Hola, ¿qué tal? ¿Cómo les va? Bienvenidos. Hoy hablaremos de una gran estrella polémica. Sin duda hablaremos de Isela Vega. Y es que Isela Vega no fue una actriz cualquiera dentro del cine mexicano. Fue de esas figuras que llegaron a romper la vitrina, no a pedir permiso. Nacida en Sonora el 5 de noviembre de 1939, desde muy joven empezó a llamar la atención por su belleza, su carácter y esa presencia que no necesitaba gritar para imponerse.
A los 18 años fue nombrada princesa del carnaval de Hermosillo y ese escaparate le abrió la puerta al modelaje. Después viajó a Estados Unidos para estudiar inglés y modelaje antes de meterse de lleno al ambiente artístico. Sus primeros pasos no fueron directamente como gran diva del cine, sino como cantante en hoteles y bares de la Ciudad de México, además de trabajar como modelo en televisión.
Debería decirte como dijo María en una película, “Yo seré en tu vida una mujer más, pero tú en mi vida serás un hombre menos”. En 1959 participó en el programa Max Factor Hollywood y poco después llegó su primera oportunidad en el cine con Verano Violento de 1960, donde compartió créditos con Pedro Armendaris, Guillermo Murray y Gustavo Rojo.
Pero el verdadero empujón llegó hasta 1967 cuando obtuvo su primer protagónico junto a Mauricio Garcés en Don Juan 67. A partir de ahí, Isela comenzó a construir una carrera que no se parecía a la de las actrices tradicionales. No buscaba proyectar una imagen dócil, correcta o cómoda. Al contrario, se convirtió en una mujer asociada con libertad, sensualidad, provocación y fuerza.
En una época donde a muchas actrices se les pedía cuidar las formas, Isela se permitió ser frontal, sensual, irreverente y hasta incómoda para ciertos sectores conservadores. Uno de sus momentos más importantes fue su salto al cine internacional. En 1973 participó en Con furia en la sangre y después llegó uno de sus trabajos más recordados, Bring Me the Head of Alfredo García, conocida en español como Quiero la cabeza de Alfredo García, dirigida por San PekinPa en 1974.
Todavía tengo que juntar 600 para mañana para unas radiografías. Ahí no solo actuó, también compuso e interpretó el tema Benny Song, demostrando que no era únicamente una presencia física frente a la cámara, sino un artista con varias facetas. Pero si algo hizo que su nombre se convirtiera en sinónimo de escándalo, fue su imagen sensual.
Isela fue considerada un símbolo sexual del cine mexicano y participó en películas atrevidas para su época como SOS conspiración Bikini, El deseo llega de noche, Prohibido, El Festín de la loba y muñecas de medianoche. Además, se convirtió en la primera mujer latina en posar para la revista estadounidense Playboy, un hecho que en su tiempo fue visto como una osadía enorme.
Y claro, eso no pasó desapercibido. Para algunos fue una mujer adelantada a su época, para otros una actriz demasiado atrevida. Pero precisamente ahí está la clave de su figura. Is Cela Vega no fue una actriz diseñada para caerle bien a todos. Fue una mujer que hizo de su cuerpo, su voz, su personalidad y su libertad una declaración pública.
Ah, pues mire, sí. Ay, caray. Pero luego dicen por ahí que donde hay mucha dinamita hay poca. Otra de las grandes polémicas en la carrera de Isela Vega llegó con La Viuda Negra, una película dirigida por Arturo Ripstein, filmada en 1977 y protagonizada por la propia Isela junto a Mario Almada.
Y no, esta no fue una cinta más dentro de su filmografía. Esta fue de esas películas que llegaron tocando puertas prohibidas, metiéndose donde muchos no querían que el cine mexicano se metiera, en el deseo, la religión, la doble moral y los secretos más incómodos de una sociedad que aparentaba mucha decencia, pero que por debajo tenía sus propios infiernos.
La historia era fuerte para su época. presentaba una relación prohibida entre una mujer y un sacerdote cargada de tensión, deseo, culpa y escándalo. Y claro, para el México de aquellos años donde la moral pública todavía pesaba como piedra y donde ciertos temas seguían siendo casi intocables, aquello fue demasiado.
No era solo una película atrevida, era una galletada directa a la hipocresía social, a los perjuicios religiosos y a esa costumbre de esconderlo incómodo debajo del tapete. Por eso la cinta terminó censurada. Aunque fue filmada en 1977, la viuda negra no pudo estrenarse sino hasta varios años después, pues permaneció guardada alrededor de 6 años.
Y ahí empezó a crecer el mito, porque ya se sabe, cuando algo se prohíbe, el morbo se multiplica. La gente no solo quería verla por la historia, sino por saber qué tenía esa película que tanto miedo provocaba. Con el tiempo, muchos la han señalado como una de las películas más escandalosas y censuradas de aquella etapa, especialmente durante el sexenio de José López Portillo.
También se ha mencionado la versión de que Margarita López Portillo, quien tenía influencia en la supervisión de medios, habría considerado que el público mexicano no estaba preparado para ver una película con tanta carga sexual y religiosa. Y aunque ese tipo de versiones deben manejarse como parte del contexto histórico y de los recuentos sobre censura, lo cierto es que la película sí quedó marcada por ese aura de prohibición.
Bueno, usted dirá si de una vez empiezo a arreglar la casa, señor cura. Mira, Matea. Pero lo más interesante es que la viuda negra no escandalizaba solamente por sus escenas atrevidas, escandalizaba porque ponía sobre la mesa algo mucho más incómodo. El deseo donde supuestamente no debía existir, la pasión escondida detrás de la sotana, la mujer que no se quedaba callada y una sociedad que castigaba en público lo que muchas veces toleraba en secreto.
Y ahí Isela Vega volvió a hacer lo que mejor sabía hacer, incomodar. Su presencia en la película no era decorativa ni dócil, era fuerte, sensual, provocadora, con esa energía de mujer que no parecía pedir permiso ni dentro ni fuera de la pantalla. Por eso la censura no solo cayó sobre una historia, también cayó sobre lo que Isela representaba, una actriz libre, frontal, demasiado intensa para un México que todavía quería controlar cómo debía verse, actuar y desear una mujer.
Está enfermo el padre, un hombre delicado, si se cuida está bien. Al final, la viuda negra terminó convertida en una pieza clave dentro de la leyenda de Isela Vega. Porque no solo fue una película prohibida por su contenido, fue una película que confirmó que ella no estaba hecha para personajes cómodos ni para historias tibias.
Y Cela pertenecía a ese tipo de cine que se metía en problemas, que levantaba cejas, que encendía discusiones y que dejaba al público hablando mucho después de salir de la sala. Y en su caso, aunque la quisieron guardar, censurar y enfriar durante años, lo único que lograron fue hacerla todavía más escandalosa. Pero la vida de Isela también tuvo episodios personales que dieron muchísimo de qué hablar.
Y uno de los rumores que corrieron con mucha fuerza durante una época fue que según. Y entre esos chismes viejos de la farándula mexicana también aparece el nombre de Mario García el Arapos, un reconocido actor secundario de la época. Recordado por su trabajo en el teatro y en el cine, Isela Vega y Mario García compartieron créditos en la película Cuernos debajo de la cama, estrenada en 1969.
Y es precisamente a partir de esa cercanía profesional cuando empiezan a surgir algunas versiones no oficiales que sugieren que entre ellos pudo haber existido un romance durante los años 60. Según esos comentarios de pasillo, aquella relación habría dejado a Mario García bastante golpeado, tanto emocional como financieramente.
Incluso hay quienes aseguraban que el Arapos se habría endeudado o habría gastado grandes cantidades de dinero por la joven actriz, al grado de que según esas mismas versiones hasta le habría comprado un departamento. Con el paso del tiempo y ya enfrentando graves problemas respiratorios, también se llegó a decir que Mario habría quedado en una situación económica complicada, sin tantos recursos para atender su enfermedad.
Claro, todo esto forma parte de versiones no oficiales y rumores del ambiente artístico, pero son de esos relatos que con los años se quedaron rondando alrededor del nombre de Isela Vega y de aquella época intensa del cine mexicano. Uno de los romances más conocidos en la vida de Isela Vega fue el que tuvo con el cantante Alberto Vázquez, uno de los grandes ídolos juveniles del rock and roll mexicano de los años 60.
Según distintas versiones publicadas en medios de espectáculos, ambos se habrían conocido alrededor de 1962, cuando él ya era una figura muy popular entre el público joven, mientras ella comenzaba a consolidarse como una actriz llamativa, sensual y con una presencia que no pasaba desapercibida. Aquello, según se cuenta, fue un romance breve pero intenso.
De esa relación nació en 1964 su hijo Arturo Vázquez, quien con los años también terminaría vinculado al mundo artístico. Sin embargo, lejos de convertirse en una historia familiar tranquila, aquel amor dejó una estela de distancia, reclamos y declaraciones incómodas que muchos años después volverían a salir a la luz. Mencionaba mi papá, mi mamá decía, “No, no me hables, no me hables de él, no quiero saber.
” Claro, signo que sigues amando a esa persona. De acuerdo conversiones retomadas por la prensa, la relación entre Isela y Alberto no duró mucho tiempo después del nacimiento de Arturo. La separación habría llegado casi de inmediato y con ella empezó una historia complicada entre padre, madre e hijo. Alberto Vázquez llegó a declarar años después que no tuvo una relación cercana con Isela tras aquella etapa y también expresó molestia porque según su versión no pudo convivir con Arturo durante su infancia como él hubiera
querido. Pero el asunto no se quedó ahí. En 2020, Alberto Vázquez provocó una fuerte polémica al hablar de manera muy dura sobre aquella relación. Según se reportó en medios, el cantante aseguró que nunca había querido a Isela Vega y llegó a referirse al nacimiento de su hijo como un error.
Una declaración que cayó como balde de agua fría entre quienes recordaban aquella historia como un amor apasionado de juventud. Aunque más tarde se dijo que tras la muerte de la actriz en 2021, Alberto le habría dado el pésame a la familia de manera privada, sus palabras ya habían dejado una marca amarga en la memoria pública. Que me quitó la parte más bonita de un niño, que es su niñez, la parte más hermosa.
Y mientras Alberto mantuvo una postura fría, seca y hasta osca respecto a ese romance, también se ha mencionado que para Isela aquella relación fue más difícil de soltar. Algunos reportes de farándula sugieren que ese amor pudo haberla marcado de una forma más profunda, aunque con el paso del tiempo ambos siguieron caminos completamente distintos.
El conflicto también alcanzó a Arturo Vázquez, quien en diversas ocasiones habló públicamente de la relación complicada que tuvo con sus padres. Según reportes de prensa, Arturo llegó a sentir que no recibió el apoyo suficiente para impulsar su carrera artística, algo que terminó generando roces y reclamos familiares.
Y Cela, fiel a su carácter fuerte y sin muchos filtros, habría respondido de manera atajante, dando a entender que su hijo debía trabajar por su propio camino y dejar de buscar culpables. Así, lo que en un principio pudo parecer un romance juvenil entre una actriz de carácter indomable y un cantante idolatrado por las multitudes, terminó convertido en una historia familiar llena de heridas, versiones cruzadas y declaraciones difíciles.
Un amor corto, sí, pero con consecuencias largas, porque de aquella relación nació Arturo, pero también nació una cadena de reclamos que con los años siguió persiguiendo el nombre de Isela Vega y Alberto Vázquez. Eh, pues no pude estar con ella todo el tiempo, o sea, no se podía. Yo andaba yo en un año. El otro gran amor que quedó ligado públicamente a la vida de Isela Vega fue el actor Jorge Luke, un hombre de presencia fuerte, temperamento recio y fama de galán intenso.
Si con Alberto Vázquez la historia había sido breve y amarga, con Jorge Luke el asunto tuvo otro sabor, más pasional, más explosivo y según las versiones que circularon con los años, también más difícil de sostener. Yela llegó a describirlo como un hombre muy varonil, de esos que entraban a un lugar y no necesitaban anunciarse porque su sola presencia ya imponía.
Pero junto con esa fuerza también venía el otro lado de la moneda, los celos, el carácter bravo y ese famoso ojo alegre que, según ella misma llegó a insinuar, terminaba encendiendo pleitos donde ya de por sí había demasiada chispa. Porque si algo se decía de esa relación era que tranquila, lo que se dice tranquila nunca fue.
Entre ellos había pasión, sí, pero también choques constantes. Eran de esas parejas que podían quererse con intensidad, pero también lastimarse con la misma fuerza. Mi gran amor que lo quise mucho. Lo quise mucho. No, las discusiones, según se ha contado, eran frecuentes y la convivencia poco a poco se fue volviendo pesada.
Y Cela, que siempre fue una mujer de espíritu libre, de esas que no nacieron para vivir encerradas ni aguantando dramas ajenos, empezó a darse cuenta de que ese amor, por fuerte que fuera, también podía convertirse en una jaula. La relación duró alrededor de 3 años, pero terminó de manera inesperada. Según las versiones que han rodeado esta historia, fue Isela quien decidió cortar por Lozano, cansada de ese estilo de vida tan intenso, tan cargado de celos, pleitos y desgaste emocional.
No es que no hubiera amor, al contrario, tal vez había demasiado, pero a veces el amor, cuando viene mezclado con posesión, orgullo y temperamentos de pólvora deja de ser refugio y se vuelve campo de batalla. Y yo lo adoraba, Luk, lo quise muchisisísimo, pero era De esa unión nació Shaula Vega, hija de Isela y Jorge Luk.
Y ahí la historia se puso todavía más delicada, porque ya no se trataba solo de dos adultos que se amaban, peleaban y se separaban. Ahora había una niña en medio. Jorge, según se ha contado, era muy apegado a Shaula. La quería cerca, la acostumbró a estar con él y con su familia. Y de alguna manera fue él quien terminó ocupando ese espacio cotidiano en la infancia de la pequeña.
Con los años, Shaula hablaría de una de las partes más duras de esta historia. Ella no creció junto a su madre. Según su propia versión, Isela se fue cuando ella tenía alrededor de 3 años en una etapa donde la actriz estaba entregada a su carrera, viajando, filmando, trabajando y construyendo esa imagen de mujer libre que tanto la hizo brillar.
pero que también tuvo costos familiares muy fuertes. Y ese es uno de los puntos más dolorosos en la vida personal de Isela Vega, porque para el público podía ser la mujer rebelde, sensual, poderosa, la actriz que desafiaba reglas y escandalizaba al México conservador. Pero para su hija esa libertad también tuvo otra cara, la ausencia.

Entonces, nunca la extrañé porque nunca sentí lo que era tenerla. Ella estaba en un pico de su carrera. Shauna llegó a decir que de niña no extrañaba a su madre porque simplemente no sabía lo que era tenerla cerca. Una frase durísima, de esas que no necesitan adornos porque solitas pegan donde más duele. Pero el golpe no terminaba ahí.
Shaula también contó que durante su infancia llegó a sufrir burlas por los desnudos de Isela en el cine. Imagínense el peso de cargar con la fama de una madre que era símbolo sexual, musa del cine atrevido y figura polémica, mientras una niña trataba de crecer entre comentarios, miradas y crueldades ajenas.
Para muchos, Isela representaba libertad. Para su hija, esa misma imagen pública también pudo sentirse como una sombra difícil de cargar. Aún así, el lazo entre Isela y Jorge Luke nunca se borró del todo. Podían estar separados, podían haber dejado atrás la relación de pareja, pero Shaula los mantuvo unidos de una forma inevitable.
Jorge siguió siendo una figura importante en la vida de su hija, mientras Isela continuó caminando por ese rumbo artístico que la convirtió en leyenda. Aunque también la llenó de señalamientos y heridas familiares. Niñas de la escuela me traían los periódicos en los que salía mi mamá desnudan, “Mira, ya viste a tu mamá.
” Jorge Luke falleció en 2012 y su partida dejó una sensación amarga en la historia de Isela. Según se ha dicho, ella no pudo despedirse de él a tiempo, algo que le habría dolido profundamente. Porque más allá de los pleitos, los celos, la separación y todo lo que se rompió entre ellos, Jorge no fue un hombre cualquiera en su vida.
Fue un gran amor de esos intensos, complicados, imperfectos, pero imposibles de borrar. Y así quedó esa historia, como un romance lleno de fuego, con una hija en medio, con heridas que tardaron años en asomarse públicamente y con una pregunta que queda flotando alrededor del nombre de Isela Vega.
¿Cuánto cuesta vivir libre cuando esa libertad también deja gente lastimada en el camino? Y como si la vida de Isela Vega no tuviera ya suficientes capítulos cargados de pasión, libertad y escándalo, a finales de los años 60 apareció uno de esos episodios que la prensa convirtió en carnita sabrosa para el morvo, la famosa y muy comentada Hippi.
Según lo que se publicó en su momento, todo habría ocurrido en una reunión donde coincidieron artistas, actores e intelectuales de la época. Entre los nombres que se llegaron a mencionar estaban Alejandro Jodorovski, José Alonso e Isela Vega, todos relacionados de alguna manera con ese ambiente artístico que en aquellos años buscaba romper moldes, provocar, experimentar y sacudir a una sociedad mexicana todavía bastante conservadora.
Pero claro, una cosa era reunirse entre artistas y otra muy distinta era que la prensa de la época oliera escándalo y ahí fue donde el asunto se desató. Aquella reunión terminó siendo presentada en algunos medios como una supuesta hippi, una etiqueta escandalosa, amariguista y perfecta para encender la curiosidad del público.
Porque en aquel México de moral rígida, donde cualquier actitud fuera de lo tradicional ya era vista con lupa, imaginar a un grupo de actores e intelectuales en una fiesta con aires de libertad sexual era prácticamente dinamita pura. La historia, según esas publicaciones, incluso habría terminado con detenciones, lo que hizo que el chisme creciera todavía más a nuestra sociedad, la verdad no una profunda universalidad.
Para muchos, aquello se volvió una prueba del supuesto libertinaje de ciertos círculos artísticos. Para otros, no fue más que una exageración mediática, una forma de castigar públicamente a figuras que no encajaban con la imagen recatada que se esperaba de los artistas. Y ahí es donde el caso se pone más interesante, porque años después algunos de los involucrados negaron que aquello hubiera sido realmente una orjía.
Según esas versiones posteriores, no se trató de una escena desenfrenada como la vendieron los periódicos, sino de una reunión de artistas, tal vez provocadora, tal vez bohemia, tal vez demasiado libre para los ojos de la época, pero no necesariamente lo que la prensa quiso pintar. Por eso este episodio hay que contarlo con cuidado, pero sin quitarle el sabor, porque sí fue un escándalo mediático real.
Sí se habló de ello, sí se mencionaron nombres y sí terminó alimentando esa imagen de Isela Vega como una mujer libre, peligrosa para la doble moral y demasiado incómoda para una sociedad que todavía quería a sus actrices bonitas, calladitas y obedientes. Pero también es cierto que no todos los detalles pueden darse como hechos comprobados.
Lo más justo sería decir que la prensa de entonces lo vendió como una hippi, mientras que años después algunas voces aseguraron que todo había sido exagerado y que en realidad se trató de una reunión artística sacada de proporción. Luego empecé de modelo haciendo pasarela. Luego, aún así, el daño o mejor dicho el mito ya estaba hecho, porque desde entonces ese episodio quedó pegado al nombre de Isela Vega como una de esas historias turbias, sabrosas.
y difíciles de comprobar por completo, pero imposibles de borrar. y en vez de hundirla, terminó reforzando su leyenda, la de una mujer que no solo actuaba en películas atrevidas, sino que también parecía vivir bajo sus propias reglas, aunque eso escandalizara a medio mundo. La verdad, amigos, es que Isela Vega nunca se quedó quieta.
Mientras otros artistas se encasillaban, ella iba brincando de género en género, de personaje en personaje, como si la vida le quedara corta y el cine fuera apenas una parte de todo lo que quería devorarse. participó en más de 90 películas y ahí dejó embarrada su huella con esa presencia fuerte, sensual, incómoda y magnética que la hacía imposible de ignorar.
Entre sus películas más recordadas aparecen títulos como Por mis pistolas, la viuda negra, arráncame la vida, la ley de Herodes, el infierno, las horas contigo y Cindy, la regia. Y no nada más fue una actriz de escándalo o de titulares sabrosos. No, señor. Isela también fue una actriz reconocida por la crítica, por la industria y por sus propios compañeros.
Ganó premios Ariel, incluyendo reconocimientos por trabajos como la viuda negra y la ley de Herodes, además de recibir un Ariel por su trayectoria. Como esas figuras que gusten o no gusten, terminan siendo imposibles de borrar de la historia del cine mexicano. Peligros que me dan los sies. Y aunque muchos la recuerdan sobre todo por el cine, Isela también se metió con fuerza a la televisión.
Ahí apareció en telenovelas y series como Señora Tentación, Gente Bien, Ramona, muchacha italiana viene a casarse. Jago, sin tu mirada. Like la leyenda, mujeres asesinas. Hoy voy a cambiar y la casa de las flores. O sea, no fue una de esas estrellas que se quedaron atrapadas en una sola época. Yela supo mantenerse vigente, reinventarse, aparecer frente a nuevas generaciones y recordarles que ella no era una reliquia del pasado, sino una mujer que todavía tenía filo.
Ya en sus últimos años, Isela seguía siendo una figura respetada, admirada y comentada. Pero como suele pasar con las leyendas de carácter fuerte, ni siquiera el final de su vida estuvo libre de ruido. Falleció el 9 de marzo de 2021, a los 81 años, víctima de cáncer de pulmón. una enfermedad que, según se informó le fue diagnosticada poco tiempo antes.
Su partida golpeó al medio artístico porque se iba una mujer que había sido símbolo de libertad, escándalo, talento y rebeldía. Eh, y aquí en mi casa yo madreo a quien se me da gana. ¿Cómo ves? Mira, doña Lupe, le aquí. Pero después de su muerte, lo que volvió a encender el morbo no fue solamente su legado artístico, sino los conflictos familiares que quedaron al descubierto.
La relación entre sus hijos Arturo Vázquez y Shaula Vega volvió a ocupar titulares. Arturo declaró que la división entre él y su hermana le había causado mucho dolor a Isela en vida y que ni siquiera tras la muerte de su madre lograron una reconciliación completa. Según se dijo, en el funeral pudieron hablar en paz.
Sí, pero no hubo ese abrazo fraternal, no hubo ese momento de película donde todo se perdona entre lágrimas. La herida seguía ahí, abierta, incómoda y silenciosa. Y por si eso no fuera suficiente, también salió a relucir una disputa alrededor de una camioneta de Isela. Tania Vázquez, nieta de la actriz e hija de Arturo, declaró que Shaula se habría quedado con la camioneta de su abuela cuando Isela ya estaba enferma.
Según esa versión familiar, ese detalle habría sido uno de los motivos que alimentó todavía más el pleito entre los hermanos. Y claro, como suele pasar en estas historias de familia, lo que para unos puede ser solo un objeto, para otros representa abandono, resentimiento, ventaja o falta de respeto. Dios me mandó a esta Isela Vega para que yo siga aprendiendo en la vida.
es mi hija. Así que el final de Isela Vega no fue solamente el cierre de una carrera monumental, fue también el último capítulo de una vida llena de luces, sombras, amores intensos, decisiones polémicas y heridas familiares que ni la muerte logró cerrar por completo. Porque Isela se fue dejando películas, premios y personajes inolvidables, pero también dejó preguntas, reclamos y un legado tan poderoso como incómodo.
Una mujer que vivió sin pedir permiso, pero que como toda figura libre y tempestuosa también dejó detrás de sí una historia familiar marcada por el dolor, la distancia y los secretos que siguieron hablando incluso después de su partida. Así que la historia de Isela Vega no fue la de una actriz perfecta ni la de una santa de estampita.
Fue la historia de una mujer talentosa, libre, desafiante, sensual, polémica y profundamente contradictoria. Una actriz que abrió puertas, escandalizó a los conservadores, incomodó a la censura, vivió amores intensos, enfrentó conflictos familiares dolorosos y terminó convertida en una figura de culto del cine mexicano.
Y Sera Vega dejó una carrera enorme, pero también una vida llena de claros curos. fue admirada por su talento, criticada por su libertad, señalada por sus decisiones personales y recordada como una de las mujeres más transgresoras que ha dado el espectáculo mexicano. De esas figuras que no se pueden contar en blanco y negro porque su vida tuvo fuego, heridas, pasión, escándalo y una personalidad que nunca aceptó vivir bajo las reglas de otros.
Su final llegó con enfermedad, con familia dividida y con heridas que no terminaron de cerrar. Pero también llegó con un legado imposible de borrar, el de una mujer que hizo lo que quiso, como quiso y pagando el precio de vivir sin pedir permiso. Y ahora sí, amigos, les toca a ustedes. ¿Qué piensan de Isela Vega? ¿Fue una mujer adelantada a su época, una artista incomprendida o una figura que vivió tan libremente que terminó dejando muchas heridas en el camino? Los leo en los comentarios, porque esta historia
todavía da para mucho. Y si les gustó este recuento lleno de cine, pasión, escándalo y memoria del espectáculo mexicano, no se les olvide suscribirse, activar la campanita y compartir este video porque aquí en Tutoriales Herberín las historias no se cuentan a medias, se cuentan con todo y lo que muchos prefieren dejar escondido debajo de la cama. M.