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Después de veinte años de aislamiento,una anciana regresa a casa y encuentra su propiedad en subasta

 Pero en ese momento horrible, parada en la acera, con una bolsa de plástico transparente, conteniendo literalmente todas sus posesiones mundanas, Guadalupe Moreno solo podía pensar con claridad brutal: “No puedo perder esta casa.” No después de perder ya absolutamente todo lo demás, no ahora que finalmente soy libre. Era jueves 22 de agosto del 2024.

La subasta pública estaba programada para viernes 23 de agosto a las 10 de la mañana. Guadalupe tenía exactamente 22 horas para hacer algo, lo que fuera, cualquier cosa. Pero primero necesitaba desesperadamente entender qué demonios había pasado exactamente, cómo había llegado su casa amada a este punto de ser subastada como propiedad abandonada.

Una voz familiar desde atrás la hizo sobresaltar violentamente. Guadalupe, Dios santísimo, ¿eres realmente tú? Pensábamos que habías muerto en prisión hace muchos años. Todos lo pensábamos. Era doña Lucía Herrera, su vecina de literalmente toda la vida adulta, que ahora tenía 72 años y vivía tres casas más abajo en la misma calle colonial.

Lucía la miraba con ojos absolutamente enormes de shock y algo que parecía miedo. “Sigo viva, Lucía”, respondió Guadalupe con voz extremadamente ronca que apenas había usado en conversaciones en años, porque en prisión había aprendido que hablar demasiado era peligroso. Acabo de salir esta mañana del Centro de Readaptación Social.

Cumplí toda mi sentencia completa, 30 años exactos, ni un día menos. Vine directo aquí en autobús y encuentro esto,”, señaló el cartel amarillo con mano que temblaba visiblemente. “Por favor, explícame qué pasó con mi casa. ¿Por qué está en su basta pública? ¿Quién autorizó esto?” Lucía la miró con expresión compleja de profunda lástima mezclada con incomodidad visible y algo de vergüenza.

 “Guadupe”, comenzó con voz suave, “nadie ha vivido en esta casa en más de 20 años completos. Tus tres hijos desaparecieron del pueblo hace décadas sin dejar dirección. Nunca respondieron notificaciones legales. Nunca pagaron ni un peso de los impuestos prediales durante años y años. La deuda fiscal se fue acumulando año tras año con intereses y penalizaciones.

 Finalmente, hace como 5 años, el gobierno del estado embargó oficialmente la propiedad por abandono prolongado y deudas masivas impagadas. Es completamente legal cuando las deudas fiscales no se pagan por tanto tiempo. Mañana la subastan públicamente. Probablemente la comprará algún desarrollador rico de Ciudad de México.

 La convertirán en hotel boutique elegante o restaurante caro para turistas. Todo el centro histórico está siendo comprado y gentrificado así. Lo siento muchísimo, Guadalupe, pero perdiste esta casa hace mucho tiempo ya. Legalmente, ya no es tuya. ¿Cuánto debo exactamente?, preguntó Guadalupe de repente, con voz que intentaba sonar controlada.

 ¿Cuántos son los impuestos prediales atrasados más todos los intereses y penalizaciones acumulados? Si pago todo hoy, puedo detener la subasta y recuperar mi propiedad. Lucía negó lentamente con su cabeza canosa. Guadalupe son literalmente décadas de impuestos más intereses compuestos, más penalizaciones legales multiplicadas, probablemente más de un millón de pesos, tal vez hasta millón y medio.

 No hay absolutamente ninguna manera posible de que puedas pagar esa cantidad. Estás sola en el mundo, sin familia que te ayude, sin dinero. Acabas de salir de 30 años en prisión. Es completamente imposible. Lo siento, pero es la dura realidad. Guadalupe no respondió nada, solo se quedó mirando fijamente el cartel amarillo como si pudiera hacerlo desaparecer mediante pura fuerza de voluntad concentrada.

 Su mente trabajaba a velocidad vertiginosa, calculando opciones, recordando detalles de su caso criminal, planeando algo que ni ella misma entendía completamente todavía. Esa noche Guadalupe durmió en una banca de madera dura del parque de los fuertes, a exactamente dos cuadras de su casa, porque no podía permitirse ni siquiera la pensión más barata y destartalada de Puebla.

 Necesitaba conservar absolutamente cada peso de los 680 pesos que tenía ahorrados de años de trabajo en talleres de prisión. se envolvió en su suéter delgado color café y se acostó en la madera dura e incómoda, mirando las estrellas brillantes sobre la ciudad colonial histórica. Su mente no paraba de trabajar obsesivamente, calculando, recordando detalles enterrados, planeando movimientos de ajedrez contra oponente invisible.

 A las 8:30 de la mañana del viernes, Guadalupe ya estaba parada frente a las oficinas gubernamentales de la Secretaría de Finanzas del Estado de Puebla. Había pasado la noche prácticamente sin dormir. La subasta comenzaría en exactamente 90 minutos. Personas ya empezaban a llegar al edificio. Hombres de mediana edad en trajes caros color gris y azul marino con maletines de cuero italiano.

 Mujeres de negocios elegantes con tablets último modelo. Claramente desarrolladores inmobiliarios profesionales e inversionistas con capital buscando propiedades valiosas en el centro histórico de Puebla que era zona cada vez más cotizada y cara. Guadalupe entró al edificio colonial reconvertido en oficinas. Nadie le prestó la más mínima atención.

 Era completamente invisible. Solo una anciana pequeña y arrugada en ropa barata y desgastada encontró el salón principal de subastas en el segundo piso, filas ordenadas de sillas plegables de metal frente a un estrado de madera con micrófono. Un funcionario de aproximadamente 50 años ya estaba organizando meticulosamente sus papeles y documentos oficiales.

 Guadalupe se sentó silenciosamente en la última fila, pegada a la pared. Puso su bolsa de plástico en su regazo. esperó con paciencia aprendida en tres décadas de encierro, donde esperar era literalmente todo lo que podías hacer. Más personas llegaban progresivamente llenando el salón. A las 10 en punto, exactamente, el funcionario, hombre de unos 50 años con traje gris impecable y corbata color vino, se paró frente al micrófono y lo ajustó.

 Buenos días, señoras y señores presentes”, dijo con voz profesional y aburrida de quien hacía este procedimiento rutinariamente cada semana. Soy el licenciado Héctor Ramírez Contreras de la Secretaría de Finanzas del Estado de Puebla. Procederemos formalmente con la subasta pública oficial de la propiedad ubicada en calle 5 de Mayo número 247, colonia Centro Histórico de Puebla.

 La propiedad se subasta por deudas fiscales impagadas acumuladas durante 28 años consecutivos. El valor catastral actualizado de la propiedad es de 3,200,000 según avalúo reciente. El precio base establecido para esta subasta es de 2,800,000es. La modalidad de pago requerida es 30% de enganche el día de hoy en efectivo o cheque certificado bancario y el saldo restante del 70%.

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