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El Fracaso del Entreguismo: Cómo la Inédita Petición de Alejandro Moreno a Estados Unidos se Convirtió en un Ridículo Histórico

La política mexicana contemporánea acaba de ser testigo presencial de uno de los episodios más insólitos, polémicos y, de acuerdo con las propias palabras expresadas por la titular del Poder Ejecutivo federal, verdaderamente ridículos de la historia moderna de la nación. En un movimiento audaz y profundamente desconcertante que ha dejado a analistas políticos, ciudadanos comunes y figuras públicas de todos los espectros ideológicos completamente atónitos, el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno, ha decidido cruzar una línea roja que hasta hace muy poco tiempo se consideraba absolutamente impensable dentro del panorama democrático nacional. Alejándose por completo de cualquier protocolo básico de prudencia política, diplomacia institucional o simple sentido común, el líder partidista tomó un vuelo directo hacia la capital estadounidense, Washington D.C., para llevar a cabo una acción sin precedentes que ha sacudido violentamente los cimientos de la soberanía nacional. Según sus propios reportes, se sentó en diversas oficinas extranjeras de altísimo nivel y procedió a entregar, mediante documentos escritos, una solicitud formal exigiendo que el gobierno de los Estados Unidos de América declare a Morena, el partido que actualmente ostenta el poder y cuenta con una abrumadora mayoría de representación popular en las cámaras, como una organización terrorista en toda la extensión de la palabra.

El impacto mayúsculo de esta noticia no radica única y exclusivamente en la audacia desmedida de la petición, sino en la inmensa gravedad institucional y simbólica que conlleva. Alejandro Moreno acudió de manera presencial a tres de las dependencias más poderosas e influyentes de todo el aparato gubernamental estadounidense: el Departamento de Estado, el Departamento de Justicia y el codiciado Departamento del Tesoro. El propio dirigente tricolor se encargó de confirmar, e incluso de presumir abiertamente, este acto a través de múltiples publicaciones en sus cuentas oficiales de redes sociales el pasado 6 de mayo de 2026, anexando fotografías donde posa orgulloso con los supuestos documentos recién entregados. Ante la difusión de estas imágenes, la interrogante que inmediatamente inundó la conversación pública, las mesas de análisis y los pasillos mismos de Palacio Nacional fue tan directa como inevitable: ¿Qué clase de dirigente político, en su sano juicio, acude apresuradamente a una gran potencia extranjera para implorar y suplicar que se apliquen severas sanciones internacionales en contra de su propia nación y en contra del gobierno legítima y democráticamente constituido por el voto popular?

Para lograr comprender a cabalidad la verdadera dimensión y el profundo significado de esta controvertida maniobra, resulta absolutamente fundamental analizarla con el mayor de los rigores y con una profunda frialdad objetiva. Estamos hablando del presi

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