Posted in

¿Rehén del rating? La guerra secreta de Televisa y TV Azteca por Hugo Sánchez

 No tenía experiencia en medios, no venía del mundo del periodismo ni del entretenimiento, pero tenía algo más poderoso que la experiencia, dinero y conexiones. Pagó 645 millones dó por [música] un paquete de medios que incluía estudios, frecuencias y la oportunidad de competir con Televisa. Así nació TV Azteca [música] el 2 de agosto de 1993.

Una segunda señal apareció en las pantallas de México y el [música] monopolio que había controlado la información, el entretenimiento y la opinión pública de [música] un país entero empezó a resquebrajarse. No fue una liberación, [música] fue un reemplazo. Donde antes había un gigante, ahora había dos.

 donde antes había un ojo, ahora había dos ojos que miraban [música] en direcciones diferentes, pero que ambos respondían a intereses de poder. Televisa seguía [música] siendo el soldado del PRI. Tiazteca se posicionaba como la alternativa, la voz nueva, el canal que no le debía nada al viejo sistema, pero la realidad era menos romántica.

 Años después se supo que Raúl Salinas [música] de Gortari, el hermano del presidente, le había prestado casi 30 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego para completar [música] la compra. La alternativa estaba financiada por el mismo sistema que pretendía desafiar. Sin embargo, la guerra era real. Televisa y TV Azteca se odiaban con una pasión [música] que solo el dinero puede generar.

 Se robaban conductores, se robaban exclusivas, se robaban audiencia. [música] Cada punto de rating era una batalla y cada figura pública que aparecía en un canal era un arma que el otro perdía. Y en el centro de esa guerra, con la mayor popularidad que cualquier figura deportiva podía ofrecer, [música] estaba Hugo Sánchez, no como combatiente, como botín, porque en la guerra de las televisoras las personas no son personas, son ratings, son contratos publicitarios, son cifras en una hoja de cálculo que determinan quién gana más dinero este trimestre. Y

Hugo, con su nombre, su carisma y su capacidad de generar titulares con solo abrir la boca, era la pieza más codiciada del tablero. La pregunta no era si Hugo elegiría un bando, la pregunta era qué le haría el bando que no lo eligiera y la respuesta, como siempre en México, fue brutal, porque Hugo no era un conductor de noticias que podía pasar desapercibido si cambiaba de canal.

 Hugo era el nombre más grande del deporte mexicano, el hombre cuyos goles habían sido transmitidos por Televisa durante décadas, [música] cuyas entrevistas habían generado millones en publicidad, cuya imagen estaba asociada al canal de las estrellas, como pocas otras en la historia del entretenimiento mexicano. Televisa consideraba a Hugo propiedad suya, no legalmente, emocionalmente, porque habían sido ellos quienes habían transmitido sus goles al mundo, quienes habían construido su leyenda en las pantallas mexicanas, quienes habían decidido cuándo Hugo era

héroe y cuándo [música] era noticia. En la lógica de Televisa, Hugo les debía todo y un deudor no cambia de bando. Pero Hugo nunca fue bueno pagando deudas que no sentía suyas. Y cuando empezó a hablar en plataformas que no controlaba Televisa, cuando su voz apareció en espacios que competían directamente con el imperio de Chapultepec, la reacción fue predecible.

 Si Hugo no era de Televisa, entonces Hugo no era de nadie. Y si no era de nadie, había que [música] asegurarse de que no fuera de nadie más. La operación estaba a punto de comenzar. Hugo Sánchez [música] no eligió un bando en la guerra de las televisoras. eligió algo peor. Eligió su propia voz. Cuando volvió a México después de su [música] carrera europea, Hugo no se sentó en el escritorio de nadie, no firmó [música] un contrato de exclusividad con Televisa, no se convirtió en el rostro de TV Azteca.

Habló donde lo dejaban hablar, opinó donde le daban un micrófono y dijo lo que pensaba sin importar qué logo aparecía en la esquina de la pantalla. [música] Eso, en la lógica de las televisoras, era inadmisible. Porque en México [música] la independencia mediática no existe para las figuras públicas.

 ¿Eres de Televisa o eres de [música] Tue Azteca? ¿Eres del canal de las estrellas o eres del 13? No hay zona gris, no hay terreno neutral. [música] El duopolio no tolera la neutralidad porque la neutralidad es impredecible [música] y lo impredecible no se puede vender ni controlar. Hugo era impredecible. Siempre lo había sido. En el Bernabéu nadie sabía por dónde iba a rematar.

 En las ruedas de prensa nadie sabía qué iba a decir. Y ahora, de vuelta en México, [música] nadie sabía en qué canal iba a aparecer mañana, criticando a la Federación, al Pacto de Caballeros o al estado del fútbol nacional. Televisa intentó lo que siempre hacía con las figuras incómodas. Primero, la seducción, las invitaciones a los programas estelares, los segmentos especiales, la cobertura amable que recordaba sus goles y sus títulos.

 Era la estrategia del abrazo. Si puedes tener a Hugo dentro, lo controlas. Si dice algo incómodo, lo editas. [música] Si va demasiado lejos, cortas la señal y pones una pausa comercial. Pero Hugo no se dejaba abrazar. Hablaba con la misma frontalidad en Televisa que en cualquier otro lugar.

 Y cuando Televisa editaba sus declaraciones, Hugo lo denunciaba públicamente. Cuando le cortaban una entrevista, él la completaba en otro medio. Cuando intentaban silenciarlo, su voz se hacía más fuerte. TV Azteca vio la oportunidad. [música] Aquí estaba el hombre más popular del deporte mexicano, enemistado con Televisa.

 El fichaje perfecto. Hugo podía ser la voz deportiva que diferenciara a TV Azteca del rival. El crítico que dijera en el 13, lo que Televisa censuraba en el dos, el arma mediática que convirtiera la audiencia deportiva en una trinchera ganada. Pero Hugo tampoco se vendió a TV Azteca, no porque no le interesara el dinero o la exposición, porque entendía que ser el soldado de un canal significaba dejar de ser Hugo, significaba decir lo que el jefe del canal quisiera que dijera, significaba callar cuando el jefe lo ordenara. Y

Hugo no callaba por nadie, ni por Azcárraga, ni por Salinas Pliego, ni por Dios. Finalmente, [música] Hugo encontró refugio en ESP, una plataforma internacional fuera del [música] dúopolio mexicano, un espacio donde podía hablar sin que nadie en Ciudad de México controlara el botón del micrófono.

 SPN no tenía derechos del fútbol mexicano de la misma manera que [música] Televisa o TV Azteca. No tenía intereses en la federación, no le debía favores a los dueños de los clubes, era libertad, [música] la misma libertad que Hugo había buscado toda su vida, pero con un precio, porque estar fuera del duopolio significaba estar fuera de la conversación que importaba.

 ESPN llegaba a miles, [música] Televisa y TV Azteca llegaban a millones. La voz de Hugo era libre, pero su alcance estaba limitado por la misma estructura que había intentado controlar durante décadas. [música] El sistema había encontrado la solución perfecta: no silenciar a Hugo, [música] marginarlo, dejarlo hablar en un rincón donde su verdad no alcanzara a las masas que más la necesitaban.

Read More