunos sí. Teerán se transforma, rascacielos de cristal y acero, autopistas de seis carriles, centros comerciales con tiendas de Gucci y Dior, restaurantes franceses donde un plato cuesta lo que un obrero gana en un mes.
Pateme participa en esta transformación. Sus negocios prosperan, la construcción está en auge. Cada semana se inauguran nuevos edificios. Sus acciones en compañías de aceite vegetal se valorizan porque la clase media creciente consume más productos procesados. Su club de bolos está lleno cada noche de ejecutivos petroleros, oficiales militares, burócratas gubernamentales que gastan dinero como si fuera agua, pero hay grietas profundas, cada vez más anchas.
La mayor parte de la población no ve nada de ese dinero petrolero. Los campesinos siguen siendo pobres. Los trabajadores urbanos viven en barrios marginales sin agua corriente ni electricidad confiable. La inflación devora los salarios. 1 kg de arroz que costaba 5 riales en 1970 cuesta 20 en 1975. Los sueldos no siguen el ritmo y está la corrupción masiva, sistémica, desde el más bajo burócrata que exige un soborno para procesar un permiso hasta los ministros que se embolsan millones de cada contrato estatal. La familia real
es el peor ejemplo. El Sha, sus hermanos, sus hermanas, todos tienen fortunas astronómicas sacadas del Tesoro Nacional. Pateme con sus 500 millones es parte de este sistema. No es la peor. Nunca tuvo poder político directo para saquear tanto como Ashraf Pahlavi, la hermana gemela del Sha, conocida como la pantera negra por su codicia legendaria.
Pero Fáteme se benefició. Las comisiones de Hatami venían de contratos que inflaban costos, que desviaban fondos destinados a modernizar la fuerza aérea hacia cuentas privadas. era consciente de esto, le importaba probablemente sí y no respectivamente. Así funcionaba el mundo que conocía. Todos lo hacían.
Era normal. O así se convencía a sí misma, como todos en la élite Palaví. Pero los que no se beneficiaban la vasta mayoría de iraníes veían esta corrupción y hervían de resentimiento. Los clérigos en com predicaban contra la decadencia moral del régimen. Los estudiantes universitarios leían a marxistas y islamistas radicales.
Los basais, los comerciantes tradicionales, odiaban las políticas económicas del shavorecían a corporaciones occidentales sobre negocios locales. Atemé vivía en una burbuja dorada, inconsciente o indiferente a la ira acumulándose afuera. Sus días eran juntas directivas, inauguraciones ceremoniales, fiestas en mansiones del norte de Teerán, donde champán francés fluía y orquestas tocaban hasta el amanecer.
Sus hijos crecían en esta burbuja también. Cambis, Pari, Ramín asistían a escuelas privadas donde sus compañeros eran hijos de ministros, generales, millonarios petroleros. Aprendían inglés y francés antes que persa. Veraneaban en la riviera francesa, esquiaban en St. Moritz. Irán era su país, pero estaban educados para ser ciudadanos del mundo occidental rico. Patemé era buena madre.
Los documentos no lo dicen. No hay memorias publicadas por sus hijos. Pero podemos inferir. Tuvo cinco hijos en total. Perdió uno en infancia. Crió a los otros cuatro a través de dos matrimonios, un divorcio, una viudez, finalmente el exilio. Eso requiere fuerza, dedicación. Pero también era princesa ocupada, tenía responsabilidades sociales, negocios que dirigir, apariciones públicas que hacer.
¿Cuánto tiempo realmente pasaba con Cambis, Pari, Ramín? los acostaba por las noches, les leía cuentos o eso lo hacían nanas contratadas mientras ella asistía a otra cena de gala. No lo sé, pero sospecho que fue como la mayoría de las madres de élite de esa era. Amaba a sus hijos abstractamente, pero los criaba a distancia.
El afecto venía en regalos caros, vacaciones lujosas, las mejores escuelas, no necesariamente en presencia constante. Y luego está la pregunta de qué sintió cuando Hatami murió. Los documentos dicen viuda, funeral, cuatro hijos sobrevivientes hechos fríos. Pero lloró durante cuánto tiempo. Verdaderamente lo amaba o era un matrimonio de conveniencia política.
Habían estado casados 16 años. Tuvieron tres hijos juntos. Eso implica algo. Pero en matrimonios de ese nivel social, amor y alianza política a menudo se entrelazan de maneras imposibles de desenredar. Tal vez lo amaba profundamente. Tal vez la muerte de Hatami fue devastadora, un dolor que nunca superó completamente, o tal vez fue un alivio mezclado con pena apropiada.
Tal vez el matrimonio hacía años que estaba muerto emocionalmente, pero continuaban por conveniencia, por los hijos, por apariencias. Las teorías de conspiración sobre su muerte que El Shar lo mandó matar debieron atormentarla si había algo de verdad. Imagina saber o sospechar que tu propio hermano asesinó a tu esposo. ¿Cómo vives con eso? ¿Cómo sigues asistiendo a eventos de la corte, sonriendo, pretendiendo que todo está bien? O tal vez rechazó esas teorías completamente.
Tal vez insistió hasta su último día que fue realmente un accidente. Porque aceptar lo contrario significaría aceptar que vivía en un mundo donde su propia familia era capaz de asesinato, donde nadie estaba seguro, donde el poder corrompía absolutamente. La verdad probablemente está en algún punto intermedio.
Sospechaba, dudaba, pero nunca sabría con certeza. y eventualmente aprendió a vivir con esa incertidumbre porque no tenía opción. Los años entre la muerte de Hatami en 1975 y su salida de Irán en 1978 son fundamentales, pero poco documentados. 3 años como viuda rica en un país que se desmorona, debe haber visto las señales, las protestas creciendo, la economía tambaleándose a pesar del dinero petrolero, el descontento en las calles.
Intentó advertir al Sha, probablemente no. Mohamad reza para 1978. estaba rodeado de aduladores que solo le decían lo que quería escuchar. Cualquier voz de preocupación era descartada como derrotismo y además Fáteme nunca tuvo influencia política real. Era hermana del Sha, no asesora. Su opinión en asuntos de estado no se solicitaba, así que probablemente hizo lo que muchos de la élite hicieron.
Transfirió dinero al extranjero. Compró propiedades en Londres, París, Los Ángeles. Aseguró que sus hijos tuvieran pasaportes listos. Preparó rutas de escape mientras esperaba que nunca necesitaría usarlas. Y cuando finalmente tuvo que irse, debe haber sido agridulce, terror por lo que dejaba atrás, alivio de estar segura, tristeza por abandonar todo lo conocido, culpa por tener recursos para escapar cuando millones no tenían esa opción.
El exilio es extraño. Estás físicamente segura, pero emocionalmente destruida. Tienes dinero, pero no propósito. Estás libre, pero sin raíces. Los exiliados iraníes en Londres en los 80 formaron una comunidad apretada, pero también disfuncional. Todos traumatizados, todos perdidos, todos fingiendo que algún día volverían a casa.
Tiene un club de bolos en Teerán. Sí, un club de bolos. Porque en los años 60 el Sha quiere hacer a Irán moderno, occidental. Los clubes de bolos son modernos. La clase alta iraní va ahí, bebe whisky importado, hace caídas de pines, pretende que Teerán es una ciudad europea. Fateme participa en negocios reales también, no solo juegos, tiene acciones en empresas de construcción.
La construcción en Irán en los 60 es un negocio explosivo. El dinero del petróleo construye carreteras, puentes, edificios de apartamentos, centros comerciales. Cada proyecto necesita cemento, acero, permisos. Los que están conectados al régimen consiguen los contratos. Producción de aceite vegetal, ingeniería, educación superior, es miembro de juntas directivas de instituciones educativas.
El Sha, influenciado por Fara, está invirtiendo en universidades, en alfabetización, en modernización cultural. Fatem participa en eso, presta su nombre, asiste a inauguraciones, corta cintas ceremoniales y tiene participación en Persépolis FC, el equipo de fútbol más grande de Irán, fundado en 1963, nombrado en honor a la antigua capital persa, símbolo del orgullo nacional.
Los partidos llenan estadios. Los jugadores son héroes populares. Poseer un pedazo del equipo es poseer un pedazo de la identidad iraní moderna. Su fortuna alcanza 500 millones de dólares. 500 millones. En 1970 eso te pone entre las personas más ricas del mundo. ¿De dónde viene? Oficialmente de las comisiones que Jatami extrae de contratistas militares.
Cada vez que Irán compra aviones de Lockheit o helicópteros de Boeing, hay un porcentaje que va a cuentas privadas. Siempre ha funcionado así en todos los países. Pero en Irán, bajo el Sha, donde no hay supervisión real, donde la familia real y el estado son prácticamente indistinguibles, las cantidades son astronómicas.
En 1974, Irán ordena 80 aviones F14 Tomcat de Estados Unidos. Es el contrato de armas individual más grande de la historia hasta ese momento. 400 millones de dólares. ¿Cuánto de eso regresa como comisiones? Tal vez 10%. 40 m000ones. Repartido entre varios intermediarios, Hatami definitivamente obtiene su parte. Es corrupción, por supuesto.
¿Le importa a alguien en Irán en 1974? No. O al menos nadie se atreve a decirlo en voz alta. Los que lo dicen desaparecen en las prisiones de Sabac. Pero hay algo más sobre Fáteme en esta época. Algo que trasciende el dinero y los negocios. Algo que ella hace por sí misma. Aprende a volar. Finales de los años 60.
Fateme, cerca de los 40 años, toma cursos con un piloto británico, Robin White. No es raro que la esposa del comandante de la Fuerza Aérea se interese en aviación, pero ella va más allá del interés turístico. Estudia teoría aerodinámica, física de vuelo, meteorología, los controles del helicóptero mucho más complicados que los de un avión fijo.
El helicóptero requiere coordinación constante entre cuatro controles: cíclico, colectivo, pedales de cola, acelerador, manos izquierda y derecha haciendo cosas diferentes, pies trabajando independientemente, cerebro calculando viento, altitud, velocidad, todo simultáneamente. Es difícil. La mayoría de los estudiantes de vuelo de helicóptero tardan meses en aprender lo básico.
Algunos nunca lo logran. Fateme persiste. 1969. Aeropuerto de Gale Morgi. Teerán es una base militar, pero también se usa para entrenamiento civil. Fatem ha practicado durante semanas. Vuelos dual con Robin White en el asiento del instructor. Arriba, abajo, giros, hover estacionario. Y hoy el vuelo solo.
Sube al helicóptero. Un modelo Bell, probablemente Bell 206 Jet Ranger o algo similar. Se sienta en el asiento del piloto. Robin White está en tierra observando. Técnicos de la Fuerza Aérea observan, algunos probablemente apostando si la princesa realmente puede hacerlo. Enciende el motor, el rugido familiar de la turbina.
Las aspas comienzan a girar lentamente al principio. Luego más rápido, el helicóptero vibra. Todo vibra en un helicóptero. Aumenta el colectivo. El helicóptero se levanta. Cinco pies del suelo. 10 20 Hover. Sostenerse en un lugar. El viento empuja. Ella compensa. Pies ajustando los pedales. Mano derecha moviendo el cíclico.
Mano izquierda en el colectivo. Luego movimiento hacia delante. El helicóptero se inclina. Acelera. 100 pies de altura, 200. vuela en círculo sobre el aeródromo, regresa, se acerca al punto de aterrizaje, desciende suavemente, las ruedas tocan el suelo. Primer vuelo solo completado. Fateme Palabi se convierte en la primera mujer iraní con licencia de piloto de helicóptero. 40 años.
En un país donde la mayoría de las mujeres todavía necesitan permiso de sus maridos para trabajar, donde los mulas en com predican que las mujeres deberían quedarse en casa, donde a pesar de las reformas del sha, a pesar del voto femenino, a pesar de las leyes de familia modernizadas, las estructuras patriarcales fundamentales siguen intactas y una princesa está volando un helicóptero.
Después del vuelo le da un regalo a Robin White. Un reloj Omega Speed Master, no cualquier Omega Speed Master. El reloj que los astronautas del Apollo on, Neil Armstrong, Bas Aldrin, Michael Collins le dieron al Shah Mohamad Resa cuando visitaron Irán en octubre de 1969 como parte de una gira mundial celebrando el primer alunizaje.
Los astronautas aterrizaron en la Luna el 20 de julio para octubre. Están viajando por el mundo como héroes. Visitan 29 países en 45 días. Irán es uno de ellos. El Sha los recibe en el palacio Niabarán. Ceremonias, discursos, fotografías. Los astronautas le dan al Shah un Omega Speedmaster, el reloj que fue a la luna o al menos el mismo modelo.
El Sha se lo da a su hermana Fatemé tal vez como regalo, tal vez porque sabe que ella ama la aviación, que está aprendiendo a volar, que este reloj significará algo especial para ella. Fateme se lo da a Robin White. Usted me enseñó a volar. Probablemente le dice, “Esto es lo único que tengo que está a la altura de ese regalo. White acepta.
Sorprendido, honrado, conserva el reloj durante décadas. Cuando muere, sus herederos lo venden. 20 de febrero de 2021. Una casa de subastas en Inglaterra, Dorset, vende el Omega Speedmaster, 18,000 libras esterlinas. El catálogo explica la procedencia. Apolo 11a de Irán, Princesa Fatem Palabí, Robin White, herederos de White, comprador anónimo.
Ahora el reloj está en la muñeca de alguien que probablemente no sabe nada de Fatemé Palabi, que no sabe que fue la primera mujer iraní en volar un helicóptero, que tuvo 500 millones de dólares y murió sola en Londres, que perdió una hija en una caída accidental en 1954, que su segundo esposo murió en circunstancias extrañas en 1975.
Solo es un reloj bonito conectado con el alunizaje. Eso es suficiente para algunos coleccionistas. Me pregunto qué sentía Fátemé cuando volaba ahí arriba, a mil pies sobre Teerán, viendo la ciudad expandirse debajo, las montañas al bors al norte, cubiertas de nieve en invierno, el desierto al sur, infinito y marrón, el smoke de la ciudad, cada vez peor con los años, los palacios imperiales, los barrios pobres, todo visible desde arriba, todo pequeño.
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¿Se sentía libre o solo más sola? Porque a pesar del dinero, de los negocios exitosos, de los tres hijos con Jatami, de la licencia de piloto, hay algo en la historia de Fatemé que se siente marginada, como si siempre estuviera en el borde de las cosas importantes. No la hija de la reina oficial, no la hermana favorita del Sha, no la emperatriz, casada primero con un extranjero que el shaler a regañadientes, luego con un general poderoso, pero no de sangre real.
Rica, pero no tan visible como Fara en las revistas internacionales. Influyente, pero no tanto como las hermanas gemelas del Sha, Ashraf y Shams, que jugaban roles políticos más directos. Siempre ahí, en cada foto importante, en el fondo, al lado, nunca al centro. Y entonces, 12 de septiembre de 1975, todo cambia otra vez.
12 de septiembre de 1975. Sábado. Desful, una ciudad en el suroeste de Irán, provincia de Jusestán. Calor extremo, 45ºC a la sombra, cerca de la frontera con Irak, cerca de los campos petroleros que hacen a Irán rico, cerca de las bases aéreas desde donde los F4 Phantom pueden alcanzar cualquier objetivo en el Golfo Pérsico en minutos.
Hatami está ahí en una visita de inspección oficial. es el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Imperial. Visitas como estas son rutinarias. Revisa instalaciones, habla con pilotos, inspecciona mantenimiento. Asegura que todo funciona según sus estándares exigentes, pero este día decide hacer algo inesperado, probar un parapente o a la delta, dependiendo de la traducción, un deporte nuevo en Irán en 1975.
Algunos oficiales jóvenes lo practican. Parece emocionante por qué. Hatami es un hombre de 55 años, piloto experimentado de aviones a reacción, pero no de parapentes. Tiene todo que perder y nada que ganar. ¿Por qué arriesgar? Tal vez porque los hombres poderosos se aburren. Tal vez porque quiere demostrar que todavía es joven vigoroso.
Tal vez porque Fátime vuela helicópteros y él quiere sentir lo que ella siente. O tal vez solo es una decisión impulsiva en un día caluroso. Una hora de diversión antes de volver a Teerán. Se pone el arnés. Personal militar lo ayuda a preparar el parapente. Recibe instrucción adecuada o asume que un piloto experimentado puede descifrar cualquier máquina voladora.
Corre por la ladera, el parapente se llena de aire, se eleva y algo sale terriblemente mal. El parapente se estrella. Jatami cae. ¿Desde cuánta altura? Los reportes no coinciden. Algunos dicen 30 m, otros dicen más. No importa. cae sobre tierra dura, rocas, desierto, muerte instantánea, o eso dice el reporte oficial.
Mohamad Amir Jatami, comandante en jefe de la Fuerza Aérea Imperial de Irán, asesor personal del Sha, esposo de la princesa Fateme Pahlavi muere en un accidente de parapente en Desful el 12 de septiembre de 1975, 55 años, 6 meses, 3 días. El cuerpo es transportado a Teerán, funeral militar, honores completos. El Sha asiste, Fará asiste, generales, ministros, diplomáticos.
Fateme está ahí vestida de negro con velo. Sus tres hijos Cambíis, 14 años. Pari, 13, Ramin, 8. 14 de septiembre, Katami es reemplazado. El Sha nombra a Fasael Tadayón como nuevo comandante de la Fuerza Aérea. La vida continúa. El aparato del Estado no se detiene por una muerte sin importar cuán importante sea la persona. Pero hay susurros. Siempre hay susurros.
Porque Hatami no era solo poderoso, era demasiado poderoso. Los americanos, según documentos desclasificados de la CIA, lo veían como posible sucesor del Shago le pasaba a Mohamad Rea. Lo consideraban proamericano, pragmático, capaz de gobernar. Eso lo convertía en una amenaza. El shaleraba competidores. Su paranoia crecía cada año.
Sabac, la policía secreta, reportaba complots en todas partes. Reales, imaginados, inventados. El Sha veía enemigos donde quizá no lo sabía. Hatami sabía demasiado sobre la corrupción masiva, sobre las comisiones ilegales, sobre acuerdos secretos con compañías americanas, sobre sobornos de cientos de millones.
¿Estaba planeando una movida propia o simplemente el Shah decidió que era más seguro sin él? No hay pruebas, solo teorías. Algunos periodistas investigadores iraníes en el exilio, décadas después escribirán artículos sugiriendo que el accidente fue arreglado, que el parapente fue saboteado, que agentes de Sabac estaban ahí asegurándose de que el accidente ocurriera.
Otros dirán que es paranoia, que a veces los accidentes son solo accidentes, que Hatami cometió un error, que el parapente falló mecánicamente, que no hay conspiración, solo tragedia. No sabremos nunca. Los archivos de Sabac fueron destruidos o perdidos durante la revolución de 1979. Los documentos militares de esa época son inaccesibles.
Los testigos, si los hay, nunca han hablado públicamente. Lo que sí sabemos con certeza, Fáteme Palabi, 46 años, es viuda. Otra vez. Primer esposo, divorciado después de 9 años. Segundo esposo, muerto después de 16 años. Tiene tres hijos pequeños para criar sola. Bueno, técnicamente tiene cinco hijos. Kaiban y Dariush de su primer matrimonio están adultos ahora en sus 20.
Pero Cambis, Pary y Ramin son menores. Necesitan una madre, necesitan estabilidad y necesitan dinero. Aunque eso no es problema. Fáteme hereda toda la fortuna de Hatami, 100 millones más su propia fortuna de 500 millones. es una de las mujeres más ricas del mundo. Pero, ¿de qué sirve el dinero cuando tu esposo acaba de morir en circunstancias sospechosas? Cuando tienes que explicarle a un niño de 8 años que su padre no volverá a casa.
Cuando cada vez que ves un helicóptero piensas en el accidente que quizá no fue accidente. Los siguientes 4 años 1975 a 1979 son relativamente oscuros en la biografía de Fáteme. Sabemos que continúa viviendo en Teerán, mantiene sus negocios, cría a sus hijos, asiste a funciones de la corte cuando es necesario, pero el país está cambiando rápidamente y no para mejor.
1978, Irán está al borde del abismo. 1978, Irán está al borde del abismo. Las grietas llevan años formándose, pero ahora son fisuras que amenazan con tragarse todo. Enero de 1978, com, la ciudad santa. Un artículo en el periódico Etelaat, ataca al Ayatolahiní, exiliado en Irak. lo acusa de ser agente británico, de escribir poesía erótica, de no ser verdadero iraní.
El artículo fue probablemente escrito por orden del ya o sus asesores. Error monumental. Los estudiantes religiosos en com estallan en protestas. La policía dispara. Mueren 6 y 70 personas dependiendo de qué fuente creas. El ciclo comienza. En el Islam Shia hay una tradición de hacer ceremonias de duelo 40 días después de una muerte.
Así que 40 días después de com hay manifestaciones en Tabríz, más muertes. 40 días después más manifestaciones. Mas, Isfahán, Teerán. Cada ciclo de 40 días trae más protestas, más muertes, más ira. El shade qué hacer. Durante 37 años ha gobernado con puño de hierro. Sabac tortura a disidentes. El ejército es fuerte.
La economía alimentada por petróleo parece robusta. Los americanos lo apoyan. ¿Cómo es posible que esté perdiendo? Agosto de 1978, Abadan, un cine llamado Cinema Rex, está proyectando una película. Durante la función se cierran las puertas desde afuera. Alguien prende fuego. 420 personas mueren quemadas vivas. Es la peor tragedia de su tipo en la historia.
El gobierno culpa a extremistas islámicos. La gente culpa a Sabak diciendo que fue una operación de falsa bandera para desacreditar la oposición. La verdad probablemente nunca se sabrá. Pero el resultado es claro. Millones de iraníes que antes eran neutrales ahora odian al régimen. Si el shade quemar a 400 personas vivas en un cine, piensan, “Es un monstruo que debe caer.
” 8 de septiembre de 1978, viernes negro, Plaza Jal, Teerán. Una manifestación masiva. El gobierno ha declarado ley marcial, pero mucha gente no sabe o no le importa. El ejército es enviado. Tanques, helicópteros, soldados con órdenes de disparar. Disparan. La cifra oficial de muertos es 87. Estimaciones no oficiales dicen cientos, tal vez miles.
Cuerpos en las calles, sangre en el pavimento. El punto de no retorno. Después de viernes negro no hay reconciliación. posible. Los trabajadores del petróleo declaran huelga, los bancos cierran. Los funcionarios públicos no van a trabajar. Teerán se convierte en ciudad fantasma de día, ciudad de manifestaciones de noche. Fátemee vee todo esto. 50 años.
Viuda con tres hijos adolescentes. Vive en una mansión en el norte de Teerán, probablemente cerca de otros miembros de la familia real. Cada noche escucha las consignas desde los tejados. Allahu Akbar, muerte al shahini esder y debe decidir quedarse o irse. Quedarse significa arriesgar todo. Si la revolución triunfa y cada día parece más probable, ¿qué les harán a los miembros de la familia real? Sabac torturó a miles. El régimen ejecutó a opositores.
Ahora, si el poder cambia de manos, la venganza será brutal. Irse significa abandonar todo lo que conoce. Su madre es Mat. Todavía está en Teerán. Tiene 73 años. Sus hermanos están dispersos. Algunos todavía en Irán, algunos ya huyendo. Su país destruyéndose. Fáteme toma la decisión. Se va. Exactamente. ¿Cuándo? No sabemos.
Los registros dicen solo antes de la revolución de 1979, probablemente a finales de 1978. Noviembre. Diciembre, cuando ya es obvio que el Shah perderá. Empaca lo que puede. Joyas, documentos, fotografías. ¿Qué llevas cuando abandonas tu vida? El reloj que no regalaste al instructor. Las fotos de tus bodas. El certificado de nacimiento de rana, tu hija muerta hace 24 años.
Sus hijos Cambis 17, Pari 16, Ramín 11. Demasiado jóvenes para entender completamente que nunca volverán, que el Irán que conocen está a punto de desaparecer para siempre. Salen en avión, probablemente a Europa. Londres es el destino final, pero tal vez pasan por París primero, donde otros Palabi ya están refugiándose. 16 de enero de 1979, 2:30 de la tarde.
Mohamad reza Pajlaví Shah de Irán, hermano de Fatemé, aborda un Boeing 707 en el aeropuerto Merrabat de Teerán. Con él van la emperatriz Fara, sus cuatro hijos y un grupo pequeño de asesores y sirvientes. El avión despega. Dicen que van de vacaciones. Todos saben que es mentira. El sha está huyendo. 37 años de reinado. Terminados. 11 de febrero de 1979.
El primer ministro Shapur Bactiar, nombrado por el Shamo acto, renuncia. El ejército declara neutralidad. Las manifestaciones estallan en júbilo. La República Islámica de Irán nace. Los siguientes meses son caos, ejecuciones de figuras del antiguo régimen. Amira Basjoveida, primer ministro durante 13 años, es juzgado en un tribunal improvisado y ejecutado.
Generales son fusilados. Cientos, tal vez miles de funcionarios, policías, militares son ejecutados sumariamente. ¿Buscan a Fatem? En abril de 1979 circula un rumor de que ha sido arrestada en Teerán. El Spokin Chronicle publica que está bajo alta seguridad en la prisión Cuaser, pero la radio estatal iraní lo niega.
Dice que no está en el país. Es probablemente verdad. Fatemé ya está en Londres para entonces, pero el rumor muestra que el nuevo régimen está buscando a miembros de la familia Palavi. Quieren arrestarlos, juzgarlos, ejecutarlos. Fáteme está segura solo porque se fue a tiempo. 27 de julio de 1980. Mohamad reza Palabi. Muere en el Cairo.
Cáncer linfático, 60 años. Había estado luchando contra la enfermedad en secreto durante años mientras gobernaba. En el exilio, su salud colapsó. Viajó por el mundo buscando tratamiento México, Panamá, Estados Unidos. Nadie quería recibirlo permanentemente. Solo Anwar Sadad de Egipto le dio asilo. Muere rodeado de su familia inmediata, Fara, sus hijos.
Pero sus hermanos Fáteme incluida están ahí, no está claro. El funeral es en el Cairo, pequeño, sin pompa real. Un rey sin reino enterrado en tierra extranjera. Fatemé tiene 51 años cuando su hermano muere. Ha sobrevivido a su padre Resa, a su hija Rana, a sus dos esposos. Vincent técnicamente sigue vivo en algún lugar de California, pero están divorciados hace 21 años.
Kami murió hace 5 y ahora a su medio hermano, el Shah. Londres se convierte en su hogar permanente, una casa en algún barrio elegante, Belgravia tal vez, o Kensington, donde los exiliados ricos viven vidas tranquilas detrás de puertas cerradas. Los años 80, Fatem Palabi desaparece casi completamente de los registros públicos, no da entrevistas, no aparece en fotos de sociedad, no firma manifiestos políticos contra la República Islámica.
Es como si hubiera decidido volverse invisible. Algunos de sus hijos viven con ella, otros están en diferentes partes del mundo. La familia Palabi en el exilio está fragmentada, dispersa por América, Europa. Se reúnen ocasionalmente, pero ya no son una unidad cohesiva. Son sobrevivientes individuales de un naufragio, aferrados a diferentes maderas flotantes.
Y está el dinero, 500 millones de dólares más las herencias de Hatami. El nuevo régimen iraní intenta confiscar los activos Pajlavi, pero mucho ya está fuera del país. En cuentas suizas, en propiedades europeas, en inversiones protegidas por leyes occidentales. FATEME sigue siendo extraordinariamente rica.
Pero, ¿para qué sirve cuando no puedes volver a casa? Cuando tu país se ha convertido en una teocracia que considera a tu familia como enemigos, cuando tus recuerdos están en palacios que ahora son museos de la revolución, mostrando la decadencia de los palabados de los años 80, Fateme, enferma, cáncer. Los registros británicos no especifican qué tipo.
Podría ser cualquier cosa, pulmón, mama, ovario, páncreas, hígado. El cáncer no discrimina ni siquiera contra princesas con 500 millones de dólares. Busca tratamiento. Los mejores hospitales de Londres están a su disposición. Royal Marsden de Christ. Harley Street tiene docenas de oncólogos de clase mundial. Puede pagar cualquier tratamiento experimental, cirugías múltiples, quimioterapia de última generación, radioterapia, pero a veces el dinero no importa.
A veces el cáncer gana, sufre, probablemente. El cáncer duele, los tratamientos duelen. Perder peso, perder pelo, perder energía, perder esperanza. Todo duele. ¿Tiene miedo? Probablemente. Tiene 58 años. demasiado joven para morir. Ha perdido tanto, pero todavía quiere vivir. Quiere ver a sus hijos casarse. Quiere conocer a sus nietos.
Quiere tal vez ver a Irán libre otra vez. No tendrá ninguna de esas cosas. 27 de mayo de 1987. Miércoles. Londres. Llueve. Mayo. En Londres casi siempre llueve. La casa donde vive Fáteme no sabemos exactamente cuál. Los registros de propiedad son complicados. Para los muy ricos está tranquila. Tal vez algunos de sus hijos están ahí. Cambis tiene 26 años ahora.
Pari 25, Ramin 20. Adultos jóvenes navegando sus propias vidas en el exilio. Tal vez Kivan y Darius ahora en sus 30 volaron desde Estados Unidos cuando supieron que su madre estaba muriendo. O tal vez está sola. El exilio es soledad. Incluso rodeada de gente, estás sola. Fatem Pajlaví muere. 58 años, 6 meses, 27 días.
La princesa, la piloto, la empresaria, la hermana del sha, la mujer con 500 millones de dólares, la madre de cinco hijos, la viuda de dos esposos, la exiliada. Muere en una ciudad que nunca fue suya, en un país que le dio refugio, pero nunca hogar. Lejos de las montañas Albors, lejos del Palacio de mármol, lejos del aeropuerto Galemorgie, donde una vez voló un helicóptero.
El Daily Telegraph publica una nota breve. Princess Fateme Pahlavi 58, a half sister of the late Shah of Iran, has died in London, where she had made her home in recent years. News of her death was carried, which did not report the date or cause of her death. Ni siquiera dan la fecha exacta, ni el tipo de cáncer, como si no importara, como si fuera solo otra aristócrata extranjera muerta en una ciudad llena de exiliados.
El Washington Post publica cinco párrafos dos días después de New York Times, una nota breve de Associated Press. Mencionan que se distanció del shase con Hilier. Mencionan que Hatami murió en un accidente de vuelo. Dicen que tuvo dos hijos con Hatami. Fueron tres. Cambíis, Parí, Ramín. Tres. Ni siquiera pudieron contar correctamente en su obituario.
¿Dónde la entierran? No lo sé. Los registros públicos no lo dicen. Tal vez en Highgate Cemetery, donde muchos exiliados famosos están enterrados. Tal vez en Kensal Green, tal vez en algún cementerio privado. Tal vez la cremaron y las cenizas están en alguna urna en la casa de uno de sus hijos. Su madre es Mat Daulatai, todavía vive 82 años.
En Teerán, bajo la República Islámica. Se entera inmediatamente de que su hija murió. o tarda días, semanas. Las comunicaciones entre exiliados y los que quedaron en Irán son difíciles en 1987. Smat sobrevivirá otros 8 años. Morirá en Teerán el 25 de julio de 1995 a los 90 años. Habrá visto todo. El ascenso de los Palaví, la caída, la revolución, la guerra Irán Irak que mató a millones, la muerte de su hija Fatemeg.
La muerte del Shah Mohamad reza, el fin de un mundo. Pero en mayo de 1987, SMAT todavía respira. Todavía recuerda cuando su hija Fátimé nació en el Palacio de mármol hace 58 años, pequeña llorando, con toda una vida por delante que nadie podía predecir. Las vidas no tienen narrativas limpias, no son películas con tres actos perfectos, son caóticas, contradictorias.
Fáteme no fue heroína ni villana, fue privilegiada y sufridora, pionera y beneficiaria de corrupción, víctima de un patriarcado brutal y participante en un régimen autocrático. Nació en riqueza absoluta, pero nunca fue la favorita. Aprendió a volar helicópteros, pero no pudo escapar de un país que colapsaba. Tuvo 500 millones de dólares, pero murió lejos de todo lo que amaba.
Perdió a una hija en 1954. Perdió a un esposo en 1959 por divorcio. Perdió a otro esposo en 1975 en circunstancias sospechosas. Perdió a su hermano El Sha 1980. Perdió a su país en 1979 y en 1987 lo perdió todo, incluyendo la vida. Fue feliz. No tengo idea. Los documentos históricos no registran la felicidad. registran fechas de nacimiento, certificados de matrimonio, licencias de piloto, transacciones financieras o vituarios de tres líneas.
Pero a veces me pregunto, ¿en ese helicóptero en 1969, elevándose sobre Teerán, sonríó? sintió, aunque fuera por un momento, que había logrado algo propio, algo que no dependía de ser hija de rea Sha o hermana del Sha o esposa de Hatami. O en sus últimos días en Londres, enferma de cáncer, cerró los ojos y voló otra vez en su mente.
Vio las montañas al bors, el desierto extendiéndose hasta el infinito, el palacio de mármol donde nació. O tal vez solo pensó, “Gracias por terminar. Gracias por el descanso.” 20 de febrero de 2021. 34 años después de su muerte. Una casa de subastas en Dorchester, Inglaterra, vende un reloj. Omega Speedmaster. Lote número 142. Reloj histórico Omega Speedmaster asociado con la misión Apollo X y la familia real iraní, dice el catálogo.
Explica la procedencia completa. Los astronautas se lo dieron al Shar. El Sha se lo dio a su hermana Fateme. Después de que ella completó su primer vuelo solo en helicóptero. Ella se lo dio a su instructor Robin White. Precio final, 18,000 libras esterlinas. El comprador es anónimo, probablemente un coleccionista de relojes que admira la conexión con el alunizaje.
Tal vez ni siquiera sabe quién fue Fatemé Palabí. Solo sabe que el reloj estuvo relacionado con Apolo X y eso es suficiente. Ahora el reloj está en alguna muñeca o en alguna caja fuerte marcando tiempo, funcionando perfectamente como los Omega Speedmas hacen. Y Fateme está dónde? ¿En alguna tumba en Londres? En cenizas esparcidas en algún lugar significativo, en la memoria de sus hijos, que ahora son personas de 60 70 años.
¿Alguien visita su tumba? ¿Alguien pone flores? ¿O es solo otra lápida olvidada en un cementerio olvidado? No lo sé. Lo que sé, ella existió. Fatemé Palabi, nacida el 30 de octubre de 1928 en Teerán. Muerta el 27 de mayo de 1987 en Londres. 58 años, 6 meses, 27 días. Primera mujer iraní en volar un helicóptero, hermana del último sha, madre de cinco hijos, viuda dos veces.
Portadora de 500 millones de dólares. Exiliada, olvidada y ahora tal vez un poco recordada. Hay una última cosa. En su vida, Fatemé tocó momentos históricos enormes. Nació cuando su padre estaba a punto de derrocar a la dinastía Kajar. Vivió la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Irán. vio el golpe de estado de 1953, casada con un americano cuando las tensiones oriente occidente estaban en su punto más alto, casada con el comandante de la fuerza aérea durante la Guerra Fría.
Vivió la era del petróleo iraní, los astronautas de Apolo X, la revolución iraní, el exilio de toda una familia real. Tocó todo esto y aún así terminó como una nota al pie. Tres líneas en el Daily Telegraph, cinco párrafos en el Washington Post, un reloj vendido en su queda. Pero ella voló en 1969, en un helicóptero sobre Teerán, Fateme Palabi voló sola, libre, por encima de todo, aunque fuera solo por 30 minutos, aunque fuera solo una ilusión, aunque el suelo siempre estuviera esperándola abajo, voló.
Y tal vez eso fue suficiente. Tal vez en el momento final esa memoria regresó. El helicóptero elevándose, el aire delgado, la ciudad abajo, las montañas arriba, el cielo infinito. Y por un momento otra vez fue libre. Yeah.