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Un ANÁLISIS de FRANKENSTEIN | Relato y Reflexiones

Un ANÁLISIS de FRANKENSTEIN | Relato y Reflexiones

En el video de hoy voy a analizar Frankenstein de Guillermo del Toro mientras la relato. Es una producción original de Netflix y la puedes encontrar en su plataforma. Te recomiendo verla primero y luego regresar este video para disfrutarlo mejor. Gracias y que disfrutes la función.

 En la época victoriana del siglo XIX, un barco queda atrapado por completo en el hielo. El capitán Anderson reúne a sus hombres y les ordena abrirse paso. Deben llegar al Polo Norte. Un tripulante advierte que están hambrientos y exhaustos y pide garantías de volver a San Petersburgo cuando liber el barco. Pero Anderson les grita que se comprometieron con la misión y la terminará.

 De pronto, una explosión retumba unos kilómetros. Corren hacia el sonido y encuentran entre sangre a un hombre herido con una prótesis de pierna. Luego escuchan un gruñido. Lo cargan de vuelta al barco creyendo que los acecha un oso, pero las balas no le hacen nada. La criatura los ataca con brutalidad, elimina a varios y sube al barco exigiendo al herido.

 Un marinero golpea al ser con un trabuco y lo hace caer, pero sigue vivo. La criatura inclina el barco, queda un solo disparo. Anderson dispara al hielo, se rompe y la criatura cae al aguelada, ya salvo atienden al herido. Se llama Víctor. Él advierte que la criatura no puede morir y que volverá por él. Les hace prometer que cuando regrese lo arrojarán al hielo para que se lo lleve.

Anderson pregunta qué clase de demonio lo creó. Víctor responde, “Yo lo hice.” Entonces cuenta su historia. Dice que parte será hecho y parte no, pero todo es verdad. Empieza presentándose. Su nombre es Víctor Frankenstein, conquistador, el que lo gana todo. Víctor crece con su madre, inseparables. Su padre, varón y cirujano célebre, casi siempre está ausente y se casó por conveniencia.

 Cuando vuelve, todos se someten a su voluntad. El resto del tiempo, mi madre era mía, dice Víctor. En una visita, el padre la obliga a comer carne por la proteína porque está embarazada. El padre le enseña ciencias y Víctor es brillante, pero cuando falla una respuesta, le pega en la cara y le recuerda que carga su nombre y su reputación.

 El embarazo de su madre se complica. Víctor suplica a su padre que la salve. El padre la opera, el bebé vive, pero ella muere. Su madre, a quien había llegado a considerar parte de sí mismo, ha muerto. Para Víctor, el mundo se vacía, el cielo queda permanentemente oscuro. Su hermano William, criado con ternura, se vuelve el favorito de su padre y Víctor siente celos.

 Además, lo atormenta que su madre haya muerto en manos del médico más famoso, su propio padre. Lo confronta. El padre dice que lo intentó todo, pero que nadie ha conquistado la muerte. Víctor responde, “Entonces yo conquistaré la muerte.” Esa noche siente que renace y ve a un ángel oscuro que le promete dominio sobre la vida y la muerte.

 Será un cirujano como su padre y lo superará. De vuelta al presente, la criatura rompe el hielo y emerge. Víctor continúa. Revueltas e incendio arruinan la fortuna. Solo queda la finca. Su padre muere. William es enviado a Viena y Víctor a Edimburgo, donde empuja los límites de la academia. En el real colegio de medicina declara que el nacimiento es de Dios, pero la muerte debe interesarles.

 No son dioses, pero si van a parecerlo, que logren milagros. Cree que el ser humano puede arrinconar a la naturaleza y evitar la muerte. Víctor lleva el cadáver de un tendero y le ha unido el brazo de un carpintero. Al aplicar la batería, el cuerpo convulsiona y vuelve por instantes. Los profesores se indignan, lo acusan de impío.

 Dios da la vida y Dios la quita. Pero Víctor continúa y hace que el cadáver atrape una manzana y se la entregue. Le exigen que se detenga de inmediato. Víctor retira la aguja y el cuerpo cae inerte. Esta película se entiende y se disfruta mucho más si la vemos con el contexto en mente, con el mundo en el que Mary Shelly escribió la novela original.

 En su época hubo un entusiasmo enorme por todo lo griego, incluida la mitología. Mary publicó Frankenstein en 1818 y en esos años estaba de moda leer y releer tragedias griegas, Homero y todo el mundo clásico y muchas veces uno lee el pasado como espejo para [música] entender su propio presente. A los Shelly les pasó eso. Tanto Mary como su esposo Percy escribieron sobre Prometeo, pero con interpretaciones diferentes.

 Percy escribió Prometeo liberado y Mary subtitula su novela Frankenstein, [música] el Prometeo moderno. O sea, ella misma nos está diciendo que si queremos entender Frankenstein, debemos pensar [música] en Prometeo. El mito, te lo cuento rápido. Prometeo participa en la creación del ser humano. Al principio, los hombres viven casi como animales, sin fuego, sin técnica y sin conocimiento.

 Zeus prefiere que sigan así por miedo a que un día lo desafíen, pero Prometeo se encariña con ellos, roba una chispa de fuego del Olimpo y se la entrega a la humanidad. Y gracias a eso los humanos avanzan, cocinan, construyen, trabajan metales, fabrican herramientas, etcétera. Zeus se enfurece y lo castiga encadenándolo a una roca donde un águila le devora el hígado todos los días y por la noche vuelve a crecer para que el castigo se repita.

Mucho tiempo después, en algunas versiones, Prometeo es liberado por Hércules. Entonces, en resumen, Prometeo entrega el fuego, que simboliza conocimiento y técnica para iluminar a los seres humanos y ayudarlos a crecer. Pero ese gesto también se vive como sacrilegio, una violación del orden divino, una ruptura de reglas y una amenaza para la estabilidad del mundo de Zeus.

 Y si lo piensas, eso es prácticamente lo que estamos viendo en la película. Y ahora, ¿por qué los Shelly se habrían fijado tanto en ese mito? porque encaja perfecto con el clima intelectual de su época, una tensión creciente entre el avance científico y la fe religiosa. Durante siglos dominó una visión teocéntrica del mundo donde todo se explicaba a través de Dios.

 Pero tras la ilustración, la razón empezó a ocupar poco a poco ese lugar, como si el ser humano comenzara a ponerse [música] en el sitio de lo divino. Como Víctor. Claro, no fue de golpe. Al inicio todavía se intentaba conciliar ambas cosas. A principios del siglo XIX en Gran Bretaña, era común pensar que religión y ciencia podían convivir porque apuntaban a la misma verdad desde dos ángulos.

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