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KARLITA LA SANTERA REVELA la VERDAD OCULTA detrás de la RELACIÓN de JOAN SEBASTIAN y MARIBEL GUARDIA

Había sido Miss Costa Rica. Había representado a su país en Miss Universo. Había conquistado la televisión mexicana y el cine con una naturalidad que desconcertaba a sus competidoras. Era una mujer que sabía lo que valía y estaba comprometida con otro hombre cuando la vida la puso frente a Joan. Sebastian se conocieron en un palenque, uno de esos recintos donde la música regional mexicana se vive con una intensidad que no existe en ningún otro lugar del mundo, donde el ambiente huele a cuero, a pólvora, a tequila y a perfume caro

mezclados en proporciones imposibles. Donde la música no se escucha, se siente en el pecho como un golpe. Y ahí estaba Joan Sebastián en su elemento, sobre el escenario o cerca de él, con esa manera suya de ocupar el espacio que hacía que todos los demás se sintieran un poco más pequeños, sin saber exactamente por qué lo que pasó entre ellos esa primera vez, nadie lo vio desde adentro.

Pero el resultado fue claro. Maribel terminó su compromiso con ese otro hombre y empezó algo completamente nuevo con Joan Sebastian, una decisión que cambiaría el curso de su vida para siempre. Y aquí es donde empieza lo que la mayoría no sabe, porque ese inicio tan dramático, tan de película, tan lleno de esa magia que parece sacada de una de las canciones de Joan Sebastián, hay quienes dicen que no fue tan espontáneo como se creyó.

Hay quienes dicen que algo o alguien estuvo moviendo las piezas desde mucho antes de que ese encuentro ocurriera. Y el nombre que aparece en esa parte de la historia es el nombre de Carlita la Santera. Para entender quién es Carlita la Santera y por qué su nombre está vinculado a esta historia, hay que entender primero el mundo en que se movía Joan Sebastian, porque Joan Sebastian no era solamente un artista del mana, espectáculo, era un hombre profundamente espiritual, un hombre que creció en las montañas de Guerrero, donde la tierra tiene memoria,

donde los cerros guardan historias que los libros nunca contar. donde la frontera entre lo visible y lo invisible es mucho más delgada de lo que la gente de ciudad imagina. Desde niño había vivido rodeado de esa dimensión. Había considerado seriamente ser sacerdote. Había compuesto una misa entera dentro de un seminario y aunque terminó eligiendo la música, esa búsqueda espiritual nunca lo abandonó del todo.

Y en el mundo del espectáculo mexicano de los años 90, esa búsqueda espiritual tenía caminos muy particulares, santeros, curanderos, personas que decían poder ver lo que el ojo común no alcanzaba a distinguir. No era un secreto, era parte del paisaje. Artistas de todos los niveles consultaban a este tipo de personas.

Algunos lo hacían por desesperación cuando sentían que todo se les escapaba de las manos. Otros lo hacían por costumbre, como quien reza antes de dormir, y otros por algo más complicado, por la necesidad de controlar lo que no se puede controlar. El amor, por ejemplo, el amor era el territorio donde más trabajaban estas personas.

Carlita la Santera era una mujer que se movía en ese mundo con una soltura que daba escalofríos a quienes la conocían. No era famosa en el sentido de los reflectores, no salía en televisión, no daba entrevistas, pero en ciertos círculos del espectáculo su nombre se pronunciaba en voz baja, con ese respeto mezclado con miedo que se tiene por las personas que se cree que pueden hacer cosas que nadie más puede.

ía conocer la historia de Joan Sebastian y Maribel Guardia desde adentro, no como espectadora, no como simple conocida, sino como alguien que estuvo presente en momentos que ninguna cámara registró y que ningún periodista presenció. ¿Qué tipo de momentos? Eso es precisamente lo que hace que esta historia sea tan perturbadora, porque lo que Carlita describe no son solo traiciones humanas y decisiones impulsivas.

Lo que describe son rituales, trabajos espirituales, intervenciones que según ella habrían afectado directamente el curso de esa relación desde mucho antes de que Joan y Maribel se miraran a los ojos por primera vez en ese palenque. Hay quienes dicen que algunas personas no se enamoran solas. Hay quienes dicen que a veces alguien ayuda, pero antes de llegar a eso, hay que ver la historia desde la superficie, porque incluso desde la superficie era una historia que no tenía nada de ordinario. Joan Sebastián y Maribel

Guardia comenzaron su relación en los primeros años de la década de los 90 y desde el principio fue una relación que vivió en los extremos. No había términos medios, no había gris, era todo o nada. La pasión era real, eso nadie lo discutía. Se veía en la manera en que se miraban en público, en la manera en que él hablaba de ella en las entrevistas, en la manera en que ella lo defendía cuando alguien se atrevía a cuestionar algo de su relación.

Y Maribel lo amaba con todo lo que eso significa cuando una mujer como ella decide amar a alguien. Pero Joan Sebastian era Joan Sebastian y eso significaba que la fidelidad era siempre el punto más débil de todo. porque no amara a Maribel, sino porque el amor en Joan Sebastian coexistía con algo que él mismo nunca pudo explicar del todo, con esa necesidad de ser amado por todas partes, de sentir que era deseado, de saber que podía tenerlo todo al mismo tiempo.

Su propio hermano lo decía sin rodeos. que Joan necesitaba estar enamorado para relacionarse. Y la pregunta que queda flotando en el aire es, ¿qué pasa cuando alguien necesita estar enamorado no puede quedarse solo con ese amor? Lo que pasa es exactamente lo que pasó. En 1996, Joan y Maribel protagonizaron juntos la telenovela Tú y yo un proyecto que en papel sonaba perfecto.

La pareja más mediática del momento trabajando juntos frente a las cámaras, viviendo su amor en la pantalla mientras lo vivían en la vida real. Pero las telenovelas tienen algo que la gente de afuera no ve. Tienen una intimidad cotidiana. que no existe en ningún otro trabajo. Horas y horas encerrados en un foro.

Ensayos, escenas grabadas y regrabadas. Esperas largas entre una toma y otra. Comidas compartidas, conversaciones que empiezan hablando del personaje y terminan hablando de la vida. Y en ese set estaba también Harle Terán, una joven actriz de 19 años, nueva, fresca, con esa energía que tienen las personas que están comenzando y que todavía no han aprendido a guardar distancia de las cosas que las pueden quemar, Harlet lo reconocería años después con una honestidad que resultó más perturbadora que cualquier mentira.

Fui una víctima de las circunstancias. Tenía 19 años y estaba trabajando día a día con un señor acostumbrado a chulear hasta las escobas. Esas palabras dicen mucho más de lo que parecen decir a primera vista. Hablan de un hombre con un poder que pesaba sobre todos los que lo rodeaban. un poder que no era solo fama ni dinero, era algo más personal, algo más difícil de resistir.

Y mientras eso ocurría en el foro de grabación, Maribel estaba en casa esperándolo. La noche en que todo se rompió es una de esas escenas que se quedan grabadas en la memoria colectiva de un país. No fue una confrontación privada, fue un espectáculo público del peor tipo. Maribel Guardia estaba en su casa viendo televisión y Joan Sebastian estaba con ella.

Estaban viendo Ventaneando el programa de chismes de espectáculos más visto de México en ese entonces. Y de repente en la pantalla, el conductor Juan José Origel, conocido como Pepillo, reportó en vivo que había visto a Joan Sebastian en una discoteca bailando con Arlet Terán toda la noche. Pausa. Imaginen esa escena. Dos personas sentadas en un sofá, la televisión encendida y de pronto el mundo entrando por esa pantalla para decir lo que uno de ellos ya sabía y el otro estaba descubriendo en ese preciso momento.

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