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La Mujer que Controlaba Todo: Cilia Flores y el Régimen de Maduro

 

Las autoridades judiciales de Estados Unidos acaban de hacer públicas acusaciones que nadie imaginaba. Silia Flores, la esposa del líder venezolano Nicolás Maduro, habría dado órdenes directas para asesinar personas. No se trata solo de Maduro, sino específicamente de ella, Cilia, [música] la mujer que muchos consideraban únicamente como la pareja del mandatario.

 Según los fiscales, ella y Maduro coordinaban grupos armados para resguardar sus negocios ilícitos relacionados con drogas y habrían ordenado secuestros, agresiones físicas y homicidios contra cualquiera [música] que representara un obstáculo. Esta información proviene de la acusación formal del distrito sur de Nueva York, revelada hace poco tiempo.

 En la madrugada, esta mujer fue detenida. La sacaron de su cama aproximadamente a la 1 de la mañana. Unidades especiales estadounidenses ingresaron a territorio venezolano, se dirigieron directamente a la vivienda presidencial y la sacaron del país junto a Maduro por la fuerza. Ahora enfrenta la posibilidad de pasar el resto de su vida en prisión.

 Sin embargo, esta no es solamente la narrativa de su detención, esta es la historia completa de su trayectoria. Como una mujer nacida en el pueblo más olvidado de Venezuela terminó controlando a un dictador, cómo colocó a 47 miembros de su familia en posiciones gubernamentales, incluyendo a su primer esposo, el hombre que dejó por maduro, cómo el sobrino que crió como si fuera su hijo la hundió definitivamente, y cómo llegó a ordenar la eliminación de quienes interferían con sus intereses.

 Descubrirás cuatro elementos clave. Primero, las circunstancias exactas de cómo conoció a Maduro y las palabras precisas que pronunció al verlo por primera vez. Segundo, el listado detallado de los 47 familiares que infiltró en el gobierno y lo que le hizo a su primer esposo. Tercero, las declaraciones de su sobrino cuando fue arrestado con 800 kg de cocaína. La frase que revela todo.

Cuarto, el documento recientemente divulgado que detalla los asesinatos que ordenó. Te avisaré cuando lleguemos a cada punto, pero primero necesitas conocer los orígenes de esta mujer, porque ahí comienza toda la historia. Silia Adelaflores vino al mundo el 15 de octubre de 1956 en un pueblo que prácticamente nadie conoce, un lugar del cual muy pocos logran salir, Tinaquillo.

 [música] Es fundamental recordar ese nombre, Tinaquillo, porque todo lo que Silvia realizó posteriormente en su vida, todos los actos [música] terribles que conocerás hoy, los hizo para evitar volver a ser aquella niña pobre de ese pueblo abandonado. Sinaquillo se encuentra en el estado Cojedes en el centro de Venezuela, aproximadamente a 3 horas de la capital por carretera.

 Es un lugar caluroso, cubierto de polvo, olvidado por el resto del país. Su madre también se llamaba Cia Adela Flores y falleció en marzo de 2016. Su padre se llamaba Julio Seijas, pero nunca estuvo presente en su crianza. Silia era lo que en Venezuela se denominaba hija natural. En la Venezuela de los años 50, este término tenía un significado específico y doloroso.

 Significaba que tus progenitores no habían contraído matrimonio cuando naciste. Significaba que solo portabas el apellido materno. Significaba vergüenza social. Significaba comenzar tu vida desde una posición más baja que la de los demás. Durante su infancia, su familia se trasladó a Caracas, pero no a las áreas prósperas, no a los edificios con porteros y piscinas, no a las urbanizaciones con espacios verdes.

 Se mudaron al oeste de la ciudad, a las zonas marginales, a los cerros, donde las viviendas se amontonan unas sobre otras, donde el suministro de agua es irregular, donde las calles carecen de nomenclatura oficial, donde las autoridades policiales evitan entrar. Silia creció en ese entorno con esa rabia silenciosa que produce la pobreza cuando observas que otros poseen lo que tú ni siquiera puedes imaginar tener.

Cuando recorres la ciudad y ves automóviles que cuestan más que la vivienda donde resides. Cuando contemplas los edificios resplandecientes del este de Caracas [música] y comprendes que nunca vivirás allí cuando entiendes desde muy pequeña que el mundo está dividido y que tú naciste en el lado equivocado.

 Pero Silia no se resignó, estudió, se esforzó, logró ingresar a la universidad, no a las universidades costosas, no [música] a las que asisten los hijos de familias adineradas. Ingresó a la Universidad Santa María, una institución privada, pero de las más accesibles económicamente, de las que aceptan a cualquier persona que pueda cubrir las cuotas mensuales.

 Se graduó como abogada, se especializó en derecho penal y laboral y en 1978, a los 22 años de edad, contrajo matrimonio. Su esposo se llamaba Walter Ramón Gavidia Rodríguez. Con él tuvo tres hijos varones. El primero, Walter Jacob, nació en diciembre de 1978, el mismo año de la boda. Silia tenía 22 años. El segundo, José Perdaniel.

 Nació una década después, [música] en octubre de 1988. El tercero, Josh Wall Alexander. [música] Nació en agosto de 1990. Tres hijos varones. Un matrimonio que duró más de 15 años. Una carrera profesional como abogada, una vida aparentemente convencional. Es importante recordar el nombre de este hombre, Walter Gavidia, porque lo que Silvia le hizo posteriormente, lo que hizo con él cuando alcanzó el poder, es uno de los [música] actos más crueles que escucharás hoy.

 Pero eso vendrá más adelante. Silia no deseaba una vida convencional. Silia anhelaba poder y en febrero de 1992 el poder llamó a su puerta. El 4 de febrero de 1992, un teniente coronel del ejército venezolano intentó derrocar al presidente. Su nombre era Hugo Rafael Chávez [música] Frías. Tenía 37 años. Era carismático, rebelde, con ideas revolucionarias que había desarrollado durante años en los cuarteles militares.

Organizó un golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez y no tuvo éxito. Fue arrestado, encarcelado [música] y en teoría su carrera política había terminado antes de comenzar. Sin embargo, ocurrió algo inesperado, algo que nadie anticipó. El golpe fracasó, pero Chávez se convirtió en una figura famosa.

 Lo llevaron frente a las cámaras de televisión para que anunciara que todo había concluido, para que [música] instara a sus partidarios a rendirse. Y Chávez habló, pero no pronunció lo que querían que dijera. Dijo una frase que toda Venezuela recuerda hasta el día de hoy. Por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados.

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