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¡MASACR3 en GUERRERO; “LOS ARDILLOS” BOMBARD3AN PUEBLOS INDIGENAS! ¡HARFUCH ya RESPONDE!

Comunidades indígenas de la Sierra de Guerrero estaban siendo atacadas por el grupo criminal conocido como los ardillos. El asedio se agravó este fin de semana y alrededor de 800 familias tuvieron que abandonar sus comunidades en Atención, atención. Miles de personas están huyendo de sus casas en Guerrero, ya que un cobarde grupo criminal llamado Los Ardillos están desplazando a esta familia con bombas y disparos para quedarse con sus terrenos.

Más de 14 drones volando por los cielos, cientos de bombas cayendo y más de 1000 familias huyendo en la madrugada es lo que se está viviendo hoy en Guerrero. Si crees que ya sabes la historia porque la viste en los titulares, te equivocas porque hay una parte de esta historia que los medios convencionales no van a tocar.

No esta semana, quizás nunca. Omar García Harfuch ordenó el despliegue de 2,000 elementos de seguridad hacia la montaña baja de Guerrero en respuesta a la ofensiva de los ardillos contra comunidades indígenas na 2000. Esa cifra no aparece en los noticieros de las 8, aparece aquí. Pero antes de hablar del despliegue, hay algo que necesitas saber.

Las cámaras de los vecinos de Alcosa registraron algo concreto. 40 minutos antes de que los drones comenzaran a lanzar explosivos sobre esa comunidad, los últimos vehículos de la Guardia Nacional abandonaron la zona. No los corrieron, se fueron solos. Y alguien en Ciudad de México lo sabe. Eso plantea una pregunta que lleva días sin respuesta.

¿Quién dio la orden de retirarse? Ese nombre tiene un identificador en los archivos de Harfch. Esa pregunta tiene respuesta en esa carpeta y esa pregunta es la columna vertebral de todo lo que vas a escuchar en los próximos 25 minutos. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender lo que pasó en la montaña baja esta semana, necesitas entender quiénes son los ardillos.

No la versión corta, la versión real. Todo empieza en los cerros de Kechu Tenango, un municipio enclavado en la Sierra de Guerrero, a 45 km de Chilapa. Hacia el año 2000, un expolicía rural llamado Celso Ortega Rosas, apodado la ardilla, comenzó a cultivar a Mapola y a construir una red de control territorial.

No era un criminal improvisado, era metódico, paciente, con contactos en corporaciones policiales y con la ambición de quien sabe que la geografía de Guerrero tiene dueño y que ese dueño puede cambiar. El grupo se alineó con los Beltrán Leiva primero, después según algunas fuentes con los Zetas.

Aprendieron de los mejores en el negocio de la violencia industrial. En 2008, la ardilla fue detenido. En 2011, lo liberaron y ese mismo año lo mataron a tiros enlánico yulco. Sus hijos recogieron el mando sin titubear. Celso Ortega Jiménez, conocido como La vela, Jorge Iván, el barco, Antonio Laparota. Cuatro hermanos, un solo objetivo, convertir la montaña baja en un feudo intocable.

Lo que construyeron en los años siguientes no es solamente un grupo criminal, es un modelo de ocupación territorial, extorsión sistemática a negocios, campesinos, taxistas y autoridades municipales. Control del transporte público en ocho municipios, imposición de candidatos en elecciones locales, minería ilegal de oro y plata como fuente de ingresos cuando el mercado de la heroína colapsó.

Y lo más importante, la certeza cultivada durante años de que las instituciones del estado de Guerrero no eran un obstáculo, eran un recurso. Ese fue que el error de cálculo que los trajo hasta aquí. Creyeron que esa certeza era permanente, no lo era. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo.

Los ardillos no llegaron a esta semana por accidente, llegaron por una cadena de tres decisiones que en su momento parecieron movimientos maestros y que en retrospectiva fueron los tres escalones de su propia destrucción. Voy a reconstruirlos en orden. El primer error lo cometieron el 6 de octubre de 2024. Alejandro Arcos Catalán llevaba menos de una semana como alcalde de Chilpancingo cuando apareció muerto y decapitado dentro de un vehículo.

Su cabeza reposaba sobre el toldo del auto. El mensaje era deliberado, calculado, diseñado para demostrar que en Guerrero nadie llegaba al poder sin el permiso de los ardillos. Fue una decisión que pareció inteligente. Marcar territorio ante un gobierno nuevo, establecer las reglas del juego desde el primer día, recordar al sistema político estatal quién realmente mandaba.

Lo que los ardillos no sabían era que esa decisión acababa de colocar sus nombres en una carpeta de prioridad roja en Ciudad de México. García Harfuch abrió un expediente operativo esa misma noche. La ejecución de un alcalde electo no era un crimen más, era una declaración de guerra contra el Estado que el secretario de seguridad no podía ignorar.

El primer escalón estaba puesto, ese fue el primero. El segundo error lo cometieron 4 meses después. Febrero de 2026. Jorge Iván el Barco tomó una decisión que consideró brillante. Negoció con un proveedor de drones comerciales modificados a través de Testaferros en Cuernavaca, el suministro de 14 unidades adaptadas para carga y lanzamiento de artefactos explosivos.

La transacción se realizó en tres pagos fraccionados con criptomonedas, canales que el barco creía invisibles para la inteligencia federal. Modernizar la capacidad táctica del grupo sin usar los canales tradicionales rastreables parecía una evolución lógica, una ventaja asimétrica que ninguna policía comunitaria podría contrarrestar.

Lo que el barco no sabía era que la Unidad de Inteligencia Financiera tenía marcadas esas billeteras digitales desde diciembre. Cada transferencia quedó registrada con fecha, monto y destino. Cuando los drones aparecieron sobre Alcosacán el 11 de mayo, la inteligencia federal ya tenía el modelo de los aparatos, el número de serie de tres de ellos y el rastro financiero completo de la operación.

El segundo escalón estaba puesto. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El tercer error lo cometió Antonio, la parota, en las horas previas al 6 de mayo, utilizando los canales de corrupción institucional que habían funcionado sin fallas durante años. La parota coordinó el repliegue de los elementos de seguridad estatal a través de un contacto dentro de la estructura de gobierno de Guerrero.

El plan era calculado. Vaciar la zona de presencia federal durante 72 horas. suficiente para tomar las cuatro comunidades, consolidar posiciones y presentar un hecho consumado que el gobierno federal tendría que negociar. Era la misma fórmula que había funcionado en 2019, en 2020, en 2023. Lo que la parota no sabía era que ese movimiento fue interceptado.

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