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Él la Golpeó… y Verónica Castro lo Encubrió Durante Años

Él la Golpeó… y Verónica Castro lo Encubrió Durante Años

mintió a los médicos para protegerlo. Le dijo al doctor que había sido un asalto, que unos desconocidos la habían atacado en la calle, que no sabía quiénes eran. Los médicos le creyeron. Anotaron el reporte, cerraron el caso y el hombre que la había golpeado salió sin consecuencias. Ese hombre era su hijo, el mismo al que ella había criado completamente sola durante 33 años.

El mismo por quien había sacrificado oportunidades, relaciones, libertad. El mismo que hoy cambia de novia cada 6 meses y da conciertos frente a miles de personas, mientras su madre vive sola en Acapulco con el pelo blanco, llorando con cada palabra que dice, hablándole a una mujer que ya no puede responder.

Verónica Castro tiene 72 años y según una fuente cercana que habló con una revista hace poco tiempo ha confesado que ya no desea vivir. Esta es la historia que no se ha contado completa. No los chismes sueltos, no los titulares de una semana, sino el recorrido completo de una mujer que dio todo a todos y terminó sin nada.

Si esta historia te importa, si crees que las historias de mujeres como Verónica merecen ser contadas con honestidad, suscríbete ahora mismo, dale like a este video y déjame un comentario con una sola palabra, el nombre de una mujer en tu vida que reconozcas en esta historia, porque hay millones de Verónicas en cada familia, en cada ciudad, en cada generación.

Y si este video llega a más personas, quizás alguna de ellas va a hacer algo diferente hoy. Ahora sí, empecemos desde el principio. Hay cuatro aspectos de esta historia que rara vez se presentan juntos y que cuando se ven completos explican todo. ¿Quién es Verónica Castro realmente? ¿Por qué tomó las decisiones que tomó? ¿Y cómo una mujer que tuvo tanto terminó tan sola? Te aviso cuando lleguemos a cada uno.

Para entender lo que Verónica Castro hizo el resto de su vida, hay que entender lo que vio desde niña. 1960, Ciudad de México. Verónica tenía 8 años cuando su padre, Fausto Sainz tomó una decisión. Tenía otra mujer. Cuando Socorro, su esposa lo descubrió, hubo gritos y reclamos. Y Fausto, en lugar de quedarse por sus cuatro hijos, agarró sus cosas y se fue.

De un día para otro, cinco personas que vivían en una casa de clase media terminaron en un cuarto de servicio. Un espacio diseñado para escobas y trapeadores, sin privacidad, sin lugar para hacer la tarea, sin espacio para ser niños. Verónica lo contó años después en una entrevista con Patti Chapoy.

 No teníamos dinero y vivíamos en un cuarto de servicio. Mi mamá nos dejaba encerrados hasta con llave para que no se le fuera a salir ninguno. Encerrados con llave porque Socorro no tenía con quién dejarlos. No tenía familia que ayudara. No tenía dinero para una niñera. tuvo que aprender taquigrafía para conseguir empleo como secretaria en la UNAM.

Trabajaba 12 horas diarias y la cena que les esperaba cuando volvía era todos los días una mamila de café con leche y un bisquet. ¿Y quién cuidaba a los hermanos menores mientras Socorro trabajaba? Verónica. Con 8 años cocinaba lo poco que había, cambiaba pañales, bañaba a sus hermanos, los llevaba a la escuela y los acostaba.

A los 8 años dejó de ser niña y absorbió algo que la marcaría para siempre, que las mujeres cargan, que las mujeres aguantan, que las mujeres no piden ayuda. Lo vio en su madre cada día durante años. Socorro nunca se quejó. Socorro nunca dijo que no podía más. sonreía para sus hijos, aunque por dentro estuviera destrozada.

Verónica lo repitió el resto de su vida. A los 14 años, Verónica recibió una beca para estudiar actuación. Era su salida y la tomó con las dos manos. A los 19 llegó a la televisión con pequeños papeles y entonces conoció a Manuel, el loco Valdés. Él tenía 42 años. Era comediante famoso, hermano de Germán Valdés, Tintán y de Ramón Valdés, el don Ramón del Chavo del Ocho, una estrella.

 Ella venía del cuarto de servicio del café con leche y el Bisquet, de ser madre de sus hermanos desde los 8 años. Quedé como sonza, confesó después. Me quedaba viéndolo y la baba se me caía. era una niña. Él le doblaba la edad y tenía todo el poder. Lo que ella no sabía era que Manuel estaba casado y que antes de esa esposa había tenido otras parejas.

12 hijos con ocho mujeres distintas, regados por todo México. Hijos que apenas conocía, hijos que no mantenía. Verónica no tenía forma de saber nada de eso. No había internet. No había forma de investigar. Solo sabía que un hombre famoso le prestaba atención y eso era suficiente. Cuando quedó embarazada y se lo dijo, Manuel respondió con estas palabras exactas que ella misma repitió en entrevistas.

Pregúntale a tu mamá a ver qué quiere que hagamos, porque lo más que puedo ofrecerte es ponerte un lugarcito donde vivas e irte a ver de vez en cuando. Un lugarcito de vez en cuando. Después se enteró de la verdad completa. Me enteré de su verdadera vida. Tenía pareja y había tenido como ocho parejas más.

 Y Cristian iba a ser su hijo número 13. Tenía 21 años. Estudiaba en la UNAM. Estaba embarazada y completamente sola. Podría haber exigido pensión, podría haberlo expuesto. Tenía todo el derecho legal. No hizo nada de eso. Tomó una decisión que la definiría para siempre. Iba a tener a su hijo. Iba a criarlo sola y no le iba a pedir nada a nadie. Su madre la apoyó sin una sola palabra de reproche.

Donde comen dos, comen tres. Le iremos echando agüita a la sopa para que alcance. El 8 de diciembre de 1974 nació Cristian. Verónica lo registró solo con sus apellidos. Manuel no fue al hospital, no llamó, no mandó dinero, no preguntó. 33 años, 12,000 días. Manuel, el loco Valdés no apareció ni una sola vez.

 ¿Y sabes qué hizo Verónica? Fue a buscar a la esposa de Manuel y le pidió perdón. A la otra mujer engañada le pidió disculpas porque así es ella, protege hasta quienes no lo merecen. Manuel Valdés vivió 89 años. Murió en agosto de 2020. Rodeado de homenajes sin haber pagado un peso de manutención. sin haber pedido una sola disculpa.

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