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¿Quiénes son realmente las modelos infiltradas en el caso contra Vadhir Derbez?

¿Quiénes son realmente las modelos infiltradas en el caso contra Vadhir Derbez?

Hay ciudades que guardan sus secretos en el cemento húmedo de sus calles, en las paredes de sus edificios coloniales, en la sombra de sus árboles que llevan décadas viendo pasar historias que nadie se atreve a contar del todo. Coyoacán es una de esas ciudades dentro de la ciudad, un barrio donde conviven lo bohemio y lo oscuro, lo artístico y lo peligroso.

 Un territorio que ha sido testigo de grandes creaciones y de crímenes silenciados. Es ahí, en esa alcaldía de la Ciudad de México que huele a tierra mojada y a mercado, donde el 2 de abril de 2026 comenzó a tejerse uno de los tanto, pero en el momento en el que empiezan a mandar fotos de de carpeta de la carpeta de cosas ya legales, como que si de la denuncia como que ya por diversos medios que recibiste estos mensajes.

Exactamente. Sí. Entonces, eh me llegaron amedrentándome, pidiéndome una cantidad altísima de dinero. Pues obviamente sí me sí me asusté, o sea, ni siquiera los pelé tanto, pero en el momento en el que empiezan a mandar fotos de de carpet de la carpeta de de cosas ya legales, como que si de la denuncia, como que ya la el coraje que me da, ustedes me conocen, yo me la paso alejado de de polémicas, de escándalos.

A mí no me gusta estar involucrado en esto. Soy una persona super trabajadora, que me gusta eh hacer las cosas bien y tener que estar saliendo y ver todas las notas que se están creando alrededor de esto. O sea, la comida, gente que me conoce, que se ha acusado conmigo, es testigo de cómo soy con la gente.

 O sea, yo siempre trato de ser lo más amable posible, de no ser cortante. Yo yo soy super buena gente con todo el mundo, mínimo lo intento. Eh, entonces claro que cruzamos palabras, claro que tuvimos pláticas, pero lo mismo con las demás modelos, lo mismo con la persona que me peina o la es que tan expertos en esto que tendrán que ir a ver la veracidad de lo que ella está declarando contra las pruebas que nosotros tenemos, pero te digo, es una bendición que todo mi equipo está grabando todo el tiempo y que tenemos cámaras de seguridad y

tenemos videos de celulares y mil cosas que este que demuestran que Pues yo en todo momento estoy rodeado de gente, o sea, a mí mi asistente, la que me peina, o sea, gente todo el tiempo pegada a mí. Entonces, estamos muy tranquilos por eso. Pero insisto, a mí todo lo mediático y lo que se está causando con esto me tiene ya exhausto.

Afirmaban sus contratos, recibían sus indicaciones, cumplían con su horario y cobraban. Era trabajo, era industria. No había ninguna razón para pensar que ese rodaje en particular iba a ser diferente a cualquier otro hasta que llegó el último día. Ese martes 2 de abril, el rodaje concluyó su etapa final.

 Las horas de grabación habían sido largas, el equipo estaba fatigado. Las luces artificiales habían hecho del interior de casa Boloapilio un mundo propio y agotador. Entre las modelos presentes ese día se encontraba una joven de 19 años, ciudadana estadounidense, cuyos apellidos han sido protegidos por las autoridades bajo las iniciales SES, tal como lo establece el protocolo de la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales de la Ciudad de México, para los casos en los que la denunciante puede estar en situación de

vulnerabilidad. Era, según distintas fuentes que tuvieron acceso a la carpeta de investigación, una modelo con un papel completamente secundario en la producción, alguien que apareció apenas en planos de fondo, cuyo nombre no constaba en los créditos principales del proyecto y cuya presencia habría pasado inadvertida para cualquier observador externo.

que ocurrió a partir de las 6:15 de la tarde de ese día o más exactamente, lo que distintas versiones dicen que ocurrió es el núcleo de todo. Según el relato que SES consignó en su declaración ante la fiscalía, en esa hora, el espacio donde las modelos descansaban estaba lleno, con escasez de sillas y de lugares donde sentarse.

 Fue entonces cuando Badir Derb, según su versión, se acercó a ella al notar que estaba en el suelo, la tomó de la mano y la condujo a su camerino privado para que pudiera descansar cómodamente. Lo que siguió, según la denunciante, fue un contacto físico que ella no autorizó. El actor se acercó a su rostro y le dio un beso en la boca.

 Y luego iniciaron tocamientos que la joven describe en su declaración como no consensuados. La reacción de SS fue, según todos los indicios del expediente, inmediata. abandonó la locación, contactó a su agencia de modelos y pidió apoyo. Y aproximadamente 2 horas después de los supuestos hechos, antes de que terminara la tarde del 2 de abril, se presentó ante las autoridades capitalinas para levantar la denuncia formal.

 La velocidad de esa reacción es uno de los elementos que ha generado mayor debate entre analistas jurídicos y expertos en criminología que han revisado el caso. Por un lado, la inmediatez puede interpretarse como señal de que la joven actuó movida por un trauma genuino y reciente. Por otro, la misma inmediatez ha sido señalada por la defensa de Dervész como un indicio de que los pasos del proceso estaban orquestados de antemano, que alguien había preparado el terreno para que la máquina legal se pusiera en movimiento con una eficiencia poco

común. Las autoridades de la Fiscalía de Delitos Sexuales activaron los protocolos correspondientes. Se realizaron exámenes físicos y ginecológicos. Se aplicaron evaluaciones psicológicas. Se abrió la carpeta de investigación que con el tiempo alcanzaría las 333 páginas que luego circularían de maneras que ningún proceso legal debería permitir.

Se otorgaron medidas cautelares en favor denunciante, lo que legalmente establece una zona de exclusión entre Derbés y SES. La maquinaria jurídica, esa que puede moverse con pasmosa lentitud cuando lo que está en juego es la justicia ordinaria. comenzó a rodar con una velocidad que, según la defensa del actor, era en sí misma sospechosa.

Durante semanas, el caso permaneció en la oscuridad burocrática de los expedientes. Vadir Dervz continuó con su vida, continuó con su trabajo, viajó, mantuvo compromisos profesionales y entonces llegaron los mensajes. No fue una notificación oficial, no fue un citatorio de la fiscalía, no fue la llamada de un Ministerio Público, fueron mensajes de texto.

 Llegaron a su teléfono personal, a su cuenta de Instagram, desde números que cambiaban con una regularidad que sugería experiencia, que indicaba que quien estaba del otro lado de la pantalla sabía cómo evitar ser rastreado. Los mensajes eran directos en su intención y sofisticados en su ejecución. Decían, con variaciones de forma, pero con el mismo fondo, que vades había cometido un abuso sexual contra una joven modelo durante la grabación de su video musical.

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