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La joven mexicana que hizo historia en salto de longitud… y superó a las campeonas europeas

del país. Cuando las marcas de Alejandra empezaron a superar consistentemente las de Sofía, cuando quedó claro que esta niña indígena de Chiapas era superior atléticamente a la hija del licenciado Mendizábal, comenzó una guerra silenciosa que casi destruye la carrera de Alejandra antes de que pudiera despegar.

Primero intentaron desacreditar sus marcas. enviaron oficiales de la federación a revisar las condiciones de la pista de Tuxla, alegando que las medidas no eran oficiales, que los cronómetros no estaban calibrados correctamente, que había irregularidades en el registro de las marcas. Pasaron meses investigando cada salto de Alejandra con Lupa buscando cualquier pretexto para invalidar sus récords.

Cuando no pudieron encontrar ninguna irregularidad técnica, porque los altos de Alejandra eran completamente legítimos y superiores, comenzaron una campaña más sucia. Empezaron a esparcir rumores sobre que Alejandra estaba usando sustancias prohibidas, sobre que su entrenador Raúl estaba aplicando métodos ilegales, sobre que había algo sospechoso en la rapidez con que había mejorado sus marcas.

Raúl se dio cuenta inmediatamente de lo que estaba pasando. Una noche, después de un entrenamiento particularmente intenso, se sentó con Alejandra y don Roberto en las graderíos del estadio y les explicó la situación con una claridad brutal que nunca olvidarían. Alejandra le dijo mirándola directamente a los ojos, “Tu talento es tan grande que está asustando a gente muy poderosa.

” Ellos tenían todo planeado para que Sofía Mendizábal fuera la cara del atletismo femenil mexicano de los próximos 10 años. Habían invertido dinero, tiempo, recursos, contactos internacionales, todo para construir su carrera. Y de repente apareces tú, una niña de San Cristóbal que salta más alto y más lejos que su protegida y eso está arruinando todos sus planes.

Don Roberto sintió como se le helaba la sangre. Conocía muy bien cómo funcionaban las cosas en México. Sabía que cuando los poderosos querían destruir a alguien humilde, lo lograban sin importar qué tanto talento tuviera esa persona. ¿Qué podemos hacer?, preguntó con una voz que apenas se escuchaba. Raúl suspiró profundamente antes de responder.

Tenemos que ser más inteligentes que ellos. Tenemos que documentar todo, grabar todos los entrenamientos, conseguir testigos independientes de cada marca y sobre todo, tenemos que hacer que Alejandra sea tan buena, pero tan increíblemente buena, que ya no puedan ignorarla sin quedar en ridículo ante todo el mundo. Los siguientes meses fueron una pesadilla constante de presión psicológica.

Alejandra recibía llamadas anónimas en las que le decían que mejor se dedicara a lavar ropa como su mamá, que una india no tenía nada que hacer compitiendo con atletas de verdad, que si insistía en seguir saltando, su familia podía sufrir consecuencias. Doña Carmen no podía dormir por las noches, preocupada de que algo le fuera a pasar a su hija.

Don Roberto había empezado a recibir amenazas en su trabajo, insinuándole que podía perder su empleo si no convencía a Alejandra de retirarse del atletismo. Pero lo peor de todo es que la presión psicológica empezó a afectar el rendimiento de Alejandra. Sus marcas comenzaron a bajar. En entrenamientos donde antes saltaba 6 m50 cm, ahora apenas llegaba a 6 m20.

La tensión, el miedo, la ansiedad estaban minando su confianza y su capacidad atlética. Raúl sabía que tenían que hacer algo drástico o la carrera de Alejandra se acabaría antes de comenzar realmente. Así que tomó la decisión más arriesgada de su vida profesional. Una madrugada de diciembre, Raúl llegó a la casa de la familia Morales con una propuesta que los dejó sin palabras.

“Nos vamos a Europa”, les dijo. “Tengo un contacto en España, un entrenador que trabajó conmigo hace años y que ahora dirige un centro de alto rendimiento en Madrid. me ofreció llevar a Alejandra durante 6 meses para entrenar con atletas europeas de élite, lejos de toda la presión y la corrupción de México.

Don Roberto y doña Carmen se miraron sin saber qué decir. Mandar a su hija de 16 años a Europa, a un país del que no sabía nada, con gente desconocida, les parecía imposible. “No tenemos dinero para eso”, murmuró don Roberto. “Yo tengo ahorros”, respondió Raúl. Y además, mi contacto en Madrid dice que si Alejandra demuestra su nivel allá, puede conseguir una beca completa para entrenar y estudiar, pero tienen que decidir ahora porque cada día que pasa aquí, cada día que Alejandra sigue bajo esta presión, es un día menos que tenemos para prepararla para los Juegos

Olímpicos de París. Esa noche la familia Morales no durmió. estuvieron hasta el amanecer hablando, llorando, calculando, soñando. Al final, doña Carmen fue la que tomó la decisión final. Mi hija le dijo a Alejandra tomándola de las manos, tú naciste para volar. Y si aquí no te dejan volar, entonces tienes que irte donde sí puedas hacerlo.

Vete a Europa, demuéstrales a todos de que estás hecha y cuando regreses, que sea como campeona del mundo. Tres semanas después, Alejandra aterrizaba en el aeropuerto de Madrid con una maleta prestada, 200 € en la bolsa que le había dado Raúl y un miedo en el estómago que no había sentido nunca en su vida. El centro de alto rendimiento donde iba a entrenar estaba ubicado en las afueras de Madrid y era como un sueño hecho realidad para cualquier atleta.

Pistas perfectas, gimnasios con equipamiento de última tecnología, residencia para atletas, nutriólogos, fisioterapeutas, psicólogos deportivos, todo lo que Alejandra jamás había imaginado que existía. Pero lo más impactante para ella fue conocer a las atletas con las que iba a entrenar. Eran campeonas europeas, medallistas olímpicas, récords mundiales, mujeres que había visto por televisión y que ahora estaban ahí entrenando la misma pista que ella.

La primera en presentarse fue Catarina Müller, la campeona alemana de salto de longitud, una mujer rubia, alta, imponente, que había ganado la medalla de oro en los últimos campeonatos europeos. Catarina miró a Alejandra de arriba a abajo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. y le dijo en un inglés perfecto, “Así que tú eres la mexicana de la que tanto hemos escuchado.

Esperemos que puedas mantenernos el ritmo.” También conoció a Esbetlana Petrov, la saltadora rusa que había establecido el récord europeo dos años antes, a Marie Du Boys, la francesa que había quedado cuarta en los últimos Juegos Olímpicos, y a Ana Kowalski, la polaca que dominaba el circuito europeo desde hacía 3 años.

Todas eran increíblemente amables en la superficie, pero Alejandra podía sentir algo más debajo de esa amabilidad. Era como si la estuvieran evaluando, como si estuvieran esperando a ver si realmente representaba una amenaza para ellas. El primer día de entrenamientos fue revelador. Alejandra saltó 6 m con60 cm, una marca que la puso inmediatamente como la segunda mejor del grupo, solo por debajo de Esbetlana, que había saltado 6 con70.

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