El departamento del Cauca, históricamente golpeado por el conflicto armado, se enfrenta hoy a una amenaza sin precedentes. Néstor Gregorio Vera, más conocido bajo el alias de “Iván Mordisco”, ha transformado esta región estratégica en una base de operaciones que combina el terrorismo tradicional con tecnología de punta. Según recientes informes de inteligencia y análisis de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el cabecilla del Estado Mayor Central (EMC) ha establecido lo que muchos denominan una “fuerza aérea de drones”. Estos dispositivos no solo son utilizados para la inteligencia y la vigilancia de las bases militares, sino que se han convertido en herramientas para ejercer un control territorial asfixiante sobre la población civil.
Esta ofensiva sistemática no se limita a la vigilancia. El uso de drones para ataques con explosivos ha elevado el nivel de degradación del c
onflicto a un punto crítico. En lo que va del año 2026, el Cauca se ha consolidado como el departamento más afectado por confinamientos, con más de 9,300 personas atrapadas en sus propios hogares, impedidas de moverse libremente debido a las minas antipersona y la constante vigilancia aérea de las disidencias.
La Denuncia de Petro: ¿Traición en las Filas del Estado?

El componente más explosivo de esta situación no proviene solo del campo de batalla, sino de la esfera política. El presidente Gustavo Petro ha lanzado acusaciones directas a través de sus redes sociales, sugiriendo que la persistente capacidad de escape de Iván Mordisco se debe a la corrupción dentro de los organismos de seguridad. Según el mandatario, “Mordisco compra a los comandantes que deben capturarlo”, lo que le permite recibir avisos previos a los bombardeos y operativos de captura.
Esta declaración ha generado una grieta evidente con el Ministerio de Defensa. Mientras el presidente habla de traición y “plata de traquetos”, el Ministerio ha respondido publicando un balance detallado de la “Campaña Jaguar Negro”, resaltando los golpes dados a la estructura criminal, incluyendo la captura de colaboradores cercanos y la afectación de sus finanzas. Sin embargo, el silencio del Ministerio respecto a las acusaciones de filtraciones de información ha dejado un vacío de respuestas que alimenta la incertidumbre nacional.
Un Líder que Resucita entre las Cenizas
La figura de Iván Mordisco está rodeada de un aura de invulnerabilidad que desafía la lógica militar. Cabe recordar que en julio de 2022, el gobierno anterior lo declaró oficialmente muerto tras un bombardeo en Caquetá. En aquel entonces, se presentaron su boina y su celular como trofeos de guerra. No obstante, tres años después, Mordisco reapareció, demostrando no solo que estaba vivo, sino que su ejército personal había crecido hasta alcanzar casi los 3,000 hombres.
En operativos recientes realizados en abril de 2025, las tropas hallaron sus gafas recetadas, su computador y su fusil tras un cruento combate. A pesar de los indicios de que pudo haber resultado herido, el capo logró huir una vez más, supuestamente escoltado por relevos de bandas asociadas como la “Carolina Ramírez”. Esta capacidad de movimiento a través de la selva y las fronteras departamentales entre Cauca, Caquetá y Amazonas demuestra una logística criminal que parece estar siempre un paso por delante de la inteligencia estatal.
Crisis Humanitaria y el Veto a la Paz

La ambición de Iván Mordisco por controlar las economías ilegales —que incluyen el tráfico de cocaína, la minería ilegal de oro y la trata de personas— ha llevado a un enfrentamiento total contra cualquier entidad que intente documentar sus crímenes. Recientemente, el grupo criminal amenazó a misiones humanitarias y de derechos humanos, incluyendo a la ONU y la OEA, prohibiéndoles la entrada a las zonas bajo su control bajo la acusación de ser “espías” del gobierno.
Este veto ha sido rechazado tajantemente por la sociedad civil y la comunidad internacional. Indepaz y otras organizaciones han advertido que la ausencia de estos observadores deja a las comunidades indígenas y campesinas en un estado de vulnerabilidad absoluta, facilitando el reclutamiento forzado de menores y el desplazamiento masivo. La lucha por el Cauca no es solo una disputa por rutas de narcotráfico; es una guerra por el alma y la libertad de miles de colombianos que hoy se sienten abandonados a su suerte.
Perspectivas de un Conflicto en Escalada
El futuro del suroccidente colombiano parece pender de un hilo. Mientras el Estado Mayor Central expande su influencia y tecnifica sus ataques, la respuesta estatal se ve empañada por la desconfianza interna entre el mando civil y el militar. La captura de Iván Mordisco se ha vuelto una cuestión de honor para el Gobierno Nacional, pero el camino hacia ese objetivo está plagado de minas, drones y, según parece, una red de corrupción que llega hasta lo más profundo de las instituciones.
La pregunta que queda en el aire es si la estrategia puramente militar será suficiente para desmantelar un imperio que se nutre del abandono estatal y de la inmensa riqueza de las economías ilícitas. Por ahora, el Cauca sigue siendo el epicentro de una tragedia que parece no tener fin, donde los drones de Mordisco vigilan desde el cielo un territorio que el Estado aún no logra reclamar plenamente.