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ALEJANDRO “COBRITA” GONZÁLEZ: EL ASQUEROSO SECRETO QUE LE COSTÓ 3 HIJOS

Pero a esto vamos a volver. 1992. Alejandro tiene 19 años, récord de 22 victorias y dos derrotas. La empresa de boxeo, que lo había firmado el año anterior, le ofrece pelear cuatro veces al año. Bolsas de $5,000 mínimo, posibilidad de pelear en Estados Unidos antes de los 25 años. Alejandro firma sin abogado, sin leer todas las cláusulas, confiando en Chepo y en un señor que le presentó Chepo, un señor que iba a ser su manager los siguientes 10 años, un señor del que vamos a hablar en su momento. El primer cheque grande

lo cobra en 1993, $8,000 por pelear contra un cubano en Las Vegas. lo noquea en el séptimo round. Cuando regresa a Guadalajara con los $,000 en una bolsa de tela, va directo a la casa de su madre, le entrega el dinero completo. Doña Alicia, que se llamaba así su mamá, lo cuenta, lo vuelve a contar.

No puede creer que su hijo le esté entregando esa cantidad. Le pregunta si está seguro. Alejandro le contesta que sí, que ese dinero es para empezar a buscar la casa. Doña Alicia llora. Alejandro llora y esa noche, según contaría la propia doña Alicia a una vecina que después le platicó al periódico Record, la madre del cobrita rezó hasta el amanecer pidiéndole a Dios una sola cosa. Cuida a mi muchacho.

Cuídalo de la fama, cuídalo del dinero, cuídalo de la gente que se va a acercar. Doña Alicia tenía 52 años, iba a vivir 29 años más, pero esa noche, con el cansancio de toda una vida pidiéndole a Dios cosas pequeñas, tuvo el presentimiento de que algo grande venía y de que lo grande no siempre es bueno. Lo que vino después le dio a doña Alicia a su casa, le dio un cinturón mundial a su hijo y le dio a los dos una herida que solo iba a empezar a sangrar 20 años después.

1994, Alejandro tiene 21 años, récord de 34 victorias y dos derrotas, 28 de esas victorias por la vía del cloroformo. La empresa de boxeo le llama un martes por la tarde a Chepo Reinoso. Le dice una cosa que Chepo no esperaba escuchar tan rápido. Le dicen, “El muchacho tiene oportunidad por el título mundial.

Va a pelear contra Kevin Kelly en San Antonio. 7 de enero. Foro Alam Modome. Va a ser televisada por la HBO. Si gana es campeón mundial peso pluma del Consejo Mundial de Boxeo. Chepo agarra el teléfono con las dos manos, le pregunta tres veces si está seguro. Tres veces le contestan que sí. Cuelga. Llama a Alejandro.

Le dice que vaya al gimnasio sin preguntar. Cuando Alejandro llega, Chepo lo abraza. le dice una sola frase, “Muchacho, llegó la hora. La que estábamos esperando desde hace 9 años.” Alejandro no entiende al principio. Cuando entiende, se queda callado. Se sienta en la banca de madera del vestidor y por primera vez desde que tenía 7 años llora frente a su entrenador.

Esa pelea contra Kevin Kelly iba a cambiar la vida del cobrita, pero también iba a abrir una puerta que ya no se iba a cerrar nunca. Por esa puerta entraron en 1996 las personas que le iban a costar tres hijos. ¿Quién era Kevin Kelly? Para entender el tamaño de la hazaña, hay que entender quién era el rival. Kevin Kelly era de Brooklyn, Nueva York, 27 años, 41 peleas como profesional, 41 victorias, cero derrotas, 28 knockouts.

Le decían el tiburón volador por la velocidad con la que entraba y salía del cuadrilátero. La revista Ring lo tenía entre los mejores 5 peso pluma libra por libra del mundo. La HBO lo había puesto en la portada de su programa estelar tres veces en 2 años. La sala de prensa de Madison Square Garden tenía una pared con su fotografía a tamaño real.

Kelly era el favorito 5 a un en las apuestas de Las Vegas. No, apostar por el cobrita esa noche era apostar a un imposible matemático. Y aún así, Alejandro firmó. El campamento se hizo en Big Bear, California, 4 semanas de altura, sin refrescos, sin azúcar, sin alcohol, sin novia. Chepo Reinoso lo tenía corriendo a las 5 de la mañana por la montaña.

Sparring con tres peleadores zurdos, trabajo de cabeza, trabajo de respiración y un detalle que Chepo iba a contar después en una entrevista para el canal de YouTube de Marco Antonio Barrera. Detalle textual. Ah. Ah. Le dijo a Alejandro la noche antes de viajar a San Antonio. Muchacho, este Kelly te va a humillar antes del primer round.

Te va a decir que pegas como niña. Te va a decir que vas a correr. Te va a faltar al respeto a ti, a tu mamá, a tu país. Tú no le contestes. Tú aguanta. Y cuando suene la campana, le pegas hasta que el árbitro te separe. Alejandro le dijo que sí y Kelly hizo exactamente lo que Chepo había advertido. En la conferencia de prensa del jueves 4 de enero, frente a 200 reporteros y las cámaras de la HBO, Kevin Kelly se paró en el podio y le dijo a Alejandro González en inglés frente a un traductor que tradujo todo en vivo. le dijo que tenía más respeto

por un peleador llamado Cobra Soto que por el cobrita. Que el cobrita iba a correr como pollo el sábado, que las cobras de México mordían, pero la suya iba a quedar hecha cinturón en el ring. Alejandro lo escuchó sin parpadear. Cuando le dieron el micrófono, contestó dos frases, solo dos. en español, le dijo, “Dejaste de pensar el día que escogiste pelear conmigo.

El sábado vas a comer tus palabras.” Y se sentó. Esa frase del cobrita la grabó la HBO. Está en el archivo de la cadena. La escucharon 8,000 personas en San Antonio dos noches después y se cumplió de manera escalofriante. 7 de enero de 1995. Foro Alam Modome de San Antonio, Texas. 8,000 personas, la mayoría mexicanos, boletos a $30, cantantes mariachis tocando en la entrada, banderas tricolores hasta donde alcanzaba la vista y arriba del ring, dos peleadores que iban a entrar a la historia del boxeo mundial esa noche. Kelly salió

primero, bata roja con flecos dorados. La gente lo abucheó, le tiraron vasos de cerveza. Subió al ring sin saludar. Cuando salió Alejandro, el Alamodome se vino abajo. Bata blanca con bordados verdes, caminaba detrás de Chepo Reinoso, la cara seria, sin sonreír, sin saludar a nadie, como un boxeador que iba a una guerra.

El árbitro los llamó al centro del ring. Las instrucciones fueron en inglés. Alejandro asintió sin entender la mitad. Volvieron a sus esquinas. Sonó la campana del primer round. Número. Lo que pasó esa noche fue una guerra de 12 rounds, pero los rounds que importan, los que cambiaron la historia, fueron tres.

El round seis, el cobrita conectó una derecha cruzada en la 100 de Kelly. Kelly cayó de espaldas. La gente del Alamodome se levantó gritando. El árbitro contó hasta ocho. Kelly se levantó con las piernas temblando, pero aguantó. El round 8o. Kelly regresó el favor. Una izquierda corta a la mandíbula. El cobrita tocó la lona con la rodilla, se levantó al cuatro.

La gente contuvo el aire. Y el round 12, el último. Los dos peleadores agotados, los dos sangrando por las cejas. Los dos sabiendo que la pelea estaba cerrada, sonó la campana, se abrazaron y esperaron las tarjetas. Las tarjetas las leyó Michael Buffer en el centro del ring. Pausa larga sobre amarillo y la frase y el nuevo campeón del mundo del Consejo Mundial de Boxeo.

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