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¡NO HUBO TIEMPO DE SALIR! EL HUMO INVADIÓ PLAZA FIESTA EN SEGUNDOS … LOS MOCHIS LLORA DE DOLOR

¡NO HUBO TIEMPO DE SALIR! EL HUMO INVADIÓ PLAZA FIESTA EN SEGUNDOS … LOS MOCHIS LLORA DE DOLOR

A las 2 de la tarde, una plaza llena de gente se convirtió en una trampa de humo. No fue una columna pequeña, no fue una alarma cualquiera, fue humo denso, negro, bajando por los pasillos de Plaza Fiesta Las Palmas en Los Mochis, Sinaloa. Gente corriendo, familias buscando la salida, trabajadores dejando mercancía, cajas, mostradores, bolsas, todo.

 Y en cuestión de minutos lo que parecía una tarde normal en la colonia centro de Aome terminó con seis personas muertas, decenas de lesionados, cuatro pacientes graves reportados en terapia intensiva y una ciudad entera preguntando lo mismo. ¿Esto fue accidente, negligencia, Kim? ¿O alguien provocó el infierno? Los nombres ya no son números.

 Son Estefanía González Parra de 85 años. Mirna Leticia Morales González de 53. Rosa Amelia Bojóquez Rojo, de 66. Marta Marta Elena Bacacegua Aispuro de 50. Camilo Agustín Saszueta Soto de 71. José Fabián Montoya Higuera de 60. Seis vidas apagadas dentro de una plaza comercial que horas antes era solo un lugar para comprar, trabajar, comer, caminar, esperar.

 Y aquí vamos a hacer algo distinto. No vamos a contar esto como boletín. No vamos a decir tragedia y pasar a otra cosa. Vamos a hacerla de investigador. Vamos a abrir las líneas. Vamos a mirar el fuego como escena. Vamos a mirar el humo como pista. Vamos a mirar el techo colapsado, el área de cocina, la tienda ley, los pasillos, las cámaras, los locales, las entrevistas, los peritajes, los testimonios y también las versiones que ya empiezan a circular.

 Una posible falla, una posible omisión, una posible mano humana, supuestos pleitos familiares, supuestos celos, posibles intereses económicos. Pero cuidado, hasta ahora no hay una autoridad que haya confirmado públicamente la participación de una suegra, ni una motivación familiar directa. Eso no se puede vender como hecho.

 Se puede plantear como hipótesis si aparecen testimonios, mensajes o carpeta, pero tiene que probarse. Antes de seguir, suscríbete a Alerta Roja, porque aquí vamos caso por caso, pista por pista, hasta donde otros no quieren mirar. Repasemos lo ocurrido, corto, pero claro. El incendio ocurrió el jueves 7 de mayo de 2026 en Plaza Fiesta Las Palmas en Los Mochis.

 Los primeros reportes periodísticos ubican el inicio alrededor de las 1400 horas, tiempo local. Versiones extraoficiales señalaron que el fuego habría comenzado en un área de cocina de la tienda ley cerca de departamentos de ropa y juguetes. Ese detalle es clave porque si el fuego empezó donde había calor, grasa, instalaciones eléctricas, productos inflamables o mercancía cercana, la línea técnica se vuelve urgente.

 Pero la autoridad no cerró esa puerta. Roy Navarrete Cuevas, director de Protección Civil de Sinaloa, fue muy claro. Todavía no había punto de ignición confirmado. Dijo que eso lo determinarían los peritajes y agregó que al parecer fue una de esas tiendas. Esa frase no resuelve el caso, lo abre. Porque una cosa es que parezca haber iniciado en una tienda y otra muy distinta es saber si empezó por una falla eléctrica, por una cocina, por mercancía, por una omisión o por una acción deliberada.

 Y aquí viene lo inquietante. Una cámara de seguridad de un local captó el momento en que inició el incendio. La emprendedora Fari Jailal contó que ellen había salido a comer y que su personal le reportó lo ocurrido. Después, mediante sus propias cámaras, mostró como en cuestión de segundos el humo denso dificultó la visibilidad dentro de la plaza.

 Segundos, no minutos, segundos. Ese detalle cambia todo, porque si el humo se expandió tan rápido, la investigación tiene que preguntar qué materiales había, qué rutas de ventilación existían, qué sistemas de alarma funcionaron y qué tan preparada estaba la plaza para evacuar a familias, trabajadores y clientes. Las víctimas no estaban solas en una estadística.

 Mirna Leticia Morales González y su madre Estefanía González Parra habían salido de elegido vagojo colectivo. Reportes señalan que acudieron a comprar ropa para el día de las madres. Imagínalo, no iban a una zona de riesgo, no iban a una fábrica clandestina, iban por ropa, por una fecha familiar, por un gesto y terminaron atrapadas en humo y fuego.

José Jesús, pareja de Mirna, intentó buscarlas dentro del inmueble durante el incendio. No quiso salir, lo rescataron los bomberos porque estaba poniendo en riesgo su vida y presentaba quemaduras en el cuerpo y el rostro. Ese dato parte la historia en dos, porque no solo hubo víctimas, hubo gente intentando rescatar a los suyos sin saber si saldría viva.

Hubo familiares entrando contra el humo, hubo bomberos sacando personas cuando todavía había zonas calientes. Hubo desesperación real, no narrada desde lejos. Marta Elena Bacaceua Aispuro, de 50 años, fue identificada como colaboradora de Casa Ley. La cadena lamentó su muerte en un comunicado. José Fabián Montoya Higuera, originario de Maripa, Sinaloa, también fue identificado entre las víctimas y descrito en redes como una gran persona.

Camilo Agustín Saszueta Soto y Rosa Amelia Bojorquez Rojo completan la lista de quienes ya no salieron. Ahora entran las líneas de investigación. Primera línea, falla técnica. Si el punto de origen fue cocina o área de tienda, servicios periciales tiene que revisar conexiones, extractores, refrigeradores, instalaciones eléctricas, gas, grasa acumulada, sistemas contra incendio, registros de mantenimiento y bitácoras.

Había reportes previos, había reparaciones pendientes, había sobrecarga, había instalaciones improvisadas, había extintores útiles cerca. Segunda línea, negligencia. Aquí no importa si nadie quiso matar, importa si alguien pudo evitarlo. Protección Civil había inspeccionado, la plaza cumplía. Había salidas libres.

 La gente supo por dónde salir. Las alarmas sonaron, los protocolos se activaron, el personal estaba capacitado, quién tenía obligación de evacuar, quién debía cerrar gas, cortar corriente, activar rociadores o avisar a bomberos. Tercera línea, incendio provocado. Hasta ahora no está confirmado, pero en un incendio con seis muertos, la investigación no debe descartar nada antes de tiempo.

 Si hubo acelerantes, varios focos de inicio, cámaras apagadas, accesos forzados o movimientos extraños antes del fuego, entonces cambia todo. Ahí ya no sería accidente, sería ataque. Cuarta línea, móvil personal. Y aquí entra lo que el público está pidiendo que se revise. Supuestos celos, una posible figura de suegra, conflictos familiares o resentimientos.

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