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El sol de mediodía en Madrid no perdonaa.

PARTE 1

El sol de mediodía en Madrid no perdona.

Cae sobre el asfalto como un castigo bíblico.

Elena estaba sentada al volante de su utilitario.

Un coche que, hasta hacía cinco minutos, olía a pino colgado del retrovisor.

Un pino sintético, discreto, casi humilde.

Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido.

El destino, en este caso, tiene nombre de mujer.

Y lleva un cardado que desafía las leyes de la gravedad.

Se llama Purificación.

Puri, para los amigos.

“La Doña”, para Elena.

Elena miraba por el espejo retrovisor con el pulso tembloroso.

Vio aparecer la figura de su suegra por el portal.

No era una mujer caminando.

Era una fragata de guerra desplegando velas en plena calle Goya.

Purificación vestía de lino beige, como si fuera a un safari por la Moraleja.

Llevaba un bolso de piel que pesaba más que su conciencia.

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