Posted in

El Papa Francisco le pregunta a Mujica cómo vivir en paz — su respuesta estremece al Vaticano

Cuando finalmente las puertas del despacho papal se abrieron, Mujica se encontró frente a frente con Jorge Bergoglio. El Papa Francisco, también conocido por su austeridad dentro de la opulencia Vaticana, sonrió ampliamente y se adelantó para recibirlo con un abrazo, no con el protocolar beso al anillo. “José, finalmente nos conocemos en persona”, dijo el Papa con sincera calidez.

 He seguido su trayectoria durante años. Un hombre que dona el 90% de su salario como presidente y vive en una chakra humilde tiene mucho que enseñarnos a todos. Mujica, visiblemente emocionado, pero manteniendo su característica serenidad, estrechó la mano del pontífice. Santidad, soy un simple agricultor que por azares del destino llegó a la presidencia.

 No sé si tengo algo que enseñar, pero sí mucho que compartir desde mis experiencias. Se sentaron en un pequeño salón lateral, mucho más sencillo que el despacho oficial. Allí, con té de hierbas servido en tazas simples, comenzó una conversación que duraría horas, mucho más tiempo del que estaba previsto en la agenda papal.

 José, te he invitado porque vivimos tiempos difíciles. El materialismo consume a nuestra sociedad, la desigualdad crece y la paz parece cada vez más lejana. Tú has hablado sobre estos temas con una claridad que me conmueve. Dime, ¿cómo podemos encontrar la paz en un mundo así? Mujica tomó un sorbo de té y miró directamente a los ojos del Papa.

 No había ensayado un discurso ni preparado frases elegantes, como siempre hablaría desde el corazón. Santidad. Pasé casi 15 años de mi vida en una celda tan pequeña que apenas podía extender los brazos. Estuve en condiciones que ningún ser humano debería experimentar. Y allí, en la soledad más absoluta, comprendí que la paz no es algo que se encuentra afuera, sino adentro.

 El Papa escuchaba con atención, ocasionalmente asintiendo. Cuando salí de prisión, decidí que no viviría con odio, que no perdería mi tiempo en acumular cosas que no puedo llevarme cuando me muera. La vida es demasiado breve y maravillosa para desperdiciarla persiguiendo espejismos. Háblame más de esa decisión, José”, pidió Francisco, visiblemente conmovido.

“Mire, santidad, podría haber salido de la cárcel lleno de resentimiento. Tenía todo el derecho a estar amargado, pero comprendí que eso solo me envenenaría.” La paz llegó cuando entendí que la libertad más importante no es la física, sino la de decidir cómo vivir. Y yo decidí vivir con lo justo, tener tiempo para las cosas que realmente importan, amar, pensar, disfrutar de la naturaleza, de un buen mate al amanecer.

El Papa Francisco sonrió al escuchar la mención del mate, esa bebida tradicional que compartían argentinos y uruguayos. Muchos creen que vivo como vivo por ideología, pero no es así. Vivo así porque me hace feliz. No necesito más. Cuando uno tiene pocas cosas, tiene menos preocupaciones. Y cuando tienes menos preocupaciones, puedes dedicarte a lo esencial.

 ¿Y qué es lo José?, preguntó el pontífice. Amar. Santidad. Amar a los demás. amar lo que haces, amar la vida con todas sus imperfecciones. Cuando amamos verdaderamente, no hay espacio para la codicia, para la envidia, para el odio. Y sin esos venenos, la paz florece naturalmente. El Papa se levantó y caminó hacia la ventana.

 Desde allí se podía ver la plaza de San Pedro, llena de turistas y peregrinos. ¿Sabes, José? La Iglesia posee grandes tesoros, arte. propiedades. A veces me pregunto si esto es compatible con el mensaje de Jesús, que nació en un pesebre y murió en una cruz. Mujica se unió a él junto a la ventana. Francisco, cada uno hace lo que puede dentro de las circunstancias que le toca vivir.

 Usted está intentando cambiar una institución milenaria desde adentro y eso requiere tiempo. Lo importante no es dónde estamos, sino hacia dónde vamos. No se trata de renunciar a todo de la noche a la mañana, sino de preguntarnos constantemente, ¿esto me acerca o me aleja de la humanidad que quiero ser? El diálogo continuó mientras el sol alcanzaba su sénit sobre Roma.

 Dos hombres de orígenes distintos, con visiones diferentes del mundo, pero unidos por una preocupación común, la búsqueda de una vida más plena y justa para todos. Me dijeron que eres ateo, José”, comentó el Papa en un momento de la conversación. Sí, no creo en Dios como lo describe la religión, pero creo profundamente en el ser humano, en su capacidad de amar y de construir un mundo mejor.

 Si a eso se le puede llamar fe, entonces sí tengo fe. El Papa sonríó. A veces pienso que algunos ateos están más cerca del reino de los cielos que muchos que se dicen creyentes, pero viven ajenos al sufrimiento de los demás. Cuando llegó la hora de concluir el encuentro, ambos hombres se levantaron. El Papa tomó las manos de Mujica entre las suyas.

 José, quiero hacerte una pregunta más, una que me he hecho muchas veces. ¿Cómo podemos transmitir este mensaje de paz y sencillez a un mundo que parece ir en la dirección opuesta? Mujica reflexionó un momento antes de responder con el ejemplo santidad. Las palabras conmueven, pero el ejemplo arrastra. La gente no recuerda lo que decimos, sino cómo vivimos.

 Usted lavando los pies de los presos, eligiendo vivir en Santa Marta en lugar del palacio apostólico, esos gestos hablan más fuerte que cualquier encíclica. El Papa asintió profundamente conmovido. Tu respuesta, José, estremece no solo al Vaticano, sino a mi propio corazón. La paz no se encuentra en discursos o teorías, sino en la decisión cotidiana de vivir con amor y sencillez.

 Antes de despedirse, Mujica entregó al Papa un pequeño paquete, un regalo de Uruguay, santidad, semillas de flores nativas de mi país, porque la paz, como las flores, necesita ser cultivada cada día. Francisco recibió el obsequio con emoción visible. Gracias, José. Las plantaré con mis propias manos en los jardines vaticanos como recordatorio de nuestra conversación.

 Al salir del Vaticano, Mujica fue abordado por periodistas ansiosos por conocer detalles del encuentro. “¿Qué le dijo al Papa, presidente Mujica?”, preguntó uno de ellos micrófono en mano. Con su habitual serenidad, Pepe respondió, “Le dije lo mismo que les diría a ustedes, que la felicidad no está en tener cada vez más, sino en tener menos necesidades, que la vida es muy corta para perderla persiguiendo lo que no podemos llevar a la tumba.

” Mientras el expresidente uruguayo se alejaba, los periodistas se quedaron reflexionando sobre sus palabras. Uno de ellos, un veterano corresponsal italiano, murmuró para sí mismo. Este hombre no solo habló con el Papa, habló con todos nosotros. La noticia del encuentro entre el Papa Francisco y José Mujica se propagó rápidamente por el mundo.

Read More