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🇲🇽🚨¡GAFES REVIENTAN NARCO-CENTRAL TELEFÓNICA EN CDMX! CJNG INTERCEPTA LLAMADAS POLICIALE 82 SICARIOS

La llamada duró 43 segundos. Un comandante de la policía federal le decía a su operador de radio que moviera dos patrullas del sector oriente hacia un retén en la autopista México Puebla, porque había un reporte de un vehículo sospechoso. 43 segundos de instrucción operativa rutinaria, la ubicación del retén, el número de las patrullas, la frecuencia de radio que debían usar, el nombre del comandante, todo.
Y esos 43 segundos fueron escuchados, grabados y transcritos en tiempo real. por un operador del cártel Jalisco Nueva Generación, que estaba sentado en un departamento del tercer piso de un edificio de oficinas en la colonia Doctores de la Ciudad de México, con audífonos puestos frente a tres monitores, con un café frío en el escritorio y un cuaderno donde anotaba cada palabra que el comandante decía.
El operador terminó de transcribir, levantó su radio y transmitió la información a una célula del CJNG que en ese momento estaba moviendo un cargamento de droga por la autopista México Puebla. La célula recibió la información, cambió de ruta, evitó el retén cargamento sin contratiempo. Todo en menos de 3 minutos.


del micrófono del comandante a los oídos del CJNG en menos de lo que tarda un semáforo en cambiar. El CJNG estaba escuchando a la policía en tiempo real desde un edificio de oficinas en el centro de la Ciudad de México, interceptando llamadas, monitoreando frecuencias de radio, grabando conversaciones y usando esa información para anticipar cada movimiento de las fuerzas de seguridad en la zona metropolitana más grande de América Latina.
No era un tipo con un radioescáner comprado en el tianguis. Era una central de inteligencia electrónica con equipo profesional, con personal capacitado, con turnos de 24 horas, con bases de datos de frecuencias policiales, con software de descifrado de comunicaciones encriptadas y con la capacidad de interceptar no solo radios de policía, sino llamadas de teléfono celular de personas específicas que el CJNG tenía identificadas como objetivos de inteligencia.
Los gafes entraron al edificio a las 4 de la mañana, un miércoles, subieron al tercer piso, tumbaron la puerta del departamento y encontraron a 82 personas distribuidas en lo que resultó ser no un departamento, sino un piso completo de un edificio de oficinas que el CJNG había rentado y convertido en la central de inteligencia electrónica más sofisticada que se haya descubierto en la historia del narcotráfico mexicano.
La escena que encontraron los soldados al cruzar la puerta es digna de una película de espionaje. 12 personas con audífonos giraron la cabeza simultáneamente hacia la puerta cuando esta cayó. Algunas se quitaron los audífonos con calma, como si hubieran estado esperando ese momento. Otras intentaron levantarse, pero los soldados ya estaban sobre ellas.
Un operador intentó borrar archivos de su computadora y alcanzó a tirar un café sobre el teclado antes de que un soldado le apartara las manos del escritorio. En el centro de análisis, dos analistas estaban discutiendo sobre la interpretación de una interceptación cuando los gafes entraron al cuarto. Uno tenía un plumón en la mano y estaba señalando un punto en un mapa de la pared.
se quedó congelado con el plumón en alto y la boca abierta mientras los soldados le ordenaban tirarse al suelo. En el cuarto de servidores, un técnico intentó desconectar los discos duros de los servidores. Alcanzó a desconectar uno antes de que lo sometieran. Ese disco duro que falta puede contener información que los investigadores nunca van a recuperar.
Un gesto de 3 segundos que eliminó evidencia que podría haber sido crucial. Los otros servidores fueron asegurados intactos con sus discos duros llenos de miles de horas de grabaciones que ahora están siendo procesadas. Los soldados describieron la central como una oficina normal donde todo el mundo tiene audífonos, escritorios limpios, monitores encendidos, papeles organizados, café en las tazas.
Si no fuera por los receptores de radio, los EMS catchers y los mapas con ubicaciones de retenes militares pegados en las paredes, podrías pensar que era un call center de servicio al cliente. La normalidad del espacio contrastaba de manera escalofriante con la gravedad de lo que se hacía ahí. Expiar a las fuerzas de seguridad de un país debería verse como algo siniestro, oscuro, clandestino.
En la central de la doctores se veía como un trabajo de oficina, porque para los 82 que trabajaban ahí, eso es exactamente lo que era. un trabajo de oficina con horarios, con turnos, con café, con compañeros, solo que el producto de su trabajo era la destrucción de la seguridad de 25 millones de personas, 82 personas en un edificio de oficinas de la colonia Doctores, a 20 minutos del Palacio Nacional, a 10 minutos de la Secretaría de Seguridad, a 5 minutos de la Fiscalía General de la República, el CJNG espiaba
a las autoridades desde las narices de las autoridades. y lo que encontraron adentro, el equipo que tenían, la información que habían recopilado, las personas que estaban espiando y lo que los interrogatorios revelaron sobre la red de inteligencia electrónica del CJNG en todo el país. Eso es lo que te vine a contar.
Quédate porque este caso no es solo un decomiso de equipo electrónico. Es la prueba de que el CQNG tiene capacidades de espionaje que compiten con las de un servicio de inteligencia estatal y eso cambia todo. la Ciudad de México, el corazón político, económico y administrativo del país, 35 millones de personas en la zona metropolitana si cuentas el Estado de México, la sede de los poderes federales, la sede de La Sedena, de la Marina, de la Guardia Nacional, de la Fiscalía, de la Secretaría de Seguridad, el centro neurálgico de todas las instituciones
que combaten al narcotráfico en México y el CJNG puso su central de espionaje ahí en la capital, en el lugar donde las comunicaciones de seguridad son más densas, más frecuentes, más valiosas, donde un solo turno de interceptación puede capturar más información operativa que semanas de monitoreo en una ciudad de provincia, donde las decisiones que afectan a todo el país se transmiten por radio y teléfono todos los días, donde el flujo de inteligencia que pasa por las ondas de radio es un río de datos que si sabes escucharlo te da ventaja
sobre todas las fuerzas de seguridad del país. La elección de la colonia Doctores tiene su propia lógica. Es una colonia céntrica, densa, con edificios de oficinas de los años 70 y 80 que se rentan baratos porque la zona ha perdido atractivo comercial. Un piso de oficinas en la Doctores cuesta una fracción de lo que cuesta en Santa Fe o en Polanco.
Y la densidad de antenas de telecomunicaciones en la zona centro de la ciudad es la más alta de México, lo que facilita la interceptación de señales de radio y de telefonía celular. El edificio donde operaba la central tenía cinco pisos. Los dos primeros estaban ocupados por negocios legítimos, una oficina de contadores, un despacho de abogados, una empresa de importaciones.
El tercer piso completo estaba rentado a nombre de una empresa de consultoría en sistemas de información que, como todas las fachadas del CJNG, existía en papel,

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