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La doble muerte de Christian Bach: El oscuro secreto detrás del “viudo perfecto” y la prisión del silencio

Cierre los ojos por un instante y viaje mentalmente al veintiséis de febrero de dos mil diecinueve. Imagine una lujosa y silenciosa residencia en la inmensidad de Los Ángeles, California. Una casa de puertas pesadas y gruesas cortinas cerradas, ubicada a miles de kilómetros de los bulliciosos y vibrantes foros de grabación en México. Muy lejos del calor de los reflectores y del inmenso cariño de ese público que, durante tantas tardes, invitó a la dueña de esa casa a la intimidad de su hogar. Ese martes, en el más absoluto y hermético aislamiento, Christian Bach, la mujer que conquistó la televisión hispana con su imponente presencia, exhaló su último aliento. Tenía apenas cincuenta y nueve años.

Pero en ese momento ocurrió un hecho que todavía hoy estremece y produce un nudo en la garganta: México, el país que la cobijó y la coronó como su reina absoluta del melodrama, no se enteró. Esa noche el mundo siguió girando. Al salir el sol al día siguiente, el país entero continuó con su rutina como si nada hubiese pasado. Durante tres días completos, un lapso exacto de setenta y dos horas, existió un silencio sepulcral. Una estrella inmensa ya no caminaba entre nosotros, pero nadie en el exterior lo sabía. Hubo que esperar hasta la fría madrugada del primero de marzo para recibir la desoladora noticia. Y no llegó a través de un cálido homenaje televisivo, sino mediante un comunicado de prensa gélido, breve y casi de trámite legal, que anunciaba fríamente que la gran actriz había fallecido días atrás por un paro respiratorio.

Fue en ese preciso instante cuando una verdad infinitamente más dolorosa comenzó a asomarse. A Christian Bach no la perdimos en dos mil diecinueve; a Christian Bach la perdimos en dos ocasiones. Su &

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