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¿Traición o Élite? La Misteriosa Desaparición del Cráneo de Pancho Villa que el Gobierno Ocultó

 

 

La emboscada había sido autorizada en última instancia por el presidente Álvaro Obregón, cuyas razones específicas para ordenar la eliminación de Villa habían combinado consideraciones políticas relacionadas con la sucesión presidencial de 1924 con consideraciones personales sobre la rivalidad histórica que había existido entre los dos hombres desde sus enfrentamientos militares en 1915 Durante las batallas de Celaya, los ejecutores de la emboscada incluyeron principalmente a hombres del entorno de Jesús Salas Barraza, un diputado local

de Durango, cuyas razones personales contra Villa también habían contribuido al diseño de la operación. Villa fue acribillado en su automóvil junto con varios de sus acompañantes. Murió antes de que su vehículo dejara de moverse, alcanzado por aproximadamente nueve balazos que distintos atacantes habían dispuesto desde sus posiciones a lo largo de la calle.

 El asesinato había producido el efecto político que Obregón había anticipado, la eliminación de Villa como factor potencial en la sucesión presidencial, pero también había producido un efecto que Obregón no había anticipado completamente, la transformación de Villa en una figura mítica, cuya leyenda crecería en los años siguientes, mucho más que durante los años de su actividad militar real.

Los corridos populares que se habían escrito durante los años de la división del norte se multiplicaron tras la muerte. Los relatos sobre las hazañas del general comenzaron a circular en versiones más elaboradas que las que habían existido durante su vida. Las comunidades del norte de México, donde Villa había operado, preservaron su memoria con una intensidad específica que los regímenes posteriores no podían suprimir incluso cuando intentaban hacerlo.

 Villa muerto se había convertido en un fenómeno cultural más poderoso que Villa vivo. y los objetos asociados con él, desde sus armas hasta sus efectos personales, hasta sus restos físicos, habían adquirido un valor simbólico específico que los hacía objetos de deseo para coleccionistas, investigadores y para personas con motivaciones más oscuras, cuyos intereses específicos en los huesos de los muertos famosos pertenecían a categorías culturales que la sociedad mexicana no había anticipado adecuadamente.

La tumba donde había sido sepultado en julio de 1923 estaba en el panteón municipal de Parral, en una sepultura modesta marcada únicamente por una lápida con su nombre y sus fechas. La modestia del entierro reflejaba la específica situación política de Villa en el momento de su muerte.

 Estaba retirado en su hacienda de Canutillo desde 1920. había firmado un acuerdo de paz con el gobierno federal que le había permitido la retirada con honores específicos, pero limitados, y no había sido reconciliado completamente con el régimen oficial de la revolución. El gobierno de Obregón había permitido la sepultura sin pompa, pero había también prohibido cualquier ceremonia conmemorativa que pudiera haber convertido el funeral en una manifestación política.

La tumba era visitada principalmente por familiares y por algunos veteranos villistas que pasaban por Parral. No había sido considerada por las autoridades como un sitio que requiriera protección especial. Esa específica falta de protección fue uno de los factores que hizo posible la profanación de febrero de 1926.

Si Villa hubiera sido sepultado en un mausoleo formal o en una tumba con vigilancia institucional, los profanadores habrían enfrentado obstáculos adicionales que habrían dificultado o imposibilitado la operación. Pero la sepultura modesta en un cementerio municipal de Parral, con un cuidador que cerraba las puertas al anochecer y que regresaba al amanecer, ofreció exactamente las condiciones que la profanación requería.

Tiempo suficiente, ausencia de testigos, acceso facilitado por la modestia misma de las disposiciones de seguridad. Las teorías sobre quiénes fueron los profanadores y cuáles fueron sus motivaciones específicas comenzaron a circular casi inmediatamente después de la profanación. Los primeros sospechosos identificados por las autoridades de Parral fueron Emil Holmdal, un mercenario y aventurero americano que había servido con varias facciones revolucionarias durante los años anteriores y que había estado en la

zona de Parral en las semanas previas al crimen. Holmdall había nacido en Iowa en 1883 y había desarrollado una carrera específica como soldado de fortuna que lo había llevado por varios países latinoamericanos durante las décadas previas. Había servido brevemente con Villa durante 1916 antes de abandonar la división del norte y de ofrecer sus servicios a otras fuerzas.

 tenía exactamente el perfil del aventurero americano que durante los años 20 recorría el norte de México intentando aprovechar las oportunidades específicas que las turbulencias postrevolucionarias generaban para extranjeros con habilidades militares y con pocos escrúpulos sobre la legalidad de las operaciones que ejecutaba. Holmdall fue arrestado por las autoridades de Parral aproximadamente 10 días después de la profanación.

La evidencia específica contra él incluía su presencia confirmada en la zona durante las semanas previas al crimen. Testimonios de testigos que lo habían visto frecuentando bares y comercios donde podría haber discutido el plan, y la específica reputación que Holmdall tenía como ejecutor de operaciones turbias por encargo.

 Pero la evidencia material específica que conectara a Holmdall directamente con la profanación no fue producida en cantidad suficiente para sostener una acusación formal. Después de aproximadamente seis semanas de detención, durante las cuales Holmdall insistió consistentemente en su inocencia y se negó a ofrecer información sobre quién podría haber cometido el crimen.

 Fue liberado por falta de pruebas. Salió de México casi inmediatamente y regresó a los Estados Unidos. La salida fue facilitada por las autoridades mexicanas con específica rapidez que los críticos posteriores interpretarían como evidencia de que el gobierno de calles preferiría no tener a Holmdall disponible para interrogatorios adicionales que podrían haber producido información incómoda.

 Las teorías sobre la motivación específica para el robo del cráneo de villa que han circulado durante el siglo posterior a la profanación pueden organizarse en cinco categorías principales, cada una de las cuales ha sido apoyada por evidencia parcial y ninguna de las cuales ha sido confirmada definitivamente. La primera teoría es la del coleccionismo macabro privado.

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