El panorama para el Perú en los próximos meses se presenta como una tormenta perfecta donde la crisis climática y la inestabilidad política convergen de manera peligrosa. Según los últimos análisis meteorológicos y las discusiones en el ámbito electoral, el país se enfrenta a la inminente llegada de un Fenómeno del Niño de magnitudes extraordinarias, calificado ya como un Súper Niño, que podría superar en intensidad a los eventos devastadores de finales de los años noventa.
Patricio Valderrama, reconocido especialista en meteorología, ha señalado que las anomalías de temperatura en el océano Pacífico muestran una masa de agua cálida mucho más compacta y caliente que la registrada en mayo del año noventa y siete. Esta situación no es menor, pues el calentamiento global ha elevado la temperatura base del océano, facilitando que estos eventos sean más frecuentes y agresivos. Estamos ante un fenómeno que no durará solo unas semanas, sino que se perfila como un evento multianual que marcará los años veintiséis y veintisiete, afectando tran
sversalmente la economía, la salud y la seguridad alimentaria del país.
El impacto geográfico será diferenciado pero igualmente crítico en todo el territorio nacional. Para la costa norte, se esperan temperaturas veraniegas durante el invierno y lluvias torrenciales a partir de diciembre. El problema radica en que las ciudades costeras, asentadas en desiertos, carecen de infraestructura de drenaje y sus ríos no han sido debidamente descolmatados. En la sierra, la preocupación es la sequía y las heladas extremas, lo que golpeará directamente a la agricultura de subsistencia y el llenado de reservorios. Por su parte, la selva enfrentará una disminución crítica del caudal de sus ríos, dificultando el transporte de bienes esenciales y propiciando incendios forestales de gran escala debido a la baja humedad.
Lo más alarmante es que este desastre natural coincide con una transición política crítica. El nuevo gobierno nacional y las autoridades regionales asumirán sus cargos precisamente cuando los efectos más severos del Niño comiencen a manifestarse. Valderrama advierte que el peor escenario posible es que la falta de experiencia y la demora en la designación de cuadros técnicos en los ministerios paralicen las acciones de rescate y mitigación. Mientras los candidatos centran sus discursos en alianzas parlamentarias y disputas por la legitimidad de los votos, la agenda de prevención de desastres brilla por su ausencia en el debate público.
En el ámbito político, la sombra del pasado sigue dominando la escena. Figuras como Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se encuentran en una carrera donde los endoses de votos y las narrativas de fraude ocupan el centro de la atención. Sánchez ha logrado capitalizar una identidad ligada al castillismo, utilizando el símbolo del sombrero para movilizar a un electorado que se siente agraviado. Por otro lado, el fujimorismo busca consolidar un bloque sólido en el Congreso, intentando atraer a figuras como Jorge Nieto para proyectar una imagen de gobernabilidad, aunque las heridas de elecciones pasadas y los cuestionamientos sobre el financiamiento público de los partidos siguen vigentes.
El uso de los fondos públicos por parte de las organizaciones políticas también ha generado indignación. Se han reportado gastos en viajes internacionales, maestrías para allegados y defensas legales de dirigentes, financiados con el dinero de todos los peruanos. Esta desconexión entre las prioridades de la clase política y las necesidades urgentes de la población se hace evidente cuando se observa que, pese a las advertencias internacionales sobre el clima, no existe un plan de contingencia claro ni un compromiso real para fortalecer el sistema de salud frente a enfermedades como el dengue, la malaria o incluso el cólera, que suelen resurgir en estos contextos.

La economía nacional también sufrirá las consecuencias. La industria pesquera ya siente el impacto con la migración de la anchoveta hacia aguas más frías y profundas, lo que encarece su captura. La agroexportación en el norte enfrenta el riesgo de una floración deficiente debido a la falta de inversión térmica nocturna, lo que podría reducir la calidad de productos como la palta o el mango, restándoles competitividad en los mercados internacionales. Sin noches frías, el ciclo natural de los cultivos se altera, y con ello, el sustento de miles de familias.
Ante este escenario, la ciudadanía se encuentra en una posición vulnerable. La fragmentación del Congreso y la posibilidad de una legitimidad cuestionada para el próximo presidente complican aún más la capacidad de respuesta del Estado. Los analistas sugieren que, más allá de quién gane la segunda vuelta, el éxito o fracaso del próximo quinquenio se decidirá en los primeros meses de gestión frente a la emergencia climática. Si no se ejecutan los planes de prevención de manera inmediata, el Súper Niño no solo dejará estragos materiales, sino que profundizará las brechas de desigualdad, haciendo que los más pobres sufran las peores consecuencias de una naturaleza alterada y una política indiferente.
Es imperativo que la prevención de desastres se convierta en el eje central de la discusión nacional. El Perú no puede permitirse repetir los errores del pasado, donde la ayuda llegaba tarde y la reconstrucción se perdía en la burocracia y la corrupción. La ciencia ha hablado con claridad: el agua viene, el calor aumenta y el tiempo se agota. La pregunta que queda en el aire es si los líderes actuales tendrán la altura necesaria para dejar de lado sus intereses particulares y trabajar en una agenda país que proteja la vida y el futuro de todos los peruanos ante la inminente crisis que se avecina desde el océano.